MEDINA, Alvaro. Procesos del Arte en Colombia
© Derechos reservados de Autor

 

ROBERTO PIZANO 1922

Como visión de conjunto o resumen de actividades que refleja de alguna manera la producción artística de varios años, encontramos aquí una nota que no se origina en una exposición nacional. Se trata, esta vez de un balance de actividades artísticas en doce meses, o sea, una. visión global del conjunto de las exposiciones realizadas en lo que su autor llama “el primer año de un movimiento artístico ordenado e Intenso”.

La década del 20 adquiere así una importancia definitiva para el arte colombiano. Durante ella, a pesar de las Interrupciones que impusieron las obvias dificultades, tomó un auge definitivo la exposición individual. A partir de la consolidación de este fenómeno, los artistas no se vieron precisados a esperar la exposición nacional, único evento que les brindaba la oportunidad de mostrar sus obras y reunir un amplio público. El artículo seleccionado, por otra parte, es sumamente explicito en su rechazo a la enseñanza academicista que todavía se Impartía en los talleres de la Escuela Nacional de Bellas Artes.

Roberto Pizano nació en 1896 y murió en 1929. Pintor, dirigió la Escuela imprimiéndole un sentido más moderno a la docencia y fue, al mismo tiempo, uno de los gestores del cambio antiacadémico tanto con su pintura como con sus críticas. Su nota apareció bajo el título de “El año artístico de 1922” y fue publicada en Cromos, núm. 336, Bogotá, diciembre 23 de 1922.

Cuantos acontecimientos artísticos se verifican en la nación encuentran sus más eficaces y entusiastas propagadores en las revistas ilustradas de Bogotá, a las cuales acude presuroso el público en busca de información. Cromos, impulsado por el deseo de extender la cultura artística y de favorecer a nuestros artistas, se propone hacer una relación de las manifestaciones de arte que se hayan verificado cada año que termine; lanzando al propio tiempo un programa de las que han de tener lugar el año venidero.

Grandes ventajas se derivan de esta síntesis, en la cual se pueden emitir juicios definitivos, hasta donde es posible, ya que es muy distinto el dictarlos acerca de obras consideradas en conjunto y en relación con otras, que el escribir en los días que preceden a cada exposición, en la prisa de los arreglos, y especialmente llevados por el noble deseo de alentar al artista y conmover la frialdad del público. Cabe ahora indicar los juicios que éste ha emitido y las obras que ha rechazado o que ha acogido complacido y, por último, hace perdurable la consagración que hayan tenido las de más importancia.

En el mes de febrero se inauguró la Galería de Pintura del Colegio de San Bartolomé y fue colocado en ella el retrato del Libertador, pintado por Acevedo Bernal. Encierra la Galería el conjunto de cuadros más variado y rico entre las colecciones nacionales. Se destacan entre ellos cinco cuadros de nuestro Gregorio Vázquez Ceballos, uno de Gaspar Figueroa, un Cristo en la cruz atribuido a Rivera, cerca de veinte cuadros italianos de importancia, entre ellos la Magdalena, original de uno de los más grandes maestros de la escuela ecléctica boloñesa: Guido Reni (nació en Calvenzano en 1575 y murió en 1642). De tan seductora obra existe otro ejemplar en Roma y una cabeza de estudio en el Museo del Prado de Madrid. Hay además buen número de cuadros de pintores modernos nacionales. Propónense reunir obras de los maestros antiguos y modernos para que se pueda estudiar la pintura colombiana. Dentro del excelente local funciona una clase de arte en el cual se han revelado notables facultades, sobresaliendo un muy delicado colorista, don Jorge Cárdenas, premio de 1921, y don Santiago Martínez, premio de 1922.

El retrato de Bolívar por Acevedo Bernal, su mejor obra en este género, lleno de dignidad, encierra una intensidad de pensamiento y expresión muy notables y se destaca en la Iconografía del héroe muy por encima de los de Michelena, Tito, Salas, etc.

Durante los meses de marzo, abril y mayo, el movimiento artístico fue nulo, llevándose a cabo poco después en la Quinta de Bolívar, admirablemente sostenida por la Sociedad de Embellecimiento, una Exposición de cuadros, grabados y fotografías referentes a Bogotá.

