PROYECTO PENTÁGONO. Investigaciones sobre arte contemporáneo en
Colombia.
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Introducción
Deber ser deber
estar
Es claro en
nosotros, que los intereses que nos mueven a trasegar por estos caminos de lo subjetivo,
lo inquietante y -en ocasiones- lo sinuoso del arte como opción de vida, no son más que
una convicción sobre el potencial que tiene éste en la transformación de su
contexto.
Durante el tiempo
que llevo de tener una relación estable -con el arte, quiero decir-
he intentado poner en una balanza comparativa mi mundo con otros posibles (1) y, al agregar las preguntas fundamentales acerca de el qué, el
porqué, el cómo, el cuándo, el dónde, el con qué, me he dado cuenta que la
objetividad queda a la suerte de lo aleatorio. A veces preferiríamos dejar a un lado
estas preguntas, ya que la balanza sin lugar a dudas mostraría una realidad de la que no
queremos darnos cuenta.
Pensemos por un
momento por qué podemos ponernos de acuerdo en otros temas que -como la política o el
deporte- podrían despertar una pasión igual o mayor a la de las artes. Con todo y su
carga emocional, éstos pueden ser tratados mucho más objetivamente: con todo y la fiebre
por el fútbol, hasta el más intelectual tiene algo que decir. Y ni hablar de la ciencia,
que también apasiona a muchos, pero que seguramente es menos tortuosa que nuestro
encantador pantano.
Supongamos ahora que nos aproximamos a una
exposición promedio estándar con una persona cuya descripción podría ser:
equilibrada, racional pero sensible, justa, sencilla, aterrizada, ecuánime, franca,
sobria, inteligente, entre otras cualidades. Con su franqueza usual, nuestro acompañante
haría una serie de comentarios, luego de ver durante algún tiempo y al parecer, en
forma muy interesada- el espacio, las obras, el público, la información, etc.
¿Cuáles serían
los comentarios más comunes, de personas comunes, en exposiciones comunes?
¿Y
por qué no están en esta exposición Fulanito o Zutanita?
Este corto
preámbulo busca aterrizar un poco la reflexión sobre lo que mueve la idea Deber ser - deber estar en un ámbito curatorial
como el que el Ministerio de Cultura de Colombia desea presentar en este extenso
documento. Ustedes se preguntarán, qué se pretende con la anterior afirmación. Les
contestaré con otra pregunta:
¿Quién
es quién para determinar lo que se es o
no se es?
Un hecho expositivo
se refiere expresamente a la posibilidad real de presentar en un solo espacio -bueno, hoy
por hoy la multiplicidad y la simultaneidad también son válidas- una serie de piezas,
llamémoslas obras de arte, que tienen un fin en si mismas, un propósito, una idea fuerza
que mueve su accionar y que determinará al final quiénes son los
que tienen que estar, para
que este asunto cumpla con su objetivo primordial.
Otra pregunta: si deber ser como artista- se refiere a cómo
me reflejo en el ser otro espectador-
¿será que para estar debo ser? Este último
interrogante asume la noción formal de Gadamer sobre las relaciones de construcción del
hombre en un ámbito humanista. El hombre nace natural, pero este no es su
estado ideal el deber ser del hombre es aquel que lo lleva a
someterse voluntariamente a un hecho formativo que le irá imprimiendo carácter a su
individualidad, hasta convertirse en otro -el ser- que se da en relación con
el otro. Ese ser -al que Marx se refería como ser social- es el que va en
contradicción con el ser natural. En ese sentido, el artista se afirma en un deber ser en lo colectivo, que participa de un
proyecto común, que se hace responsable de la construcción de un todo.
Eso es, en esencia,
lo que se refleja en una exposición. El trabajo del curador consiste en llenar un vacío,
un espacio natural que debe ser. Para aproximarnos a este planteamiento, el
mejor ejemplo lo presenta Paulo Herkenhoff, curador en jefe de la última Bienal de Sáo
Paulo:
Asumo la Bienal como
un espacio vacío que sería algo como ese hueco en torno al cual se hace la obra, según
Lacan.
Y, más aún, lo
asume como un acto consciente, en el cual el mismo Herkenhoff afirma:
Es una experiencia
donde uno cuelga antes de ver, piensa sin ver, decide sin saber, elige sin perspectiva de
espacio; entonces, es una experiencia ciega en torno a ese hueco.
