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JOSÉ MARÍA ESPINOSA: ABANDERADO
DEL ARTE Y DE LA PATRIA
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I. SIMÓN
BOLIVAR (1830)
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POR BEATRÍZ GONZÁLEZ
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José María Espinosa es la figura central
del arte del siglo XIX en Colombia. Su larga vida, de ochenta y siete anos, cubrió casi
toda la centuria. De todos los titulos a que se hizo merecedor sólo quiso conservar el de
«abanderado», pero ha sido reconocido en la historia del arte con los
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de «principe de los miniaturistas
colombianos» y «creador de una iconografía Bolivariana».
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Sea esto lo que fuere, nada ha pedido para si el señor Espinosa; modesto artista y
venerable patricio, jefe de una familia también artista, vive como un patriarca en su
hermosa quinta, independiente, aunque no adinerado, sin que le aqueje otra desazón que la
turbulencia de los tiempos, ni aspira
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a otra cosa que a cumplir en paz sus
dias, y a ver en ellos a su patria grande y feliz (...) Una parca pensión de treinta
pesos, pudiéramos llamar ración, es todo lo que el viejo veterano gaza del Tesoro
Nacional, hace pocos años, después de haber empleado sus mejores díás en lidiar
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desinteresadamente por su patria. 1
Caicedo Rojas, José.
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(José Marla Espinosa» en Memorias de un
abenderado.
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Bogotá: Imprenta Tradicionista, 1876.
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De «modesto artista» lo trata su amigo
el escritor José Caicedo Rojas. En realidad, así eran la mayoría de los artistas
colombianos porque no podian alardear de académicos en un país donde no existía escuela
alguna que les otorgara el conocimiento de las reglas formales y estéticas. De mayor
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autoestima y prestancia habian disfrutado
los artistas de fines de la Colonia. Sin embargo, no obstante su modestia, Espinosa tenía
conciencia clara de su vocación artistica, sabia de la importancia de sus retratos y
consideraba su obra «original».
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La sociedad colombiana del siglo xix, que
se pretendía pragmática a través del positivismo, sólo aceptaba a los artistas como
artesanos; por ello intentó, aunque sin lograrlo del todo, impulsar, tanto en los
gobiernos conservadores como radicales, las escuelas y las exposiciones de artes
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aplicadas. La voluntad de crear una
escuela de arte oficial se quedó siempre en proyecto de ley o de constitución. Las
Bellas Artes en sí mismas no obtuvieron el apoyo suficiente. Por otra parte, el
ingrediente tradicionalista de la misma sociedad impulsaba a sus miembros a retratarse,
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y a fijar su imagen para la posteridad.
Esa actitud identificadora y narcisista a la vez, permitió que el arte recibiera cierto
apoyo de la naciente burguesía y favoreció a artistas como Espinosa, RamónTorres
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Méndez, Luis Garcia Hevia, José Manuel
Groot, Manuel Dositeo Carvajal, la familia Figueroa y una decena de pintores nativos.
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Algunos hechos -aparte de los comentarios
de prensa sobre las exposiciones industriales-, demuestran que Espinosa era apreciado como
artista. En I853, el gobierno lo comisionó junto con Groot y García Hevia para examinar
los borradores de las láminas de la Comisión Corográfica, rea!izadas en ese
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momento por el venezolano Carmelo
Fernández y el inglés Henry Price.
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La originalidad es el problema capital de
las artes plásticas en América. El siglo x
I
x, en
el que tuvo luger la independencia de los países hispanoamericanos, la aspiración al
clasicismo hizo a un lado los valores de un arte indígena y buscó inspiración en las
corrientes occidentales y en los artistas europeos
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notables. Con relación a los estilos que
pudieron prevalecer en el país, el historiador Leopoldo Castedo cree que por razones
históricas evidentes (la menor vigencia del Neoclásico, la raigambre de un movimiento
literario costumbrista, el antecedente de los trabajos del naturalista Mutis en Colomóia
tomó forma poco después de consolidada la independencia una escuela naturalista.
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¿Qué fuentes asimiló Espinosa pare
definir rasgos, modos y tratamientos del espacio o de la forma para conformar su sistema
particular de expresión?
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Como se sabe, su viaje a Italia -prometido
por el Libertador para tomar algunas lecciones de uno de los pintores más afamados-
3 Espinosa, Jose Op. ctt. p. 271
se frustró por la conspiración del 25 de
septiembre de 1828. Tuvo que conformarse con fuentes obtenidas de los artistas viajeros,
de los retratos en miniatura que se habían producido en el país o en el exterior, de
daguerrotipos o fotografías, de las viñetas que inmortalizaban a Napoleón, y de unos
cuantos libros con grabados. Tal es el caso de la edición de la Divina Comedia ilustrada
por Gustave Doré y publicada en Europa hacia 1850. A ella
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se refiere en sus Memorias en los
siguientes términos:
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Cuando después he visto los magnificos
grabados con que Augusto Doré [sic; ha ilustrado los poemas de Dante, he recordado muy al
vivo las impresiones que experimenté en aquel sitio [El Puracé7. 4 Idem, p. I 96.
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Del contenido de la biblioteca de la casa
de su hermana se ha deducido que debió conocer la obra de Mengs. Su cultura era algo más
que mediana; de sus memorias se infiere que había leído El Quijote, el Gil
Blas de Santillana, el Robinson Crusoe de Daniel Defoe, fray Luis de Granada,
la mitología y
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la historia griega y romana.
