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INDICE
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Los desórdenes de un taller rigurosamente ordenado
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[Fuera de exposición] Autoportrait avec rideaux Autoretrato con
cortinas 1995
Óleo sobre lienzo 46 x 50.5 cm Fotografía: Galerie Claude
Bernard, París
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Ante un cuadro figurativo de tendencia realista, no es raro que
asumamos la imagen que el pintor nos entrega como un reflejo de un
espacio que existe o ha existido objetivamente en algún sitio del
mundo. Suponemos o imaginamos incluso que podemos ver en el lienzo
lo que el artista ha visto, vivido y copiado con su pincel. Por
supuesto, lo de copiar es un decir. Sabemos que siempre hay cosas
que se desechan y cosas que se agregan libremente porque un cuadro
es autónomo. Sólo que cuando el cuadro es bueno, realidad y ficción
se confunden inexorablemente. Hago esta reflexión porque si algo
caracteriza a Juan Cárdenas es su obsesión por pintar
autorretratos, obsesión que corre pareja con la de pintar el
espacio del taller en que trabaja. Los dos asuntos están
estrechamente ligados, pero bueno es señalar que no siempre se
juntan. Cuando pinta el taller, el espacio del recinto puede ser
despejado o atiborrado. Cualquiera que sea la impresión, ese
espacio es siempre tramposo y sugiere un desorden bastante
particular. Verdad es que los talleres de los pintores no se
distinguen por el orden, pero cabe advertir que el de Juan Cárdenas
es más ordenado de lo que sus cuadros sugieren. Sólo que el
desorden que vemos en sus óleos y dibujos es un engaño más.
Cárdenas asume el amplio espacio del salón en que trabaja tal y
como Cézanne asumía la superficie de una mesa, en la que todo
arreglo o disposición de elementos resultaba ser posible. Si el
maestro francés veía volúmenes prismáticos al pintar manzanas, el
colombiano ve líneas, simples líneas rectas, donde hay muros,
bastidores, muebles o puertas. Esas líneas delimitan planos
rectangulares de proporciones variadas que se distribuyen en la
superficie del lienzo, pero regidos por un principio que en su
esencia es abstracto. ¿Hasta qué punto? Aquí cabe recordar otro
aparte de la declaración de Juan en Caracas, en la que precisó,
refiriéndose a Mondrian, que el "orden crítico en su obra
es algo que admiro mucho y utilizo"
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El orden crítico de Mondrian se puede dilucidar si aceptamos que
muros, puertas, ventanas, bastidores, marcos, cuadros y espejos son
en esencia lo mismo, o sea planos geométricos que se entrecruzan y
complementan. Al ordenarse críticamente, estructuran una
composición que puede ser equilibrada y armónica o dinámica y
móvil. Eso sí, no es posible desconocer que tal es el caso en toda
obra pictórica de aliento. Al plantearlo aspiro simplemente a
señalar que la manera de componer de Cárdenas deriva de la
experiencia abstracta y geométrica que el cuadro de caballete
admitió en el siglo XX. Ese énfasis se nota en las líneas
verticales u horizontales que atraviesan los lienzos de un borde a
otro, como puede apreciarse en Autoportrait avec rideau (1995).
Oportuno es recordar ahora que fue a partir de otras
motivaciones y con otros propósitos que el arte egipcio antiguo
también supo jugar con la abstracción y la figuración, pero las
experiencias egipcias más interesantes quedaron plasmadas en el
muro y no en el cuadro de caballete, que no conocieron. Esto hace
que sus soluciones espaciales no sean equiparables a las de hoy y
no constituyan, en consecuencia, un antecedente. Otro tanto puede
decirse de los dibujos en ánforas y cráteras de la Grecia arcaica,
sobre todo las del estilo geométrico, por presentar soluciones muy
sabias pero adaptadas a la superficie cerrada e ¡límite de la
vasija cerámica, tan diferente a la que despliega un soporte plano
de reducidas dimensiones, que el ojo puede abarcar de un
vistazo.
Llegado a este punto puedo afirmar, entonces, que la de Juan
Cárdenas es una abstracción figurativa. La etiqueta es extraña,
pero con ella sólo deseo hacer resaltar que su intención primordial
es abstracta. Así tenemos, cuando pinta el taller, que todo se
dispone en función de una ortogonalidad perfectamente articulada
que apenas disimulan los elementos de silueta irregular que
contrapuntean la composición, llámense éstos paño, bata, cortina,
papel arrugado o vegetación que se revela a través de una ventana
abierta. Es más, aunque se halla bastante lejos del purismo de
Mondrian y Albers, en Cárdenas hay la misma limpieza y rigor.
