ARTE INTERNACIONAL EN LA COLECCIÓN GANITSKY GUBEREK
La inclusión de nombres como Pedro Figari, Fernando de Szyszlo,
Julio Le Pare,
José Luis Cuevas y Francis Bacon, merece especial relevancia en la
colección
Ganitsky Guberek. Si bien exposiciones y eventos de carácter
internacional se
llevaron a cabo en Colombia a partir de la década de 1960 -y desde
tiempo atrás
hubo esporádicas relaciones culturales con el mundo exterior-, no
ha sido amplio
el mercado del arte internacional en nuestro país. Poco nos hemos
caracterizado
por valorar a nuestros propios artistas y, mucho menos, nos
interesamos en
asomarnos del otro lado de nuestras fronteras.
Mientras otros países latinoamericanos se preocuparon por presentar
obras
del arte europeo y norteamericano, a los colombianos nos pareció
suficiente
conformarnos con que sus estilos fueran reproducidos por artistas
nacionales. Si
bien -como escribió Marta Traba refiriéndose al tema- los
divulgadores cumplen
un papel en una sociedad sin contactos culturales como es la
nuestra, no basta; y,
en el caso del arte latinoamericano, peor: ya, entre las décadas de
1930 y 1950,
padecimos en Colombia un arte amañado, simple reflejo de una
realidad distinta
de la nuestra, un arte que no representa un aporte significativo
para el país y
menos para el continente.
Pedro Figari
Pedro Figari, que en su obra recoge "Los recuerdos de
infancia de un poeta",
como escribió Jules Supervielle, no tenía problema con la forma de
la realidad sino
con su verdad profunda. Influenciado por Fierre Bonnard, Édouard
Vuillard y
Théodore Roussel -de quienes conoció obras en la colección de Milo
Beretta en
Uruguay-, su trabajo recoge la tradición de la vida familiar
durante el período de la
Colonia y escenas populares de negros en la ciudad y de gauchos en
el campo. En
palabras de Marta Traba, una especie de gran crónica de la memoria
de un lugar
determinado, Montevideo, [encadenado] formalmente en la secuencia
horizontal,
dentro de un funcionamiento casi cinematográfico, en que cada
cuadro es una
toma fija que adquiere su verdadero sentido dentro del conjunto.
[...] Figari inventa
su crónica y se libera por completo de las confrontaciones con el
modelo. La
descripción pasa a ser un acto gratuito, y la pintura corre por un
cauce cada vez más
autosufidente, conquista que sólo medio siglo más tarde sería un
bien colectivo [...]
para la mayoría de artistas del continente
Fernando de Szyszlo
El error no reside en querer ser americano sino en cómo serlo,
escribió Marta
Traba a propósito de una exposición de pinturas de Fernando de
Szyszlo en el
Museo de Arte Moderno de Bogotá, en 1964. Retomando apartes de sus
artículos
de prensa sobre esta muestra, encontramos su pasión por la obra del
artista peruano
de origen polaco. Szyszlo fue siempre un espléndido pintor. [...]
La América de
que hablara era la suya, sin ánimo alguno de imponerla a los demás
en forma de
receta. [...} Su pintura abstracta, que no sólo se preocupa por los
contenidos, sino
que es, ella misma, contenido [...} adquiere esa sobrecogedora
violencia, verídica,
brutal y romántica violencia no hallada jamás en la pintura europea
que necesita
espiritualizar y racionalizar los contenidos, ni tampoco en la
pintura americana
donde obedece a imposiciones colectivas determinadas por la
angustia de
interesar los mercados. [...} Para quienes estamos buscando
América, ésta es una;
esencial como debe ser cualquiera que se halle. [...]
Antiformalista, despectiva de
todo academicismo abstracto, esta pintura magnífica reitera, como
una revelación,
el poder de la imagen libre. [...] A Femando de Szyszlo le pesa el
mundo americano
y le pesa en él su alma, con tan duro anhelo, que la pintura
adquiere, ávidamente,
todo su sentido significante.
