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El pintor pintado

 

5 Autorretrato en sombra 1972 Óleo sobre lona 77 x 62 cm Colección particular

Para poder hablar del pintor pintado en un cuadro y otro cuadro y otro más hay que conocer al caricaturista que a veces se manifiesta en la pintura con sesgos ingeniosos, entre ácidos y burlones, para mostrarse luego, en otras ocasiones, circunspecto y solemne. La oscilación entre las dos tendencias, opuestas pero jamás contradictorias, no es sino una de las tantas bifurcaciones del laberinto que hemos estado recorriendo, cuya característica principal podemos empezar a dilucidar en este caso observando a qué se dedica el pintor pintado. Vale la pena volver entonces a una tela de 1972 que ya conocemos, la titulada Autorretrato en sombra.

De bigote y pelo largo semidespeinado según la moda de la época, el cuerpo del pintado arroja sobre el muro una sombra triangular que baja desde la cabeza. Podríamos decir que allí se expresa todo, ya que Autorretrato en sombra es una metáfora de lo que la mente en su racionalidad puede proyectar con lucidez y bien intencionada rectitud aunque contradiga o refute o ignore los hechos de la realidad. No sobra recordar que los productos de la mente no dependen de las leyes naturales por ser independientes de ellas. En el cuadro mencionado, la sombra viene a ser una metáfora de lo que piensa el pintor, sombra absurda que viola con su contorno geométrico el contorno que en la sombra el ojo espera ver. Pero estamos en los territorios de la pintura y en ella encontramos lo que la cruda realidad en su pobreza no puede ni podrá ofrecer.

Ya sabemos que el pintor pintado es Juan Cárdenas, que en esta obra pinta un verdadero manifiesto en lugar de escribirlo. Si nos interesan las significaciones, éste es uno de sus mejores autorretratos porque en él empieza a desplegar la naturaleza del laberinto que deseaba edificar, laberinto de ideas y conceptos hecho de materia visual, sin la cual no podría existir. En este sentido, un lienzo que por su calidad y contenido se podría considerar el par del anterior es el ya analizado Autorretrato entre cuadrados. Un giro determinante aparece en Fulano de tal (1974), autorretrato de factura ortodoxa con ese fondo gris en el que tenemos al pintor con el torso de perfil y la cabeza de tres cuartos, parte de ella en la sombra. La configuración del rostro es bastante extraña, apariencia inquietante que comprendemos desde el momento en que sabemos que la zona ensombrecida es la copia de un autorretrato de Rembrandt cuyos rasgos pasan a ser, en la zona iluminada, los de Juan. Fulano de tal es un buen ejemplo del modo como el artista entresaca personajes de la historia del arte y los interviene, resultando poco reconocibles a la larga, algo que en el futuro dará lugar a enjundiosos y probablemente polémicos estudios.

Con Fulano de tal estamos ante el temperamento juguetón del caricaturista al que nada está vedado y todo se permite, como bien se puede comprobar en Homenaje a Whistler(1974}, pintura en la que Cárdenas retoma la composición de Arreglo en gris y negro (1872) del pintor

16 Fulano de tal 1973 Óleo sobre lona 52 x 57 cm Colección del artista

norteamericano. Señalemos que el título del cuadro de Whistier, de connotaciones abstractas, fue el preludio de muchos otros (de títulos parecidos) que se produjeron a lo largo del siglo XX. Pero lejos estaba Whistier de la abstracción total o no objetiva, si bien proponía que el espectador la buscara al enfrentar sus cuadros. Que la buscara, reconociera y valorara debidamente, aunque sea más que evidente, en el famoso Arreglo en gris y negro, que se trata del retrato de una anciana vista de perfil y sentada en una silla.

