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El cuarto oscuro y el estudio iluminado

 

Aparentemente todo es convencional en el estudio de Miguel Ángel  Rojas. Allí están todos los elementos que tradicionalmente se  encuentran en los talleres de pintores: un caballete, una mesa con  gran vidrio que sirve de paleta, estantes con colores, brochas,  espátulas, etc. 

El espacio es amplio, enmarcado por dos grandes  ventanales que dan a una terraza; todo es blanco y bañado por un  gran pozo de luz natural que garantiza una iluminación perfecta.  Algunos bastidores contra la pared. En el estudio deben estar solo las  cosas necesarias -explica Rojas- nada que distraiga la atención del  pintor de su trabajo. Sobre el caballete un lienzo de gran tamaño sin terminar: una  multiplicidad de imágenes flotando sobre una estructura de paisaje:  una imagen precolombina, objetos diversos, fragmentos de escenas  urbanas sin conexión alguna con el fondo -un paisaje sobre un  paisaje. Todo está contenido en un ritmo en espirak que lo contiene  todo. Son vestigios de historia: el pasado y el presente Simultáneamente. 

Para alguien familiarizado con la fotografía, ésta no se advierte en el  estudio a primera vista, hasta que se descubre el cuarto oscuro para  la realización de procesos fotográficos. Allí hay tan solo una vieja ampliadora y algunos recipientes. Advierto que este cuarto oscuro no es tan técnicamente dotado como el de los fotógrafos: es el cuarto oscuro de un pintor, cuyo uso de los procesos fotográficos es libre, no convencional.

El paralelismo entre los dos espacios es evidente. El uno es positivo, el de la pintura; el otro es negativo, pequeño y oscuro, el de la fotografía.


Guerreros 1987  Fotografía revelado parcial   220 x 110cm   

En la pintura la obra es abierta, el espacio amplio, se extiende hacia el paisaje; la temática tiene que ver con la cultura, la historia. En lo fotográfico, los procesos de producción de imágenes se vuelven íntimos, el espacio es claustrofóbico; los temas son personales, memorias, deseos... En su pintura el proceso es lento pero expansivo, en lo fotográfico es rápido e inmediato. "En el cuarto oscuro -dice Rojas- todo se acelera, encuentro soluciones apoyadas en la imagen reproducida sobre el papel cuyo resultado salta a la vista. En cambio en la pintura el proceso es lento y penoso. Realmente hacer pintura es muy difícil". En esta dialéctica de contrarios, entre la luz y la oscuridad, entre lo público y lo privado, es donde se encuentra el punto de fricción operativo de la obra de Rojas

No es cosa extraña que la fotografía sea utilizada por los pintores. Algunos han llegado a la pintura a través de la fotografía y viceversa. Esta es históricamente un instrumento utilizable libremente en las artes visuales. En el caso de Rojas, su mundo visual se abre con el descubrimiento de la cámara. El mismo lo aclara, "En mi caso, lo que pasó fue que descubrí la cámara muy temprano. Mi padre hacía fotos, tenía una hermosa cámara antigua. Mi regalo de primera comunión fue una pequeña cámara. Con ella hice mis primeras fotos. Puse a posar a mi hermana con unas flores, cosas de ese tipo. Luego a los 16 años descubro la cámara de mi padre. Nadie me enseñó a utilizarla, tuve que experimentarlo todo, descubrir que la intensidad de la luz afecta la imagen captada. Me hice algunos autorretratos. Desde entonces hay en mí un espíritu de investigación importante en toda mi carrera. Más tarde tomé un curso con Philipe Couteau, un francés que tenía un estudio aquí en Bogotá. El me dio las bases especialmente las teóricas. Fue cuando decidí montar mi primer cuarto oscuro"."

Mi decisión de ser pintor - agrega Rojas- no vino fácilmente. Entré  a estudiar arquitectura a la Universidad Javeriana, donde dadas las  circunstancias descubro el dibujo. Yo había dibujado siempre en el  colegio. Además mi padre nos había iniciado en todas las artes, quería  que fuéramos cultos. A los 10 años me regaló una revista de Cezanne,  los primeros intentos de pintura fueron copias de fotografías de  revistas. Cuando retorno al dibujo en arquitectura me entusiasmo  mucho. Una vez en una clase, el arquitecto Jack Mosseri destacó mi  capacidad de dibujante.

El me indicó que mi camino era la pintura.  Aprendí mucho de la disciplina del arquitecto: el rigor, pensar en  términos de espacio, cierto sentido práctico". 


Antropología 1982  Fotografía, texto y lápiz de plomo 12 formatos de 5 0 x 70 cm (detalle)

En 1968 ingresa a Bellas Artes en la Universidad Nacional. Es un  momento muy especial, se quiere revaluar todo. El Pop, el Arte  Conceptual, y la agitación política de izquierda están al orden del día.  El pensamiento crítico de Marta Traba estaba en pleno auge. Simultáneamente trabaja en la Galería Belarca y en el Museo de Arte  Moderno. Allí se familiariza con los artistas y con lo mejor del arte  nacional. En el Museo de Arte Moderno se informa de lo que sucede  en el arte internacional y recibe la orientación de Eduardo Serrano.  Junto a Antonio Caro y Hernando Giraldo, sus compañeros de  universidad, comienza a exponer en los salones nacionales y en  diversos salones de artistas jóvenes.

"Mi interés entonces era el dibujo y el grabado. Era lo que predominaba en el momento. No había mucha pintura. Los únicos pintores figurativos eran Beatriz González, Santiago Cárdenas y Carlos Granada. Claro, me interesó mucho la obra de Caballero, no solamente por su gran eficacia como dibujante sino también por su temática con la que tengo afinidad".

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