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INDICE
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ENRIQUE GRAU
LAS MARIAMULATAS
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LA SERIE DE LAS MARIAMULATAS
POR
GERMÁN RUBIANO CABALLERO
Aunque las imágenes de los seres humanos predominan ampliamente,
como es natural, en la historia de las artes plásticas, la
representación de los animales más diversos ha sido muy frecuente
desde tiempos remotos y más exactamente desde las cuevas de Chauvet
(nombre de su descubridor en 1994) que, con sus treinta mil años,
son ahora las pinturas rupestres más antiguas. Al principio, fue
grande el predominio de los animales. A base de pigmentos minerales
y con propósitos mágicos, el hombre prehistórico representó
ciervos, caballos, toros, bisontes, rinocerontes, etcétera.
Vinieron luego las figuras de animales, a veces abstraídos y a
veces naturalistas, que representaban deidades; las alegorías
zoomórficas de la edad media; las bestias imaginarias como el
unicornio o el dragón, hasta cuando aparecieron las primeras
observaciones realistas de la edad moderna que pueden ubicarse en
el siglo XIV en torno a las obras de Pisanello, Gentile da Fabriano
y otros. A partir de entonces ha predominado una clara tradición de
objetividad en la que el interés por la representación naturalista
en los caballos de Leonardo, en la liebre de Durero, en los
elefantes y leones de Rembrandt no ha excluido la recreación
estilística y personal una cosa son los caballos de Tiziano y
otra los de Stubbs o Degas. Con la lenta y a veces no
tan lenta desaparición de los animales, el arte de los
últimos tres siglos se ha limitado a dar prioridad a aquellos que
han sobrevivido más cercanos al hombre: ¡vacas, caballos, gatos,
perros, aves y peces, principalmente muertos, en bodegones o
naturalezas muertas! y, por excepción, animales de otras clases. Si
el caballo ha sido el animal más trabajado por los artistas desde
el Renacimiento, a él le siguen los animales de compañía: gatos y
perros, únicos que siguen multiplicándose en los hacinamientos
urbanos, en lugar de desaparecer. Aunque no tan frecuentes en el
siglo XX, los últimos animales mencionados siguen viéndose en obras
de notables artistas contemporáneos. Por ejemplo, el bello gato
blanco que observa expectante hacia una ventana interior, instalado
en las piernas de su lánguido propietario que posa sentado en Mr.
and Mrs. Clark and PercyPercy es el nombre del gato,
(1970-71), acrílico de David Hockney o el perro que yace con una
figura humana, igualmente acostada en el intenso cuadro Doble
retrato, (1985-86), óleo de Lucian Freud. En uno y otro trabajo,
aunque son muy distintos en intenciones, resulta palpable lo que
afirmara John Berger: La costumbre de tener animales
independientemente de su utilidad es una innovación moderna y única
en la historia, si tenemos en cuenta la escala social que hoy ha
alcanzado este fenómeno. Forma parte de esa retirada unánime, si
bien totalmente personal, hacia la intimidad de la pequeña unidad
familiar decorada o amoblada con recuerdos del mundo exterior, que
es una de las características propias de las sociedades de consumo.
La pequeña unidad de vivienda familiar carece de espacio, tierra,
otros animales, estaciones climáticas, temperaturas naturales
etc... el animal de compañía está esterilizado o sexualmente
aislado y extremadamente limitado en sus ejercicios, privado del
contacto con casi todos los animales y alimentado con alimentos
artificiales".
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1.
