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MEDINA,
Alvaro. Procesos del Arte en Colombia
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(continuar
capítulo Roda)
Homenaje
al pueblo de Chile
El
lenguaje de los Delirios nos revela a un Roda con algunos titubeos. Las
variaciones van inexplicablemente de la silueta informal que flota en el
espacio negro, al férreo sometimiento geométrico de la figura que vemos
en el grabado 4 de la serie. En éste el rostro y las manos se desprenden
de un plano que zigzaguea en ángulos casi rectos, produciendo un contorno
rígido y duro que se repite estilísticamente en el resto de la
serie, aunque en casi toda ella subsista la misma profusión de líneas
rectas para estructurar, sostener y dramatizar las figuras. Tratamiento
que Roda consigue superar en Homenaje al pueblo de Chile (1975), grabado
en el que se reduce el elemento geométrico a tres delgadas líneas
horizontales perfectamente integradas a la textura de un cuerpo lacerado
que iconográficamente nos rememora a la serie Cristos.
Roda
es sobriamente grandioso en Homenaje al pueblo de Chile. Al igual que en
los Cristos, la figura de este torturado hombre chileno es una variación
de San Sebastián, el primer mártir cristiano, un tema muy recurrente a
través de la historia del arte. Ignacio Gómez Jaramillo, por ejemplo,
partió también de él para ilustrar el tema de la violencia en Colombia.
Entroncándose en la tradición, apoyándose en un símbolo que despoja de
su atmósfera místico-religiosa para tornarlo conmovedoramente real y de
hoy sin el menor asomo de sentimentalismo, Roda consiguió entregamos en
Homenaje al pueblo de Chile la imagen exacta de un pueblo atropellado que
al mismo tiempo lucha por recuperar los fueros de su dignidad y derrotar
al fascismo, Y nos demostró cómo evoluciona su obra sin regodearse en
los pequeños hallazgos.
Amarraperros
Las
once variaciones de Amarraperros (1975-76) lo demuestran plenamente. Tratándose
de una serie y no del grabado aislado que es Homenaje al pueblo de Chile,
en Amarraperros se echa de menos la sensualidad y fantasía de Retrato de
un desconocido, Risa y El delirio de las monjas muertas. Boda es ahora
sobrio, riguroso y contenido. Se somete a una disciplina que le exige no
desbordarse y lo consigue. De manera que en Amarraperros los elementos no
sugieren: son. Son brazos, piernas, torso, perro, cuerda. Estos elementos
no simbolizan, sino que nos remiten a lo que vemos, tal como lo vemos.
Roda se decide a trabajar como un realista tradicional en la combinación
de tales elementos, que una vez reunidos trabajan como signos cuya lectura
propone una combinatoria alrededor del tema: el hombre coartado por la
cuerda que lo ata; la mansedumbre del perro dominado; el hombre que se ata
a sí mismo al atar al perro; el perro compañero y testigo del hombre
sujetado como un perro. No hay que olvidar que el título Amarraperros se
refiere a las cuerdas y a las fuerzas ocultas pero no desconocidas, detrás
de ellas, entregadas a la tarea de correr los nudos.
En uno u otro caso la clave que decodifica este juego de
combinaciones es la contradicción libertad-opresión.
Analizando
detenidamente, hallamos que en los grabados 1, 3, 4, 5, 7 y 9 la atadura
viene de fuera, o sea que hay una fuerza externa que oprime y ata al
hombre o al animal. Debemos recordar nuevamente que Boda vivió la, guerra
civil española y conoció el falangismo en su juventud. Su refugio en
Colombia es, precisamente, una consecuencia. de las limitaciones que sentía
bajo el régimen de Franco. Por lo tanto, la significación de
Amarraperros no es una lucubración. Esa significación nos amplía, en
reprospecto, el hondo sentido solidario de Roda en Homenale al pueblo de
Chile.
