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LA HISTORIA DEL ARTE SIRVE, ADEMÁS, PARA ARMAR NUEVAS
HISTORIAS
Son múltiples los artistas contemporáneos cuyo trabajo se nutre
a partir de la historia del arte, y esto no ha sido una excepción
en el caso de los artistas latinoamericanos. Acudir a la historia
del arte no significa imitarla, sino la posibilidad de reflexionar
en torno a ella, buscándole nuevos sentidos.
Alberto Gironella (México 1920), fue uno de los impulsores del
cambio en la plástica mexicana de los años 50. Interesado tanta en
el dadaísmo como en el surrealismo, se convirtió además en uno de
los precursores del conceptualismo, del arte-objeto. Con ironía
utiliza al mismo tiempo recursos del dadaísmo y el rol del pintor
como reproductor de la realidad.
Su interés por la obra de Velázquez no es ajeno a concebir la
pintura como espejo que refleja, de la misma forma que lo hacemos
cuando nos imaginamos un hecho real. La mirada a Velázquez y a
otros artistas españoles como Goya, plantea una perspectiva de
análisis histórico que pone el énfasis en el encuentro de -dos
sensibilidades fuertes, pero en primera instancia opuestas, como
son la mexicana y la española. Regresar a España es retomar su
semilla, un mundo memorioso en el que se trata de recordar otras
formas y su peso en la configuración de los recuerdos, de los
modelos culturales.
Con certeza sostiene Rufino Tamayo al referirse a la pintura de
Gironella:
|Arte que siendo universal, hunde sin embargo su
raigambre en lo mexicano, solamente que en forma diferente,
supuesto que no está nutrida de las fuentes indias, de las que
muchos de nosotros hemos bebido y que tanto nos enorgullecen, sino
que se alimenta de lo hispano, que es la otra mitad perfectamente
válida también de nuestro ser nacional, y la que como prueba de su
reciedumbre, nos dejó ene el pasado la magnificencia de sus
catedrales, las que hasta hoy siguen siendo igualmente orgullo
nuestro
|
|
[41]
|.
Gironella no sólo desmenuza las pinturas de Velázquez; también
se acerca a la historia de esa época, a su trasfondo, a la vigencia
del fanatismo, con una mirada que no se queda en el pasado sino que
lo trae a su época, al presente. De allí tal vez, la admiración y
cercanía que siente por la obra del cineasta español Luis Buñuel, y
en sus pinturas tampoco pretende contar historias, sino descargar
imágenes en el espectador para que éste las reciba y reinterprete.
En sus altares barrocos -como la "Reina Mariana"
(1962)- o en pinturas y dibujos -como "El obrador de
Francisco Lezcano" (1965) o "Camera
oscura" (1968)-, hay sátira e ironía. El artista hace una
revisión crítica de la cultura establecida para ayudar a comprender
en verdad cuáles el modelo cultural que en realidad existe.
A Fernando Botero (Antioquia 1932) no sólo le interesa la
historia del arte para utilizarla como recurso temático, sino que
además ha sido un continuador de la mejor tradición de la pintura
figurativa. Desde sus inicios su figuración se ha preocupado por
reinventar la imagen a partir de la representación tradicional, que
hunde sus raíces tanto en la historia del arte occidental como en
el arte popular. En efecto, su reinvención de la realidad viene de
la influencia decisiva de Paolo Uccello, Piero Della Francesca,
Velázquez; Tamayo, y de formas extraídas de los diseños de la
iconografía colonial de la Nueva Granada, la cerámica precolombina
o el arte lítico de San Agustín.