La consciencia no
implica un obstáculo. Considero que el problema es de carácter político -construir un
todo con responsabilidad social-, ya que el ejercicio curatorial está inscrito en la
esfera de lo público y, por este motivo, está cruzado por una responsabilidad social e
histórica.
Con lo anterior nos
estamos adentrando en un asunto que es fundamental en esta reflexión: el poder; un
problema que sería conveniente tratar de enfrentarlo. Si aceptamos que es una herramienta
en el contexto cultural como lo afirma Harald Szemann, tal vez uno de los más
importante curadores en la actualidad- poder significa ante todo hacer las cosas
realizables para los demás. Y en ese sentido, nos estamos refiriendo nuevamente al
carácter público del hecho curatorial. Szemann tiene una concepción clara y responsable
sobre la definición del término, en cuanto a la figura ambivalente que éste
representa con respecto al curador.
Por otro lado, la
noción de poder puede ser asumida con otro carácter tal vez el que se presenta con
mucha frecuencia y que ha dejado a algunos atónitos y a otros excluidos de los
procesos. Esta posición se refiere a una toma de decisión que en cualquier caso
produciría un acto consciente de exclusión. Excluir está inscrito en toda toma de
decisión, en el caso que la decisión misma sea el fundamento, el deber ser o
el objetivo antes mencionado. Al excluir, las alternativas simplemente han sido dejadas de
lado, han sido descartadas. Por esta razón, una exposición no existe sin exclusiones; de
hecho, es lógicamente imposible, ya que inevitablemente se encuentra incluida en un
terreno de decisión.
-Determinatio est negatio-. En efecto, hay una acción consciente en la exclusión
que, sin embargo, debe ser presentada públicamente en un texto, como sucede con la
política. Esto es lo que se intenta hacer con esta publicación. Los planteamientos aquí
expuestos no intentan revelarlo todo, como si se rigieran por normas matemáticas. Pero,
al igual que en la política, son criterios que deben estar presentes en todo momento,
para encauzar las acciones que se ejecutan. No se debe entender éste como un texto, en el
sentido estricto de la palabra, ni mucho menos juzgarlo como letra muerta; no se debe
tratar de ilustrar cada uno de los postulados de los investigadores, pues se
caería en la caricaturización del propósito inicial de este proyecto.
La decisión debe
funcionar como un telón de fondo: una idea fuerza que articula toda la maquinaria que
-tras bambalinas- trabaja para que el resultado se pueda dar. Es este un concepto esencial
para el desarrollo del Proyecto Pentágono. Cualquier
proyecto curatorial o de exhibición es un acto que se construye colectivamente y nos
interrelaciona con otras dimensiones de las artes, como el teatro o el cine, en las que
también intervienen procesos de carácter administrativo, gerencial, técnico, operativo,
presupuestal, de diseño y de producción, que persiguen un objetivo común. De hecho, una de las definiciones de curador
está referida a este campo
expandido (2) de su quehacer en el arte y la
cultura.
El poder
debe ser analizado a su vez a partir de su uso indiscriminado. Recordemos que esta figura
del curador se convirtió en la pasada década
en una especie de zar intercultural, encargado de tomar la decisión de
incluir o excluir a X o Y pieza, de calificar o descalificar a un creador casi a la
manera de un crítico- de acuerdo con sus propios intereses. El problema de esta figura
omnipotente, es que finalmente, el poder y el deseo lo enceguecen. Un critico está a
órdenes de su propia individualidad y su poder reside en su capacidad de establecerse
como librepensador, sin el temor de decir lo que le parece o no, y desconociendo en muchas
ocasiones los contextos y sus necesidades. El critico hace la labor de mediador de gustos
y, por supuesto, se convierte en víctima de lo que dice, en la medida en que no
interviene otro en su proceso. Por otra parte, este poder del curador se manifiesta en un sabor; lo
que José Ignacio Roca (3) -en su texto de curaduría crítica-
denomina clima, un término utilizado también
por Szemann.
