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PROYECTO PENTÁGONO. Investigaciones sobre arte contemporáneo en Colombia.
© Derechos Reservados de Autor
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materialismos
imágenes en 3D
JAIME CERÓN Y
HUMBERTO JUNCA
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La
profundidad sólo nace en el momento
en que el espectáculo mismo
vuelve lentamente su sombra hacia el hombre
y comienza a mirarle.
Roland Barthes
(1)
Materialidad gaseosa
Hacia la condensación
Al intentar penetrar en el campo de la
actividad artística contemporánea en Colombia, encontramos que no existen estudios que
abarquen de forma inteligible las diferencias y concordancias que resultan de la práctica
escultórica de la última década. Sólo encontramos visiones parciales o altamente convencionales sobre este terreno, ya no sólo en
lo relativo a esta década en particular sino en general a la segunda mitad del siglo XX.
Para abarcar una dimensión más completa del conjunto de hechos que configuran el campo
de la escultura, es necesario aplicar una lógica de análisis sobre las prácticas
tridimensionales del arte actual en nuestro país, que no las asimile a un
deber ser establecido por categorías estéticas a priori. Por lo tanto, es
nuestro interés explorar esta producción artística, que se podria denominar como material, a través de sus peculiaridades.
La escultura es un medio privilegiado para
establecer una relación con el mundo, una relación basada en la
experiencia, porque estamos hechos de la misma materia que el mundo [..]
(2)
El fundamento de Materialismos es la exploración de la
producción artística contemporánea en Colombia, a la luz -y sombra- del concepto de
objeto. De esta manera intentamos hacer visible la relación intrínseca entre los medios
artísticos denominados comúnmente tridimensionales y la dimensión del cuerpo que media
su percepción.
La finalidad de analizar la producción
artística tridimensional a través del término objeto
y no escultura,
tiene
que ver básicamente con un interés por desafiar el conjunto de
convenciones
(3)
que las discusiones historicistas
(4)
tienden a ubicar sobre los hechos entendidos
como arte. Este tipo de ángulos analíticos proyecta su sombra sobre los objetos de
estudio, generando con esto su desdibujamiento. De este modo, el método de análisis
propuesto termina dando forma a la cosa estudiada.
Sería ingenuo pensar en un sistema de
análisis que no moldee sus objetos de estudio; sin embargo, es posible pensar en un
ángulo de proyección de sus categorías que se muestre visiblemente como exterior a
ellos: un sistema de aproximación que no se oculte y que centre su atención en el afuera de los signos artísticos, llevándolos a su
contexto arquitectónico, sociocultural, simbólico e ideológico. Esto implicará
posiblemente que la sombra proyectada desde la mirada analítica no se superponga
engañosamente a los objetos, sino que muestre su artificialidad.
Nuestro interés es enlazar otro tipo de
artefactos materiales a los objetos claramente comprendidos como arte -como es el caso de
la escultura- que en un contexto particular son capaces de operar, adicionalmente, dentro
de una dimensión estética, simbólica e ideológica. A este respecto, Gerardo Mosquera
ha señalado una clasificación de los objetos que operan inicialmente dentro del campo
estético, refiriéndose a ellos a partir de las categorías de diseño, arte y
artesanía, dependiendo del tipo de función a la cual esté dirigida cada uno de ellas.
Mosquera ha dicho que el campo estético es mucho más amplio que el espacio ocupado por
el arte. Por esto, después del arte moderno no es pertinente llamar arte a la
producción de experiencias estéticas dentro del contexto global de la cultura.
Así mismo, tampoco es útil hablar de lo artístico limitándose a su esteticidad.
(5)
Sin embargo, a través de las
vanguardias, a comienzos del siglo XX se crean signos de interrogación en torno a las
fronteras que separan las obras de arte de los objetos comunes. Sabiendo que estas
preguntas están aún latentes, posibilitamos, en nuestro proceso de selección un tanto
osado, la inclusión de trabajos que corresponderían -dentro de una discusión
convencional- al terreno ya sea del diseño o de la artesanía.