De allí que, a pesar de esos nutrientes aparentemente tan
disímiles, Botero reconstruya un mundo de historias tan
colombianas. Sus militares, santos y vírgenes, conviven sin
conflicto con sus variaciones de Velásquez, Durero, Rubens o
Veermer. La historia del arte le permite crear una forma propia de
representar, que no obedece ni a las leyes de la representación
mimética ni a las proporciones clásicas, ni a las formas
características de la nueva figuración. Para Botero temas y formas
de la historia del arte son recursos básicos para indagar problemas
estéticos. Pero también con su humor, su quietud y su violencia
reconstruye personajes y sucesos de la historia nacional,
separándose de la carga tradicional de indigenismo, costumbrismo y
exotismo. Como bien lo sintetiza Marta Traba:
|El gran recorrido
de la pintura de Botero, que comienza en Mantua con los Gonzaga y
termina en Nueva York con la Familia Presidencial nunca ha salido,
en el fondo de Colombia. La ha expresado siempre a través de
posiciones radicales: deformación, tremendismo íntimo.
incongruencia, apoteosis, inutilidad de la acción, parálisis, humor
grave, grotesco brutal: sigue siendo la Summa
colombiana
|
|
[42]
|.
Beatriz González (Bucaramanga 1938) se dedicó desde sus primeras
obras a trabajar con intensidad la historia del arte, o tal vez
mejor desde la historia del arte. Su ojo indagador, su interés por
investigar, la llevaron a preguntarse acerca de la iconografia con
que representamos nuestra cultura. Partiendo de un criterio
investigativo, que supone no simplemente recopilar datos sino
descubrir, revisó desde los registros de periódicos hasta las
imágenes que representan la historia. De allí que sus cuadros se
pueblen de figuras conocidas que despiertan nuestra memoria,
llevándonos a realizar asociaciones que tienen que ver con un
extenso imaginario con el que -conscientemente o no- hemos
convivido. Y de allí surgen, desde la anónima figura extraída de un
periódico, hasta la irónica representación de nuestros héroes
patrios. Su aproximación a la historia no supone perder el color
local, por el contrario se trata de reafirmarlo. Se crea a partir
de analizar y comentar imágenes arraigadas en la cultura popular y
que sirven para interpretar las particularidades del mundo donde se
originaron. Su intención de pensar ciertos parámetros del gusto, su
capacidad de usar soportes tan disimiles y al tiempo connotados
como su cama para "Mutis por el foro" (1972), le
permiten adaptar el soporte al tema. Desde sus trabajos de los
tempranos 80 se ha ido interesando cada vez más en la realidad
nacional y el tono jocoso en su mirada a la historia local, va
dando paso a una actitud más critica, que ironiza acerca de los
estereotipos -sean de militares, políticos o clérigos- haciendo
énfasis en situaciones cotidianas que se mueven en el ambiguo
espacio de la tragicomedia. En obras como "Los
papagayos" (1987) y en sus trabajos más recientes,
B.González mezcla historias diversas, desplazándolas en tiempo y
espacio, condensándolas en una invitación a mirarlas desde otras
perspectivas, insistiendo en lo que ha sido una línea constante en
su trabajo: crear nuevas relaciones simbólicas que, lejos de
describir visualmente la historia, lo que hacen es
problematizarla
En una entrevista que se realizó en 1990, la artista clarifica
su relación ron la historia como investigadora y como pintora:
|Si, hay algo que yo quiero aclararte respecto a la historia. Yo
tengo muchos gustos, muchas pasiones, la historia del arte, el cine
la fotografía. muchas cosas que lo conforman a uno, entonces por
ese lado hay esa cantidad de acervo, esa cantidad de cosas que uno
tiene guardadas. Lo que surgió en una época fue el gusto por el
siglo XIX cl gusto por la investigación de la historia por la
lectura (le libros de historia. Pero eso es distinto de lo que yo
trabajo en pintura. A mí lo que me interesa en pintura, y lo que
manifesté algún día, que sentía nostalgia porque se habían acabado
los pintores de historia, yo me refería a los pintores de historia
guardando las distancias- como Goya que trabajaba la historia
contemporánea, que no estaba mirando el pasado como lo hizo David,
ni como lo hicieron los pintores de género histórico que hacían los
cuadros de la independencia que había sucedido antes y retomaban
los elementos. A mí ..., más que el pintor de género histórico, me
interesa es la actualidad que tiene la historia en los
pintores
|
|
[43]
|.
