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MEDINA,
Alvaro. Procesos del Arte en Colombia
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Derechos reservados de Autor
MIGUEL
LEONIDAS SCARPETA
Y
SATURNINO VERGARA
1871
Según
el discurso de apertura de Joaquín Sarmiento, presidente de la exposición
nacional de 1871, la. muestra fue “de los productos espontáneos de
nuestros bosques y de los artefactos de nuestra industria”. La Idea de
industria, en la época, cobijaba a toda obra de ejecución manual y, por
lo tanto, a la obra artística. La muestra es sumamente reveladora por la
participación, junto a los artistas ya consagrados, de un grupo de jóvenes
que posteriormente iban a destacarse con amplios méritos.
El
artículo seleccionado fue el primer intento de una aproximación seria a
la crítica de arte y es probablemente el único que nos permite formarnos
alguna idea de la producción artística nacional durante el largo periodo
de conmociones políticas y agitadas guerras civiles que le precedió.
Leonidas
Scarpetta nació en 1828 y murió en 1893. De Saturnino Vergara se sabe únicamente
que murió en 1893. Estos (los escritores, al modo de los hermanos
Goncourt, concibieron y- escribieron conjuntamente varios libros y un catálogo.
Con la firma M. L. S. i S. y., y bajo el largo titulo de “Breve noticia
(le las pinturas, dibujos y esculturas presentados en la Exposición
Nacional del 20 de julio de 1871”, las notas aquí recogidas aparecieron
en la Sección Industrial de El Diario de Cundinamarca, Bogotá, entregas
núm. 530 de septiembre 5, núm. 531 de septiembre 6, núm, 532 de
septiembre 7, núm. 534 de septiembre 9, núm. 536 de septiembre 12, núm.
537 de septiembre 13 y núm. 538 de septiembre 14, del año de 1871.
No
hemos podido prescindir de ocuparnos en los objetos presentados en la
Exposición Nacional relativamente al ramo de las bellas artes, ya porque
el cariño que les tenemos nos ha impelido a ello, ya porque deseamos que
la
historia recoja más tarde y con gratitud, los nombres de los que tan
generosamente cooperaron a poner los fundamentos sobre que habrán de
levantarse después las subsiguientes lujosas exhibiciones.
Y
comoquiera que la galería de retratos de nuestros Padres de la Patria están
en primer término, diremos:
que
aun cuando en su mayor parte no tienen mérito artístico, sí merecen
figurar, con orgullo de nuestra parte, en la Exposición, sea porque este
gran certamen de manufacturas, artes, productos naturales, etc., se abrió
el 20 de julio de 1871, día de regocijo popular en memoria de nuestro
primer paso en la vía peligrosa de la emancipación de nuestros déspotas
gobernantes españoles; o bien porque esas figuras deben pasar de generación
en generación como enseña de heroísmo y virtudes republicanas.
Pinturas
del señor José M.
Espinosa
El
retrato de cuerpo entero, que con tanta razón ha sido elogiado por ser el
único que representa con admirable semejanza al gran Bolívar, ocupa con
justicia un lugar distinguido en los salones de la Exposición. La obra es
de suyo digna del héroe, y nosotros felicitamos al autor, tanto por el
buen éxito de ella, como por el beneficio que nos ha prestado reviviendo,
por decirlo así, al Libertador.
No
sabemos por qué el viejo veterano de nuestra Independencia, el honrado y
humilde señor Espinosa, ha esquivado el que sea conocida su preciosa
colección de cuadros, obra de su prodigiosa memoria y de su diestro
pincel, que representan las batallas a que asistió en el sur de la República
en 1813, etc.; preciosas primicias de una abundante cosecha de martirios y
lágrimas para la obra magna de nuestra gloriosa emancipación.
Pinturas
del señor Ramón Torres
1º
El cuadro que representa un paseo en el campo tiene muy buena la arboleda
bajo cuya sombra pasan alegremente las horas todos los que allí se
representan con verdadera animación, bonito colorido, y la atmósfera
impregnada del humo de una hoguera
que yace a regular distancia del centro de la escena. La primera tiene
naturalidad, frescura y suave declinación en su perspectiva; la segunda
da una exactitud completa al objeto que quiere representarse, y las dos
juntas ceden al todo una belleza rural digna de ser imitada. La tierna
escena entre el pobre y quien lo ayuda a pasar el torrente que cerca del
convite se ve correr, es propia del sentimiento piadoso que anima en todos
sus actos al diestro pincel del señor Torres.