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José María Espinosa fue el primer pintor
colombiano que se apartó de los moldes del arte de la sociedad colonial. Trabajó sin el
mecenazgo de la Iglesia. Ser autodidacta le permitió buscar sistemas de expresión con
plena libertad. Por esta condición no se lo puede vincular al arte neocolonial de
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los Figueroa de la República. Gran
manualidad y espíritu de observación se reúnen en este artista particular que decidió
que las artes plásticas eran su vocación y se dedicó a ellas con inventiva y
sensibilidad.
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El autodidacta tiene dos opciones: una de
ellas es encontrar una fórmula y perfeccionarla intensamente haste hacerse reconocer; la
otra es intentar, con toda libertad, una gran diversidad de estilos, dentro de sus
capacidades. Esta última opción parece ser la que adoptó Espinosa. En susretratos al
óleo, miniature y grabado, se acerca al clasicismo. En sus paisajes, se comporta como un
naturalista ilustrado. En gran parse de sus dibujos y caricaturas recuerda al romanticismo
y antecede al expresionismo. Al analizar las obras de este género se lo puede considerar
un verdadero abanderado del arte: sus nueve autorretratos lo confirman. En ellos, sin
percatarse, Espinosa enfrentó su «yo» al mundo, ese «yo» que le molestaba poner en
evidencia al escribir sus Memorias:
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Se me dispensará, pues, el que a cada
pave se encuentre en estas páginas el fastidioso y embarazoso ..yo», de que le es fácil
prescindir al simple narrador de hechos ajenos.
5 Idem, p. 3.
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Su espiritu, evidentemente romántico,
vivió en su juventud aventuras que lo
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llevaron al borde de la muerte, en la
lucha por el ideal de la libertad. El
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resto de su vida lo dedicó a reivindicar
el pasado, a enaltecer héroes como
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el Libertador, próceres y mártires, y
las hazañas en las que él mismo
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había participado.
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De cualquier forma, resulta imposible
clasificar al pintor abanderado; en
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su obra se pueden seguir huellas casi
imperceptibles de David, de Goya, de
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Daumier, de Friedrich y de Rugendas. La
crítica de arte Marta Traba, quien
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lo consideró el más prolifico y más
oficial, más histórico, de su época
6 Traba, Marta.
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Historia abierta del arte colomb¿ano.
Cali: Ediciones Museo la Terrulia, 1974, p. 56.,
se refirió a
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sus pinturas de batallas de la Campafia
del Sur de Nariño como un híbrido
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sorprendente que oscila entre Ucello y
el aduanero Rousseau. Nada de aliento épico
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del neoclasicismo o del romanticismo
recorre sus lienzos.
7 ldem p.
44.
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Si la comparación con artistas europeos
resulta desproporcionada, dentro del panorama latinoamericano se pueden encontrar
similitudes, talentos y sensibilidades parecidas a las de Espinosa, aunque no se pueda
hablar de almas gemelas. La variedad de su obra permite comparaciones con el limeño
Pancho Fierro (1803-1879), también autodidacta y autor de dibujos de tipo callejero de
gran colorido. Los mexicanos José Maria Estrada (¿18IO?-I865), y Hermenegildo Bustos
(I832-I907), quienes realizaron unavasta obra representada en una serie de retratos tanto
de la alta sociedad como de gentes humildes , se asemejan a Espinosa no sólo en dicho
tema sino en la sencillez al presentar sus personajes al margen de los conocimientos
académicos, con sensibilidad innata y elegancia en el color. En rea!ridad, el proceso del
pintor abanderado es más complejo porque a su simplicidad anímica, le añade el espiritu
ilustrado, la disposición clásica y la sensibilidad romántica. Insuperable como
dibujante y miniaturista, la diversidad de su obra se puede emparentar a trechos con
distintos artistas, pero nunca en su tota!ridad. Entre los retratistas de Bolívar,
podría pensarse en ciertas afinidades con el peruano José Gil de Castro (1790-I850), y
el ecuatoriano Antonio Salas (Ca. I780-I858). Aunque el primero tiene que ver más con el
arte neocolonial y el segundo con la más pure academia, crearon, al igual que Espinosa,
iconos del Libertador y retrataron los próceres de la Independencia en obras donde
sobresale la observación del carácter de los retratados y la finura en la técnica de la
miniatura. Como se puede observar, dentro del contexto latinoamericano la figura del
abanderado es singular, no sólo por la clara conciencia de su talento sino por la
ausencia de formación académica. Su obra prolífica y variada lo coloca, sin duda,
dentro de los principa!res artistas de América Latina. Así explicó José Maria
Espinosa, el artista más notable del siglo xix en Colombia, su romántica existencia: Sin
ambición ni pretensiones de ninguna especie ha pasado hasta hoy mi vida tranquila, o por
lo menos exenta de remordimientos, consagrado a un trabajo pacffico, y haciendo votos por
la prosperidady engrandecimiento de mi Patria. Los recuerdos de mis años juveniles me han
sido en ocasiones gratosy a veces dolorosos; pero siempre me he regocijado con la idea de
haber contribuido, aunque en pequeña parte, a darle libertad e independencia.
8 Espinosa,.José Maria. Op. cit. p. 265.
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