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ARTE COLOMBIANO EN LA COLECCIÓN GANITSKY GUBEREK

 

 

Los pioneros

Cuando el pintor alemán Guillermo Wiedemann llegó a Colombia en 1939,
huyendo del régimen nazi, todavía el arte de los muralistas mexicanos era la
referencia obligada en nuestro continente. Wiedemann, un enamorado del trópico,
pintó los paisajes y las gentes de una región selvática y lluviosa al lado del mar.
Los cuadros de esa primera época, reflejo de la exuberancia de la costa del Pacífico
colombiana y en los que el paisaje y las mujeres desempeñan un papel esencial,
constituyen la etapa figurativa de su obra.

A mediados de la década de 1950, el interés de Wiedemann por el color lo
llevó a un arte abstracto que marcó generaciones posteriores y rompió con el
retroceso academicista del muralismo mexicano. La influencia del expresionismo
alemán y su formación académica en Munich fueron definitivas para su trabajo.
Con la llegada de Marta Traba a Colombia en 1954, el arte de nuestro país
entró en una nueva etapa. Su papel en el medio fue tan importante como el de
los artistas que lo componen. Por primera vez en Colombia un crítico se convirtió
en el puente verdadero entre los pintores y el público, que la vio en televisión,
leyó sus críticas en diarios y revistas, asistió a sus cátedras y a las múltiples
exposiciones que realizara.

Con el carácter de verdad absoluta que imprimió en cada uno de sus
pronunciamientos, Marta endiosó o descalificó a los artistas del momento y rompió
con el arte del establecimiento, para dar entrada a un grupo de jóvenes que,
considerados hoy como de vanguardia en nuestro país, dieron paso a las corrientes
más representativas del arte moderno en Colombia, como se mencionó antes.

En 1962, Marta fundó el Museo de Arte Moderno de Bogotá e inició un ciclo
de exposiciones en las que participaron Guillermo Wiedemann, Fernando Botero,
Alejandro Obregón, Juan Antonio Roda, Edgar Negret, Eduardo Ramírez Villamizar
y Feliza Bursztyn, entre otros. La historia del arte colombiano del siglo XX habría
de adquirir gracias a este grupo, y por primera vez, una identidad propia.
En relación con obras de Guillermo Wiedemann, del período al que
corresponden las dos presentadas en esta muestra, escribió: Definitivamente,
Wiedemann es el pintor más joven que trabaja actualmente en Colombia, a pesar
de los cuarenta años que lleva pintando y a pesar de haber comenzado su obra
como un tardío impresionista del grupo de "Neue Sezession", en Munich, en
1920. [...] Después de [...] practicar la pintura abstracta [...] la mano quedó más
liberada y pudo entregarse a su goce lírico y a sus vivos impulsos sentimentales.
La acuarela, que es un acto espontáneo de la pintura, se benefició con este
proceso. [...] Los "assemblages" de Wledemann [...] carecen de insolencia. Con
trapos encolados, cuerdas y alambres, latas y cartones, Wiedemann resuelve
problemas difíciles de composición, logra ritmos amplios y bellos, metamoríosea
los materiales "indignos" en piezas ajustadas a la unidad perseguida en cada
obra [...] poroso cada "assemblage" es una cosa viva y armada, con una profunda
movilidad interna.

Desde muy temprano -1956- Marta Traba saludó con entusiasmo el talento
de Fernando Botero. En 1964 escribió: Cada forma de Botero pretende ser[...]

un mundo total. En referencia a su tela de la colección Ganitsky Guberek, anota:
Madaine Cézanne [forma parte de] "ese mundo otro" [...] como una invendón
enorme y mítica de formas nuevas, tan distintas a las reales que no aceptan con
ellas comparación alguna. [...] Botero sigue teniendo humor, sigue siendo el
antioqueño narrador de cuentos. [...] Con suficiente gracia y campechanía como
para divertirse pintando y nutrir el cuadro con ese alimento sólido hasta volverlo,
según sus palabras, comestible: cosa, fruta, carne, vigorosamente vivas en mitad
de los universos espectrales que creó el arte abstracto.