Como punto de partida nos interesa precisar los
alcances teóricos de esta exploración. Hemos partido de la necesidad de ampliar y
complejizar la categoría de objeto y sus dimensiones intrínsecas. Esto nos impulsa a
cruzar diferentes campos del pensamiento dentro de estas definiciones.
Desde que hizo su aparición
el ready-made
(6)
en
el medio artístico, quedó latente una semilla que sólo iba a germinar hasta la década
de los sesenta, cuando los escultores comenzaron a proponer como obras, piezas en las
cuales los procesos de transformación formal no eran visibles de manera obvia, lo que
hacía difícil diferenciarlas de los objetos ordinarios producidos por otras fuerzas e
intereses dentro del contexto socioeconómico contemporáneo. Al parecer, existía un
interés por derrumbar cualquier distinción entre el mundo de los objetos artísticos y
el mundo de los objetos cotidianos.
De manera que podríamos decir respecto a una
mesa o una silla que, más allá de conocer su función uno no tiene otra forma de
obtener significado de ellas. Para el participante adulto de la experiencia
cultural, no hay momento en el cual la comprensión provenga de objetos de este tipo.
Ellos simplemente existen dentro del propio tiempo de quien los use; su ser consiste en la
apertura temporal y finita de su uso, ellos participan del fluido
extendido de la duración [...]
(7)
La dimensión del objeto como tal, parecería
entonces inseparable de una determinada relación con el cuerpo, que es lo que
entenderíamos como su función o uso. Un cuerpo de pensamiento en donde se conceptualiza
ese nivel de relación es el sicoanálisis, que nos permite establecer una diferenciación
entre el objeto y el sujeto. Se desprendería del saber psicoanalítico el hecho de que el
límite entre el sujeto y el objeto viene a ser establecido por la frontera mas allá de
la cual no sea posible extender una experiencia consciente. Por este motivo, la dimensión
objetiva se ubica en el exterior del sujeto y se aplica tanto a las cosas como a la
categoría del otro. El sentido del objeto, entonces, parece estar ubicado en el extremo
del deseo, que es la fuerza que caracteriza el enlace del cuerpo del sujeto hacia su exterioridad. El psicoanálisis, desde la perspectiva de Jacques
Lacan,
(8)
ha establecido una categoría
específica de comprensión de esta relación entre el objeto y el deseo del cuerpo, que
él ha denominado como objeto a minúscula. Este
tipo de noción es asumida como la construcción lógica que permite aproximarse a la
manera en que los sujetos nos situamos en el mundo.
Lacan aborda el objeto a minúscula como un resultado de la
construcción del sujeto que implica un conjunto de autoalienaciones dolorosas,
experimentadas como automutilaciones. El mismo nacimiento hace experimentar al niño la
pérdida de una parte vital del organismo: la placenta. Posteriormente vendrá el destete,
que implica desprenderse del seno, un órgano que parecía coextensivo del cuerpo del
niño. Así mismo cuerpo arroja orina y heces desde su mismo interior Finalmente, la
atención de los padres -que determina el patrón fundamental de identificación del niño
y que asume como parte de su yo- va a elidirse dejando una marca de ausencia ligada a la
voz y a la mirada de estos. Estas diferentes pérdidas van a determinar la conformación
del objeto a minúscula que se podría definir
como
algo que el sujeto, a fin de constituirse como tal, ha separado de sí como Órgano. Este sirve
como un símbolo de la pérdida.
(9)
Por este motivo, los objetos pueden despertar
los más peculiares enlaces con las personas, máxime si estos poseen indicios de
encaminarse a frentes de significación inhabituales. Las obras de arte, por ejemplo,
parecen implicar procesos que los demás objetos del mundo no poseen, lo que nos hace más
vulnerables a ellos. Por eso se puede decir que ante ellos un sujeto está en capacidad de
aproximarse a sus propias expectativas de encontrar un sentido en el mundo. También
pueden escenificar para un sujeto algún rasgo de sus más oscuros temores o sus más
secretas fantasías como ocurrió con los objetos surrealistas.