Si se exceptúa el período precolombino, el tema de los animales
no ha sido abundante en el arte colombiano. Sin embargo, de los
caballos imponentes de Andrés de Santamaría en el enorme lienzo
titulado Los dragoneantes de la guardia inglesa o Los coraceros
(1892) a los simios, buitres y peces de Constanza Aguirre y a los
tapires, guacamayos, venados, etcétera, en tres dimensiones y
materiales variados de Nadín Ospina, artistas de los últimos años,
no han faltado en el país ejemplos destacados de obras en las que
aparecen diversos animales. Sin olvidar los Amarraperros tremendos
de Juan Antonio Roda, los gatos muy simpáticos de Hernando Tejada,
los caballos encabritados y de grandes falos de Augusto Rendón, las
vacas de colores insólitos de María Cristina Cortés y los perros
furiosos y los caballos al galope de Félix Ángel, entre otros, los
animales de Alejandro Obregón, Enrique Grau y Fernando Botero son
de los más abundantes e importantes en las producciones de artistas
colombianos. Si la variadísima fauna del primero relacionada con el
mar mojarras, barracudas, alcatraces, con las altas
montañas cóndores y con los signos del zodiaco de
los doce hay ocho con animales es esencialmente
expresionista, es decir, hace profundas recreaciones respecto de
los modelos y posee, además, una clara vocación simbólica, los
animales de Grau y de Botero son mucho más naturalistas aunque, por
supuesto, dentro de sus respectivos estilos que, a lo largo de los
años, han tenido varias modificaciones. Mientras Obregón
prácticamente solo trabajó la naturaleza además de animales
también pintó flores y paisajes y cuando hizo algunas figuras
humanas no fue tan afortunado, Grau y Botero han alternado de
manera constante las representaciones de los animales y de los
bodegones con las de los hombres. En muchos trabajos de Obregón,
los animales son los protagonistas exclusivos y en algunos de los
más sobresalientes, su figura avasalla por completo el espacio de
la pintura. Piénsese, por ejemplo, en la serie de los cóndores. Por
el contrario en las obras de Grau (excepto en sus recientes series
de las iguanas de Galápagos y de las mariamulatas de Cartagena) y
en las de Botero, los animales siempre acompañan a los hombres y la
aparición solitaria de aquellos resulta excepcional, como ocurre en
los casos de algunos gatos de Grau y en el del formidable French
Poodle de Botero del Museo de Antioquia. Cuando se piensa en la
pintura de Obregón, lo primero que se tiene en cuenta son la
naturaleza, la fauna y la flora. Con razón Marta Traba escribió que
Obregón es, básicamente, un
paisajista
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2.
Cuando se
recuerdan las obras de Grau y de Botero, en ellas siempre resultan
protagónicos los personajes-actores del primero y los
característicos gordos del segundo. Todo lo demás,
incluyendo los animales, forma parte de su entorno escenográfico y
de su ambiente doméstico y social.
Como artista de la fauna humana, Grau ha trabajado una gran
variedad de personajes, desde gente del pueblo hasta figuras
mitológicas y bíblicas, pasando por actrices de cine, héroes de la
independencia y modelos tomados de la historia del arte como La
Cayetana inspirada en La duquesa de Alba de Goya. No han faltado,
por supuesto, los retratos de allegados y amigos y de muchas
personas que han pagado por tener su efigie según el artista, quien
además ha realizado muchos autorretratos. Al lado de la figura
humana, Grau ha hecho paisajes (incluyendo algunos urbanos), una
buena cantidad de bodegones con los más variados objetos y muchos
animales, sobre todo en los últimos años. El artista dibujó dos
paticos en 1926 y a partir de entonces su producción se pobló
lentamente de animales hasta llegar al último decenio cuando los
personajes humanos han sido escasos por la consagración de Grau
primero a las iguanas y luego a las mariamulatas. Sin hacer un
inventario exhaustivo resulta fácil recordar que el artista ha
representado especialmente gatos, pájaros y mariposas. Si los
primeros sobresalen en la mayoría de los casos por su realismo, los
pájaros y las mariposas muchas veces hacen pensar en figuras
decorativas o artificiales y de hecho lo son en casos como el
del óleo de 1954 Bodegón mexicano, en el que los pájaros que vuelan
son artesanías colgadas de cuerdas o como el del óleo de 1981 La
alacena olvidada, en el que el pájaro del recuadro superior
izquierdo, apoyado en una base redondeada, es muy seguramente de
balso, como resulta obvio, o como el de la témpera de 1970 Muchacha
bordando mariposas, en la que las mariposas que vuelan en torno a
la muchacha no se diferencian de las que se ven en la tela
bordada. Si el gato negro del óleo de 1962 Elementos para un
desastre es un animal vivo a punto de saltar sobre el pájaro de
balso ya mencionado, muchas veces los pájaros y las mariposas que
revuelan en torno de ciertos personajes no se ven tan naturales
por ejemplo en el carboncillo y pastel de 1977 La melómana,
en el que una muchacha escucha arrobada un gramófono del que salen
pájaros o en la témpera de 1971 La caja de los recuerdos, en la que
hay mariposas, dos pájaros con el modelo de balso y algunos
insectos alrededor de un muchacho y su caja pletórica de diversos
materiales.