REPENSAR MITOS
Cuando analizamos el desarrollo de la plástica latinoamericana
en la década del 80, encontramos un grupo de artistas que
cuestionan sistemáticamente el criterio eurocéntrico con el que se
ha hecho la historia del arte, y proclaman su firme convencimiento
de volver a pensarla bajo una nueva óptica, buscando que las
particularidades culturales de cada contexto permitan una
aproximación menos centrada en teorías, las que pretenden -a partir
de mirar exclusivamente los fenómenos europeos- adjudicarles una
universalidad que no poseen.
El análisis se problematiza puesto que no puede perderse de
vista que hay en nuestras culturas dos formas de pensamiento que
coexisten: una heredada del mundo mágico y del mito y otra que es
el resultado de la influencia del pensamiento moderno. La dualidad
que posibilita el diálogo entre los mitos existentes y el
pensamiento de origen europeo, le permite al arte latinoamericano
que la realidad no se divorcie de lo maravilloso. De allí la tan
frecuente apropiación interiorizada de sus mitos, de sus prácticas
religiosas sincréticas, de sus costumbres y formas de pensamiento.
Situación que le ha permitido a los artistas desarrollar propuestas
cuya originalidad no proviene de lo que toman de los modelos
europeos, sino de la no occidentalidad de los recursos
utilizados.
Tomemos a título de ejemplo dos antecedentes a lo que acontece
en los años 80, a partir de la postura asumida por algunos artistas
cubanos y mexicanos.
Sin desconocer el carácter occidental de su cultura, los cubanos
reivindican el hecho de que buena parte de su especificidad
cultural proviene de la presencia decisiva de elementos no
occidentales, básicamente de raíz africana. Raíces que para muchos
de ellos no son recuerdos del pasado, sino parte de su
cotidianidad.
No se trata de acercarse con actitud turística o folklórica a
esos referentes, sino de asumir que penetran aspectos sustanciales
de su cultura. Buscan sintetizar esos componentes occidentales y no
occidentales, haciendo consciente la hibridación cultural a la que
pertenecen.
A fines de la década del 20 y comienzos de la del 30, Alejo
Carpentier desde París, fue uno de los más decididos impulsores del
afrocubanismo. Parecería que su permanencia en Europa fue vital
para redescubrir y valorar la herencia africana de su cultura.
Desde "Lutecia"
|
[44]
son
múltiples las crónicas del escritor demostrando su admiración por
la cultura popular cubana, su música y su poesía permeadas de
influencia africana. En "Las nuevas ofensivas del
cubanismo" dirá:
|Después de haber ignorado a América
durante centenares de años, los galos comienzan a interesarse
poderosamente por las cosas de nuestro joven continente.
Villa-Lobos y sus partituras brasileñas, Larreta y sus novelas, los
niños mexicanos, Clemente Orozco y Carlos Mérida con sus
exposiciones, han enterado a Lutecia de las fuerzas vírgenes,
pletóricas de savia y color, que se canalizan en aquellas Indias
occidentales, que producen algo más que rastacueros argentinos y
niños con cabezas empomadadas. Hasta hace poco América sólo era
conocida en París por el tango y la Gomina ...Continuamente, en las
redacciones de revistas nuevas, se me dice: "Traduzca
cosas de Latinoamérica, revélenos sus valores, busque poesías
populares indias, guajiras y negras, dénos grabados, háblenos de
allá"
|
|
[45]
|.
Y poco después en su crónica "La Rue Fontaine: Calle
cubana" diría:
|Cuando pienso en los momentos amargos,
las luchas, los sarcasmos, los saludos retirados, que me valió,
hace ya ocho años, la firme voluntad de consagrar mis modestos
esfuerzos a la defensa y exaltación de los ritmos afrocubanos! ...