Dentro del contexto de la exposición Materialismos, planteamos dos posibilidades:
entender el objeto de manera singular o cerrada, o interpretarlo de manera
situacional o abierta. Adicionalmente consideramos importante el papel de los elementos
constitutivos o intrínsecos de la dimensión propia de todo objeto, como son la materia
-con todas sus propiedades- y los procedimientos que le han dado forma. Simultáneamente
reconocemos los elementos que lo afectan desde su exterior, tales como los problemas de
contexto, los valores de uso y de cambio, así como los parámetros de gusto.
¿De dónde vienen las cosas?
Todas las cosas modernas
como los carros y eso
siempre han existido
Ellas simplemente han estado esperando dentro de una montaña
el momento preciso
escuchando los irritantes sonidos
de los dinosaurios y de la gente
perdiendo el tiempo afuera
todas las cosas modernas
siempre han existido
Ellas simplemente han estado esperando el
momento preciso
para salir
y multiplicarse
y tomar el control
Ha llegado su momento
Björk
De niño estaba convencido de que los objetos de mi casa, en la noche,
desaparecían cuando les daba la espalda. No podía creer que siempre estuvieran ahí,
quietos donde uno los dejaba. Sospechaba que se iban no se a dónde, como tragados por la
oscuridad. Oscuridad que llegaba a su fin cuando volvía mi vista hacia el rincón y, como
si mis ojos fueran linternas lo iluminaba arrancando a los juguetones objetos de esa
dimensión extraña a la cual pertenecían; porque en mi casa sólo estaban de
visita.
Los antiguos suponían que el acto de ver
dependía de una suerte de energía que brotaba de los ojos de quien mira. Ver desde uno,
de adentro hacia fuera. ¡Qué coincidencia!
En este tipo de mecánica es quien observa el
que da la presencia al objeto, a las cosas, a la realidad. Y si cierra los ojos, pues todo
deja de existir. Sin embargo, las cosas no dejan de existir cuando dejamos de mirarlas. Ya
se que la realidad está afuera, independientemente de si la vemos o no.
Uno podría volver al esquema de visión
antiguo, porque finalmente las cosas son distintas de acuerdo a quien las ve. La realidad
se fragmenta en un sinnúmero de interpretaciones. Un mismo elemento puede
entonces parecer muchas cosas debido a los juegos de luz y sombra proyectados por la
psiquis de quien mira.
Así, una misma cosa puede, de hecho, moverse.
Cambiar de nominación, de función. Ser otra.
La sensación de vértigo que experimentaba
cuando daba la espalda a lo que me rodeaba, desapareció cuando entré al colegio y
aprendí a escribir el nombre de las cosas. Escribía su nombre, dibujaba su contorno,
comprendía su función. Este ejercicio hizo que los objetos adquirieran peso y lugar bajo
la luz del conocimiento. Yo vi, como me dijeron que viera. Como me dijeron que siempre
había visto. Como me dijeron que son las cosas. Esa es la realidad. Objetiva.
Sin embargo, y está claro, tal realidad es
sólo un acuerdo. Una proyección perpetuada por aparatos como el educativo, un sistema de
disección de un todo que se nos escaparía de las manos sin los afilados alfileres de la
razón.
De tal modo, lo que conocemos como verdadero es
una estantería de detalles, todos con su nombre..., pero a lo mejor este es un anaquel
inalcanzable, demasiado alto. Y parte de lo fundamental, gran parte de lo que este mueble
sostiene, ha desaparecido de nuestra vista, y el miedo y el vértigo siguen estando
presentes. ¿No sospecha usted que hay algo más grande e importante que no se deja
agarrar?