Sobresalían dos bellos apuntes del señor Ricardo Borrero, autor de muchos otros cuadros con rincones bogotanos; único pero valioso resto del Palacio de los Virreyes y otros edificios coloniales hoy desaparecidos. La Exposición inició un movimiento muy laudable, cuyos frutos ha de contemplar el público el año venidero y han de contribuir a exaltar la ciudad y darle color y carácter más definido.

Inaugurase igualmente un cuadro del señor Francisco A. Cano —el paso del Páramo de Pisva—, obra muy Inferior a otras del autor y a casi todo lo expuesto en el año. La concepción es acertada e interesante, pero la composición y el desarrollo desgraciadísimos. El lienzo que debía haber sido ejecutado al aire libre está hecho en un estudio cerrado; así es fácil y carece de ambiente. Nótese igualmente que el autor tenía a la vista los cuadros de Neuville y Detaille.

Gracias a loe esfuerzos de la Sociedad de Embellecimiento y al desinterés de uno de sus miembros, don Alfonso Robledo, la Quinta de Bolívar, amenazada de convertirse en fábrica, pasó a ser propiedad de la Nación y en ella se instala un Museo Boliviano.

En el Hotel Regina se llevó a cabo una exposición de pinturas del señor Rafael Tavera G. En la pintura colombiana, en donde apenas hay dos o tres coloristas, uno de los primeros puestos corresponde al señor Tavera. Sus obras, claras y transparentes, poseen una gran riqueza de grises finísimos. Sus lienzos se apartan de lo vulgar, buscando en ellas su autor armonías, y formas decorativas. Quizá por muy saturado de intelectualismo, su obra pierde en extensión y en algunos casos en interés pictórico, y es lástima, porque si con un poco de más libertad y más cerca de la naturaleza desdoblase sus dotes, haría cosas seductoras. De mí sé decir que sus cuadros son entre lo expuesto en el año de los que recuerdo con más agrado.

En el mes de julio, el señor Gustavo Santos, que hace tiempo viene luchando por el arte con clarísima inteligencia y gran desinterés, inició, en unión de otro particular, una serie de exposiciones individuales en los salones de la Academia de la Lengua, amablemente cedidos para ellos por monseñor Carrasquilla. Se llena de esta manera el vacío que se hacía sentir por el no cumplimiento por parte de la Escuela de Bellas Artes de su obligación de hacer una Exposición anual.

Las primeras obras presentadas en la Academia fueron de don Eugenio Peña, quien a los sesenta años de edad se reveló como uno de los artistas jóvenes e inquietos. En su pintura hay desde hace tres años una evolución constante, conservando sólo una tendencia decorativa en el arreglo de sus cuadros y un profuso sentimiento poético. El señor Peña, junto con Acevedo Bernal, Pedro Quijano, Páramo y muy pocos más, conserva el espíritu sano, limpio de envidias y de sordos rencores. Su caso recuerda al de Costantín Meunier, el gran artista belga que hasta los cincuenta y dos años sólo había pintado insignificantes obras, cuyo escaso valor lo tenía reducido a ser un modesto profesor de dibujo en una escuela rural. A esa edad modeló un día una estatuilla y desde la primera se colocó en el más alto puesto de la escultura contemporánea, al lado de Rodin, siendo el intérprete de mineros y obreros de fábrica, de pescadores y campe.sinos, a quienes ha dignificado en la escultura, como Millet es el idílico en la pintura.

El público contempló muy complacido las obras del señor Peña, y espera.

En junio presentáronse los cuadros del lamentado Epifanio Garay. Cerca de cuarenta retratos, un dibujo y una copia del Entierro de Cristo, del Españoleto del Museo de Louvre. En Panamá y el norte de Colombia existen cerca de cien retratos más, tres cuadros de composición y muchos dibujos.

La impresión, después de repasar su obra, es la de un maestro que domina su oficio como retratista; sobresaliendo entre loe de hombre, Núñez, Sanclemente, don Carlos Holguín, el señor Pardo, el señor Portocarrero y algún otro, una cabeza de anciano muy interesante. Y entre toda su obra, el de la señora Isabel Gaviria de Restrepo, y el interesantísimo de la señora de Uribe Holguín, que inicia una evolución hacia la luz, el ambiente y el color, que hubiera hecho de Garay un renovador en la pintura universal, si no lo hubiera impedido su prematura desaparición.