Es evidente que en obras como las mencionadas atrás Grau se
aproxima al realismo mágico. Cabe recordar en este sentido a
Mauricio Babilonia, el personaje de Cien años de soledad que
siempre aparece en la novela rodeado de mariposas amarillas. Otros
animales del artista relacionados con el mundo de la literatura son
la serpiente del paraíso de la terracota de 1947 Adán y Eva; el
águila de Zeus del carboncillo de 1962 El rapto de Ganímedes y el
pez que porta el arcángel Rafael en algunas de las versiones de
Tobías y el ángel Por otra parte, Grau se basó en algunas pinturas
de Rufino Tamayo para hacer el óleo de 1942 Perros salvajes y en
varias películas para realizar sus Godzilla y sus King Kong. Como
es obvio, en todos estos casos, la naturaleza los diversos
animales aparece entrevista a partir de la cultura.
Mención especial merece el diario de Grau El pequeño viaje del
Barón von Humboldt iniciado en 1973 y no concluido cuando se hizo
su primera publicación a fines de
1977
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3. Se trata de un trabajo en
el cual el artista reúne una narración ficticia y unos dibujos
extraordinarios por la calidad e imaginación para
recordar los textos y las ilustraciones dejados por los viajeros
europeos que, como Humboldt, recorrieron el continente americano a
fines del siglo XVIII y en la primera parte del XIX. Dejando libre
la fantasía aunque, al mismo tiempo, con derroche del espíritu de
la Ilustración y del interés científico en torno de todas las
manifestaciones de la naturaleza, Grau realizó una serie de
láminas, algunas con textos de su puño y letra, entre las que se
destacan las de los animales que son, sin duda alguna, de los
dibujos zoológicos más bellos que haya llevado a cabo el artista.
Entre esos dibujos están: Cangrejos partenogenésicos (junio 1°,
1973), Langostas autodestructivas al llegar a edad adulta (mayo 30,
1973), El antiguo viejo sapo del Alto Amazonas (1974), Todas las
serpientes son carnívoras (agosto 24, 1974) y Pájaros carniceros
entre Chile y la Argentina (noviembre, 1974). De los dibujos
mencionados hay que destacar el sapo del Amazonas visto de frente
y muy cerca con ojos grandes y relucientes y la serpiente en cuyo
texto acompañante se lee: Consejo para viajeros en la zona
tórrida: tener siempre a la mano algunos insectos. Por ser de gran
interés científico y práctico el estudio de las serpientes en los
trópicos. En este dibujo se aprecian entonces no solo una
pequeña serpiente sino también buen número de diversos insectos
cuidadosamente detallados. La imaginación, en ocasiones desbordada
y la observación atenta y rigurosa que se destacan en El pequeño
viaje del Barón von Humboldt también permean las obras del decenio
actual consagradas a las iguanas y a las mariamulatas. Sin embargo,
si en el diario hay equilibrio entre la fantasía y el empirismo, en
las series de los noventa la fantasía predomina en la aves
cartageneras mientras el cuidado científico resulta evidente en los
llamativos reptiles lacertilios del archipiélago ecuatoriano de
Galápagos.
Entre 1990 y 1994, Grau llevó a cabo la serie denominada
Galápagos que circula actualmente por varios países de América
Latina. Realizada en papeles de gran formato, la serie está
constituida por veinte dibujos trabajados con carboncillo y pastel.
A partir de sus propias fotografías, el artista presenta en su
hábitat antiquísimo y tropical, numerosas iguanas, vistas
individualmente y algunas muy de cerca o vistas en grupos no muy
numerosos. La confrontación con estos animales es formidable no
solo por su tamaño sino por su apariencia muchas veces agresiva.
Sumergidas en el agua, reposando en la playa al lado de arbustos
sin hojas, subiendo a cactus de troncos gruesos o en actitud
expectante mirando el horizonte, las iguanas parecen inalterables y
completamente absortas en un estar intemporal, ajeno a la presencia
del hombre. Son particularmente llamativas aquellas cuya parte
superior está en primer plano mientras al fondo se ve la lontananza
y aquellas cuya parte de arriba es la única que se destaca por
encima del perfil de los acantilados. Otras iguanas parecen
camuflarse en medio de los peñascos. En estos casos la atención se
concentra en el escenario de enormes piedras que recuerdan a
Nicolás de Cusa, quien en el siglo XV afirmaba que la tierra es un
animal grande y las rocas son sus huesos. Fundamentalmente
realistas, con un tratamiento cuidadoso de cada una de sus partes y
en especial de sus pieles, las iguanas de Grau muestran unas patas
delanteras muy extrañas porque son muy grandes y parecen manos
humanas. Esto es especialmente visible en la iguana que está
sumergida y también en la que emerge del mar aunque sus patas están
todavía en el agua. En esta serie Grau confirma, una vez más, su
excelente calidad de dibujante, su habilidad para copiar fácilmente
las formas de la naturaleza con líneas siempre seguras y su
capacidad para inventar toda clase de tramas y pequeños trazados.
