MEDINA, Alvaro. Procesos del Arte en Colombia
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LA OBRA DE SANTAMARÍA EN COLOMBIA

Santamaría participó en la exposición de 1904 con una decena de cuadros aproximadamente, de acuerdo con las diferentes reseñas de la época. Sanín Cano mencionó El lavadero, conocido hoy corno Las lavanderas del Sena y Ejercicios de tiro al blanco, mencionado por Jorhc como Los tiradores y que conocemos como Los fusileros. Rafael Duque Uribe describió claramente El arreglo del bebé, también conocido como El baño del bebe y se refirió además a “dos paisajes del mar” en uno de los cuales “todo el paisaje consiste en un mar agitado que se estrella contra una roca”, y un segundo con “un mar tranquilo donde se ven las aguas ligeramente rizadas por el viento, y en primer término un poste clavado entre el agua”. Junto a éstos, Duque Uribe también mencionó “los cuadros de los caballos” sin especificar cuántos, de ellos uno “en que una niña está montada a caballo” en “actitud despreocupada”. Otro de los cuadros de caballos es el que describe brevemente Sanín Cano como de “caballos a la orilla de una ciénaga” en la atmósfera plomiza de la Sabana de Bogotá. Es al primer cuadro de caballos, ciertamente, al que se refirió el Dr. Mirabel al decir: “La niña a caballo (París, 1902), mencionada por Darío en sus crónicas, ha llamado singularmente la atención (1) . Un cronista de El Nuevo Tiempo se detuvo en el análisis de un cuadro histórico en el que Bolívar cabalga al frente de sus soldados (2) . Y J. B. C., habló de Los dragones de la guardia inglesa, conocido con el título de Coraceros ingleses.

Esta lista, probablemente incompleta y azarosa a falta de catálogo, nos permite saber que Santamaría participó con las obras significativas de las pintadas por él hasta entonces, algunas de ellas exhibidas previamente en salones de París. Refiriéndose a este grupo de pintaras escribió Germán Rubiano Caballero, a propósito de la exposición retrospectiva de febrero de 1971: “Los fusileros de 1885, Las lavanderas del Sena de 1887, El té de 1890 o El baño del bebé de 1904 son cuadros más de temática impresionista —influida sobre todo por Manet— que de técnica o estética impresionista. En ninguno de ellos se observa el interés primordial del impresionismo: la captación del instante. En ninguno de ellos se ve la disolución de los colores locales en valores de expresión atmosférica o la descomposición de las superficies de color en manchas o pequeños puntos. En ninguno de ellos se encuentra la pincelada suelta y el dibujo abocetado. En ninguno de ellos, sobre todo, se halla la imagen convertida en un simple reflejo de la luz real o artificial (3) .

Si ponemos de lado los numerosos paisajes reseñados por los comentaristas ya citados, los cuales no solamente no conocemos sino que hasta carecemos de noticias precisas de ellos, paisajes con los que Santamaría resulta inscrito dentro de la corriente paisajística que se inició en la década del 90, podemos detenernos momentáneamente en El arreglo del bebé (1904), casi con seguridad la última obra realizada por Santamaría en el momento de abrirse la exposición. ¿Qué hacía a este cuadro diferente de los cuadros academicistas? En primer lugar el tema, nada compuesto y solemne y sí muy cotidiano, simple y vulgar como una instantánea. Lo mas cercano de esta escena familiar, en la que una madre, esponja en mano, baña a la hija con el agua que toma de un platón, era La recreación o La llavecita, de Garay, pintado en 1886, óleo en el que una peripuesta y arrobada madre agitaba las llaves delante de los ojos del bebé desnudo que reposaba en su regazo. Pero mientras la de Garay era un pintura arreglada y teñida de sentimentalismo, una pintura que guardaba la compostura propia de la aristocrática Regeneración, la de Santamaría poseía la espontaneidad y frescura de una escena viva. A esto se agregaba el color luminoso disuelto en función de la atmósfera y la pincelada, aireada, que condujo a Santamaría a no tener que detenerse morosamente en el detalle. Sin embargo, el nuevo maestro se aplicó en tal técnica únicamente al interior de los planos locales, procurando respetar los contornos fijados por el dibujo. Esta actitud ante el dibujo fue la que llevó a Eugenio Barney Cabrera a decir que durante este período Santamaría: “respeta todas las reglas tradicionales del arte al extremo de que Max Grillo y Ricardo Hinestrosa Daza le admiran ‘en el sentido de la línea y de la perspectiva’ y que en ‘su anhelo de hacer hermoso hace natural y semejante’. Santamaría está en el filo de la navaja. Ha llegado con un arte lo suficientemente nuevo como para impresionar a los burgueses, pero lo necesariamente tradicional para que no lo rechacen los espíritus conservadores de su tierra (4) .

