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INDICE
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Imagen regional III
En realidad, definir hoy los límites entre lo que es y no es
regional presenta muchas dificultades. Equivaldría a identificar lo
que es estrictamente local y lo universal, lo provinciano y lo
internacional, como categorías estrictas bipolares antagónicas
entre sí y no sus interacciones, transversalidades e hibridaciones.
Las tensas relaciones entre estos polos se dan hoy en todas las
culturas, aun en el primer mundo, con la definición y politización
de las minorías ante la presencia poderosa de los entes hegemónicos
con sus sistemas de privilegio y exclusión. Problema que parece
disolverse por la fluctuación entre culturas populares y de elites,
las centrales y las periféricas.
Así, se transforman y problematizan los constituyentes de "lo
propio" frente a "lo ajeno". La conciencia del lugar, de contexto,
de memoria cultural e identidad, son ahora revisadas y presentan
otras complejidades. Hoy sabemos que estas no son nociones fijas ni
estáticas, sino que se encuentran en continuo movimiento y
transformación.
La definición de región no se hace desde las cómodas instancias
de la oficialidad que no reconoce diferencias, sino desde la
dificultad que conlleva reconocerse entre otros a partir de
"identidades" comprometidas, no con la estandarización de lo
simbólico, ni con la expresión de una sola cultura, sino con la
trasgresión continua del yo en un paisaje cada vez más
"transterritorial". Arena movediza en donde confluyen elementos de
distintas procedencias y se entrecruzan distintos tiempos,
historias, etnias, etc.
En este punto es pertinente recordar algunos aspectos desde los
cuales se abordó el "regionalismo" en las exposiciones Imagen
regional I y II hasta lo que se podría avistar en la situación
actual. Nos podríamos mover así desde el "concepto de regionalismo
crítico" de K. Frampton, como forma de resistencia a la
universalización de la cultura; pasar luego a la noción, no de
resistencia sino de "divergencia", de M. Waisman, para emprender
rumbos inéditos ante la marca de la sociedad global
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1
. Estas posiciones sostenidas en
los años ochenta en el campo de la arquitectura son aún muy útiles
si se confrontan hoy con el estado actual de cosas en el complejo
panorama multicultural.
Resistencia, divergencia, más autonomía, actitudes ejercidas
desde la región frente a la homogeneización global. Ya en 1973
Marta Traba lo había señalado en su propuesta "la cultura de la
resistencia"
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2
en la
que propone revaluar la noción de provincia y su papel en el
proyecto global. Traba argumenta: "En este proyecto global la
noción de provincia ha sido rescatada con propiedad y entusiasmo.
Enzensberger escribe que la provincia está en todas partes, porque
el centro del mundo no se encuentra en lugar alguno, o a la
inversa, porque en principio cabe admitir que su
|omphalos
está en cualquier lugar... Lo particular, lo válido de lo
provinciano se libera de su propia entraña reaccionaria, del
limitado tipismo del museo de glorias locales, y recobra así sus
derechos.
Marta Traba propone la revaluación de la provincia como un hecho
contundente en Latinoamérica. A través de ésta encontraba el
espacio para la 'praxis de la diferencia" y su supremacía sobre el
"mimetismo", entendido éste como el sometimiento de las propuestas
locales a los ismos y tendencias de Europa y Estados Unidos.
Esta acertada apreciación tiene vigencia hoy ante un panorama
más complejo. En la plástica, por globalización podríamos entender
la propagación de ideas y lenguajes cosmopolitas impuestos de nuevo
con un sello etnocentrista. La globalización es de todas maneras
excluyente, aunque unificadora; pero cabe preguntarse: ¿Quiénes son
los unificadores y quiénes los unificados? Hoy invocamos el derecho
a la diferencia para formular símbolos que construyan diálogos
igualitarios en los que la autonomía de los imaginarios garantice
su respeto y no simplemente se regule su adaptación a las leyes del
mercado. Martín Barbero, a propósito de estos problemas, argumenta:
"[...] Enfrentar hoy el etnocentrismo civilizatorio que propaga una
globalización enferma, porque en lugar de unir lo que busca es
unificar, una universalidad descentrada y plural, capaz de impulsar
un movimiento emancipador [...]