Hubo más que denuestos, más que críticas acerbas. Mi nombre ha
quedado grabado en un infame mamotreto musical, editado en La
Habana hace tiempo, como defensor de ritmos que "desdecían
de nuestra cultura". Se me tachó de anticubano, porque
cometía el error de llevar a extranjeros, de paso por nuestra Isla,
a escuchar los sones de la playa y las orquestas populares de
ciertos bailes de Regla... Hoy, ante el espectáculo del triunfo de
la música afrocubana en el extranjero, todo el mundo se jacta de
haber comprendido a tiempo. Los compositores más adversos a esos
ritmos, tratan de adaptarse a ellos, para poder rumiar también los
laureles de la victoria. Pero el sentido afrocubano es virtud
innata. No se adquiere como una corbata nueva. Para escribir La
rebamba-ramba o Bembé, hay que llamarse Roldán o Caturla... para
completar ese maravilloso libro que se titula Sóngoro cosongo
-donde se encuentran algunos de los poemas más logrados que se
hayan escrito en Cuba- hay que llamarse Nicolás
Guillén
|
|
[46]
|.
Y precisamente en Nicolás Guillén tendría el afrocubanismo a
otro de sus fundadores. A comienzos de la década del 30, destacaba
en sus poemas el mestizaje español y africano y el sincretismo
religioso de Santa Bárbara y Changó.
Y si en la música y en la literatura se revitalizaba ese
afrocubanismo, en las artes plásticas el nombre de Wifredo Lam
(1902-1982) resulta imprescindible
|
[47]
. Sin
dejar de reconocer la formación europea, la influencia tanto
picassiana como del surrealismo, la obra de Lam se apropia de una
tradición africana que le era familiar, que formaba parte de la
cultura cubana, de una pluralidad que estaba en su propio
pasado.
Recordemos que Lam era hijo de un inmigrante chino y de una
mulata. Criado en Sagua La Grande, su madrina fue una sacerdotisa
vinculada al culto de Changó y, pese a que Lam no practicó la
santería, esas influencias debieron pesar en su formación inicial.
Ese reencuentro con los orígenes se hace más notorio cuando en los
años 40 regresa a La Habana. Como bien dice G. Mosquera:
|En la
isla el pintor redescubre su universo cultural en cuanto universo
artístico personal. Es el regreso en el momento oportuno, cuando
venía preparado para hacerlo en virtud de la propia evolución de
sus intereses. Ocurre una conexión fecunda en el instante preciso.
Fascinado por lo africano y lo "primitivo"
gracias al arte moderno, había ido dando salida a lo
"africano" y "primitivo" que
llevaba por dentro. Este proceso se define al contacto en caliente
con las tradiciones afrocubanas, en las cuales el
"surrealismo" era cosa normal, de todos los
días
|
|
[48]
.
Y aquí encontramos una diferencia sustancial con el uso que los
europeos hacían del referente africano. Picasso por ejemplo, se
sentía atraído por la síntesis de la figura humana que la
geometrización del arte africano llevaba implícíta. Para Lam, era
la posibilidad de unir esa modernidad europea de la que estaba
imbuido, con un mundo autorreferencial presente en su formación.
Para él se trataba de algo más complejo que la aseveración de
Bretón cuando decía que el reencuentro de Lam con Cuba significaba
para su obra la unión entre el mundo objetivo y el mágico.
Baste recordar las palabras del pintor cuando en una entrevista
dice: África no fue sólo despojada de sus hombres sino también de
su conciencia. Me irritó que en París se vendieran las máscaras y
los ídolos africanos como adornos. En éste y en mis otros cuadros
me propuse poner los objetos negros en función de su paisaje y su
mundo propios. Mi pintura es un acto de descolonización, no física
pero sí mental. En África me consideran el mejor pintor de ese
continente, a pesar de que casi no lo he visitado
|
[49]
.