Surge entonces una
especie de fórmula que define el éxito de este platillo: Curador = Chef. En muchas
ocasiones, no importa si los ingredientes de su preparación son buenos o no -entre mejor
sean, pues mejor saben-, lo que importa es la sazón,
que no es más que buena mano buena disposición, limpieza, lo mínimo en
infraestructura, conocimiento, un nombre bastante complicado y llamativo, como
Szeemann, HansUlrich Obrist, Tágg, Eichhorn, Enzor, Apinan Poshyananda, Lois Neri, Bart
de Baere, Maaretta Jakkuri, Gerardo Mosquera, unido a mucha inversión y a una pizca de
suerte, para garantizar un excelente resultado.
En el caso de este
documento, los apellidos Cerón, Gil, Herrán, Iovino, Junca, Pabón y Parias serán los
encargados de mezclar los ingredientes para dar el sabor necesario a este
programa de exposiciones nacionales itinerantes que hemos denominado Proyecto
Pentágono.
¿Cómo
así que esto es el eje de la exposición?
Este comentario de
tipo valorativo nos permite reafirmar que la obra de arte declara en sí misma: no es
muda, ni es un vestigio, o una ruina, o un caso de museo... La obra no sólo es algo que
ha sucedido, sino que lo sucedido corresponde a un hecho que puede reactivarse y
recrearse. El Ser de la obra es lo que es capaz de declarar y no se reduce a un mero
objeto de placer, aunque este placer sea estético o histórico. El arte de volver a hacer
hablar algo exige una lectura de la lectura... No es tan sólo un mirar, sino en
palabras de Gadamer- un ir a ella, darle vueltas, entrar dando
pasos, construirla para nosotros (4) . Ahora
el arte de volver a hacer hablar algo la curaduría- es dejarlo hablar. Solo así se
comprende si en ella late la cuestión. Es un
a qué responde, que no es sólo respuesta,
sino que replantea las preguntas y las cuestiona a la vez.
Sin lugar a dudas,
para el curador es más fácil trabajar lo relativo a un proyecto de carácter histórico,
pues éste le da la posibilidad de tener una perspectiva en el tiempo y una posición
desde el hoy: le permite argumentar y escoger El problema es el de la ilustración; ahí
reside la diferencia entre una clara curaduría y otra ilustrada. Sin embargo, en
ocasiones se puede dejar esta dimensión abierta y medir lo que se busca como objetivo
inicial, sin presentar un momento histórico acompañado de piezas que lo evidencien, como
se pudo apreciar en la exposición Los cien años de
la Guerra de los Mil Días, en el Museo Nacional de Colombia. Se pueden presentar
también los hechos artísticos que han aportado a la construcción, a la lectura, a la
intervención y a la comprensión de cierto momento histórico. Algo como lo que la Documenta de Kassel ha buscado en sus 10 ediciones,
o lo que pretendió la exhibición Arte y Violencia,
en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, sin llegar más allá de la ilustración de
una serie de postulados generales.
El caso de la Documenta puede ayudarnos a aclarar ese dilema del
trabajo curatorial. La Documenta V, por
ejemplo, fue una exposición panorámica y esto es ya un criterio- que confirma,
acepta, crítica, informa, documenta. Más allá del espectáculo en el que se ha
convertido, la Documenta de Kassel es una
interpretación de la particularidad, postulada como concepto, de los diferentes niveles
de realidades que se encuentran en los mundos plásticos, visuales, artísticos y no
artísticos, neutros: mundos pictóricos funcionales o inutilizables. Es la vida
concentrada en exposición y, en consecuencia, puede considerarse como un intento sensible
o comprensible de clasificación, como una estructura de celebración y una progresión
inteligible. La Documenta se plantea, en
palabras de Szeemann, como un procedimiento que busca
poner en evidencia,
destacar la perpetua especificidad realista de la obra de arte sobre otro tipo de arte, el
tribal y el objeto de bajo nivel, con el fin de recorrer en orden las diferentes etapas de
su importancia social; éstas se sitúan entre la representación funcional de la realidad
y la crítica social, y reúnen el realismo académico, la publicidad comercial, la
propaganda, la política, la creación de nuevas formas, la crítica
de los diferentes estilos de expresión artística y la crítica teórica (5) .
¿ Y qué tiene que
ver esto con nuestra realidad?