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3
En este escenario en donde priman las tensiones entre fuerzas
antagónicas y en donde las identidades están sometidas a continuos
desplazamientos, aparece un sentimiento de incertidumbre que se
manifiesta en la condición del artista contemporáneo. Hoy se podría
decir: "soy de aquí y soy de allá, no soy del centro ni de la
periferia, no soy cosmopolita, no soy exótico". Aquí desaparece el
antagonismo entre opuestos, en donde los polos no se contra dicen
sino que se cruzan en oscilaciones imprevistas para crear un
terreno intermedio. Un lugar sin límites en que cada creador
construye sus propias coordenadas de acción. Es allí en esta área
incierta en donde podríamos localizar hoy la idea de región. Esta
se amplía, se refiere a la producción de sentido estético alguna
vez fijo en territorios y geografías específicas, pero que dada su
propia dinámica, se desplaza e interactúa para generar mutaciones
insospechadas.
Así, la idea de región rebasa su entorno estrictamente
geográfico. Regiones que pueden ser físicas, pero también mentales
y por qué no, virtuales; y ante todo, circunstanciales, producto de
desplazamientos, migraciones, destierros, etc. Es decir, se puede
pertenecer, en el caso del nativo, y no pertenecer, en el del
marginal. Estas condiciones convergen en puntos equidistantes en
lugares dispersos del fragmentado horizonte cultural contemporáneo.
Allí se puede recrear un lugar o una condición a través de un mundo
plástico posible y comunicable. No se trata de socavar las nociones
de arraigo y pertenencia; es más bien ampliar sus posibilidades de
redefinición, según argumentos establecidos por la propia
individualidad y biografía del artista y su relación con las
transformaciones que suceden a su alrededor.
En la actualidad es imposible pensar lo regional sin involucrar
la ciudad. Tampoco se puede contraponer de manera simplista lo que
conocemos como ciudad y campo, metrópoli y provincia. Estos
espacios son la continuación del uno en el otro y sus mutaciones
los afectan mutuamente. El traslado de culturas, memorias y
tradiciones diversas a la ciudad afectan el imaginario urbano, como
también las configuraciones cosmopolitas afectan aquéllas de la
provincia.
El barrio es el lugar en donde suceden estas transformaciones.
Lugar compuesto de muchos lugares, en donde ocurre toda suerte de
intercambios y nuevos comportamientos culturales. Es allí en donde
surge lo "popular urbano" constituido por residuo de tradiciones en
su hibridación perpetua con la cultura de los medios masivos. "El
laberinto de la soledad se ha convertido en el laberinto de la
ciudad, lugar de las culturas que se chocan, que se defienden y que
se inventan"
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4
Sobre la exposición
El mapa puede ser dibujado así como un vasto lugar de regiones
descentradas. Ante este panorama el artista crea su propio ámbito,
pugna por crear sentido en medio del fraccionamiento y la
dispersión. No se desconecta, sin embargo, de su entorno, lo mira
con escepticismo, se siente incómodo, lo reconstruye. Pone como
intermediaria su ética, es decir, su compromiso con la obra misma y
con sus referentes y encuentra allí la razón de ser de su trabajo.
En un país sin hitos comunes, los esfuerzos comunitarios pierden
definición y el individuo creador queda con la sensación de
inseguridad en el presente y de incertidumbre en el futuro.
En medio de la diversidad, un sistema de interrelaciones se
puede ir configurando con las obras aquí presentadas. Se señalan
afinidades, equivalencias, para construir así un tejido posible, no
para definir territorios estables, sino para señalar
convergencias.
La naturaleza está siempre allí. Nos plantea y le planteamos
preguntas. El paisaje aún se impone, ya no exaltado con ojos
incrédulos sino interrogantes. En la obra de Carlos Alfonso
Restrepo (Barranquilla, 1950), aparece un lugar sagrado: la Sierra
Nevada de Santa Marta. Lugar patrimonial de nuestra geografía,
cuya sacralidad es puesta en cuestión por el artista mediante la
configuración múltiple de su imagen (dos cajas ovaladas de latón) y
su manufactura con un material industrial. Aquí emergen lecturas
implícitas en la relación motivo-material, con lo cual Restrepo
parodia la mira da contemplativa de un lugar y evidencia su
fragilidad y vulnerabilidad. Allí no hay ninguna carga sentimental.