No es casual que Carpentier considere a Lam como un claro
ejemplo de ese mundo maravilloso que forma parte de la realidad
latinoamericana. En el prólogo a su novela
|El reino de este
mundo, el escritor sostiene:
|Y tuvo que ser un pintor de
América, el cubano Wifredo Lam, quien nos enseñara la magia de la
vegetación tropical, la desenfrenada Creación de Formas de nuestra
naturaleza -con todas sus metamorfosis y simbiosis-, en cuadros
monumentales de una expresión única en la pintura
contemporánea
|
|
[50]
.
El desarrollo de la revolución cubana en los 60 significó
cambios notorios en la política cultural y reafirmó en los artistas
el carácter de apropiación y transformación que caracterizó el
período anterior.
Manuel Mendive (Cuba 1944), surge a mediados de los 60 como un
claro exponente de ese mundo del que hablaba Carpentier para
referirse a Lam. Usando un lenguaje con fuerte carga primitivista,
pero sin olvidar los aportes de la pintura contemporánea, Mendive
revive la presencia africana en la cultura cubana. Educado en una
familia donde se practica la santería o Regla de Ocha
|
[51]
, y egresado de la Academia de San
Fernando, se inició como escultor para luego dedicarse desde 1963 a
la realización de "collages" sobre tablas en las
que recomponía mitos yorubas:
|Aquellas maderas yo las pintaba
con polvos de almagre de la ferretería mezclados con aceite de
comer, con betún y cuanta cosa pudiera conseguir. Si tenían clavos
o huecos era hasta mejor, porque los aprovechaba en la composición.
Después hacía un hueco en la tierra, las metía dentro y les daba
candela. Las iba apagando con arena, que dejaba marcada su textura.
También les inscrustaba las medallitas y les ponía pelo de verdad a
las figuras
|
|
[52]
|.
Las explicaciones del artista sirven para verificar la
utilización con sentido mágico de elementos orgánicos, actitud
asumida en Cuba también por creyentes católicos, quienes visten por
ejemplo a la imagen de la Caridad del Cobre con finos ropajes y le
agregan pelos de la niña de la casa
|
[53]
.
Después del accidente en el que perdió un pie, Mendive cambió su
pintura, y sin olvidar las referencias a la cultura yoruba trabaja
más en torno a la cotidianidad y temas históricos, donde la muerte,
representada por Ikú, no deja de tener papel protagónico. Y los
cambios son también con el color, dejando los lúgubres tonos
anteriores para dar paso a un uso deslumbrante del mismo.
En ese cambio temático, la tendencia a la aparición del mito en
la cotidianidad se hace mucho más notorio. El mito, así como la
magia, forman parte del diario vivir del creyente en la
santería.
En México, el progresivo afianzamiento del modelo cultural
seguido por la revolución mexicana, no impidió la formación de
otros grupos, que, sin entrar en enfrentamientos, tratan de buscar
otros espacios, otras formas de expresión y de aproximación a su
pasado. El grupo más significativo fue el de los
"Contemporáneos", reunidos en 1928 alrededor de
una revista del mismo nombre. Contaba con poetas como Xavier
Villaurrutia, Salvador Novo, José Gorostiza, Gilberto Owen, y
pintores de la talla de Agustín Lazo, María Izquierdo, julio
Castellanos y Rufino Tamayo, quienes conocían en profundidad las
vanguardias europeas y estaban al día en las publicaciones que
venían del exterior. El tema de lo propio, del ser mexicano, no les
era ajeno y participan en lo que era la tónica dominante. Sin
embargo, tratan de separar el campo del compromiso político del
estético y valoran la expresividad individual subjetiva. De allí
las acusaciones de elitistas que recibieron.