2º
Las dos ninfas en actitud de bañarse, tienen morbidez de carnes,
suavidad, transparencia y limpieza en los contornos, bastante corrección
en el dibujo y un colorido propio de la juventud y lozanía de las
figuras. Lástima que el total desempeño de la obra no lo juzguemos en
consonancia con los pormenores que hemos expresado.
3º
El retrato del ilustrísimo señor arzobispo Herrán tiene bulto y
corrección en la frente y óvalo de la cara, revela en su expresión
aquella dulzura de carácter que le era ingénita, y hará que tan
eminente granadino pase a la posteridad para ejemplo de los que quieran
imitarlo, honra y gloria de su familia. El crucero que cuelga de su cuello
es muy natural, pareciendo verdaderas esmeraldas las que lo forman; el
bordado del roquete parece realzado, así como el color de la capa y su
brillantes hacen conocer al momento la rica tela de que lo formara el
artista admirador de los méritos de su virtuoso prelado. Muy oportuna nos
parece la alusión que se hace a la virtud por medio de la figura de San
Vicente de Paul que se descubre a lo lejos.
4º
Del señor doctor José María Plata es el retrato que se ha presentado y
aunque lo creemos con poco parecí.. do, sí le encontramos muy buen
efecto de sombras, bastante bulto, pronta ejecución y no pequeña animación.
Extrañarnos que el señor Torres no haya exhibido el del señor J. B.
Child, su mejor obra en este género, y el del ciudadano general Ramón
Acevedo que le sigue entre las suyas.
5º
Su Virgen de las Mercedes quisiéramos encontrarla más animada. El
Ecce-Homo nos gustaría que tuviera menos exagerada su expresión.
Pinturas
del joven Francisco Torres
M.
1ª
Aunque parezca exageración, no podemos menos que aseverar que el joven
artista ha sido muy feliz en la composición y ejecución de su cuadro que
llamaremos de “La copa”. Del género flamenco y con un gusto esmerado
en el colorido ha sabido pintar sus flores y sus frutas, que unen a la
naturalidad, la frescura y lo abultadas. El jarrón de loza abrillantada
está tan bien ejecutado que parece sólido: los golpes de luz que lo
destacan se hallan diestramente dirigidos y los contornos tan exactos que
le dan forma; pero en lo que supo ser maestro el artista fue en la ejecución
de la copa de cristal que llena de agua contiene dentro los pedículos en
que están las flores. Imitar bien las partes coloradas de un objeto es
obra difícil, si la imitación llega al natural como en esta vez; mas dar
relieve y animación a una copa de cristal llena de agua, es obra maestra
en nuestra opinión. Por lo mismo felicitamos al joven Torres por su magnífico
ensayo en una clase de pintura que tanto ha sabido dejar desairados a los
pintores, sobre todo en la imitación del agua; y si a estas cualidades
que vemos en su obra unimos las bellezas del colorido y dibujo del todo de
la pintura, tendremos un buen cuadro. Esperamos que el artista no desmayará
en su tarea de robar a la naturaleza sus encantos para trasladarlos al
lienzo con mano certera, calor y vida en su desempeño.
2ª
Ha presentado también el señor Torres la cabeza de una joven en la
plenitud de su lozanía. Muy delicados son los trazos de sus formas y muy
suaves los desvanecimientos del colorido en general. La gracia es el
todo de la obra, así como conecto el dibujo y bien elegidas las medias
tintas. Este es un nuevo triunfo para el joven Torres, y sin pretender ser
doctos en la materia, sí creemos que si él sigue venciendo los escollos
en el arte, pronto su nombre se hallará bien puesto en la galería que
formen los maestros en la pintura.