Según el artista, su interés por las iguanas nació en su casa de
Manga en Cartagena cuando aún estaba muy niño. Sin duda Grau
confiesa con sinceridad lo siguiente: Siempre le he tenido un
particular afecto a las iguanas. Quizás tenga memoria ancestral de
ellas; se puede decir que son mi animal totémico
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4.
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Enrique Grau, 1995. (Foto Paneros)
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Grau es un experto en mariamulatas. Su información no se limita,
como la de todos los cartageneros a haberlas visto desde siempre en
diferentes sitios de la Ciudad Heroica, sino que, estando realmente
interesado en ellas, ha conseguido la literatura científica
correspondiente a estos grajos del continente americano que
pertenecen a la familia Icteridae. El artista aprendió así que los
grajos igualmente de la familia córvidos son negros y
que los machos tienen un resplandor tornasolado y colas largas,
mientras las hembras son más pequeñas, con poco o nada de tornasol
y tienen colas más cortas. Que los grajos tienen una dieta bastante
variada, comen insectos, peces, cangrejos, lagartijos, frutas,
cereales, desperdicios de las comidas humanas y hasta huevos y
crías de otras aves. Que la anidación es en colonias numerosas
el grajo del Caribe por ejemplo, anida en colonias de hasta
cien parejas. Y que aunque los grajos no son todavía aves
canoras, se hallan en trance de serlo y producen tres tonos: un
castañeteo, un silbido y tres notas sueltas. Con los conocimientos
mencionados y otros cuantos que recuerdan que desde la Historia
natural general y particular del Conde de Buffon en el siglo XVIII,
los animales han sido estudiados de acuerdo con su reparto
geográfico y sus costumbres, Grau ha trabajado en los tres últimos
años un conjunto de mariamulatas nombre exclusivo de estos
grajos en Cartagena porque en el resto de la costa colombiana y en
todo el Caribe reciben otras denominaciones. En ese conjunto
es evidente, ante todo, la fascinación del autor por estas aves.
Empero, como ya se dijo, en esta serie la imaginación se impone a
la larga al rendido naturalista científico de estos animales. A
diferencia de la serie Galápagos ejecutada en dibujos de un mismo
formato, la serie de Maria mulatas ha sido trabajada en pinturas al
óleo, dibujos al carboncillo y al pastel, serigrafías, esculturas
en bronce y una construcción; además, todas estas obras son de
tamaños muy diversos.
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Enrique Grau, 1995. (Foto Paneros)
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Repasando la mayoría de ellas y siguiendo una secuencia
cronológica hay que comenzar por los óleos: La gran mariamulata
presenta al grajo dominando por completo la composición; en primer
plano, su figura es enorme respecto de la numerosa gente que está
en la playa entre la cual aparece el mismo artista y
que se ve diminuta al borde de la línea del horizonte muy baja. El
cielo agrisado que le sirve entonces de fondo realza el negro
azulado del plumaje; sin duda es un macho que camina imponente con
sus patas muy separadas. Mujer atacada por mariamulatas muestra una
escena poco común aunque estas aves, generalmente pacíficas, pueden
atacar cuando sus nidos son asaltados. Aquí la figura femenina
domina el óleo: en el centro de la tela con sus manos enormes se
cubre el rostro mientras siete mariamulatas la asedian. En la playa
que es sólo una pequeña banda horizontal, un hombrecito levanta los
brazos. Mariamulata bajo la lluvia vuelve a mostrar a una de estas
aves caminando en la playa mientras cae ahora un fuerte aguacero;
todo en una tela pequeña en la que se destacan los grises, los
negros y los blancos. Mariamulata o la oración de la tarde destaca
al ave estática en un primer plano; en la playa de horizonte bajo
se distingue una figura femenina y en el mar un velero. Fútbol
presenta dos mariamulatas en primer plano, mientras en la playa un
grupo de muchachos juega con un balón. Susto en la playa toma su
título de una madre y su hija aterradas; aquí las aves son cinco.