Carlos Monsiváis hace una aguda aproximación a la situación de
los Contemporáneos:
|Ser y no ser revolucionarios. Los
Contemporáneos no creen en la actitud virulenta y en la
gesticulación de los estridentistas; ellos tampoco repetirían a
Paul Klee: "Yo quiero ser como recién nacido, sin saber
nada, absolutamente nada sobre Europa.. quiero ser casi un
primitivo" Les urge no ser primitivos, hacerse de los
recursos variados de la civilización.
|Les importa también respetar el impulso que les ha conseguido
espacio. Ortodoxia y heterodoxia, coherencia y contradicción; estos
jóvenes escritores aceptarán parte de la prédica oficial... Pero no
lograrán prescindir del mecenazgo e irán de la protección de un
ministro al apoyo de otro ministro, serán a la vez marginados y
protegidos, desarraigados y burócratas. Es inevitable en materia
cultural en los veinte, el Estado es simplemente todo, y los
Contemporáneos aceptarán de él seguridades laborales primero y a la
postre, honores que no excluyen la Rotonda de los Hombres
Ilustres
|
|
[54]
.
Se fueron configurando dos tendencias: aquélla que defendía la
pintura comprometida como objetivo básico de su quehacer artístico,
y la que admitía la posibilidad de la pintura pura.
Con el apoyo de los poetas, tanto unos como otros defendían lo
que consideraban como modelo válido para lograr configurar una
estética nacional, aceptando además que ser moderno implicaba la
capacidad de asimilar los movimientos y aprendizajes hechos en
Europa, a su propia cultura.
Y en esta dualidad radica la esencia de la discusión que marcó
las décadas posteriores. La división tajante que se trató de
establecer entre los universalistas o grupos de Contracorriente y
los nacionalistas o colectivistas, desconocía los puntos en común
que existían entre ellos. Ambos, universalistas y nacionalistas,
tenían una preocupación nacional, y para ambos era válida la
utilización de las vanguardias. En muchos casos los enfrentamientos
personales, las luchas por visiones políticas diversas, pasaron por
disputa estética, que en el fondo no existía.
Mientras unos, los colectivistas, centraban su interés en el
arte público por el mensaje directo que transmitía, la
contracorriente miraba al mexicano pero en su vida cotidiana, en
sus sueños, en sus objetos, en su forma de ser más íntima. Otra de
las diferencias entre ambos grupos estaba en que los
"Contemporáneos" no aceptaban roles prefijados,
ni quedar sometidos a modelos parcializados. Por eso fueron
compañeros y a la vez adversarios culturales de los muralistas.
Casi que son una contraparte predecible ante la intención de
aplicar caminos únicos que orientó al arte mexicano en la década
del 20.
Para un artista como Tamayo, la utilización de símbolos que
partieran de referentes históricos preexistentes, de signos ligados
al mito, a la magia, permitía demostrar la vigencia de tales
herencias del pasado. La anécdota se borra para dar paso a una
nueva forma de mirar y comprender. Tal convicción lo lleva a
afirmar: No es cierto que los símbolos del arte no descriptivo no
se entiendan, lo que ocurre es que se necesita acostumbrar a los
ojos a ver estos símbolos, y eso se va logrando poco a poco
|
[55]
.
Francisco Toledo (Oaxaca 1940) ya sea viviendo en París o en su
natal Juchitán, es uno de los más notables exponentes del rescate
de una imaginería primigenia, erótica, heredera de mitos.
Continuador de la línea abierta, entre otros por Tamayo, cuestiona
la anterior visión de un encuentro utilitario con el pasado, y su
sentido de qué es lo propio lo nutre revelando ciertas constantes
que pesan en la configuración de esa suerte de mexicanidad. Hay
para él una serie de instintos primarios que desde la época
precolombina hasta la actualidad siguen vigentes en el arte popular
de Oaxaca, región de la que procede
|
[56]
. De
allí la intención de revivir valores pictóricos que forman parte de
la historia del lugar, con fe en los valores primarios, donde
hombre, tierra y animales constituyen una unidad en permanente
actividad compartida. Tal vez proceder de un pueblo como Juchitán,
que se ha preocupado por preservar las tradiciones, que desde su
pasado precolombino se defendió de los que venían de afuera,
permite ubicar con mayor claridad a la figura de Toledo, quien
aparece como un típico exponente de esas dos realidades en las que
se formó: la tradición mexicana que viene del mundo del mito y el
México moderno que pierde muchas de esas huellas o simplemente las
deja en el pasado. Toledo intenta en sus historias, en el rescate
de sus figuras zoomorfas - "Mujer liebre" (1970),
"Serpientes" (1980)- no olvidar lo que recibió de
su comunidad, esa presencia de ritos, de actitudes frente a los
animales, las plantas, los objetos. En ese diálogo consigo mismo,
con sus recuerdos que no son sólo personales, sino de una
comunidad, Toledo, sin dejar de moverse entre dos culturas, eligió
regresar a los orígenes, haciendo que el mito se hiciera presente
como un hecho cotidiano
|
[57]
.