Whistier fue el primero en poner énfasis, a través de los títulos, en los aspectos cromáticos y compositivos que construyen la obra de arte. Aunque sus telas presentan dentro de una gran contención algún elemento anecdótico, no es la anécdota lo que en su opinión

18 Homenaje a Whistier 1974 Óleo sobre lino 79.5x83.8cm Colección particular Fotografía: Galerie Claude Bernard, París

debía primar sino la urdimbre pictórica. En este sentido, Juan Cárdenas es un magnífico seguidor de Whistier, cuyo planteamiento central logró asimilar y transformar creativamente. Por eso retomó el ambiente de Arreglo en gris y negro y se permitió reemplazar con un autorretrato a la anciana del cuadro original, nada menos que la madre de Whistier. Ser otro y a la vez uno mismo es algo que había ensayado Marcel Duchamp con su álter ego Rrose Selavy, antecedente de Salto al vado (1958) de Yves Klein. El mensaje del entonces joven pintor colombiano podría resumirse diciendo que lo de menos en su Homenaje a Whistier es la figura del autorretratado.

Las motivaciones de Cárdenas han sido predominantemente conceptuales y no emocionales, como puede apreciarse en la intelectualizada imagen de Autorretrato en sombra. Me refiero a la intelectualización que en rigor manejan, con sus deformaciones, los buenos caricaturistas, por mucho que haya de broma en las imágenes que firman. Esta consideración da pie para recorrer rápidamente el campo en el que el caricaturista suele andar a sus anchas, no ya para zaherir el mundillo político sino para dejar rápidos apuntes sobre la vida. En las caricaturas no políticas, Juan resulta ser un perspicaz comentarista de la condición humana, capaz de descubrir en el gesto nimio la dimensión oculta de lo que somos o padecemos contra nuestra propia voluntad. En algunas de esas caricaturas, el juego gira en torno a nuestra dimensión animal, entendida ésta como opuesta a la intelectual. Para el artista, animaloide es la pasión desenfrenada, los intereses mezquinos, el embotamiento o falta de lucidez, etc. En el primer ejemplo (que he escogido al azar) está posada, sobre los hombros de un caballero con un periódico en las manos, una mujer de cuerpo menudo que señala algo en la lejanía. Aunque reconocemos que la situación corresponde al mundo de hoy, la pareja evoca el tema de la tentación de Adán en el Paraíso, ya que la mujer posee una larga y serpenteante cola. De la cintura hacia abajo, el cuerpo de la extraña Eva es de canguro. Concentrado, el caballero mira lo que la grotesca creatura le indica, lo que se puede interpretar como una crítica a la manera como los medios informativos suelen desorientar a la opinión pública.

Es haciendo gala de humor negro como Cárdenas se autocaricaturiza con cuerpo de ave y orejas de simio, prueba de que no tiene compasión ni consigo mismo. Si en la caricatura caricaturesca o dibujo cargado de ironías suele ser irreverente, en los autorretratos que dibuja puede llegar a ser hiriente. La línea pierde entonces la sequedad habitual y se carga de abocetadas sombras. Un día, Juan se dibuja a sí mismo ojeroso, despeinado y con la cabeza vendada como si padeciera algún mal. Otro día se muestra somnoliento, casi abotagado, como el que ha tenido que madrugar tras una intensa noche de fiesta. En alguna ocasión la corbata anudada al cuello revela a un hombre novecentista y el peinado a un cortesano dieciochesco. En otra más, disfrazado, el autor es una especie de Nosferatu, alusión al cine que se repite en el Juan de pantalones anchos y perfil ligeramente alterado que tanto se parece a Groucho Marx. Uno solo y muchos a la vez, el pintor aparece y reaparece en caricaturas, dibujos y pinturas, así que terminamos por reconocer su rostro por deformado que éste llegue a estar. Lo reconocemos

siempre y reaccionamos con cálida sonrisa. No en vano le declaró en 1985 a una periodista: "Un día me miré al espejo y dije: Si puedo pintar eso, puedo pintar cualquier cosa" |19 . La anécdota nos revela su talante burlón y admirablemente humano.