Julio Le Pare
Un grupo de creadores -argentinos y venezolanos los más
representativos- se
lanzó, a partir de la década de 1950, a la aventura de descomponer
el mundo en
una geometría en movimiento. Escribe Marta Traba: *EI premio al
argentino Julio
Le Pare en la Bienal de Venecia de '1966 marca el momento óptimo de
este gran
contingente de geométricos y cinéticos, cuyo racionalismo ha sido
subrayado
por el crítico Damián Sayón sin retasarle su vuelo creativo. [...]
Sayón los
consideraba "creadores plásticos que en sus obras utilizan
la geometría, las
transparencias, los brillos, empleando como vehículo de su
expresión materiales
nuevos capaces de producir, a su vez, nuevos efectos". A
todos ellos podría
aplicarse con acierto la famosa expresión del escritor mexicano
Alfonso Reyes:
entraron en un circuito internacional, pero por la presión cultural
del medio y la
singularidad de sus propias individualidades se situaron en el
nivel de la
"independencia involuntaria ".
José Luis Cuevas
Referirse a José Luis Cuevas hoy en día no significa lo mismo
que hacerlo en el
momento en que su dibujo deformante de la anatomía humana se
constituyó en
la que Marta Traba consideró una manera de descubrir. Marta, que lo
describe en
su momento como el mejor dibujante del continente y uno de los
mejores del
mundo, anotó: El único antecedente de Cuevas es Cuevas, así como
Cuevas es
su único sucesor. Esto distingue al genio particular de los
artistas comunes y
comentes, pero también implica una condena, la de ser él mismo y
parecerse a él
mismo sin cesar, irremisiblemente. Y éste, que fuera un argumento
enalteciendo
su trabajo, con el tiempo ha dado un giro sustancial.
En su libro Los cuatro monstruos cardinales, Marta Traba apostó por
José Luis
Cuevas al lado de Willem de Kooning, Francis Bacon y Jean Dubuffet.
Hoy, Cuevas
se sitúa entre aquellos que pusieron en el dibujo la totalidad de
sus energías,
rescatando para el siglo XX un arte considerado como secundario en
relación con
la pintura y colocándolo en el lugar que le corresponde. Pero
Cuevas no es más
un monstruo cardinal y su arte envejeció en cambio de hacerse
clásico.
Francis Bacon
Uno de los nombres capitales del arte del siglo XX, Francis
Bacon, fuera de toda
tendencia, lejos de movimientos y corrientes, influenció a sus
contemporáneos,
desempeñando a partir de 1950, como bien lo comenta Luis Caballero,
el rol
que desempeñó Picasso en las primeras décadas del siglo. En la
colección Ganitsky
Guberek, una serigrafía suya -realizada a partir de un
autorretrato al óleo, de
1973-, representa el Bacon que marcó generaciones de artistas en
nuestro
continente.
La pintura neofigurativa, cuya figura más visible es Francis Bacon,
inglés, se
ha propuesto una de las metas que en todos los siglos representa la
creación de
una cultura: alcanzar un humanismo que traduzca esencialmente el
drama de la
época. [...] En el neofigurativismo, el desvelo por la invención se
reemplaza por el
deseo abierto, casi desesperado, por "significar"
la forma: no se trata de devolverle
el contenido realista, sino de convertirla en un signo capaz de
revelar mucho más
que la simple apariencia, escribió Marta Traba.
Es interesante ver la serigrafía de Bacon frente a los óleos de
Norman Mejía
de la colección Ganitsky Guberek, el políptico de Luis Caballero o
la Cabezota de
Lorenzo Jaramillo y anotar que, cuando se trata de una forma
honesta de tomarlo,
las influencias desembocan en un lenguaje propio. El Bacon que
llevan dentro
Mejía, Caballero y Jaramillo les permite, a cada uno, su forma
individual de plasmar
la complejidad entre el repudio y la fascinación humanas.
Como anotó Marta Traba: Se trata del alma, y sería ridículo darle
forma
convencional o agradable: sin embargo, como de todas maneras el
alma era
del hombre y el hombre reclama su imagen, era preciso darla en
pedazos,
inmolada y abierta, desgarrada o deformada; perdida sin remedio la
ficción de
su integridad física.