|
[41]
|
Rufino Tamayo:
|Después de dos generaciones perdidas, en
"Pintado en México", pág. 122. Fundación Banco
Exterior de España, Barcelona. 1983.
|
|
[42]
|
Marta Traba:
|Las dos líneas extremas de la pintura
colombiana Botero y Ramírez Villamizar, publicado inicialmente
en la
|Revista Eco en 1969 y reproducido en "Marta
Traba" págs 55-56 Editorial Planeta, Museo de Arte Moderno
de Bogotá. Bogotá, 1984
|
|
[43]
|
Germán Rubiano-Marta Rodríguez:
|Entrevista a Beatriz
González, en catálogo de la muestra "Beatriz González.
Una década 1980-1990" pág. 5. Museo de Arte Universidad
Nacional, Bogotá, 1990.
|
|
[44]
|
Antiguo nombre de París usado frecuentemente por Carpentier en
sus crónicas
|
|
[45]
|
Alejo Carpentier:
|Las nuevas ofensivas del cubanismo,
Carteles 15 dic. 1929 en "Crónicas" Tomo II, La
Habana, Cuba, Ed. Letras Latinas, 1985, págs. 87 a 92.
|
|
[46]
|
A. Carpentier:
|La Rue Fontaine calle cubana, Carteles 9
oct. 1932, en "Crónicas", ob.cit., págs.
104,105.
|
|
[47]
|
Una interesante interpretación de la figura de Lam hizo Gerardo
Mosquera en la conferencia titulada
|Modernismo desde Afro
América. Wifredo Lam cambia el sentido, presentado en 1992 en
un ciclo de conferencias organizado por el Icfes, (sin
publicar).
|
|
[48]
|
La referencia está tomada de la conferencia de G. Mosquera
mencionada.
|
|
[49]
|
G. Mosquera, "Entrevista" en
|Revista
Bohemia, No. 25, La Habana, Cuba, 20 de junio de 1980, pags. 10
a 13.
|
|
[50]
|
Alejo Carpentier,
|El reino de este mundo, Barcelona
España, Ed. Edhasa Pocket, 1979, pág. 52
|
|
[51]
|
Son cultos sincréticos que derivan básicamente de creencias
yorubas traidas de Nigeria
|
|
[52]
|
G. Mosquera:
|Exploraciones en la plástica cubana, La
Habana, Cuba, Ed. Letras cubanas 1983, pág. 225. Dei mismo autor
ver también "El mito en Mendive", en
|Revista
Arte en Colombia No. 37, Bogotá, 1988, págs, 52 a 55.
|
|
[53]
|
G. Mosquera:
|Exploraciones en la plástica cubana, ob.
cit., pág. 235
|
|
[54]
|
Carlos Monsiváis:
|Las siete décadas de Rufino Tamayo, en
el catálogo "Ruano Tamayo, 70 años de creación",
pág. 21. Instituto Nacional de Bellas Artes, México, 1987
|
|
[55]
|
Ibíd, pág.9.
|
|
[56]
|
Luis Carlos Emerich,
|100 pintores mexicanos, pág. LXIV,
en catálogo "100 pintores mexicanos". Museo
Marco, Monterrey, México, 1994
|
|
[57]
|
57 Jorge Alberto Manrique, "Un arte de dos culturas:
Francisco Toledo", págs. 142-143, en
|Imagen de
México, Instituto Nacional de Bellas Artes, México, 1987
|
|