La dimensión del
trabajo curatorial está dispuesta en dos niveles que interactúan: uno es el
hacedor-creador, y el otro, el que posibilitaría el nuevo hecho. Algunos asumen que el
trabajo curatorial genera algo que podría asociarse con la obra de arte
total. Este tema se ha estudiado ampliamente y se ha llegado a decir que la
curaduría es un acto de creación. En ese sentido, la curaduría se ve como algo separado
de un hecho objetivo y esta aseveración nos conduciría nuevamente al reino de la
crítica como única posibilidad -cercana- de leer la creación. Desde ese punto de vista,
el debate entre artistas y curadores tomaría la dimensión de una batalla campal, en la
cual aparecerían posiciones irreconciliables. Un curador conjuga las dotes de
administrador, investigador, economista, diseñador, montajista, diplomático, -labores
propuestas por Szeemann entre otras, no como creador, sino quizás como un ser que
posibilita un contacto entre los mundos: una tarea lo suficientemente grande y compleja,
como para complementarla con la de artista.
La tesis curatorial
ha tomado ventaja sobre lo que la obra presenta. Mientras consideremos que la validez de
un producto artístico recae en una figura como la del curador o la del crítico, la idea
de lo público desaparecerá. Como lo expresa
Miguel Huertas:
El efecto más grave
de la crisis que enfrenta Colombia es la acelerada destrucción de los sentidos de
comunidad. Es más: visto el asunto más atentamente, encontramos que la pérdida del
sentido de lo publico es la causa de los grandes problemas que han disuelto el país a lo
largo del siglo XX. Si asumimos, como ya se
dijo, que aún contamos con la posibilidad de que en la Academia se construya pensamiento
autónomo que nos sitúe en un espacio y tiempo reales como comunidad, la ecuación Sentido Publico AcademiaExposición
de Arte se cargará de sugerencias muy estimulantes en tiempos de confusión) (6) .
¡Ah...,
esto lo puede hacer cualquiera!
La sistemática
aparición de espacios comunicativos que alternan con el mundo del
arte parece responder a una sociología de la tolerancia (7) que presenta con vehemencia una sociedad plural, democrática,
diversa y en constante transformación de sus valores.
El papel fundamental
de la lectura del espacio-arte, a través de sus dolientes, busca desesperadamente no
quedar relegado de esta multiplicidad de textos que hoy deben estar presentes en los
contextos culturales. Esto ha llevado a que gran parte de lo que se presenta reconozca
productos que -por su impenetrabilidad estética- generan una cierta tensión al interior
del mundo reconocido del arte, con el agravante que su difusión y promoción en contextos culturales altos ha tenido una gran acogida. En la
valoración del espacio-arte (8) se debe revisar un
ámbito para este tipo de productos que nos acerque un poco a esa proliferación de
hipertextos que rondan por nuestros espacios y que generan distorsiones de la
señal -un término usado por Gustavo Zalamea hace algún tiempo- por el hecho
de no entender claramente el origen de su hacer ni su procedencia específica.
No se trata de una
apuesta a la radicalización del espacio-arte; es más bien un aporte a la claridad de un valor. Como plantea Martin Heidegger, en Arte y espacio:
Los productos de la
plástica son cuerpos. Su masa constituida por diferentes materiales, bajo múltiples
configuraciones. La configuración acaece dentro de una delimitación como un dentro y un
fuera limitados. De este modo entra el espacio en juego.
La necesidad de
claridad en cuanto a lo expuesto es responsabilidad de quien arma la muestra. La fuerza
activa reside en el artista, quien busca llevar eso que se ha
entrevisto, la aletheia, un espacio de comunión
(9) , de diálogo con el espectador, donde el espacio
valorado cobre la fuerza necesaria y estremezcla al público: en esto se debe
centrar parte del trabajo del curador.
Podrían
haber pensado en algo... como para el público
El proyecto expositivo que -como se presenta en
párrafos anteriores-debe asumir una noción clara de comunidad en el sentido estricto de
lo público, y en el cual el debate se ha centrado en el último tiempo en el excesivo
-pero probablemente inevitable- poder de lo nuevo en época de excesos mediáticos, ha
traído -entre otras tantas consecuencias- la de anonadar al espectador que dice
privilegiar. Porque anonadado queda el espectador al enfrentarse al hecho expositivo.
Si bien los lectores
especializados -como usted, que lee esto- no logran asomarse a todo el espectro del
universo de lo visual, ¿qué será de un espectador común? Una exposición puede dejar
de lado muchas de las partículas que -por ese hecho totalizador que presenta- no vemos.