3ª
El cuadro de la Sacra Familia es una copia bien exacta de su original
francés que conocemos, y por lo tanto no es responsable el artista de los
defectos que se le noten. En cuanto a la dulce expresión de inocencia del
niño, creemos que es una de las mejores partes de la obra, así como la
delicadeza y suavidad de las carnes; su manera de acariciar al Patriarca
está realizada con fortuna, siendo esta la ocasión de decir: que cuando
el artista obra con indiferencia trabajando a impulsos de fantasía, como
en el cuadro de “La copa”, tiene ligereza, golpes atrevidos, bulto y
movimiento en los objetos que representa, y que cuando obra bajo el pesado
motor de la copia es a veces hasta frío, incorrecto y pesado. Que
el joven Torres se desprenda de todo vagallaje, estudiando del natural, y
entonces veremos salir de sus pinceles obras como la que tanto nos ha
complacido, y su gusto por el arte alzará para su patria obras que los
inmortalicen, recreando la vista de aquellos que las miren y que las
estudien.
4ª
Hay
también en la Exposición dos paisajes del señor Torres, muy bien
ejecutados. El uno representa un campo a cuyo pie corre un torrente y en
cuyas aguas se ve un cabro que trisca la yerba de la orilla, en actitud
natural: el agua se ve correr y tiene transparencia, el campo es precioso
y lo decoran muy bien varias reses que a las primeras horas del día yacen
aún perezosas por lo nebuloso y frío de la atmósfera, que ha sabido
representar con suma habilidad el artista. Hay aire en el cuadro, y el
observador no vacila en conocer la hora que ha querido representarse. El
otro está del mismo modo bien ejecutado en las figuras de animales que,
casi en mitad del día, yacen paciendo tranquilamente la verde yerba del
campo en que se hallan. La arboleda es muy risueña y la profundidad de su
perspectiva deja conocer hasta dónde puede ir la mirada por bajo de sus
enramadas. El ganadero que reposa al pie de un árbol, es muy natural, y
el cielo y tranquilidad del sitio convidan al contento. En este género de
pintura ha tenido buen suceso su autor, y por lo mismo le deseamos
constancia, y le exigimos copia del natural para que nos dé pronto nuevas
obras que admirar.
Pinturas
del joven Alberto Urdaneta
1ª
La que representa en un bello campo un soldado muerto y a una mujer que ha
tomado el fusil de su compañero para ir en busca de la venganza, tiene
primor y verdad en las tintas del celaje y color en el horizonte
iluminado, sencillez y naturalidad en la campiña. El cadáver tiene
expresión y propiedad en su actitud. El colorido es magnífico en todo y
especialmente en el pantalón. La posición gallarda de la mujer colocada
en un lugar elevado respecto del en que yace el soldado, es hermosa, y
revela dolor en la mirada que lanza al que fue su amante, brío y resolución
en sus facciones; su actitud marcial inspira interés, y lo agigantado de
su forma prueba bien que el artista sabe apreciar los efectos de la
perspectiva. La niña que llora junto al muerto, tiene
recogimiento
y buen dibujo. Sería de desearse que el ropaje fuera más natural en su
colorido y soltura; que las tintas del rostro tuvieran menos oscuridad, y
que el cúmulo de nubes que orlan, por decirlo así, su hermosa cabeza,
sin dejar de ser profundo, presentara transparencia y los matices de luz
proyectada por el foco de irradiación que lo domina. No obstante esto, el
trabajo es bello en composición y colorido, y su obra bastante para
animarlo a darnos otras como la de que nos ocupamos, y que dan a conocer
de cuanto es capaz hoy, y de lo que será cuando el estudio haya
completado lo poco que lo aleja de una posición aventajada en la escuela
a que dedica sus ratos de ocio.
2ªEl
cuadrito de la segadora es, para decirlo de una vez, tipo de belleza en su
género, y hace que el observador pasee con detenimiento sus miradas a fin
de recrearse contemplando la gracia de la joven campesina, su donaire y la
perfecta determinación del carácter satisfecho que ostenta con sus
manojos de trigo en la mano. Es bonito el paisaje y bien digno de admiración
el desembarazo del artista en el manejo de sus pinceles; y sintiendo mucho
que el colorido de la tez no sea mas claro para dar más animación a ese
rostro halagüeño, y que la tinta del ropaje no tenga más viveza y
propiedad, nos hacemos un deber el dar la enhorabuena al señor Urdaneta,
por su nuevo trabajo.
