José María Espinosa Abanderado del arte y de la patria
Museo Nacional de Colombia
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VIII. ICONOGRAFÍA BOLIVARIANA

 

Espinosa originó desde Bogotá, a partir de 1828, una iconografía que representa a Bolívar de brazos cruzados, unas veces de uniforme y otras vestido de civil. Bolívar posó ante Espinosa el día I de agosto de I 828; un mes antes de que tuviera lugar el atentado contra su vida. Su prestigio lo llevó a pintar al Libertador Presidente Simón Bolívar en agosto de 1828:

Faltaba ya muy poco para la conspiración de 25 de septiembre de 1828, cuando fue a casa mi tio José I. Paris y me dijo: «El Libertador te manda llamar para que uayas a retratarlo». En el momento preparé un marfil, y nos fuimos a Palacio. Después de presentado a Bolivar, que me hizo un cariñoso recibimiento, se colocó al frente de mi, con los brazos cruzados: apenas empezaba yo el diseño, cuando me dijo: ¿ Ya está? Ie contesté que faltaba mucho: entonces estiró los brazas, diciéndome: «Puede usted venir cuantas veces quiera, a las once, antes que se reúna el Consejo».

La iconografía de Espinosa se desarrolla a partir de ese año. La expresión de Bolívar en los bocetos de Espinosa va cambiando a medida que se agrava la situación politica en Colombia y corresponde a la descripción física del científico François Désiré Roulin:

Tenía la cabeza de regular volumen pero admirablemente conformada, deprimida en las sienes, prominente en las partes anterior y superior. El desarrollo de la frente era enorme, pues ella sola comprendía bastante más de un tercio del rostro, cuyo óvalo era largo, anguloso, agudo en la barbay de pómulos pronunciados. Casi siempre estuvo el Libertador totalmente afeitado, fuese por sistema o por no tener la barba graciosa y abundante. Tenía los cabellos crespos y los llevaba siempre divididos entre una mecha enroscada sobre la frente, y guedejas sobre las sienes, peinadas hacia adelante [..] El Libertador tenía el perfil enteramente vascongado y griego, principalmente por el corte del rostro, la pequeñez de la boca, la amplitud de la frente y la rectitud de la naríz, muy finamente delineada [ ..] Ias cejas, bien arqueadas y extensas {...} Como teníá profundas las cuencas de los ojos, estos que eran negros, grandes y muy vivos, brillaban con fulgor eléctrico, concentrando su fuego cual si sus miradas surgiesen de profundos focos.

FRANCOIS DÉSIRÉ ROULIN, 1827

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