Al lado de estas ocho o diez obras, a las cuales hay que agregar el Evangelista San Juan, algunos trozos de sus cuadros de figuras, desunidas, y dos o tres retratos más con el de la señora Ponce de Tanco, pintó Garay para ganarse la vida una serie de obras nulas, acartonadas, de una desagradable dureza, retratos muy parecidos a los modelos, pero sin valor artístico ninguno.

En el mes de septiembre, El Círculo de Bellas Artes y la Sociedad de Embellecimiento inauguraron, como homenaje al artista, su busto en la Plazuela Bolivia. Es obra de juventud del señor Silvano A. Cuéllar y fue pasado a mármol por su hermano don Polidoro. Es obra muy interesante y uno de los mejores bustos que decoran la capital.

El día 6 de agosto se inauguró el monumento al doctor Núñez en el Capitolio nacional, acto que revestía una importancia grande, no artística, ya que no hay que considerar que es la obra de un pintor —el señor Cano—. sino patriótica y social, dada la importancia del sitio y el ser la tercera o cuarta obra de un nacional. Es indudable que consulta el lugar para que se la destinaba, más que casi todas las restantes estatuas de la ciudad y que está muy bien documentada.

El Ferrocarril de Antioquia encargó el monumento a Francisco Cisneros al escultor Tobón Mejía, quien días antes había obtenido una medalla en el Salón de Paris con el voto entusiasta, entre otros, del señor Verlet, presidente de la Sección de Escultura, quien dio a nuestro compatriota muchas muestras de estimación. Obra del señor Verlet se inauguró en Barranquilla una estatua de Santander.

Otro joven escultor, Gustavo Arcila, también obtuvo una medalla en la Exposición de Chicago, con una sentida cabeza de Cristo, presentando además otras obras en extremo interesantes. El triunfo de los dos colombianos exige que no se encarguen más esculturas a extranjeros y que se reserven para los nacionales que en Europa y aquí trabajan de manera infatigable.

El dibujo que representa a don Runflo Cuervo en su lecho de muerte, obra de Tobón Mejía y documento de capital importancia, fue adquirido por el Gimnasio Moderno, para decorar su biblioteca.

El señor Pablo de la Cruz dibujó, para el señor Alberto Samper, un proyecto de casa de campo, encantador, proponiéndose la restauración de la Arquitectura Colonial. En igual sentido trabajan también muy acertadamente los señores Julio Carrizosa y Pedro C. Ortiz.

En los últimos días de agosto se inauguró en el pabellón del Parque de la Independencia, la Exposición de Arte Francés. Fue organizada en París por el jefe de la oficina de Información de Colombia, señor Pinto Valderrama, quien con gran celo y buen tino, logró interesar a varias sociedades de cultura francesa, las cuales hicieron absolutamente todos los gastos que en transportes, seguros, instalación aquí, etc., fueran necesarias. Presentaba un conjunto, todo él muy interesante y que no hubiera sido posible presentar reunido en la misma Francia.

Una parte del público, la mejor preparada, acogió la exposición con verdadero entusiasmo, sonriendo de algunas tendencias de decadencia, únicas que supo ver la mayoría de las gentes, que no le dio la importancia que merecía y demostró la necesidad de impulsar su cultura artística por todos los medios posibles. Así lo comprendió la Sociedad de Embellecimiento que organizó una serie de conferencias, entre las cuales se destacaron dos, dictadas por el señor Gustavo Santos: la de inauguración sobre el significado de las escuelas modernas, y la de clausura, muy instructiva y documentada sobre el cubismo, y en la cual hizo, al terminar, la síntesis de los resultados obtenidos por la Exposición. Asimismo fue interesante la dictada por el señor Rafael Tavera, en la cual demostró una enorme erudición y ganó el adjetivo de ágil, con el cual se le ha calificado con mucho acierto. En efecto, nada más distante de la manera de sentir del señor Tavera, que las obras de Menard, cuyo espíritu analizó con gran delicadeza.

