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Ojos para ver el arte colonial
ISADORA DE NORDEN
Directora General
Instituto Colombiano de Cultura
El arte de la sociedad colonial que llegó a denominarse Nuevo
Reino de Granada, es una buena disculpa para aproximarse al tema de
los grandes estilos europeos -particularmente el manierismo y el
barroco- y seguir sus huellas desde las sociedades complejas
europeas hasta las sociedades más simples de América.
En primer lugar, ¿cómo se debe denominar el arte que se elaboró
durante la época histórica conocida como
|la colonia y que
corresponde al dominio español en América? Se debe reflexionar
sobre el nombre que se le ha dado al "arte
colonial" y preguntarse si en un país sojuzgado puede
existir un arte con las condiciones que éste exige de creatividad,
de libertad, de originalidad; preguntarse si el término
|colonial se puede conjugar con las denominaciones de las
grandes estilos históricos: romántico, gótico, renacentista,
clásico, manierista, barroco.
La extrema complejidad del tema, los contenidos simbólicos, el
tejido de culturas cuyos productos son el fruto de una sociedad
heterogénea -en la cual existieron vencedores y vencidos,
colonizador y conquistado, impiden las nominaciones, las
clasificaciones, la de las obras en estilos y corrientes.
Bien lo intuyó la iglesia católica que, al contrario del
protestantismo, no se opuso al arte y lo entendió como propaganda.
El arte era un instrumento de influencia antes desconocida. El
espíritu del programa artístico de propaganda del catolicismo
estaba dirigido a las amplias masas populares: un arte popular, un
arte sensual, un arte bien realizado y una iconografía que entrara
en las familias y en la sociedad.
El oficio tenía mucha importancia en las colonias. Como lo
describe Francisco Stastny, la condición artesanal de los pintores
y las exigencias del clero, el régimen provincial y patriarcal del
taller, caracterizaron el arte de la sociedad colonial.
La iconografía del arte de la sociedad colonial depende
totalmente de la contrarreforma: La Anunciación, la Navidad, la
Flagelación, la devoción del Ángel de la Guarda, la Inmaculada, la
Caridad Cristiana, los Sacramentos, la Cátedra de San Pedro y el
Martirio.
Para las colonias tuvo gran significación en el arte depender de
España durante la contrarreforma. Según Emil Mâle: "España
triunfa aquí. La España de los grandes místicos que supo descender
desde el principio a las profundidades del amor y la muerte, he
representado el éxtasis con simplicidad y grandeza inigualables,
(...) combinación de dos conceptos contradictorios: El realismo y
la mística".
Según Stastny, convivieron grandes contrastes: por un lado, en
el campo de las ideas, predominó en las colonias una actitud
arcaizante, relacionada con el pensamiento medieval; pero en el
ámbito formal, de las artes plásticas, se importaron continuamente
recientes innovaciones de los campos artísticos metropolitanos,
gracias al sistema de grabados. Se afectó así el estilo a un nivel
continental.
El arte de las sociedades americanas no fue arte para persuadir
sino para enseñar; un arte didáctico. Los artistas no se planteaban
el drama de la realidad, de las ideas y de los modelos. El
proselitismo sirvió de impulso al arte en la colonia.
A las diversas preguntas que plantea una exposición de piezas
elaboradas por artífices que ejercieron su oficio en el territorio
de la actual Colombia o en el Ecuador, nativos, criollos o
españoles, obras que son tesoro de ciudades como Popayán o de
aldeas como Sopó, debemos responder, con el profesor Stastny
"si se tienen ojos para ver el arte chino, el japonés, el
hindú, el africano, se deben tener ojos para contemplar el arte de
las sociedades coloniales".
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