Fotografía Alejandro Ramírez

Exposición Las cartas sobre la mesa:
La escritura epistolar y su público

Las cartas sobre la mesa: la escritura epistolar y su público

María Ospina Pizano
Curadora

La carta es un diálogo diferido que se sostiene a distancia. Es la escritura que por excelencia involucra a otros, buscando actuar sobre ellos, promoviendo diferencias y disonancias pero también conexiones y comunidad. innumerables maneras, y desde épocas antiguas amantes, amigos, familiares y desconocidos se escriben cartas que narran la vida cotidiana y sus supuestos secretos, cartas que piden y se despiden, cartas que heredamos, cartas que encontramos, citamos y publicamos. Las cartas son herramientas de la memoria porque a través de ellas accedemos al pasado y porque al escribirlas nos resistimos al  olvido.

Frente a un género tan diverso como el epistolar, que nutre la historia, la producción intelectual y la literatura, sobresale un hecho fundamental: como escrito dirigido a alguien, toda carta cuestiona la oposición entre los ámbitos público y privado. Una carta es siempre, como dice Bakhtin, “mitad de alguien más”; en ella hay al menos dos subjetividades narrando y leyendo. Pero, más allá de la existencia de un remitente y un destinatario, en el horizonte de toda carta siempre hay rastros de un tercero que complica esta relación epistolar y desmorona la ilusión de un intercambio de secretos entre la persona que escribe  y la que lee. Entre los dos de cada carta se vislumbra la presencia de terceros ausentes, a quienes la carta menciona o excluye, cita o transcribe.

Las cartas sobre la mesa pone a circular algunas cartas que han sido intercambiadas a través de los siglos con el fin de explorar cómo toda escritura epistolar, por más íntima que pretenda ser,  nos invita a pensar en la  oposición entre la esfera privada y la esfera pública. Nunca del todo privada, toda carta convoca, evoca, trastoca y es influenciada por una correspondencia cultural más amplia que la nutre de discursos públicos. Las cartas aquí exhibidas nos animan a preguntarnos por nuestro lugar frente a estas correspondencias que hoy seguimos enviando y recibiendo.

Epístola

1. f. Carta o misiva que se escribe a alguien.

Secciones de la exposición

La exposición bibliográfica Las cartas sobre la mesa: la escritura epistolar y su público realizada en la Biblioteca Luis Angel Arango de Bogotá durante 2008 ha buscado ampliar la reflexión sobre el género epistolar que las Cartas de Persistencia inauguran. Esta exposición explora los horizontes de la práctica de escribir cartas y, en particular, la manera en que esta escritura que desde su primer trazo convoca a otros complica las distinciones entre ámbitos públicos y privados. Entre otras cartas de diversas épocas históricas, muchos de los testimonios provenientes de todo Colombia a través de Cartas de la Persistencia han sido exhibidas al público.

A continuación ofrecemos una descripción de las secciones con las que contó esta exposición, junto algunas de las muchas cartas que hicieron parte de ella y que usted podrá consultar en línea.

“La tarjeta postal”

Inventada en Europa durante el siglo XIX, época de una de las mayores expansiones colonialistas, la tarjeta postal es una carta que, desnuda de sobre, deja su contenido a la vista de un tercero. A través de ella la escritura epistolar se multiplica y se dispersa. La gente envía una postal sin importarle que las pocas frases de saludo, noticias, y recuerdo que en ella caben puedan ser leídas por otros. Sabiéndose no secreta, la tarjeta postal quiere anunciar el evento del viaje y propagar el saludo incluso a aquellos a los que no está dirigida. Si el epistolar es uno de los procedimientos que acompaña el viaje, la tarjeta postal es desde hace más de un siglo un formato privilegiado de esta escritura desde la distancia. Ella cruza continentes y países, se dirige de aquí para allá, a través de un espacio en medio que es la morada de otros que nunca están del todo ausentes.

Envíe una postal

“A quien pueda interesar: cartas al mundo”

La carta es una de las formas privilegiadas de denuncia y de expresión en un contexto que trasciende nuestra comunidad inmediata y familiar. Por muchos siglos ha sido la escritura utilizada para actuar frente al Estado, como lo ilustran las cartas de relación que enviaban los conquistadores al rey de España o las de indígenas y esclavos a las autoridades. También es instrumento fundamental de las relaciones de poder: se ha utilizado para gobernar, ejercer la diplomacia y formular doctrinas religiosas. La carta es una práctica explícitamente política cuando se utiliza para denunciar, hacer pedidos, y expresar opiniones. Las cartas abiertas, aquellas enviadas a los medios de comunicación o a un consultorio sentimental, son ejercicios epistolares que llegan a muchos lectores. En sus diversas formas, la carta pública es una de las maneras más importantes que tenemos de operar en el ámbito político.

