Ficha bibliográfica
Titulo:
Manuel Hernández
Edición original: 15-12-2004
Edición en la biblioteca virtual: 04-12-2004
Publicado: Biblioteca Virtual del Banco de la República
Creador: Banco de la República
Notas: Vida y obra de el artista Manuel Hernández




INDICE




SIGNO Y CLARIDAD

Camilo Calderón

A sus sesenta años, Manuel Hernández es el decano de la pintura abstracta en Colombia. Desde los trabajos pioneros de Marco Ospina y Guillermo Wiedemann quedó abierto el compás no figurativo en sus dos grados extremos: abstracción geométrica y abstracción expresionista. Eduardo Ramírez Villamizar hizo el tránsito hacia la escultura, una decisión perfectamente coherente, pero que privó a la pintura geométrica de su mejor creador en el momento. Otros, como Luis Fernando Robles y Armando Villegas, desertaron. Mientras tanto, Hernández evolucionaba desde la figuración expresionista hacia el informalismo, y desde éste hacia la abstracción, que en su caso ha recibido con justicia los calificativos de abstracción lírica, abstracción emocional, abstracción simbólica. Hoy, de su generación, él es con Carlos Rojas el único pintor colombiano que después de llegar a la abstracción se ha mantenido en ella.

Una vez elegido el camino, en una formidable aplicación de disciplina, insistencia, profundidad y asedio a los planteamientos iniciales, Hernández ha elaborado una obra compleja detrás de su aparente uniformidad, una obra rica en variantes a pesar de su extrema simplificación temática, una obra tanto más plena de sugerencias y presentimientos estéticos y plásticos cuanto menos comprometida con el mundo de la representación. Detrás de la obra, el artista, el ser humano. Timidez, no para las realizaciones, sino para la defensa de su verdad. Este artista está lejos de practicar la propia difusión. Tampoco quiso nunca su pintura ser polémica, ni¿ plantear rupturas, ni hacer ruido. Se hizo silenciosa y tenazmente en el taller, con el solo diálogo entre creador y obra.

Con una regularidad que sorprende fue mostrada al público, en otro diálogo silencioso, más bien lectura que diálogo: lectura del espectador.

1. Signo blanco
doble forma
1988
Acrílico
170x140cm

Trabajo en solitario, ejercicio nostálgico. El aislamiento es, para el artista, independencia. Un ser sencillo, familiar, amable, de una sensibilidad manifiesta, en cierto modo ensimismado, pero con una enorme destreza para la conceptualización en el diálogo. Su terreno, evidentemente, es el de la abstracción, también en el pensamiento. Sus definiciones y categorías son claras y sus conceptos, precisos. No obstante, muchas veces esas definiciones y esos conceptos son matizados con calificaciones emotivas, tal como sucede en su pintura.

¿Y cómo es su pintura? Manuel Hernández no parte de unas formas hacia la abstracción, sino que desde el principio es abstracción pura, con unas formas puestas en juego. Por eso no es una pintura de alusiones, sino más bien de signos que reemplazan el viejo contenido narrativo de la pintura tradicional. Son elementos de atmósfera, elementos mágicos, inquietantes, sutiles. En cada cuadro hay un ordenamiento simple de formas, en un proceso rítmico que sólo debe desembocar en una unidad, en un equilibrio. Desde muy temprano, sus títulos incorporan la palabra "signo" como un programa de intenciones: Signo circular. Signo rompimiento. Signo emergente. Signo espacios, Signo centro. Signo ronda. Signo secuencia. Hace algunos años le hice al artista esta pregunta: ¿Signos de qué? Manuel Hernández respondió: "Mis signos conllevan un sincero factor interior de comunicación, de aporte, de querer entregar al espectador un desarrollo mental y real muy emocionalmente propuesto. Para mí los signos no se refieren a un hecho específico que cambia de naturaleza. Son más bien como indicaciones que orientan la mirada en una dirección determinada y son, por lo tanto, una propuesta sensible, emocional. Al desplazar estos signos en mis cuadros, creo que cobran un sentimiento de vacío, de peso y contrapeso, de desdoblamiento, de transformación permanente, o sentimientos de nubosidad, de consistencia, de apertura... Todos estos son hechos naturales, reales, que quiero producir a través de mis signos. Ese planteamiento del signo me permite introducir al espectador en esos momentos de sensibilidad. Y, ante todo, son signos vivenciales, emocionales, porque creo que la pintura necesariamente tiene que comunicar hechos, y esos hechos son introducidos por los elementos mismos de la pintura: el color, las formas, los límites, la composición...".