Algunas veces sólo nos dejan un sabor, en
ocasiones un mal sabor o, lo que es peor, un sinsabor En realidad, una exposición no debe hacer
un análisis de las aportaciones individuales. A menos que sea una muestra retrospectiva,
de épocas o acciones en el tiempo de un artista o de un pequeño grupo de ellos, lo
colectivo se convierte en una empresa inmanejable, por razones evidentes. Pensemos en un
Salón Nacional, en una Bienal como Sao Paulo o Documenta.
Una de las precisiones a la versión más reciente de este evento de Kassel, la Documento X, fue la realizada por Anton Castro,
publicada en la revista Lápiz # 136, en la que
afirma:
Ahí se sitúa una
de las grandes contradicciones de Catheríne David, que no se ha cansado de criticar la
manipulación e instrumentalización del arte como espectáculo y, al final, su Documenta
X puede leerse como un festival sofisticado de la grandilocuencia del sonido, de la
comunicación y de la digitalización [...] además que trata de huir de una posición
eurocéntríca, para reforzar una visión no colonialista del arte, y sucumbe
inevitablemente al Grande Occidente,
privilegiando el papel de Francia [...]
que ya había
sufrido cierta exclusión en las otras versiones de la Documenta. Recordemos que Catherine David, de
nacionalidad francesa, directora de la Documento X
fue la primera mujer nombrada en este cargo y llegó a ocuparlo por su trabajo en el
Centro Georges Pompidou y en el Centro de Arte Contemporáneo del Jeu de Paume de París.
¿Será que alguna vez un evento nacional de arte contemporáneo, como sucede con la Documenta de Kassel o con la Bienal de Venecia,
llegará a movernos tal como lo hace el Festival Iberoamericano de teatro de Bogotá?
Amanecerá y veremos...
Si ustedes prefieren
no hablar con su familia - tíos, primos, abuelos, en ocasiones hermanos- sobre estos
temas, los entiendo. Yo tampoco lo hago, prefiero desviar la conversación a algo menos
problemático: -¿y cómo siguió la abuela? la situación esta dura, ¿no?
perdimos el partido; perdón, perdieron el partido o alguna cosa por el estilo. Si
bien nuestra elección nos ha llevado a refugiarnos en nosotros mismos y, en el mejor de
los casos, a refugiarnos con nuestros colegas, será por algo... Creo que
parte del problema es que no somos capaces de contar con claridad algo que queremos decir
y en muchas ocasiones terminamos por enredarnos en el asunto y, lo peor de todo, enredando
a los demás en el mismo.
El Proyecto
Pentágono que se presenta a continuación hace un intento por revelar algo objetivo como
resultado de nueve meses de investigación de un grupo que pretende realizar un alto en el
camino para vernos y para permitir que nos veamos- más claramente.
Miguel Rojas Sotelo
Jefe de la División de Artes Visuales
del Ministerio de Cultura de Colombia
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(1)
Según Leibnitz, vivimos en el mejor de los mundos posibles, resultado de la construcción
activa y consciente del hombre en una infinita red que se teje a manera de causa y efecto. (Regresar a 1)
(2)
Término propuesto por Rosalind Krauss, que no trata específicamente el trabajo del
curador. (Regresar a 2)
(3)
José Ignacio Roca, en: II Encuentro
Johnnie Walker en las Artes, Memorias, Bogotá,
junio de 1999. (Regresar a 3)
(4)
Hans-Georg Gadamer, Estética y hermenéutica, Madrid,
Tecnos, 1996. (Regresar a 4)
(5)
Harald Szeemann, Ecrire les Expositions, Bruselas,
La Letre Volée, 1996, pág. 29. (Regresar a 5)
(6) Miguel Huertas, Academia y
Salón. Reflexiones sobre los Salones y la Universidad, Bogotá, 1999. (Regresar a 6)
(7)
José Ignacio Roca, La monumentación museal, en: POST Reflexiones sobre el último Salón Nacional, Bogotá,
Ministerio de Cultura, Artes Visuales, febrero de 1999, pág. 68-71. (Regresar
a 7)
(8)
Andrés Giraldo Pava, Des-valoración del espacio-arte, en: POST Reflexiones sobre el último Salón Nacional, Bogotá,
Ministerio de Cultura, Artes Visuales, febrero de 1999, pág. 76-79. (Regresar
a 8)
(9)
Ibíd. (Regresar a 9) |