3ª
Con iguales dimensiones que el anterior, el señor Urdaneta ha ejecutado
sin obstáculo un tercer cuadro que representa un labrador después de
haber terminado su trabajo de arada. El yugo que descansando en el suelo
apoya en la mano izquierda
da a la actitud típica del
campesino una plena expresión. Bien pudiera decirse que el artista tuvo
en mira representar en las dos figuras, la segadora y el boyero, dos tipos
de este género; y acaso pudiera traducirse en lo picante de la actitud de
la una y en lo expresivo del otro, la imagen de dos seres que se amaran y
que tan sólo esperaran el momento apetecido para probarse en su
entrevista que habían sabido guardarse nuevas sonrisas para cederse
gozosos después de algunas horas de ausencia... Perdónenos el señor
Urdaneta si le suplicamos que, sin perder su estilo, pues ya lo tiene
formado, aclare las tintas de los rostros de sus figuras, para que así
ellas asuman la verdadera expresión que acaso él no ha alcanzado para
ellas, y que sin inconveniente alguno logrará por este medio.
4ª
El cuadro que representa un carretero conduciendo un carro tirado por dos
bueyes, es muy bueno, tanto por lo natural del peón que asume la actitud
propia de su oficio, como por lo bien trazado del carro y lo exacto de la
posición de los dos animales. El dibujo es muy estudiado en todas sus
partes y el trabajo desempeñado con tino, todo lo que prueba que el señor
Urdaneta sabe representar con verdad, animación y estilo todo aquello que
se propone ejecutar. Dé a esta bella arte más tiempo del que sabemos le
dedica, tome del natural, como hasta aquí, sus argumentos, determine más
los propios colores locales, no desmaye por los lunares que encuentre en
medio del armiño de sus ventajas en el arte, espere que el estudio, el
tiempo y la labor coronen su carrera, y no dude que pronto habrá llegado
a un punto culminante en este camino teniendo la satisfacción de haber
logrado el fruto de su entusiasmo y de sus dotes para el arte, formándose
su propio estilo original, por cuyo medio en todo tiempo podrán
calificarse sus obras sin riesgo de ser confundidas con otras, aun cuando
se la parezcan los argumentes y sean bien realizados sus desempeños.
Pinturas
del señor J. J. Santibáñez
El
Ecce-Homo que se ha presentado es, sin duda, una pintura que revela
ligereza y pulcritud en el manejo del pincel y de los colores, corrección
en el dibujo, suavidad en el empaste y firmeza, expresión de dolor y
resignación; pudiendo asegurarse que la copia no está muy distante del
original, obra del Guercino, que conocemos en muy buenos grabados y de
donde lo tomó el virtuoso y amante decidido del arte señor Santibáñez,
que muerto para el mundo ha dejado en ésta y en otras obras suyas un
recuerdo imperecedero de su existencia.
Pinturas
del señor Manuel D. Carvajal
1ª
El artista señor Carvajal ha elegido para tema de sus pinturas asuntos de
costumbres nacionales, en cuyos géneros es muy original por bien acertada
designación de los argumentos. Él tiene hecho ya su estilo, y en el
cuadro que representa una mujer aseándole los pies a un muchacho, ha
logrado un suceso bien aventajado en la ejecución que a lo natural se le
junta lo bastante correcto del dibujo. Con más viveza en los colores de
los trajes y menos dureza en el todo de la obra, tendría
mayor
interés. La atenta severidad de la mujer nos gusta más que el forzado
gesto lloroso del muchacho; y es muy oportuna la curiosidad temerosa que
se descubre en la figura que se encuentra en segundo término del cuadro.
2ª
Los dos muchachos que comen uvas y sandía es una bonita copia de un
grabado tomado de una pintura de Murillo. El canasto que contiene las
primeras y las frutas mismas son muy naturales, así como la sandía, que
lo fuera más si la corteza tuviera el propio tono en el colorido. La
avidez con que comen ambos muchachos está diestramente ejecutada, aunque
nos parece caliente el color del encarne y el dibujo en éste nos gusta más
que en el de la nigua. Ambos cuadros determinan el estilo del señor
Carvajal, a quien animamos a continuar ejecutando en este género que
puede darle muchos triunfos y que es su especialidad, para que llegue a
mayor grado de reputación su bien merecida fama de pintor de costumbres
que ha sabido alcanzar con su estudio y su perseverancia.