Obsérvese que en general los elementos lineales están pintados con
nitidez. Son los valores espaciales, cromáticos y táctiles los que
especifican que se trata aquí de un listón de madera y más allá del
espesor de un muro, pero la connotación figurativa no le quita al
conjunto su cadencia de raíz abstracta.
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Interior con saco 1970 Óleo sobre lona 75,3 x 60.5 cm Colección
del artista
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Estudio sobre Albers 1970 Óleo sobre lona con madera 68,5 x 76
cm Colección del artista
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Si tomamos Interior con saco (1969) y Estudio sobre Albers
(1970) descubriremos que, a grandes rasgos, la composición es muy
semejante. Diecisiete años median entre los dos óleos y sin embargo
la preocupación es prácticamente la misma. En ambos tenemos, a la
izquierda, un gran plano rectangular que llena el lienzo de arriba
abajo, del que cuelga un paño o prenda de vestir. El centro lo
llena un juego de rectángulos de distintos tamaños y posiciones
que, a la derecha, cierra un plano vertical que en Interior con
saco resulta ser un muro situado en primer plano y, en Estudio
sobre Albers, el espacio libre del muro del fondo. La composición
del primer cuadro es reposada y la del segundo dinámica. Si el
espacio del primero es bastante profundo, hasta el punto de que el
taller del pintor aparece visto desde el cuarto contiguo, el del
segundo lo es poco. En el primero, la presencia humana puede pasar
desapercibida, no en el segundo. Los dos óleos revelan con absoluta
claridad que Cárdenas trabaja sus variaciones con la sutileza de
sus admirados Albers y Mondrian, sutileza que rebasa la posición de
los elementos y su eventual color, abandonando el mal llamado
formalismo para acceder a una concreción figurativa que casa
figuración y abstracción por medio de combinar lenguajes, códigos
de representación y temas.
"Un cuadro es un cuadro es un cuadro; un muro es un
muro es un muro; un mueble es un mueble es un mueble",
parece afirmar Juan Cárdenas cuando pinta, parodiando las palabras
de Gertrude Stein sobre la rosa. Pero cuadro, muro y mueble son
elementos con valores visuales específicos que el artista logra
interrelacionar entre ellos con la libertad que brinda la
abstracción, sin violar, o al menos sin desconocer, el contexto
objetivo en que están situados. En Modelo en el estudio (1991) es
evidente que la zona de la derecha, con sus amontonamientos de
cajas de cartón, es mucho más abstracta que todo lo que se ve a la
izquierda, en el resto del cuadro. Pero si nos fijamos bien y
reducimos el análisis a los diversos tipos de sólidos que
distinguimos contra el muro, todo allí sigue siendo abstracto, ya
que los marcos de los dos enormes espejos no hacen sino continuar
la ortogonalidad que predomina a la derecha, apenas alterada por el
arco superior del espejo central y, a la derecha, por las
diagonales que introducen tanto la tapa de una caja abierta como el
plano sepia que parece estar pintado en la pared.
La abstracción de este cuadro es rotunda. Otra cosa es que los
espejos introduzcan una profundidad que nos mete de lleno en el
desorden del estudio. La ortogonalidad casi se rompe y, a la
inversa del espacio antes descrito, las diagonales resultan ser
determinantes. En el reflejo de la izquierda, el pintor se mira con
la paleta en la mano. En el de la derecha, visto de perfil y
sentado en un butaco, el pintor parece dibujar observado porta
modelo desnuda (como en L'Atelier de Courbet). Metidos en el
laberinto del pintor, nos toca ahora meditar si lo que vemos son
espejos o pinturas, o ambos a la vez. Dicho de otra manera, puede
que un espejo no sea espejo y que una pintura no sea pintura.
Sucede que los desordenados talleres de los cuadros de Cárdenas
no son sus talleres y al mismo tiempo sí lo son. No lo son porque
los muros se desplazan para hacerlo más grande o más pequeño, los
muebles cambian de posición y aun de diseño, y los amontonamientos
de objetos varían. Si tenemos en cuenta que el pintor ha trabajado
en los diversos talleres que ha tenido en Bogotá, París y Nueva
York, algo de esa errancia permitiría afirmar que sí lo son y que
los distintos rasgos de cada uno de ellos se superponen en cada
cuadro que pinta, incluyendo rasgos imaginados, deseados,
programados y nunca ejecutados o quizá apenas soñados, cuando no
inventados en el momento de ejecutar la obra.