El paisaje es un objeto que se basta a si mismo La obra es el
resultado de un continuo proceso de activismo ecológico del artista
en su región.
Si Restrepo se refiere a un lugar geográfico específico, los
paisajes de Gerson Corzo (Enciso, Santander, 1973), evocan
territorios abiertos que se definen por su aspecto físico, su
densidad densidad de materiales y cromática. De nuevo, prevalece
aquí una mirada cargada más por la duda que por la emoción
contemplativa. La compleja topografía de sus cuadros no representa;
presenta un hecho pictórico pleno en el que el carácter erosivo del
paisaje sucede en la propia dinámica pictórica.
Hoy, así como es insalvable nombrar el paisaje sin referirse a
la ecología, es también imposible evadir su relación con el cuerpo.
Relación que se aleja de la representación figura-paisaje y se
proyecta a través de la acción del cuerpo sobre el espacio
plástico. Así podríamos abordar la obra de Marisol Rendón (
Manizales, 1975). Ya sea al elaborar objetos con cabello humano
dispuestos a manera de instalación o al configurar un paisaje
compuesto de pequeñas montañas de cabello que se suceden
infinitamente. El cuerpo es aquí protagonista, se extiende en el
paisaje para incorporarse activamente a nuestra experiencia.
Las obras de afinidad paisajista hasta ahora mencionadas
contienen en mayor o menor grado elementos narrativos dibujos de
Óscar Danilo Vargas (Pitalito, Huila, 1966), esta carga alusiva ha
sido reducida para dar protagonismo al espacio. Vargas toma
elementos cotidianos como sillas o mesas, piezas que se mueven
libremente para trastocar nuestro espacio habitable en un libre
juego rítmico ingrávido e inestable. El mismo lo dice claramente:
"Calcular distancias, recorrer lugares, deambular por los archivos
de la memoria, permitir a los sentidos orientarse [...], la
habitación, la cama, una silla, son el recorrido de lugares
próximos en donde cada individuo habita, se desplaza, se apropia,
en donde espacio y objetos se articulan o desarticulan [...]"
Desde el espacio amplio, siempre delante de nosotros, advertimos
la mirada contraria: la introvertida, la del mundo individual del
artista. Su subjetividad condicionada por los vestigios culturales
que se sedimentan en la memoria y por aquella del sujeto señalada
por el psicoanálisis. Insalvable combinación que germina en
condiciones de aislamiento, del artista en vigilia. Por allí
circula la obra de Jorge Gustavo Valencia (Armenia, 1969), quien
conjuga aspectos autorreferenciales cargados de erotismo que
devienen en hechos estéticos expiatorios. Actos privados vueltos
públicos mediante una estrategia fetichista de encerramiento de
fragmentos del cuerpo en pequeñas cajas herméticas.
El sujeto íntimo manifiesto en espacios esta vez amplios, pero
igualmente claustrofóbicos, está presente en la obra de Darío
Ramírez ( Tunja 1965). Sutil poética visual construida en un
espacio pictórico sensibilizado con delicadas capas de color en el
que conviven alusiones ecológicas con proyecciones del cuerpo en
relación íntima con los elementos. Naturaleza sublimada y a la vez
en peligro, en la que se evoca el mito y ante la ausencia de la
palabra surge la pintura como acceso al mundo espiritual, posible
en la acción continua del cuerpo y la mente.
Este dualismo permanente (cuerpo y pensamiento), se pone de
manifiesto en los montajes fotográficos de Orlando Salgado (Bogotá
1962) En la privacidad del cuarto oscuro, Salgado sobrepone
vestigios de su propio cuerpo (ropas) sobre imágenes de
conocimiento público (estatuaria republicana). Aquí confluyen dos
cuerpos, uno público, el de los residuos de la memoria colectiva, y
uno privado, el suyo propio, para crear un conjunto de
connotaciones históricas. Maniobra que opera desde la intimidad del
individuo sobre las operaciones del olvido y la ahistoricidad del
presente.
La lucha por construir una obra plástica en cualquier lugar del
país puede ser solitaria, incomprendida, o simplemente ignorada.