Juan Cárdenas imagina hechos que él mismo protagoniza, no como actor principal sino como comparsa cuyo único papel es estar ahí, como de casualidad, sin hacer absolutamente nada la mayoría de las veces. En Paisaje sabanero (1983) es un ser ausente vestido a la antigua, de aire campesino. En Paisaje con la muerte (1982) se muestra indiferente al hombrecillo cadavérico que se inclina para hablarle. En Mariage avec la mort. ya estudiado, él mismo es la muerte, visión que modifica ligeramente en L'Artiste portan t sa tete (1980), pintura en la que el hombrecillo cadavérico exhibe entre sus manos, como un trofeo, la cabeza del pintor. La relación se invierte en LArtiste au cráne (1979), en el que el artista nos muestra con serenidad la simbólica calavera. El ciclo continúa en Autorretrato con fondo azul (1992), en el cual tenemos al fin un pintor vivo que exhibe su rostro encarnado, signo de afirmación vital. Por último tenemos, en Autorretrato de frente (1990), un Juan Cárdenas fatigado que desde el fondo mira fríamente a la modelo de enorme trasero, situado en un sugerente primer plano.

En medio del estudio, el pintor pintado pinta a veces. La verdad es que en general mira apenas, como entregado al menester que precede al acto de pintar. En algún momento posa

   
70 Lartiste portant sa tete El artista cargando su cabeza 1980 Óleo sobre papel y madera 45,7 x 29 cm Colección del artista Fotografía: Galerie Claude Bernard, París    
 
 
  [Fuera de exposición] Payssage avec la mort Paisaje con la muerte s.f. 30.5 x 41 cm coleccion del artisata Fotografía: Galerie Claude Bernard, París  
   
    [Fuera de exposición] Mariage avec la mort Matrimonio con la muerte 1984-85 30.5 x41 cm Fotografía: Galerie Claude Bernard, París

con su bata de trabajo y un violín en la mano, revelando así su pasión por la música en general y por el violín en particular, instrumento que toca y gusta reparar e incluso fabricar en plan de aficionado. En fin, la figura de Cárdenas se puede alargar dentro del canon manierista o puede asumir, si nos fijamos en la mirada, un gesto distraído. Este mirarse sin piedad contrasta con los autorretratos clásicos, algo acartonados y solemnes, de su primera etapa.

Cárdenas enriquece su pintura, dándole un sello personal, cuando introduce en el autorretrato la idea fundamental de su admirado Whistier, que empieza a poner en práctica con seriedad desde los albores de los años setenta. Según Whistier, toda pintura es algo más que los motivos que vemos en ella, afirmando que en esencia es pintura y nada más que pintura, posición que Maurice Denis comprendió y fue capaz de definir con admirable exactitud algunos años más tarde. Teniendo en mente a Whistier, Cárdenas altera a voluntad las imágenes, cruzándolas de alusiones historicistas. Dos actitudes se conjugan entonces, potenciando la producción de un pintor que se pinta en multitud de papeles, en ambientes que nos remiten a Mondrian, Albers, Monet o Páramo. Esto explica que Joe Shannon haya descubierto en el pintor colombiano un comportamiento chaplinesco |20 y que Josette Meleze lo haya considerado una "especie de Woody Alien de la pintura" |21 . Por su parte, es Juan Gustavo Cobo Borda quien primero habla de un "pintor que es muchos pintores" |22 , por lo que vale la pena referirse ahora al pintor que pinta y piensa, contradiciendo el dicho francés que sentencia béte comme un peintre.

 
 
67 Autorretrato con paleta 1977 Óleo sobre lino 75,5x60cm Colección particular Fotografía: Galerie Claude Bernard, París

 

 
 
74 Autorretrato con fondo azul 1991 Óleo sobre lienzo 65,7x48,1 cm Colección del artista  

 

 

19. Sarah Booth Conroy, "AbroadV\ew", en The Washington Post, 5 de junio de 1985, D13.

 

20. Joe Shannon, Representation Abroad, Hirshhorn Museum and Scuipture Garden, Washington, 1985.

 

21. Josette Meleze, op. dt.

 

22. Juan Gustavo Cobo Borda, "Juan Cárdenas: el taller del alquimista".

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