Hoy, como se ha podido constatar en la exposición de su obra más reciente, en la Galería Garcés & Velásquez de Bogotá, Manuel Hernández ha llegado a desplazar una enorme depuración. Primero, el trabajo con un alfabeto muy reducido de signos, retomado de su propio y viejo repertorio, meditado una y otra vez; luego, una simplificación del color hasta lo mínimo posible, nunca más de cuatro colores, generalmente tres, incluidos el negro y el color de fondo. En su caja temática, Manuel Hernández recogió los signos que por alguna razón le interesaron más (por sus posibilidades expresivas), y ahora escribe con ellos su pintura como al poeta le sirven las letras y las palabras para componer sus metáforas. A la par con la economía de medios, se restringe también el tema: en el espacio de la tela, un solo signo, funcionando en una plenitud extraña de color, con un máximo de luminosidad, con una identificación de límites en la máxima tensión. ¿Se ha llegado al punto más extremo de su pintura? Manuel Hernández lo entiende así: "De pronto tuve la sensación de una plenitud respecto de los argumentos que había venido trabajando y la necesidad de apropiar y definir una serie de signos que pudiesen ser explicitados con un mínimo de factores. Realmente he querido buscar un gran ascetismo, aun en el color, y un gran señalamiento con muy pocos elementos; paradójicamente, este simplificar conduce a una mayor fuerza expresiva, mejor contenido dinámico, más claridad en el señalamiento de direccionales. La muestra, en efecto, propone un clima de realización en mi obra y, si en ella tal vez no son muy visibles los cambios fundamentales, creo que en todo caso sí presenta una clarificación de mis argumentos, especialmente en aquello que más me ha interesado últimamente y es la definición visual ante el observador de un tema preciso y muy emotivo, es decir, un factor de mayor intensidad de elementos. Más aún, pienso que el artista contemporáneo está en la obligación de hacerle más claro al observador sus argumentos, sin disfrazar los medios y las propuestas que quiera presentarle a consideración".

Manuel Hernández es ocho años menor que Obregón, Grau y Negret, cinco años menor que Ramírez Villamizar, cuatro años mayor que Botero y cinco años mayor que Carlos Rojas. Pertenece, pues, a la llamada generación de los "cinco grandes" del arte colombiano, sin haber figurado en ella. La razón es sencilla: cuando los maestros renuevan el arte colombiano, Manuel Hernández se encuentra en pleno período de formación; su mismo viaje a Chile, a los veinte años, significó un cambio de rumbo que lo apartó del que habría podido ser su grupo natural. Se abrió, pues, una diferencia generacional, mientras que con Carlos Rojas tuvo una mayor identificación de actitudes y de búsquedas: hoy, sus trabajos guardan mayores afinidades y constituyen, ellos solos, lo que podría llamarse segunda generación en la pintura abstracta del país.

¿Cuáles son los hitos, los avances, las meditaciones y las influencias que marcan la producción artística de Manuel Hernández? En diálogo intenso, pero informal, el pintor accedió a realizar un recorrido a través de estos interrogantes. Sus respuestas, marcadas por la espontaneidad, dibujan y aclaran lo que es su obra, nos acercan al acto de creación, nos revelan parte del hombre tras la pintura, nos entregan algo de su verdad íntima en el proceso del arte.

1 - 20 de octubre de 1928: el punto de partida

Nací en Bogotá, en lo que era entonces la Quinta de Mutis, la finca e institución de enseñanza secundaria del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Mi padre. Francisco Hernández, era ingeniero, y en ese momento administraba la propiedad. En mi nacimiento hubo una circunstancia que puede tener implicaciones, nací sietemesino y de un tamaño tan pequeño, según señalaban mis padres que, quizás, dentro del grupo familiar, eso pudo llevar a una atención especial. De los seis hermanos que fuimos, podría decirse que fui el preferido de mi madre. Así, por ejemplo, cuando a mis hermanos les llamaban la atención, se escapaban de casa, mientras que yo prefería quedarme a su lado. En ella encontré un sentimiento de protección, de hogar y de permanencia, que es lo que siempre he tenido. Siendo introvertido, pero con una gran necesidad de contacto, de apoyo espiritual y de diálogo familiar, desde entonces se afianzó en mí un sentimiento de estabilidad a través del grupo familiar. Por esto mismo, recuerdo como el mayor rompimiento en mi proceso formativo la muerte de mi madre, cuando yo apenas cursaba el primer año de secundaria. Mi papá, muy sensible, no resistió su pérdida y esto ocasionó la dispersión de la familia.

2.
Signo tenso
ocre-violeta
1988
Acrílico
195x135cm

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