Puedo ser ingenuo, pero creo que ahí reside la
importancia del arte contemporáneo, la importancia de las reflexiones hijas de las
dinámicas estéticas de las postguerras: cuando los objetos plásticos cambiaron de
nominación cuando se crearon cortos circuitos en su funcionamiento y valor
intrínseco, cuando -en resumen- se cuestionó la pertinencia del conjunto de juicios de
valor y conocimientos adquiridos que llamamos cultura.
De esta forma, entre las cosas de todos los
días y lo desconocido, la obra de arte contemporánea es como un signo de interrogación
que pregunta a cada espectador por su sentido, por su educación, por su historia
personal, exigiéndole que le resuelva. Le cuestiona sobre el uso que le da a lo que tiene
-o sobre lo que desea tener- y le siembra la duda, porque a lo mejor puede cambiar las cosas si no está satisfecho.
Lo anterior, obviamente, apunta a una práctica
artística que cuestione su propia nominación, su propio valor adquirido, su significado,
sus medios y sus formas. Arte ya no como arte. No arte tradicional. No arte clásico. Arte
como lo otro.
Arte-cosa. No un arte nominativo, no un arte
representativo; sino una práctica de observación, reflexión y cuestionamiento que, si
se quiere, devuelve las cosas a ese estado de gracia, a esa dimensión polivalente desde
donde me retaban. El arte de hoy le quita las baterías a los ojos linterna de
la cultura hegemónica de tal manera, que hace que todos comprendamos el todo de igual
forma. Aparece entonces la oscuridad como un momento iniciático de duda, de cambio.
Pero no tema a la ausencia del faro. Y recuerde
que si cambiamos nuestra actitud hacia las cosas, quizás las cosas cambien.
La cosa de arte
En el viaje de investigación hacia Cali, en un Boeing 727, mirando cómo se agarraba al asiento el
vecino, me preguntaba qué significa un avión. Una
cosa que vuela, una fuente de empleo, un medio de transporte, una esperanza, una
tragedia...
Se dice que en el Primer Salón de la
Locomoción Aérea, en 1912, Marcel Duchamp se quedó maravillado frente a un avión, y
dirigiéndose a Brancusi -otro de los tantos embelesados espectadores de tal evento-,
dijo: La pintura está acabada. ¿Quién puede hacer algo mejor que esta hélice?
Dime, ¿puedes tu hacer algo así?
Un año más tarde, Duchamp ensamblaría el
primer ready-made: la rueda de bicicleta. Y de
ahí en adelante la cosa se hace presente en la
historia del arte, como un signo de interrogación que pregunta por la utilidad y la
pertinencia de la creación humana. Y entonces, se entiende que el campo de la creación
no sólo abarca los sublimes resultados del arte. Creación de la ciudad, creación de la
máquina, creación de la industria, creación de la cultura como tal. Gracias al ready-made, el objeto común, lo que está ahí, lo
que ya está hecho, se nos presenta desnudo, carente de utilidad, quieto, como la rueda de
bicicleta que gira y rota sobre su propio eje, pero que no va a ningún lado.
Masturbación, soledad, futilidad. ¿Y si las cosas no sirven para lo que han sido hechas?
Y si las cosas no sirven ¿son más bellas? Y si le cambio de nombre a la cosa ¿ésta
deja de ser lo que era?
De la caverna al templo, del templo a la
iglesia, de la iglesia a la corte, el arte antes del siglo XX siempre había actuado en un
espacio que le contenía y le daba valor. No solamente un valor propio como arte, también
un valor utilitario en situaciones directamente relacionadas con el poder, respondiendo a
los intereses de las fuerzas que impulsaban a cada comunidad. Ya sea una pintura rupestre
que pretende asir al animal venerado, a la presa que da alimento y vestido; ya sea una
escultura clásica con ocho cabezas de proporción; ya sea una imagen encargada por la
iglesia para seducir feligreses o un retrato encargado por un noble o por un exitoso
comerciante: el artista era como un artesano-documentista, un retratista del espíritu de
su tiempo.