3ª
La cacería en la laguna de “Balsillas” no carece de animación, hay
lontananza y bonito celaje. En las figuras de cazadores se reconoce un
personaje muy adicto a esta diversión, lo que da al cuadro un mérito
relevante: el agua tiene transparencia y el conjunto sí merece la atención
de los observadores.
4ª
El Jesús y el Ecce-Homo tienen ambos actitud humilde y colorido animado.
El empaste es bueno y el todo revela detenimiento en el trabajo.
5ª
Los dos fruteros tienen el mérito del doble efecto, pues representan: el
uno la cabeza de un hombre, y el otro la de una mujer. Hay arte en la
combinación de las frutas para dar el resultado que se deseaba; que es
bonito, teniendo naturalidad aquellas.
6ª
Es ingenioso el cuadrito que hace aparecer figuras humanas entre los
espacios que dejan los árboles allí pintados.
Pinturas
del
señor Eugenio García
1ª
El cuadrito que representa “Los desposorios del Niño” es una bonita copia
de
una de Barbatelli. El
colorido: aunque fuerte, está bien ejecutado; el dibujo es bastante
regular y no les falta expresión a las figuras, que aun cuando agrupadas,
no se estorban unas a otras y tienen regular bulto.
2ª
Es bonita la obra de triple efecto que ha presentado también el señor
García, ya se la considere en su conjunto, ya se la examine en cada una
de las figuras, de la Virgen de la Silla en el fondo y de San Juan y San
José a los costados. Toda la obra tiene limpieza en el colorido, suavidad
en el trazado de las formas y bastante corrección en el dibujo. El señor
García debe seguir trabajando obras como esta y logrará, sin duda, su
especialidad, pues tiene dotes nada despreciables en el arte de la
pintura.
Pinturas
del señor Epifanio Garay
1ª
El cuadro que representa una madre que muestra el cadáver de su hijo que
le ayuda a sostener la mano amiga de una mujer, si bien es cierto no es lo
que el argumento promete y que sin duda lo eligió superior a sus pocos años,
no por eso carece de interés en el conjunto que inspira algún
sentimiento. Nos parece exagerada la expresión llorosa de la madre y muy
vulgar la de la criada. Hay en la obra ligereza en la ejecución; -regular
empaste y desembarazo en los trazos, condiciones que bastan para que si el
joven elige argumentos del natural, se vea menos sujeto a obstáculos que
con gusto vencerá dando a sus trabajos más corrección; y ganando en
ejecución, colorido, gracia y composición podrá llegar, no muy tarde, a
poseer estas preciosas circunstancias en todo aquel que, como el señor
Garay, se dedica al difícil arte de la pintura.
2ª
El joven Garay ha exhibido también un paisaje que tiene regular colorido
y buena luz; la perspectiva, en lo general, no nos disgusta, aun cuando
hallamos equivocadas las dos posiciones del agua al pasar y salir por
debajo del puente. Es regular su copia de la mujer en traje interior, pues
la tela de éste no carece de transparencia. El retrato del señor
Cornelio Manrique tiene algo de bulto y parecido, regular colorido y
libertad en la ejecución, aunque extraviada la mirada. Con más estudios
el joven Garay puede alcanzar muy buenos resultados como pintor.
Pinturas
del señor Luis Garcia Evia
1ª
Es digna de encomio su elección de pescados y otros animales, pues además
de tener el mérito de ser retratos, el dibujo y colorido son propios y
muy bien ejecutados. Trabajos de esta especie deben conservarse y
estudiarse. Ojalá que el artista pusiera el nombre a cada animal para que
fuera completa su labor.
2ª
Es obra de mérito el cuadro que hace conocer nuestro maravilloso
“Puente de Pandi”, pues tiene animación, exactitud y perspectiva,
sobre todo en lo que dice relación a la distancia a que se observa el
puente artificial allá en la cima del abismo. Quisiéramos menos caliente
el colorido, y que este trabajo se conservara por no ser muchos los que se
dedican a ir a tomar estas vistas que tanto honran a sus autores. Ojalá
el señor García Evia tomara de nuestro espléndido “Salto de
Tequendama”.