Un efecto admirable de la Exposición, cuya importancia resalta más cada día, fue el de mostrar a los jóvenes artistas que se les mantenía engañados y sumidos en la ignorancia con una serie de métodos anticuados, tan distantes del arte moderno como del clásico, de los cuales es en absoluto necesario extender el conocimiento hasta vulgarizarlo en Bogotá, ya que ello es tan fácil, a lo menos en parte, por medio de las proyecciones, de Conferencias ilustradas, etc. Así se hará algún día mejor Pintura encerrando vino viejo en odres nuevos.

En septiembre, en la Academia de la Lengua, Cuyos salones fueron convenientemente arreglados con íntegro el producto de la Exposición Garay, verificose la de obras de Leudo. El resultado fue en extremo halagador por su mérito intrínseco y por los grandes esfuerzos hechos por los organizadores y por la prensa. El número de cuadros vendidos y el de visitantes fue muy elevado y demuestra que el interés del público aumenta grandemente.

La inspiración de Leudo no es espontánea. Excesivamente trascendental, pierde por ello muchas veces el calor de humanidad. No es colorista; es un fuerte dibujante un tanto académico que resuelve fácilmente sus figuras dentro de una fórmula. Sus apuntes pequeño. de paisajes tienen un sentimiento trágico muy intenso. Sus cuadros de figuras al aire libre carecen de atmósfera y muestran ser pintados en un interior. El conjunto muy importante muestra un artista serio y profundo que habrá de producir muchas obras interesantes.

Entre las ilustraciones publicadas por las revistas, son las primeras y excelentes las de Rendón, rebosantes de elegancia, de gracia y de frivolidad. Sus caricaturas, junto con las sabrosísimas del inagotable José Gómez, cautivan al público.

Eugenio Zerda dibujó, entre otras menos original ilustraciones, dos o tres, muy bellas; para mi gusto la mejor, una para el cuento “Por qué la mató”

Las del señor Restrepo Rivera, como siempre, refinadas y poéticas.

Acevedo Bernal, consagrado con tanta justicia como nuestro primer retratista, desde que ejecutó su primer retrato, ha llevado a cabo este año una serie numerosa y sobre todo de cualidades superiores, sobresaliendo entre los aristocráticos personajes el de la señora de Ortiz, señora de Koppel y señora de Balén, y dos hermosísimos de las hijas del pintor. Son igualmente de su mano el muy fiel retrato del llorado Hernando Holguín y Caro, colocado en el Senado, y un cuadro de grandes dimensiones. La Convención de Ocaña, que decora la Cámara de Representantes siempre dentro de la armonía y buen gusto de las obras de este artista, que evoca a nuestros próceres con una elegancia que no abunda en los demás intérpretes.

Al referirse a los pensionados por el gobierno español en Madrid, el señor Tavera, generalmente serio en su crítica, en la cual trata de laudable manera de ilustrar al público, procede con malicia al fingir defender al señor Gómez de un ataque que no está en el ánimo de nadie; al contrario, es para éste un elogio lo dicho claramente por mí, sin dejar lugar a equívocos, respecto a que haría más por sí mismo y por su país llevando a cabo en Europa exposiciones de paisajes de Colombia que él interpreta muy bien y con los cuales se haría una reputación que no logrará mientras imite tan medianamente artistas de reputación europea. En cuanto que deba pintar figuras para ponerlas en sus paisajes, convengo en ello; pero está en un error el señor Tavera al creer que en un estudio cerrado se aprenda a pintar figuras al aire libre. Ya que este señor plantea la cuestiónn de las pensiones, cosa que por parecerme muy delicada no quise hacer yo, diré que el gobierno de Colombia esta en la obligación de reglamentarias para atender así con la seriedad que merece la deferencia del gobierno español; estipulando la duración y las condiciones en que deban ganarse por concurso dichas pensiones, que sólo deben adjudicarse a artistas que no hayan viajado por Europa.

Como se ve, es el primer año de un movimiento artístico ordenado e intenso, debido todo él a la iniciativa particular, ya que se careció aun de la decretada exposición oficial. El gobierno y, de modo especial, el señor ministro de Instrucción Pública, ha prometido con gran interés colaborar eficazmente y estudia la manera de hacerlo; si fuere así, dentro de poco tiempo se verá un florecimiento sorprendente del arte colombiano.

 

SEGUIR AL SIGUIENTE CAPÍTULO

REGRESAR AL

INDICE