El acto de inventar sin respiro se puede apreciar en todo su
esplendor en Intérieur au miroir (1988), en el cual tenemos una
sucesión de planos rectangulares autónomos, cada uno de los cuales
revela rincones de aposentos distintos pero pictóricamente situados
a distancias casi iguales. Como el título nos advierte nuevamente
la presencia de espejos, y a esto ya le dediqué unas páginas, dejo
al lector la tarea de distinguirlos y precisar sus posiciones con
relación a lo que reflejan, entre lo que no reflejan. Así quedo en
libertad de señalar solamente que la autonomía de los espejos nos
remite al collage por la manera como se insertan alterando las
coordenadas espaciales. La alteración es más evidente en el espejo
que nos muestra al pintor sentado junto a la ventana, limitado por
un plano cuyo tope sugiere que es flotante como si fuera un
espejismo. A su derecha, el filo de un tabique se desvanece en el
aire y un cuadro casi blanco queda recostado en el vacío. El jaque
al ojo, constante de todo buen laberinto, se sitúa entonces en otra
dimensión: la de un ejercicio de imaginación activa y sin reposo,
que construye y deshace, crea y borra, concreta y aniquila. El
mismo pintor lo ha explicado así: "Reconozco que exagero y
deformo los hechos cotidianos y me permito ciertas excentricidades
poéticas"
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Podría replicarse diciendo que
ninguna verdad poética es excéntrica, pero no exageremos tampoco:
el pintor sólo quiere manifestar que los puntos de vista se
multiplican y no hay un centro sometido a las determinantes de un
punto de fuga único.
Ya mencioné al principio la obsesión del artista con la historia
del arte, asunto que debo retomar, porque si Juan Cárdenas
desbarata, borra y aniquila es para reconstruir imágenes de otro
modo, mas no sin subvertir las aproximaciones y los enfoques
tradicionales ligados al realismo, deseoso de alcanzar otras
orillas. Uno de esos enfoques es el cubista, que ya he considerado
y que planea de lejos sobre toda su obra a través del color. La
terrosa gama de Cárdenas es la misma de Braque y Picasso en la
etapa del cubismo analítico. Aunque no es determinante, el detalle
resulta ser bastante significativo en Femme au noir dans un miroir
(1983) y en cuadros posteriores como Deux femmes núes (1994) y
Trois personnages (1996), en los que el grado de libertad es tal
que los objetos se organizan para evocar el desenfado de las
composiciones cubistas. Lo interesante es que si el cubismo está
lleno de alusiones a la figuración desde la abstracción, en la
pintura de Cárdenas ocurre exactamente al contrario.
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[Fuera de exposición] Intérieur au miroir Interior en el espejo
1989
Óleo sobre lino 55.7 x 71.2 cm Coleccion particular
Fotografía: Galerie Claude Bernard, París
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En el centro de Femme au noir dans un miroir, por ejemplo,
muebles y cajas se concentran como si se tratara del tenso juego de
líneas flotantes del cubismo analítico. Si cortáramos el centro del
cuadro siguiendo un contorno ovalado de modo tal que la cabal
identificación de los objetos se dificultara un poco, la imagen
obtenida nos haría pensar en ciertas naturalezas muertas de Braque
y Picasso. Con razón consideró Marta Traba que se trataba de
"una moderna lección de invención de un espacio
figurado"
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Esta nueva referencia al cubismo y a la historia del arte
adquiere un sesgo irónico en Pared del taller (1985) y algunos de
los cuadros estudiados antes, en los que se alteran las escalas y
una hoja plegada resulta ser más grande que una persona, llenándose
el espacio con tal cantidad de cosas que es inevitable pensar en el
Merz que Kurt Schwitters construyó en su casa de Hanover. Quiere
decir que es amplio el rango de las citas visuales que Cárdenas
reitera desde que en 1970 pintara el Estudio sobre Albers. Tan
enorme es ese interés que el diálogo de los elementos en juego
llega a volverse algarabía.
14. Jaime Ogaz, op.
dt.
15. Michel Soskine, op.
dt.
16. Marta Traba, op.
dt.
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