Efectivamente, los contemporáneos de Santamaría que comentaron la exposición de 1904 llamaron la atención sobre su dibujo correcto, mas no porque éste fuera definitivamente academicista, sino, como ya vimos, por el deseo de incorporar al maestro a una corriente cuyas claves conocían. Aquí vale la pena recordar que Manet, Degas y Renoir también fueron correctos en el dibujo y sin embargo no cayeron en el academicismo. De otra parte, encontramos que en el Santamaría de El arreglo del bebé la consideración de la luz jugó un papel primordial en la descomposición de los planos locales, recurriendo a un tratamiento de pinceladas cortas que rompían el plano de color. Tal tratamiento se oponía abiertamente al concepto de la pintura relamida y, por lo mismo, fue apreciado por los comentaristas y críticos. Jorhc, por ejemplo, al decir de Las lavanderas del Sena:

“El modelado de las caras y de los brazos en contraluz (sin el fácil recurso de los fondos oscuros de los académicos) en que el color se descompone en tintas luminosas de gran vigor, y la sombra se funde imperceptiblemente con la luz sin marcarse contraste entre ambas, está allí tratado franca y valientemente (5) .

En su análisis de las pinturas realizadas por Santamaría durante el tiempo que dirigió la escuela, Barney Cabrera las ha definido como de una evidente influencia de Garay y Acevedo Bernal (6) . Definición exagerada que no considera, por lo demás que la de Santamaría era una de las obras audaces entre las que se trabajaban en América Latina en aquel momento. Al detenerse en Helena, Barney Cabrera pregunta: “¿No hay ciertamente en este retrato reminiscencias del acadecimismo reinante en Bogotá como consecuencia de la tradición estética española a que pertenecían los artistas que durante esa época trabajaron en esta ciudad?” (7) . Posiblemente el historiador se refería a la influencia de Acevedo Bernal, con lo cual queda sugerido que el medio era tan rígido y poco receptivo, que el propio Santamaría se vio forzado a dar marcha atrás abandonando sus postulados renovadores. Por su parte, Rubiano Caballero, corroborando en cierto modo la apreciación de Barney Cabrera, ha afirmado que “cuando el artista vive en Bogotá, entre 1893-1899 y 1904-1911, no deja de acusar influencias varias y en ocasiones, incongruentes. Las segadoras de 1895 es por ejemplo, una extraña mezcla de Millet y de pintura folclórica; el Retrato de Antonio José Restrepo de 1908 se inclina por el tenebrismo español del siglo xvii; los paisajes sobre cartón son pequeños ensayos perfectamente impersonales (8) .

La influencia española y, más concretamente, de Velásquez, fue señalada por Duque Uribe y por un comentarista de la Exposición del Centenario —1910—, que escribió: “Cómo es plácidamente emocionante abstraerse en la admiración de los retratos de Santamaría evocadores a veces de los del inmortal Velásquez, por su deliciosa y perfecta sencillez, por sus actitudes que dicen del artista que sorprende en el modelo la pose eterna y Única (9) . Si juntamos la influencia española y la influencia de los academicistas colombianos con la ausen cia de un verdadero interés por los impresionistas franceses, se tiene que concluir que Santamaría hubiera caldo en la mediocridad de la pintura nacional de haber permanecido en Colombia. Ninguno de los dos historiadores citados lo ha dicho explícitamente, pero de sus varias afirmaciones se infiere. De donde no es difícil deducir que su influencia en el arte colombiano fue nula (10) .

Antes de situar el periodo colombiano de la obra de Santamaría y la significación que ella tuvo dentro de su trayectoria, así como la influencia real que ejerció, es oportuno citar nuevamente a Rubiano Caballero, en cuanto nos suministra un valioso e incontrovertible punto de partida. Llevando adelante la tesis del conservadurismo de la obra realizada por Santamaría en Colombia, el conocido historiador afirmó lo siguiente: “sólo algunas pocas obras posteriores a 1911 —luego de su regreso definitivo a Europa— pueden asimilarse al impresionismo”, explicando luego de esas obras que “en ellas emplea una gama de colores más clara y una división total más elaborada (11) . En consecuencia, son la claridad del color y la división tonal, anuncios del Santamaría maduro, del Santamaría audaz dentro del restringido ámbito latinoamericano.

