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INDICE
PRESENTACIÓN
ROLF ABDERHALDEN
JORGE JULIÁN ARISTIZÁBAL
MARTA CALDERÓN
MARÍA FERNANDA CARDOSO
MARÍA CRISTINA CORTÉS
FERNANDO DÁVILA
RODRIGO FACUNDO
ANDRÉS FISCHER
NANCY FRIEDEMANN
LUIS HERNANDO GIRALDO
JOSÉ ANTONIO
GRUPO UTOPÍA
VÍCTOR LAIGNELET
LUIS LUNA
GLORIA MERINO
OSCAR MUÑOS
BELTRÁN OBREGÓN
JORGE ORTIZ
NADÍN OSPINA
MARÍA DEL PILAR OTÁLORA
JOSÉ ALEJANDRO RESTREPO
LUIS FERNANDO RODRÍGEZ
LUIS FERNANDO ROLDÁN
JOSÉ ANTONIO SUÁREZ
SANTIAGO URIBE HOLGUÍN
PABLO VAN WONG
GUSTAVO VEJARANO
Biografías
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Generación Intermedia
VÍCTOR LAIGNELET
(BARRANQUILLA, COLOMBIA 1955) VIVE Y TRABAJA EN SANTAFÉ DE
BOGOTÁ, COLOMBIA
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|TIERRA NEGRA
1998
Técnica mixta sobre lamina de metal y objeto
Instalación
Dimensiones variables
Colección del artista
FOTO ROBERTO ORTIZ
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TIERRA NEGRA O VISITAR EL INTERIOR
DE LA MINA
Las diversas actividades de minería en la cenicienta zona minera
al norte de Cundinamarca, conocida como "Tierra
negra" por sus grandes yacimientos de carbón, terminaron
por aportar cuerpo y nombre a la obra. El carbón, materia prima
combustible, es sometido a la calcinación para extraerle el humo y
hacerlo útil en hornos destinados a transmutaciones metálicas. Esto
es lo que sucede con el cinabrio rojo, del cual se obtiene el
mercurio y que da lugar a un segundo aspecto de la obra: la
torrefacción y posterior iluminación del mercurio.
Si asociamos la obra
|Tierra negra a una poética minera, se
nos imponen imágenes de un claustrofóbico descenso al interior de
una tierra oscura; descenso que -analogizado a otro tipo de tierra,
la tierra adámica- evoca entonces un descenso al interior de uno
mismo, peligrosamente cercano al sulfuroso magma hirviente de
nuestras funciones psicológicas mas radicales y ocultas. Por lo
tanto, el descenso es también un enterramiento, un aislamiento con
el exterior, un ver -cara a cara- a la serpenteante Medusa de
nuestras pulsiones, al núcleo de nuestros conflictos egóicos. Es,
en definitiva, la calcinación de nuestra personalidad.
Es necesario descender al interior de la tierra para extraer el
precioso combustible que alimentará los hornos de la torrefacción.
Este descenso a la oscuridad recuerda los atributos de cierto
compuesto químico conocido como el "vitrol". Su
naturaleza química es más de orden poético, que el resultado de un
compuesto de elementos naturales. El "vitrol" es
en realidad una sigla: "Visita el interior de la tierra y,
rectificando, encontrarás la piedra oculta" (
|Visita
inferiora terrae, rectificando inveniies occutum lapidem.) Es
necesario descubrir de qué tierra se trata, para poder comprender
tanto la naturaleza de la mina como la materia prima que, una vez
rectificada o corregida por un proceso de calcinación, servirá de
combustible para transformar el cinabrio rojo -deseo- en mercurio
-conciencia-.
La poética
|light y elemental de Walt Disney, por ligera que
sea, puede traernos algo de luz, a condición de mirarla
desprejuiciadamente. Su metáfora es también minera: Blanca Nieves,
a todas luces una representación del alma humana o lo que hoy
llamamos psiquis, después de morder la manzana, se pierde en esa
otra tierra profunda que es el bosque, hasta su encuentro con los
misteriosos 7 enanitos que son mineros buscadores de diamantes. No
diremos qué es lo que personifican, para no menospreciar las
propias capacidades de minería simbólica del lector.
Químicamente, el diamante es igual al carbón pero, en su estado más
puro, su orden molecular y pulimento lo hacen perfectamente
transparente a la luz. Los científicos acaban de descubrir en el
polvo interestelar una forma de carbono -el C60- que bautizaron con
el nombre de
|Buckminsterfullreno, la cual, según ellos, es
la molécula más hermosa del mundo: una construcción esférica
perfecta a base de hexágonos y pentágonos.
Siete, como los enanitos, son las oscuras piedras que cada uno de
ellos descubre en la mina y que -gracias a los procesos de
calcinación- servirán para la extracción del mercurio. La acción
del calor eleva la temperatura, con lo cual el cinabrio se
transforma en mercurio, que a su vez es elevado serpenteantemente
al interior de la torrefacción, secreto disfraz de una escala
escondida, hasta alcanzar la máxima altura. Allí el calor se
transforma en luz y el mercurio adquiere entonces el atributo alado
de la antigua divinidad latina: el carbono terrestre adquiere la
perfección del carbono celeste.
Las alas son el atributo que adorna las sienes celestes y los pies
terrestres de todos aquellos que entran al interior de su propia
tierra para rectificarse y, de esta manera, al calcinar su
personalidad, alcanzar un comercio provechoso con el cielo, gracias
a una piedra que -antes oscura como el carbón, pero ahora
perfeccionada y pulida como los 7 enanitos- adquiere las cualidades
de luminiscente transparencia de un diamante que reflejará la luz
del cielo aquí… en esta tierra adámica.
VÍCTOR LAIGNELET
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