“Cartas Colombianas de cautiverio”

“Geografías a la Cartas”

“Cartas familiares y la vida cotidiana”

Desde la lejanía el remitente se deleita en la descripción de espacios y geografías que los que se quedaron en casa probablemente nunca podrán ver. Muchos viajeros europeos que recorrieron el “Nuevo Mundo”  narraron la geografía americana para otros que todavía no conocían estas tierras. Es así como la literatura de viajes y la carta se rozan en sus intenciones testimoniales.  Hay en la descripción geográfica el gesto de compartir con el otro la experiencia que la distancia física no permite.  “Si tan solo pudieras ver lo que estoy viendo...”, escribe el viajero con la esperanza de que su carta acorte la distancia.

Cartas entre amantes y amigos:

Escrituras en transito: cartas del viaje y de la ausencia:

Desde el encierro

“Evocación epistolar: formas dirigirse al otro”

En la medida en que solicita algo, toda carta busca que el otro entre en su juego y se involucre. Lo  hace a través de la seducción que es, por naturaleza, un reto literario. Uno de los momentos fundamentales de este proceso de solicitud es el encabezamiento. Designado como Salutatio en los manuales epistolares de la Edad Media, este acto de evocar o provocar a otros comienza cuando al principio de la carta escribimos su nombre, jugamos con él y lo transformamos, o nos ceñimos a su jerarquía. Quien escribe una carta no sólo se representan a sí mismo sino que construye a su destinatario de la forma en que lo nombra. Con el táctico llamado inicial que hacemos en el encabezamiento de nuestras cartas persuadimos al otro de que por lo menos nos atienda.

“La carta hoy”

Aunque narremos de otra manera, aunque no dejemos en el papel el residuo corporal de nuestra propia caligrafía y nuestras cartas ya no sean documentos únicos, la escritura epistolar continúa siendo una modalidad viva de interacción. Con el correo electrónico, que gradualmente se impuso desde su introducción masiva en la década de 1990, la escritura de cartas se democratiza. Cada día más personas se interesan en el placer de escribir, envíar y recibir cartas. Animados por la mezcla seductora del correo electrónico que combina velocidad, funcionalidad y economía, y gracias a su naturaleza compulsiva y coqueta, hoy nos correspondemos con más frecuencia. El correo electrónico complica aún más los límites entre lo privado y lo público, pues aumenta la tendencia de los mensajes a desaparecer, a aparecer en otro lado, a ser portadores de virus, a ser leídos por extraños o por el sistema mismo. Nuestra escritura epistolar florece hoy también a través de formatos como el fax, las cartas de fans, entre otros, por medio de los cuales seguimos siendo sujetos primordialmente relacionales.

“Reflexiones la carta y los intelectuales”

Por siglos, las cartas se han utilizado para persuadir y enseñar. Así mismo, filósofos, teólogos, científicos, artistas y pensadores de todas las ramas las han usado para exponer sus ideas frente a un interlocutor que las pueda cuestionar o enriquecer. A través de ellas se debate sobre la estética, el quehacer literario, la ciencia y la epistemología, entre otras disciplinas. La mayoría de estas cartas de reflexión intelectual terminan por hacerse públicas, convirtiéndose en parte importante de la historia de la circulación de las ideas.

“Ficciones epistolares”

Como narración, la escritura epistolar se apoya en la ficción. Cuando escribimos cartas nos construimos a nosotros mismos. Pero ¿quién es el dueño del texto de una carta? El lector es definitivamente uno de ellos. Las cartas ocupan un lugar fundamental dentro de la literatura porque ponen en escena el encuentro entre ausentes y el roce entre sujetos. Desde la antigüedad la prosa y la poesía se han valido de cartas y, en nuestros días, de correos electrónicos, para narrar. Muchos prólogos en los que el autor se dirige a sus lectores son escritos en forma de carta, como si la existencia de un testigo justificara el atrevimiento de poner los pensamientos sobre el papel. El destinatario, aunque sea ficticio, acompaña a quien escribe y le da sentido a su evocación.

“Cartas de la persistencia”

Obtenga todos los detalles del proyecto Cartas de la persistencia aquí y consulte digitalmente parte del archivo en esta página o su totalidad en Libros Raros y Manuscritos en la Luís Ángel Arango.

Bibliografía Recomendada

A continuación encontrará un listado de antologías y compilaciones de cartas que usted puede leer en la red de Bibliotecas del Banco de la República.
  • Antología

Los artistas leen

Con el apoyo de la Fundación BAT, la Biblioteca Luis Angel Arango invitó a los artistas plásticos Johanna Calle, María Elvira Escallón, Franklin Aguirre, Lorena Luengas, Mateo López y Adriana Bernal Zúñiga a realizar obras que conversan con las cartas enviadas por miles de colombianos. Estas obras se han unido a la cadena de lectura y escritura que Cartas de la Persistencia busca fomentar.