Hasta 1910 la trayectoria de Santamaría se puede dividir de la siguiente manera:

I.   1885-1903

Es una etapa algo incoherente que no podemos preciar todavía con certeza, por cuanto son muchas las pinturas pertenecientes a ella que hoy desconocemos. A esta etapa corresponden Los fusileros (1885), Las lavanderas del Sena (1887), El té (1890), Coraceros Ingleses (1890 aprox.), las dos Marinas en la colección de Sofía Urrutia (1894 aprox.) y Las segadoras (1895). De 1895 a 1903 no hay un solo cuadro datado confiablemente, pero son es tos, sin duda, los años de loe varios paisajes presentes en la exposición de 1904 (12) .

I I.  1904

El arreglo del bebé, con su paleta clara, se constituye en obra excepcional por su proximidad al impresionismo y anuncia la futura trayectoria de Santamaría.

III. 1905-1907

Breve período opaco de pincelada velasqueña. Es el momento en que abundan los retratos en razón de la notoriedad alcanzada con la exposición de 1904. Santamaría retrata a María Mancini, Inés Gónima de Restrepo, Antonio José Restrepo, Monseñor Carrasquilla, a su hija Helena y pinta el cuadro titulado Dama y acompañante. Todas estas obras aparecieron como realizadas en 1908 en el catálogo de la retrospectiva de 1971 en el Museo de Arte Moderno de Bogotá; al redactarlas he tenido en cuenta la afirmación de Duque Uribe de que el Retrato de María Mancini, típico del período opaco, fue expuesto en la colectiva de julio de 1906 en el foyer del Teatro Colón de Bogotá (13) . En cuanto a Helen; se inserta plenamente en el período opaco y no hay ninguna razon para situar ese óleo entre Maternidad y En la playa de Macuto.

IV.  1908 en adelante

Con Maternidad (1908) el pintor cancela el período opaco y entra en la etapa de las definiciones con un desdibujo deliberado, una paleta clara y un volumen que sugiere materia temblorosa, anuncio de las manchas matéricas que encontramos en el óleo En la playa de Macuto (1910). Maternidad, en el catálogo de la retrospectiva, fue fechado como de 1909; lo he redatado con base en una breve nota de Acevedo Bernal de 1908, en que se refiere a este cuadro llamándolo “su última obra (14) . De otra parte En la playa de Macuto aparece en el mismo catálogo como de 1914; la obra, con el número 201 y el título Sobre la playa de Macuto, figuró en la exposición conmemorativa del Centenario de la Independencia (15) . En la primera etapa Santamaría se interesó en el espacio profundo con una gran aplicación en el recurso de la perspectiva. En la segunda, fundamental en el desarrollo de su arte, Santamaría hizo caso omiso de esa profundidad y se encaminó a “pintar con alegría y desenfado una superficie de lienzo”, evitando “los problemas relacionados con el espacio ilusorio de la pintura” para situar sus figuras “siempre en el plano de la tela (16) . En otras palabras: Santamaría abandonó la perspectiva de su primera etapa y se encaminó a practicar, con los retratos del período opaco, la pintura plana que le fue característica en adelante. Una vez entró a enfatizar la bidimensionaltdad del lienzo, a Santamaría sólo le faltó descubrir la materialidad del óleo para entregarse a la practica de la pintura abundante y pastosa que encontramos en su cuadro En la playa de Macuto.