Con un cierto acento periférico, pero consciente de su tiempo y
lugar, muchos artistas se deba ten entre pertenecer a directrices
de centro o a sus memorias regionales. Gabriel Castillo (Cùcuta,
1958), ha entablado un diálogo obstinado con la escultura
modernista, y actúa en sus fisuras, para tratar de redefinir sus
bordes. Sus obras son tridimensionales propiamente dichas. Castillo
realiza montajes en piedra y metal los cuales se levantan
verticalmente a manera de monolitos. El objeto escultórico se
sostiene con base en una lógica formal estricta que otorga su justo
valor al material y deja que lo estructural se exprese libremente.
La relación antagónica de un material natural y otro industrial,
alude a la disyuntiva permanente entre naturaleza y cultura.
Si Castillo establece un diálogo la escultura tradicional,
Fabiola Alarcón (Apia Risaralda, 1967) se refiere al objeto
tridimensional con otros presupuestos. Sujeta a referentes
específicos y utilizando una técnica artesanal (papel maché),
Alarcón propone una suerte de estatuaria liviana opuesta al peso,
gravedad y perennidad del bronce o piedra. Deja que el material
impreso del papel haga parte activa a manera de camuflaje en la
superficie del objeto y enfatice así el sentido irónico de la obra:
"Niños guerrilleros", realizados como imágenes religiosas cuya
presencia paródica otorga levedad a un tema dramático de nuestra
realidad.
El Taller Trilítico por Lucero Pérez (Pereira, 1961), y Jorge
Eduardo Cañas (Armenia, 1968), investiga acerca de las
posibilidades de la fotografía, más allá de su registro habitual.
Utiliza la imagen fotográfica como elemento modular para complejas
construcciones visuales mediante registro formas orgánicas o del
cuerpo a través de un tratamiento muy particular de la luz como
elemento esencialmente revelador. Así se refiere a mundos
ancestrales de simbologías cósmicas y arquetipias universales, aún
referenciales a nuestro acervo cultural primigenio. Obra puesta al
servicio de la imaginación visual que compromete ciertos aspectos
fundamentales de nuestra cultura sin caer en caprichos formales
insustanciales.
Renombrar memorias, reconstruir biografías e Historias es el
interés de Lenin Yath( Cienaga, Magdalena 1970), Béatrice Stouvenel
(Cali 1977), y Mariana Dicker (Bogotá 1974). Yath proyecta
reconstruir la imagen y memoria de un ídolo popular regional. Lo
que como un guión cinematográfico para rescatar la vida y la obra
del cantautor cienaguero Guillermo Buitrago se convirtió en una
obra plástica compleja. Esta incluye una investigación previa
(documentación fotográfica y bibliográfica), actividades
pedagógicas, impresión de afiches y la formulación plástica
propiamente dicha. A partir de un afiche con la imagen del músico
con un lacónico se busca, Yath convoca la participación del
público para la configuración de la imagen de aquel juglar costeño,
estrategia con la cual logra dar una dimensión plástica a la
biografía del personaje legendaerio.
Mariana Dicker por su parte da vida a un personaje a partir de
una experiencia concreta. La obra en sí es la documentación
fotográfica de un mes de trabajo que la artista realizó como
trabajadora en una panadería en Bogotá. Allí asume los papeles
normales de una empleada al otorgarle identidad y relieve como
empleada del mes. Dicker nos habla coherentemente de la
anonimicidad y marginalidad del trabajo y de la carencia de
representación e identidad de un gran sector de la población
laboral urbana. De similar forma Béatrice Stouvenel se empeña en
recrear un personaje con base en la convivencia con una persona
determinada. Stouvenel personifica a Marisol, una muchacha caleña
de la clase media baja, no sin antes haber investigado acerca de
las condiciones de vida, formas de vestir, caminar y los lugares
que frecuenta una muchacha con su condición social. El video sirve
de registro documental en Marisol, cinco días de abril, en el cual
Marisol señala su casa, los lugares públicos que ella frecuenta, la
calle, el supermercado, una discoteca. El valor de su trabajo
reside en la forma de cómo a través de la representación del cuerpo
femenino, demarca recorridos, connota lugares y espacios de la
ciudad en cuya banalidad cotidiana se disuelve la vida de muchas
mujeres y hombres de nuestras ciudades.