En este óleo la línea del horizonte se ve en el centro de la
composición. Gato ladrón No. 1 destaca a este animal caro a los
afectos de Grau y muchas veces tratado por el artista. Furioso se
ve el gato enfrentando a dos mariamulatas igualmente agresivas. El
escenario está ahora cubierto de vegetación. Gato ladrón No. 2
muestra a un gato blanco que mira a cuatro mariamulatas volando. En
un rincón del entorno vegetal se distingue un huevo roto;
entendemos lo que ha sucedido. Mariamulata en la tempestad No. 2
presenta de nuevo a esta ave, enorme y en primer plano. En la
lontananza la ciudad de Cartagena. A la izquierda, una descripción
eminentemente gráfica de la tempestad. Atardecer tiene tres
mariamulatas con sus respectivas sombras en la playa. En este
cuadro los colores son inusitados: el cielo es amarillo y el mar es
morado. Licencias pictóricas que, si se recuerdan ciertos
atardeceres, no son tan estrafalarias. Mariamulata sobre cielo
violeta exhibe al grajo volando sobre un firmamento hecho de copos
nubosos pintados de blanco, azul y violeta. Sueño en la playa es
uno de los lienzos más grandes en tamaño y al mismo tiempo más
inventivos de la exposición. Sobre un muchacho, que recuerda las
figuras del artista en los años sesenta, se ven dos mariamulatas
enormes que vuelan como aviones. De repente puede pensarse en las
águilas y, a renglón seguido, en la leyenda de Ganímedes. Al fondo
una muy bien trabajada grisalla con la que describe una escollera,
una embarcación y cuatro figuras humanas. Reflejos después de la
lluvia presenta a la mariamulata y su sombra en medio de la playa.
El lienzo tiene un tratamiento muy espontáneo, a base de manchas
blancas, azules y grises. Y Juegos en la playa, óleo en el que la
protagonista es una muchacha sentada comiendo patilla; figura
basada muy seguramente en un personaje del mismo artista: Niño con
sandía (1954). La muchacha de ahora está rodeada por cinco
mariamulatas. En la playa pulula la gente y no falta el futbolista
y menos el camarógrafo. Es un cuadro alegre, pleno de vida. Las
pinturas arriba enumeradas datan de 1993 a 1995.
La mayoría de los dibujos de Mariamulatas carecen de título.
Como ya se dijo se trata de dibujos al carboncillo y al pastel que
representan: un gato atacado por tres mariamulatas sobre un fondo
neutro; una mariamulata volando sobre una simple línea para el
horizonte bajo; una mariamulata mirando al cielo; cinco
mariamulatas con círculo rojo en el fondo; cuatro mariamulatas, dos
en primer plano cortadas o parcialmente fuera del campo visual;
cinco mariamulatas en la playa y al fondo un extraño mar en ondas;
una mariamulata sobre cielo misterioso y cinco mariamulatas en la
playa en la que se observa una silla roja. Todos estos dibujos
datan de 1994.
Finalmente, formando parte de la serie de Mariamulatas hay seis
esculturas en bronce: dos trabajadas inicialmente en cartón y
cuatro modeladas primero en plastilina y yeso. Sus títulos son:
Mariamulata caminando, Mariamulata mirando arriba, Mariamulata
hembra, Mariamulata macho, Mariamulata en éxtasis y Gran
mariamulata, que está cantando y tiene las alas y la cola abiertas.
Como acostumbra Grau se trata de esculturas elaboradas con
meticulosidad y cuidadosamente controladas en el proceso de
fundición. Todos los bronces son de 1995.
En su producción de Mariamulatas Grau demuestra una gran
versatilidad. Aunque su estilo es inconfundible, la serie presenta
diversas composiciones, colores muy variados y tratamientos
distintos; sin embargo, predominan en las pinturas y dibujos los
que tienen una factura espontánea y un terminado correcto pero no
perfeccionista. Consagrado en los últimos años a los animales,
aunque no deja de trabajar otros temas en la actualidad, por
ejemplo, ha realizado algunos bodegones y algunas
novias-muñecas el artista cartagenero no deja de sorprender
por sus cambiantes intereses y, confirmando su admiración por todo
lo creado, expresa no solo su anhelo de conservación sino su afán
de conocimientos y su respeto muy sincero por todo lo viviente.
GRC
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1.
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Berger, John. Mirar, Hernan
Blume, Madrid, 1987
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2.
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Traba, Marta. Historia abierta
del arte colombiano, Museo La Tertulia, Cali, 1974.
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3.
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Grau, Enrique. El pequeño viaje
del Barón von Humboldt, Litografía Arco, Bogotá, 1977
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4.
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Grau, Enrique. Enrique Grau.
Galápagos. Serie Iguanas, Art Museum of the Americas, Washington,
1994.
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