¿Cuál fue la influencia de los academicistas colombianos en los retratos de 1905-07? Ninguna. En los retratos era manifiesto un principio de rechazo al dibujo preciso y a la tiranía de la línea cortante que antes establecía los contornos, sobre todo si ese contorno pertenecía a figuras en primer plano. La masa se tomó entonces volátil bajo la influencia de Carriére, y apareció el interés de Santamaría por pintar los fondos del mismo color de las vestimentas de sus retratados, con el fin de fundirlas al plano del lienzo y respetar la bidimensionalidad de la obra. Aunque la paleta se restringió notablemente no llego a ser, de ningún modo, la paleta de tierras y negros de Mendoza o Garay. Verde fue el color predominante en Santamaría, quien, rechazando el volumen rotundo que particularizó a los academicistas acudió a la pincelada libre que lo diluyera. El énfasis de los críticos de los inicios del siglo por ameritar su dibujo, se debe entender únicamente como una orientación dirigida a llamar

la atención sobre el dominio que ejercía el pintor sobre la estructura general de sus composiciones, a pesar de la delicuescencia con que eludía los detalles. La desaparición del modelado graduado a base de la tonalidad precisa del accidente local, tonalidad no determinada por el desenvolvimiento de ese accidente en el espacio profundo, nos indica que Santamaría despreciaba el trompe-l’oeil y la superficie relamida de los academicistas, en quienes, por lo demás, las masas eran plenas, mientras en Santamaría eran gaseosas, y en quienes había una total negación de la atmósfera, mientras las figuras de Santamaría se evaporaban en ella. En conclusión, si Santamaría fue capaz de resistir la influencia academicista en el curso de la década del 90, cuando esa tendencia gozaba su esplendor y el joven artista estaba en disposición por la edad, de recibir con mayor prontitud las imposiciones del medio, difícilmente se puede creer que la admitiera tras su éxito de 1904. Un éxito, como ya vimos, que había sido saludado por su cariz renovador.

He mencionado a Carriére como el pintor que influyó a Santamaría en su período opaco, sin detenerme a expilcar los puntos de contacto entre los dos artistas. La pintura de Carriére se caracterizó por ser monocromática y por la manera como velaba sus figuras fundiéndolas a los fondos, dos particularidades que siguió Santamaría aplicadamente. El pintor es un creador hoy olvidado, pero en 1900 suscitó la admiración de Picasso y con algunas razones se ha considerado que los períodos azul y rosa del gran. maestro español tuvieron su origen en esa admiración. Por lo demás, Carriére fue, junto a Renoir, Huysmans, Rouault, Verhaeren, Vuillard y Frantz Jourdain uno de los fundadores del Salón de Otoño, iniciado en Paris en 1903. El Salón de Otoño, en sus dos primeros años, no exhibió obras de artistas jóvenes que se distinguieran por la novedad de sus conceptos, pero organizo dos homenajes de singular importancia por sus repercusiones posteriores: una exhibición recordatoria de Paul Gauguin en 1903 y una gran retrospectiva de Cézanne en 1904 (17) , dos hitos que pusieron de relieve la contemporaneidad de sus organizadores. Lo que quiere decir que cuando Santamaría fue cautivado por la obra del francés, éste se encontraba en la cumbre de su pres tigio artístico, dato sumamente importante para quienes reducen nuestra historia a un distanciado y temeroso seguidísimo. Sin embargo, un análisis crítico del período opaco de Santamaría no es nada favorable a él: los retratos son pinturas débiles —no academicistas— en su galante y melancólico lirismo, pero tienen la importancia, única, de corresponder a una transición que fue fundamental en su trayectoria de pintor. Transición fecunda en cuanto coherentemente orientó sus pasos, con Carriére dirigiéndole cada pincelada, hacía las realizaciones de la madurez.

En su estudio de Santamaría, el historiador Barney Cabrera se fijó en la importancia de En la playa de Macuto, la que reconoció como una pintura clave dentro de la consolidación de su nueva concepción estética. Escribió el historiador: “En la playa de Macuto, define la nueva etapa artística de Santamaría, de la cual sólo queda esta obra mayor. Rápidamente pasa a experimentar otra paleta y diferentes maneras pictóricas; pero Macuto es de las más significativas y serias pinturas de Santamaría (18) . He allí la razón de un malentendido. La redatación del gigantesco óleo del Museo Nacional nos está Indicando que Santamaría inició en Colombia la plenitud de su tercera etapa, en la cual necesariamente debemos ubicar algunos de los cuadros que Rubiano Caballero considera circunstancialmente próximos al impresionismo. Aquí debo explicar que Maternidad es apenas la iniciación de esa tercera etapa, el anuncio de una paleta que en loe años siguientes se hizo más y más luminosa. En Maternidad la madre y el hijo, en una representación convencional, aparecían en un interior. Los volúmenes eran gaseosos como en los retratos del período opaco, y había, a pesar de la profundidad sugerida por los elementos del fondo, la clara intención de reducir el conjunto al plano del lienzo. En cuanto a la superficie, ésta era vibrante, lo que lograba modulando en pequeños planos Irregulares los tonos, preludio del mismo efecto que posteriormente consiguió con el empaste generoso y el trabajo de espátula. En Maternidad, a pesar de que el amarillo era dominante, su matización con azul denotaba la influencia del período opaco. Y vino a señalar el momento en que Santamaría estuvo más cerca del impre sionismo, ya no por el tema —tan tradicional—, sino por su técnica de división de las valorizaciones cromáticas.