3ª
Nos gusta mucho el cuadrito de los aguadores, pues es muy gracioso el
grupo de los tres muchachos jinetes en su asno y propia la actitud, forma
y expresión de todos ellos. El que va solo en su burrico, asume carácter.
La ejecución del todo de la obra no parece muy bien desempeñada; y ojalá
que su autor no desconozca que en este género tiene sus mayores recursos
en el arte de la pintura. Sus dos paisajes, a orillas del mar el uno, y
bajo la influencia de unas palmeras, el otro, no carecen de interés,
sobre todo si se atiende a las dimensiones de la obra.
Pinturas
del señor Salvador Barrera
1ª
El retrato del señor Cornelio Manrique tiene alguna semejanza y regular
colorido; no obstante, fuera de desearse menos desviamiento en la posición
del ojo, y su mirada. Con labor y estudio podrá alcanzar mayores
resultados, pues el señor Barrera sí tiene dotes para la pintura.
2ª
El tigre que despedaza su presa no es de lo mejor que pueda hacer su
autor; pero como ensayo le servirá para alejar los obstáculos que de
seguro encontrará e irá superando. Es a fuerza de trabajo como se
coronan las obras difíciles, y el señor Barrera, perseverante como lo
es, triunfará al fin y ganará presto un buen lugar en el arte.
Pinturas
de la señorita Dolores Valenzuela
1ª
El paisaje que representa la revuelta de un río y una barqueta llena de
ganado conducida por un boga, nos ha satisfecho sobremanera, no solamente
por la dulzura del colorido y su propiedad, lo poético de la arboleda y
su melancólica animación, lo transparente y pulcro del celaje y lo bien
ejecutado del agua y las márgenes de la corriente, sino porque vemos en
la arena de los Gladiadores granadinos una figura de suyo simpática que
lidia por embellecer el arte y que, sin lisonja, ha sabido poner bien
firme su planta en el noble palenque de la pintura.
2ª
El cuadrito que representa una cabaña rodeada de árboles y a un
pastorcito que en la noche sale con una antorcha en la mano a vigilar su
rebaño encorralado cerca de su habitación, está ejecutado con más
vigor que el primero, pudiendo decirse que ha sabido contraponer la poesía
del uno a la gravedad del otro, a las luces brillantes y animadoras del día
las melancólicas sombras de la noche. La luna riela en el azul diáfano
de las aguas que dibujan en sus quietas linfas la pobre techumbre del
albergue del pastor, y el interés de éste, que se encamina hacia lo que
lo hace feliz en el seno de su familia, da al cuadro una importancia que
se sublima con la cumplida ejecución, propiedad del colorido y gusto en
las tintas locales.
3ª
La joven que en actitud meditabunda ha pintado tan bien la señorita
Valenzuela, tiene graciosa compostura; y al aplaudirle ésta como sus demás
obras, le rogamos, como amantes del arte que somos, tenga a bien no
abandonar una labor que tanto ha sabido producirle aplausos, como los que
hemos visto prodigar a sus obras, para que, además de los goces que
procure a su familia, nos loe proporcione también a sus admiradores.
Pinturas
de la señorita Adelaida Torres
1ª
El cuadro en que están pintadas unas hortalizas nos gusta mucho, sobre
todo la auyama que tiene bulto, exactitud en el colorido y propiedad en el
corte que permite conocer el arte con que ha sabido hacer que se vea lo
interior de la fruta, pudiendo asegurarse que si la señorita sigue
pintando cosas por este estilo, seguirá obteniendo el beneplácito de los
que miren sus obras, pues no solamente tiene instrucción en la materia,
sino inteligencia y gusto para tal bello arte, que en manos de las mujeres
sí puede embellecerse.
2ª
La Dolorosa tiene unción en la mirada y tristeza en el conjunto. El
colorido es bonito y se nota libertad en el manejo de los pinceles. Con más
animación y menos dureza, la obra tendría mayor mérito. Creemos que
la joven pondrá de nuevo en su caballete este cuadro y le comunicará más
vida al colorido del rostro y más soltura al manto.
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