Pero a comienzos del siglo XX, dos curiosos
desplazamientos ocurren casi simultáneamente:
Arriba
Gracias al desarrollo de la nueva memoria en
imagen -la fotografía- y a la especialización latente en un mundo que comienza a
mecanizarse el arte se independiza, apoyándose en la mirada optimista que con necedad
desafiaba al pasado. Se emancipa de sus ya mencionados mecenas y crea su propio espacio,
con sus propias reglas. El fotógrafo reemplaza al pintor como testigo y -hay que decirlo-
como materializador de los acontecimientos. Entonces, el caro artesano queda libre y se
autoproclama Artista, con a mayúscula, y como
un nuevo noble comienza a acreditar su linaje. De hecho, el hombre de ciudad, el
cosmopolita, comienza a mirar hacia atrás en busca de su origen, en busca del paraíso
perdido, tratando de explicar su camino y sus modos de hacer, de representar, de nombrar,
de asir el mundo. Aparecen, entre otras, la antropología, el psicoanálisis, la
sociología, la gramática.
Así es como se construye un nuevo edificio,
dedicado al pasado: el museo. Generando tradiciones y enseñándonos a reconocer lo que
debe ser conocido. Y poco después, ya en el siglo pasado, se hace presente el galerista
con su galería, como puente traductor entre el arte y su público. Traductor,
porque aunque el nuevo objeto de arte -fuera del templo o del castillo- resultara más
cercano al espectador casual, al no iniciado, en su funcionamiento autónomo generaba
lógicas en gran parte opacas para el público desprevenido. Así, una pintura de Mondrian
ya no es un bisonte, ni una Minerva, ni una Trinidad, ni el retrato de un noble. Quizás
ningún grafismo puede definir con mayor rectitud, digamos, el arte positivista y altivo
de comienzos de siglo que el cuadrado, o mejor, la retícula.
El cuadrado es el único elemento ausente en el
menú de las formas naturales. El cuadrado ha sido creado por el hombre, no por Dios.
¡Que viva el ángulo recto, que viva la máquina, que viva todo lo que puede llegar a
hacer el hombre! Estas eran básicamente las ínfulas del arte moderno: ¡que vivan las
formas puras y todo lo que es capaz de hacer el hombre! Hasta que entre todo lo que era
capaz de hacer, el hombre hizo la guerra.
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capítulo
(1) Roland Barthes, El
mundo objeto, compilado en: Ensayos
críticos, Barcelona, Seix Barral, 1983, págs. 23-34. (Regresar
a 1)
(2) Esta frase ha sido tomada
del cuestionario que respondió Doris Salcedo para el catálogo de la exposición Nuevos Nombres: seguimiento, en la cual se incluyó
su obra, Bogotá, Biblioteca Luis Ángel Arango, Banco de la República, 1990. (Regresar a 2)
(3) El término convención puede ser entendido como una especie de
marco, a través del cual se establece un patrón de concordancia que determina la
distancia existente entre lo que un hecho artístico es y lo que se espera
tradicionalmente que sea. (Regresar a 3)
(4) El término historicismo es tomado aquí en el sentido en que
es discutido por Rosalind Krauss, haciendo referencia a los argumentos críticos que
evocan un modelo evolutivo como explicación de los fenómenos artísticos, y alude a
principios causales, desarrollos homogéneos y estructuras orgánicas: El
historicismo actúa en lo nuevo y lo diferente disminuyendo la novedad y mitigando la
diferencia. Evocando el modelo evolutivo, elabora un lugar para el cambio en nuestra
experiencia, nos permite aceptar que un hombre es diferente al niño que en su día fue, y
contemplarlo simultáneamente -a través de la acción invisible del telos- como el mismo ser. Esta percepción de la
igualdad, esta estrategia para reducir todo lo que es temporal y espacialmente ajeno a lo
que ya sabemos y a lo que ya somos nos reconforta. Ver Rosalind Krauss, La
escultura en el campo expandido, compilado en: La
originalidad de la vanguardia y otros mitos modernos, Madrid, Alianza, 1996, págs.