En la playa de Macuto fue, en cambio, un significativo punto intermedio pleno de logros parciales dentro de esta etapa de búsquedas. El paseo de una dama a caballo y su acompañante presentó la modalidad de ser una escena al aire libre. En Macuto Santamaría ensayó, por vez primera, el efecto de distorsión de las figuras, sometidas a un alargamiento que partió de su interés en El Greco y lo aproximó más tarde a Modigliani. El color se hizo luminoso, también por vez primera, con la utilización de azules, verdes, rojos, amarillos ocres y naranjas, consiguiendo los fuertes y jugosos contrastes cromáticos que fueron característicos de los dos retratos más notables de los años siguientes: Figura con fondo multicolor (1914) y El chal amarillo (1916). La construcción a cortos y cargados brochazos, la aproximación y yuxta­posición de colores siguiendo la teoría impresionista, produjeron el mismo efecto vibratorio de Maternidad. Santamaría consideró, posiblemente, que el tratamiento semipuntillístico siempre le permitiría lograr superficies planas en el conjunto de las composición, la misma superficie plana del período opaco. No fue así en Macuto por la línea oblicua que marcaba la fuga de la playa hacia el horizonte. Inconsistencia que podemos observar en los paisajes puntillistas de 1913. En ellos se palpa el esfuerzo del pintor por no romper la bidimensionalidad del lienzo, cosa que no logró en uno solo. Si Maternidad se acercó a la bidimensionalidad deseada, ello fue por tratarse de un interior en donde el elemento arquitectónico distinguible, una puerta, estaba situado muy cerca de las figuras de la madre y el hijo. Se entiende entonces porqué en Paisaje Vasco (1917) nos hallamos frente a un caos de manchas que parecen la expresión de una mente angustiada con un resultado que lo situó en la abstracción. Y que a partir de entonces fueran escasos los paisajes de Santamaría, quien prefirió situar sus figuras contra fondos planos para no adentrarse en un problema al que nunca le encontró solución.

Fue en Colombia, pues, donde Santamaría inició el proceso de despegue hacia su pintura personal. Lo que desmiente la aseveración de que su tendencia en el país fue a retroceder y acomodarse dentro de los parámetros de la Academia. Sus obras, de 1908 en adelante, significaron un planteamiento absolutamente nuevo dentro de nuestra restringida plástica y un jalón dentro de la propia obra de Santamaría, algo que señaló igualmente el crítico belga André de Ridder cuando escribió el catálogo de la exposición de Santamaría en Bruselas: “Impresionista en su obra, sobre todo durante el período de Bogotá. Es entonces que [sic] él se aplica en esas sutilezas de tono, un poco traviesas, en esas cambiantes luminosidades, en esas combinaciones de color y de luz tan accidentales (19) .

