Cartas de la persistencia

 

Porque todos hemos escrito alguna vez una carta para revelar nuestra alma, porque toda carta va en busca del otro y porque a todos nos consta la perseverancia en medio de la crisis colombiana, la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, con la ayuda del Instituto Pensar de la Pontificia Universidad Javeriana, y de la Secretaría Distrital de Cultura, Recreación y Deporte unieron esfuerzos para invitar a los colombianos a escribir una carta contándole a alguien su victoria cotidiana y personal. Uno de los objetivos era buscar entre la memoria de la gente la respuesta a esa pregunta que a menudo nos hacemos todos: ¿cómo se cultiva la persistencia para seguir viviendo en Colombia a pesar de la adversidad?

Y más de cinco mil colombianos respondieron. Desde el 12 de abril de 2007, y gracias a una convocatoria nacional, hemos recibido cartas de todos los rincones con historias conmovedoras y dignas de contar. Con el pasar de los años esas cartas, que se preservarán en un archivo, serán un testimonio histórico de nuestro tiempo. Las hay manuscritas, en computador, dibujadas, con fotos, enviadas por Internet o por correo desde poblaciones lejanas, entregadas en las sedes del Banco de la República del país o directamente en la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá. Niños, estudiantes, campesinos, personas mayores, madres, padres e hijos, han dejado por escrito sus victorias personales con el fin de compartirlas.

Esta convocatoria generó una cadena de lecturas y escrituras en la que se han involucrado estudiantes, profesionales y artistas quienes nos han ayudado a leer y clasificar las 5.450 cartas que hemos recibido. Ellos trabajan en este momento en formas para darlas a conocer al público .

En esas lecturas se han encontrado tesoros y sorpresas. Entre los testimonios se destacan las cartas de persistencia frente al maltrato, la violencia doméstica, el desplazamiento, el conflicto armado y el secuestro. Hay cartas sobre experiencias de vida (trabajo, búsqueda de oportunidades, vida cotidiana), cartas de niños que cuentan cómo enfrentan los miedos y los problemas. Cartas para los que ya no están, para figuras públicas y para destinatarios imaginados. Los remitentes hablan, entre otras cosas, sobre la fe, la diáspora, las gracias debidas a familiares y amigos. Van y vienen consejos a otros sobre cómo ser persistente y sobre memorias dignas de preservar.

Llegaron de todas las grandes ciudades del país (un número muy grande de Bogotá), de poblaciones pequeñas e incluso del exterior. En este momento la gran mayoría de departamentos están representados y lo que tenemos ante nosotros es un mapa del territorio con historias de valor y perseverancia.

Diana les lee a niños pequeños mientras busca un trabajo acorde con su profesión. Carlos le escribe al padre que lo abandonó contándole que se graduó y ha recuperado la tranquilidad junto a su madre. Un niño invita a otros a jugar cuando se sientan tristes. David cuenta que tras la incursión de un grupo armado a su pueblo decidió involucrarse en un grupo de teatro que cree en salidas pacíficas al conflicto, niñas violadas le escriben a su bebé por quien han encontrado fuerzas para volver a vivir.

Así mismo, la lectura de las cartas ha sido un proceso de aprendizaje y de humildad frente a una realidad cruda, contada por los propios protagonistas, en donde lo que significa la persistencia se transforma; esta palabra se convirtió de repente en una pregunta para la que miles de colombianos enviaron su respuesta. Descubrimos que a veces basta con hacer la pregunta correcta para despertar el deseo que existe en miles de seres humanos de contar su historia.

Los lectores involucrados en la organización de este archivo se preguntan ahora: ¿Qué significó ser lector de cartas? “Esto significó tener un papel equivalente al del tejedor ya que, sumado al trabajo de categorizar el material, todos los que se involucraron en este proyecto construyeron diálogos con esas cartas donde su experiencia de vida y sus disciplinas académicas: literatura, historia, artes plásticas, antropología y ciencias políticas, les permitieron establecer un diálogo de interpretación. Diálogos que sin el proyecto nunca se hubieran llevado a cabo. Sin embargo, no está de más decir que fueron las cartas las que encontraron la manera de contarnos una historia; nosotros anudamos los hilos y dimos las últimas puntadas. Éste fue un ejercicio en el que descubrimos que como país tenemos mucho que contar, y que desde la diferencia es posible narrar nuestra historia común”.

Cartas de la persistencia se convierte así, gracias a la investigación, las estadísticas y el análisis, en una red activa construida con entrega y atención por las palabras de los otros. Porque si algo nunca le faltó a este proyecto fue la dedicación de un grupo de personas que se entregó a la lectura y que ya empieza a trabajar en su difusión. A ellos, y a todos los que nos escribieron, va nuestro agradecimiento por aceptar la invitación a escribir y leer historias de nuestra cotidianidad en este año de Bogotá Capital Mundial del Libro.

 

 

 
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