No hay duda que uno de los fenómenos contemporáneos más
interesantes son las transformaciones culturales que se están dando
en la ciudad. Entendida ésta como un gran espacio fraccionado y
segregado, en donde confluyen tradiciones y memorias diversas. El
grupo Sociedad Anónima compuesto por Sonia Castillo (Bogotá,
1963), Jaime Cerón (Bogota Andrés Gaitán (Bogotá, 1966), Berta
Ibáñez (Bogotá, 1967) Humberto Junca (Bogotá, 1968), Oscar Monroy
(Bogotá, 1967) y Juan Carlos Ricardo (Tolú, Sucre, 1967), artistas
cuya existencia bogotana los determina de manera decisiva. Con una
perspectiva urbana, indagan acerca del aislamiento, la
impersonalidad y anonimicidad del habitante común. El barrio surge
como lugar de encuentro de inmigrantes. Crisol en el que se forjan
identidades urbanas híbridas, actuantes pero aún no representadas.
Sagrada familia es una obra construida con base en fotografías que
simulan una reunión familiar, y cuyos integrantes anónimos son
dramáticamente captados desde un plano inferior y reflejados sobre
un cielo imparcial. La parodia de una reunión familiar es así
realizada. El rito de encuentro familiar convoca, pero a la vez
disgrega, nombra pero no identifica. Es un encuentro que sucede en
una región que se cancela a sí misma.
Este sentido de la ciudad como un lugar en donde sus señales de
identidad se transforman de manera vertiginosa o simplemente se
destruyen es el argumento con que Margarita Pineda (Medellin
1975), se compromete con el patrimonio arquitectónico de su ciudad,
Medellín. Mediante intervenciones puntuales en lugares de la ciudad
en la que un edificio de interés histórico ha sido destruido,
Pineda actúa para realizar verdaderos actos de duelo en los que
deja huella, registro taxonómico de algo condenado a desaparecer.
Así, su obra no es sólo testimonio de una devastación causada por
la fiebre constructora de nuestras ciudades; es una acto que crea
conciencia reflexiva ante la catástrofe.
También en Medellín, pero en un contexto diferente Andrés
Gonzalez (Medellín, 1974), compromete su pintura directamente con
lugares marginales de su ciudad. Su obra se sitúa en una rotación
que va desde la ejecución de pinturas de caballete, en las que se
interesa por espacios definidos por la arquitectura marginal con
sus presupuestos de espacio y color. Acto seguido, devuelve esas
mismas representaciones a sus lugares de origen a manera de murales
en sitios estratégicamente escogidos por el artista. Y finalmente,
registra fotográficamente dichos murales en sus contextos
específicos. Así, González crea un círculo de representación que va
desde lo pictórico convencional, la obra en su contexto (mural) y
la fotografía obra-registro. El ámbito más activo de este circuito
se encuentra en los murales de barrio. Allí se representa lo propio
valorado plásticamente. No es una imagen con un valor agregado
desde afuera sino la exaltación de espacio y color locales, que al
convertirse en obras permanentes connotan los lugares en que
residen, les confiere identidad propia y en el mejor de los casos
llegan a ser puntos de encuentro o de referencia para la actividad
social del barrio.
Raúl Cristancho Álvarez
Profesor Universidad Nacional
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1
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|Hacia un regionalismo critico, K. Franpton, The Anti
Aesthetic, ensayo de cultura posmoderna, 1983. En catálogo Imagen
regional I, Biblioteca Luis Angel Arango, Santafé de Bogotá, 1995.
Marina Waisman,
|El interior de la historia, en catálogo
Imagen regional II, Biblioteca Luis Angel Arango, Santafé de
Bogotá, 1997.
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2
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Marta Traba,
|La cultura de la resistencia, museo de Arte
Moderno de Bogotá. Ponencia presentada en Bonn, 1973.
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3
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"Modernidades y destiempos latinoamericanos".
Revista Nómadas, No. 8, Universidad Central de Bogotá,1998.
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4
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Carlos Monsivais citado por Carlos Rincón,
|La no
simultaneidad de lo simultaneo, Editorial Universidad Nacional,
Bogotá, 1995, pág.214.
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