289-303. (Regresar a 4)
(5) Gerardo Mosquera, Diseño,
arte y artesanía, en: El diseño se
definió en octubre, capítulo IV, La Habana, Editorial Arte y Literatura, 4989.
Respecto a esta inconcordancia entre las nociones de lo artístico y lo estético, puede
ser aclarador el siguiente pasaje: La obra de arte, el taburete de Alvar Aalto, la
combinación de alfil y caballo de Kasparov y la puesta de sol pueden tener en común la
facultad de parecernos bellos, pero sólo la primera, por su propia definición, reúne el
conjunto de factores que identifican a lo artístico, de los cuales el estético es sólo
uno, y en ocasiones no el determinante, como sucede en el conceptualismo, que lo elude
programáticamente. Desde el punto de vista de su capacidad para hacernos sentir la
belleza, el mueble, la jugada de ajedrez y el paisaje serán únicamente estéticos. Lo
artístico incluye lo estético, sin limitarse a él, pero a su vez lo estético no es
exclusivo del arte [...] además, a simple vista se nota que un bello gesto no
es un gesto artístico, como una ejecución en la barra fija o un dulce serán
bellos, no artísticos, a no ser que se hable del arte gimnástico o del
arte de la repostería, empleando la palabra en su sentido de conjunto de
técnicas y habilidades, según puede hacerse en actividades no estéticas, como el
arte del verdugo o el arte del proctólogo. (Regresar a 5)
(6) Este término obedece a la práctica
inaugurada por el artista Marcel Duchamp, quién en la segunda década del siglo XX comenzó a producir esculturas que simplemente
se elaboraban a través de la recontextualización de objetos ordinarios, que él
desplazaba desde su función particular hasta una nueva situación en la cual esa función
semi-perdida iba a enlazar un nuevo papel para el cuerpo y la conciencia del espectador. A
lo largo del siglo XX, la estructura del ready-made sufrió
varias transformaciones que fueron implicando que se asimilara a una estructura abstracta,
como ocurrió con los artistas minimalistas, o que se desplazara a una situación más
amplia y compleja, como ocurre con el manejo de un determinado lugar geográfico por los
artistas de la tierra o con una edificación por los artistas que producen obras de sitio
específico. Para complementar, tanto la idea de ready-made
como sus expansiones, ver: Rosalind Krauss, Forms of Ready-made y
The Double Negative en: Passages in
Modern Sculpture, capítulos 3 y 7, The MIT Press. (Regresar
a 6)
(7) Esta frase es tomada de Rosalind
Krauss, Tanktotem, Welded Images, en: Ibid.,capítulo
5, pág. 198. (Regresar a 7)
(8) Jacques Lacan es la
figura mas determinante del pensamiento psicoanalítico de la segunda mitad del siglo XX.
Sus planteamientos se encuentran compilados dentro de los distintos volúmenes que
conforman su Seminario y en sus Escritos. Respecto a la noción de objeto que
maneja Lacan pueden ser fundamentales dos de esos volúmenes: El Seminario 4: La relación de objeto y el Seminario 11: Los cuatros conceptos fundamentales del psicoanálisis,
de los cuales uno es el objeto. Estos seminarios fueron establecidos por su discípulo
Jacques Alain Miller y se han publicado en español, en su mayoría por la editorial
Paidós. (Regresar a 8)
(9) Jacques Lacan, Escritos
I, Siglo XXI Editores. Esta idea puede ser ampliada a través de la sección De
la mirada como objeto a minúscula del
Seminario 11 ya mencionado.
(Regresar a 9)
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