La trayectoria progresiva de Santamaría en Colombia se puede medir, de otro lado, por la influencia que ejerció en los otros pintores, no solamente en los jóvenes sino en los ya veteranos. Ricardo Acevedo Bernal escribió en 1908 una nota en la que se refirió a la conferencia de Baldomero Sanín Cano sobre el impresionismo y Santamaría, para afirmar que “todas las cualidades que a éste distinguen están apuntadas allí con sorprendente acierte y medido con justicia el valioso aporte que, para el progreso de nuestro Arte, nos trajo el famoso pintor (20) . Naturalmente, se puede asumir esta afirmación como un simple gesto galante (y de hecho lo era), pero la declaración de Acevedo Bernal fue un poco más allá al decir: “En la Escuela Nacional de Bellas Artes rompió los viejos rutinarios moldes, implantó nuevos procedimientos y ante todo promulgó la ley de libertad, única fecunda para formación de verdaderos artistas”. No era fácil que un academicista asegurara tal cosa, pero el impacte de Santamaría tuvo tal resonancia, que el propio Acevedo Bernal se apartó momentáneamente de sus “rutinarios” moldes para ensayar una pintura más libre e imaginativa. El ejemplo más singular es el Retrato de Rosa Biester de Acevedo (1905), su esposa, cuadro en el cual el pintor consideró excepcionalmente el efecto de la intensa luz que entra por la ventana a la izquierda, diluye el volumen del torso de la dama y altera la coloración de su rostro y su vestido. Por lo demás, sobre el traje blanco plasmó una vibración semejante a la de Santamaría en El baño del bebé y consiguió una sensualidad que nos rememora a Renoir. Este retrato es una de las mejores pinturas de Acevedo Bernal y la soltura de su ejecución es inimaginable sin la presencia de Santamaría en Colombia. Otro tanto ocurrió en Ricardo Moros Urbina, cuyo paisaje Alrededores de Bogotá, fechado en 1906, es de un brillante y atrevido ascetismo tanto en el tratamiento pictórico como en la escogencia del tema: un panorama erosionado, caprichosamente accidentado y nada bello, mero pretexto para distribuir manchas informales en una composición casi abstracta a pesar de su evidente inspiración naturalista.

 

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1 DR. MIRABEL, “De la exposición”, en El Comercio, núm. 214, Bogotá, julio 2 de 1904.  
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2 “De arte”, en El Nuevo Tiempo, num. 664, Bogotá, junio 17 de 1904. (regresar 2)

3 German Rubiano Caballero. “Aproximación a la crítica del arte en Colombia”, en Historia del arte colombiano, vol. 5, Salvat Editores, págs. 1344/1345. (regresar 3)

4 EUGENIO BARNEY CABRERA, ob. oit., pág. 102. (regresar 4)
5 Jorhc, ob. cit., (regresar 5)
6   EUGENIO BARNEY CABRERA, ob. cit., pág. 185. (regresar 6)

7 Andrés Santamaría, catálogo de  exposición retrospectiva en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, febrero de 1971, pág. 10. (regresar 7)

8 GERMÁN RUBIANO CABALLERO, ob. cit., pág. 1347. (regresar 8)

9 L. E. ANTOLINEZ, “El salón de pintura”, en Diario de Colombia, núm. 74, Bogotá, agosto 16 de 1910. (regresar 9)

10 El autor del presente ensayo, tanto en conferencias como en el Seminario de Arte Colombiano que dirigió en la Universidad Nacional, así lo afirmó en el pasado como conclusión de los escritos de Eugenio Barney Cabrera y Germán Rubiano Caballero, quienes tuvieron a su cargo la retrospectiva de Santamaría en 1971. (regresar 10)

11 Andrés Santamaría, ibid. pág. 16. (regresar 11)

12 Es bastante probable que Crepúsculo y Paisaje I , identificados con los números 14 y 15 en el catálogo de la retrospectiva y datados como de 1911, en realidad hayan sido pintados antes de 1904. Aunque la ejecución de ambos óleos es de pincelada suelta, la paleta clara y el tema hacen pensar en una primera etapa colombiana de Santamaría, de 1895 a 1904. Iniciada en tal caso con Las segadoras y de la cual formarían Parte las dos telas mencionadas al principio. (regresar 12)

13 RAFAEL DUQUE URIBE, “Andrés Santamaría, pintor universal y Pintor colombiano”, en Anuario de la Academia Colombiana de Bellas Artes, Bogotá, 1932, pág. 82. (regresar 13)

14 RICARDO ACEVEDO BERNAL, “Don Andrés de Santamaría, pintor bogotano”, en Colombia Ilustrada, núm. 5, Bogotá, octubre 17 de 1908. (regresar 14)

15 Exposición Nacional de Bellas Artes de 1910 - Catalogo, pág. 9. (regresar 15)
16 Cfr. GERMAN RUBIANO CABALLERO ob. cit., págs. 1347/1348. (regresar 16)

17 GEORGE HEARD HAMILTON, The Pelican History of Art - Painting and Sculpture in Europe 1880-1940, 1372, pág. 159. (regresar 17)

18     André Santamaría, Ibid., pág. 13.   (regresar 18)
19 Andre de Ridder, Andrés Santamaría, Editions de la Bascule, Bruselas, 1937, pág.14. 
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20 RICARDO ACEVEDO BERNAL, ob. cit.
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