Si
bien en Amarraperros aparece el hombre oprimido, igualmente se muestra
aquel que no es capaz de luchar contra el enemigo y se rinde de antemano
ante su fuerza. Es esto lo que plantean los grabados 2, 6, 8 y 10, en los
cuales la cuerda que ata viene de fuera, pero a un tiempo presenciamos un
caso de autoatadura. El hombre no sólo se somete a la fuerza externa y
opresiva, sino que él mismo, ser alienado, ayuda a su propia sujeción.
Es el hombre igualándose al perro.
El espectro de significaciones que Boda nos propone es amplio. Se refiere
a la conciencia social como se refiere a la conciencia individual, pero
también hace una clara alusión a la creación artística. Aquí lo
subjetivo toma el cariz que descubrimos en el grabado 11, en el que s bien
la. cuerda no aparece tensa sino floja único caso en la serie, Boda se
autorretrato. nuevamente y sus ataduras son las ataduras de un esfuerzo
creativo que ha llegado a su término. El grabado 11 es el último de
Amarraperrs y las cuerdas bordean la figura de Boda pero no lo amarran
mientras el perro posee La agresividad que no encontramos en los demás.
Pero es una agresividad ineficaz, aunque necesaria: Boda ha concluido su
compromiso, 18 serie está terminada. Un compromiso cumplido no sólo con
el conjunto de grabados de Amarraperros sino con todo un periplo de su
trayectoria: Boda volvió inmediatamente a la pintura tras una etapa de
varios años sin practicarla.
El
tratamiento del grabado 11 es diferente al del resto de la serie y está más
cercano a Risa y El delirio de monjas muertas, si nos fijamos en el halo
que contiene los “fantasmas de su tema”, mientras Boda ejecuta
precisamente un grabado. Es que el elemento cuerdanudo, como alegoría de
la sujeción, propone en este caso una idea muy distinta: el arte amarra y
también aliena.
En
Amarraperros, Boda no deforma en lo más mínimo sus elementos
compositivos. Todos sus esfuerzos se dirigen a una representación en la
que no se alteran los contornos, ni las proporciones. ni el volumen, ni el
modelado. Lo que realiza en el momento en que el fotorrealismo comienza a
llamar la atención en Colombia y a ser practicado por vados artistas.
Pero en Boda no hay obsesión fotográfica y se cuida, por lo demás, de
que no falten nunca las significaciones pertinentes. Boda es de los
artistas interesados en la literatura (él mismo se confiesa un novelista
frustrado que tiene la esperanza de poder, algún día, dedicarse a la
narrativa), la que sabe dosificar en su obra plástica para no caer en el
panfleto o la teatralidad.
Con
Amarraperros desaparece totalmente el tratamiento geométrico autónomo
que se superponía a las figuras para equilibrarlas o complementarias. La
cuerda o el brazo trabajan como elementos que en sí mismos contienen las
tensiones que antes lograba con la línea recta. Sobre el fondo negro
aterciopelado, el torso, el perro, el brazo, la pierna o la cuerda son luz
que fulgura en la oscuridad como en Zurbarán. Tal tratamiento exigía una
composición necesariamente sobria y contenida. Es el ordenamiento
racional que domina el que saca a estas series del desbordamiento que
conocimos en Risa y El delirio de las monjas muertas. Amarraperros es en
cierto modo un regreso a Retrato de un desconocido, un regreso a la
sobriedad. Con Amarraperros se cerró un ciclo más dentro de la. doble y
contradictoria tendencia de un temperamento que se mueve entre el delirio
romántico y la “nostalgia del orden clásico.
Boda
ha cumplido así una etapa, una de las más deslumbrantes de las últimas
décadas en Colombia, alcanzando la madurez por la asimilación de las
crisis. Y es esto precisamente lo que hace del suyo un caso sorprendente
para admirar sin reservas, a pesar de los reparos críticos, pequeños y
grandes, que en esta breve monografía he consignado.
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