Los dos decenios anteriores fueron de actividad fecunda para beneficio de la siguiente generación de artistas. Adicional a la pauta dada por los “maestros” presentes en las otras salas del recorrido, factores como la crítica de arte a manera de guía realizada por Walter Engel, Casimiro Eiger y Marta Traba entre otros intelectuales, la confrontación de los artistas en los salones nacionales e internacionales, la creación de museos de arte moderno con el seguimiento de la producción artística, y de galerías que abrieron a su vez espacios de mercado, fueron decisivos abonándoles el terreno para su desarrollo.
Olga de Amaral, Hugo Zapata y Manuel Hernández asimilaron la abstracción desde su propio punto de vista y sensibilidad. Los inicios de Beatriz González y Santiago Cárdenas están marcados por la influencia del arte pop, colores planos y elementos alusivos a la cultura popular. Omar Rayo, Fanny Sanín y Carlos Rojas a su vez tomaron lo suyo de la abstracción geométrica.
En la década del setenta el arte conceptual encuentra eco en Antonio Caro, Bernardo Salcedo, Juan Camilo Uribe y Álvaro Barrios, haciendo énfasis en transmitir un mensaje o crítica por medio de elementos y técnicas no convencionales. En oposición encontramos también una nueva figuración pictórica en la obra de Norman Mejía y Lorenzo Jaramillo, con pinceladas viscerales y fuertes. El retrato y cuerpo son abordados de una manera muy personal por Jim Amaral, Óscar Muñoz y Luis Caballero.
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