En un ensayo publicado en la revista Mito, Marta Traba escribe acerca de
Alejandro Obregón: No creo en un "arte colombiano", sino en un arte que se
realiza en Colombia. Con esta afirmación, la crítica hace explícita su intención de
suprimir el habitual aislamiento colombiano y de inscribirlo en la tradición del
arte americano.

En el tiempo en que Obregón pintaba su Flor calcinada -primera obra
adquirida por la colección Ganitsky Guberek-, Marta anotaba: Excedida de sus
propios límites formales, casi metafísica, su pintura adquirió una hondura
conceptual y una fuerza de sentimientos hasta ese momento inalcanzadas en el
arte colombiano.

Juan Antonio Roda, nacido en Valencia (España), pintor, dibujante y grabador,
maestro de varias generaciones de artistas en Colombia, ha realizado distintas
series a lo largo de su carrera artística, algunas de ellas estrechamente vinculadas
a los temas y la pintura española. Por la época en que Roda pintó sus retratos de
Felipe IV, Marta Traba escribió: El drama obliga ahora a su pincelada a concentrarse.
Es una forma de sacrificio que densifica el cuadro. Roda tiene la mano demasiado
suelta, es un pintor emocional y lírico.

Edgar Negret, Eduardo Ramírez Villamizar y Feliza Bursztyn inauguran la
escultura contemporánea en nuestro país. Obras de estos tres artistas forman
parte de la colección Ganitsky Guberek.

A Edgar Negret se refirió Marta Traba en los siguientes términos: Tiene su
manera particular de ser clásico, es un purista sinuoso, lleno de íntimos
barroquismos. ¿Contradicción? Evidentemente sí: pero contradicción expresada
y resuelta en una obra tan reposada como inquietante. Y es precisamente de esa
dialéctica de donde arrancan su poder y su fuerza.

La crítica argentina capturó el instante preciso en que Eduardo Ramírez
Villamizar ejecutaba relieves, como el que forma parte de la colección Ganitsky
Guberek, antes de dar el salto definitivo de la pintura a la escultura: El relieve
geométrico, que apenas sobresale del fondo, ejecutado con una precisión
matemática que no lo exime de una secreta y profunda poesía rítmica, le ha
permitido conducir la línea y las zonas de luz y sombra hasta sus extremos más
expresivos.

La escultura de Feliza Bursztyn, donada por Lía de Ganitsky al Museo Nacional
de Colombia, constituye una pieza principal de la colección. En su libro Historia
abierta del arte colombiano, Marta escribió: Feliza Bursztyn es quien abre, antes
que nadie, la brecha de la anarquía formal y conceptual. En un artículo, escrito a
propósito del premio de escultura conferido a la artista en el XVII Salón Nacional
de Artistas, publicado por la Nueva Prensa en 1965, señaló: El caso de Feliza es [...]

un caso de talento natural, de genio propio, sueho, insobornable; puede parecerse
a Césary a todos los chatarristas dispersos por el mundo, sólo en la medida en que
usa los mismos materiales y recursos técnicos. Pero su imaginación para componer
e inventar monstruos -aparatos- [...] es absolutamente libre, barroca, caótíca. Es la
poesía del absurdo sostenida por composiciones intuitivas.

Carlos Rojas, considerado como uno de los padres de la abstracción
geométrica en el arte nacional, aparece representado en la colección con una de
sus pinturas. En 1961, Marta Traba escribió: El espectador consciente [no] puede
conformarse con una relacion afortunada entre líneas, planos y colores; ni el cuadro
puede sobrevivir si se limita a ser un simple ejercicio formal. [...} Carlos Rojas no
ha entregado más que ejercicios llenos de ingenio y de habilidad. [...} Conviene,
pues, esperar sin impaciencias ni pronósticos, las futuras sorpresas de un joven
con talento. Alternativamente pop, expresionista, cubista, acaso el mejor momento
de su trabajo se sitúe en las geometrías abstractas que Rojas pintó con rigor y
distancia emocional.

Al margen de las corrientes de su generación, Olga de Amaral es sin duda
la más notable artista del tejido en Colombia. Para Marta Traba, 0lga de Amaral
personifica como nadie la sensibilización del tejido colombiano y su retorno a
las fuentes; su placer táctil por la materia antes que por la forma; su manejo
humilde y torrencial al tiempo de lanas, hilos y fibras cada vez más cercanos a
la tierra.

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