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Colombia: vitalidad cultural

 

ERNESTO SAMPER PIZANO
Présidente de la República de Colombia

Considero a la cultura como la columna vertebral del país. Es ella la continuidad que nos mantiene unidos y quien supera el tiempo, la violencia, los desfallecimientos y las crisis para mostrar el definido rostro que nos caracteriza. Mirarnos en el espejo dela cultura es mirar lo mucho que Colombia ha avanzado de la prehistoria a hoy. La cultura es esa línea nítida que enlaza las gentes y las épocas de esta tierra privilegiada.

Permítanme soñar con ustedes por escrito y compartir con los amigos de Francia cómo este país |mestizo, mulato, se sintetiza admirablemente en alunas imágenes propias surgidas de su cultura. Allí está como pórtico de Colombia, con sus picos cubiertos de blanco, la Sierra Nevada de Santa Marta y las culturas indígenas, Tayronas y Kogüis, que hablan con el cosmos, rotan los cultivos, respetan la naturaleza y hacen del oro y el cobre obras de incomparable belleza y hondo simbolismo.

Los artesanos precolombinos son orfebres no sólo dela materia sino también de la cosmología, la religión y la filosofía, como lo atestigua cualesquiera de los museos del oro fructíferamente repetidos por todo nuestro territorio y exhibidos en todo el mundo.

Al legado indígena se sobrepone otro ingrediente que también nos suspende el ánimo y alarga la vista, va sea en Cartagena de Indias, Popayán, Barichara o Villa de Leyva, con las plazas armónicas que edificó la dominación española o con esos retablos dorados y esas pinturas murales que en los templos de Santa Clara y San Agustín nos custodian con su fe. Adentro de ellos, las custodias, objetos de un arte sacro, testimonian el virtuosismo incomparable de ese mestizaje artístico, visible igualmente en el logro incuestionable de las láminas de la Expedición Botánica, una empresa científica y ecológica, semillero de nuestra independencia.

Pero ese caudal vigoroso de artesanos y creadores, de tallistas y orfebres, de científicos pintores, de conquistadores que son urbanistas y de monjes que logran imágenes conmovedoras y persuasivas de su fe, no se detiene y lo vivifica el aporte de la raza negra que con sus palenques libertarios, con su música africana, y con sus leyendas, costumbres y cosmovisión propias, nos hacen más ricos e inyectan un nuevo color al espectro multifacético de Colombia.

No es de extrañar entonces que una cuarta imagen, la de nuestra independencia, comience a fusionar, dolorosa y sangrienta como todo parto, estos tres aportes, y en medio del arrojo delos libertadores y de las figuras emblemáticas de Bolívar y Santander, las armas busquen sujetarse al imperio de la ley y el aprendizaje bravío de nuestra naturaleza se remanse en escuelas, talleres y universidades.

Allí estarán los presidentes-gramáticos, preocupados por la lengua y por mantener en un nivel fecundo y crítico la relación con España, así como por ajustar el país al mundo e intentar nuevos caminos de un orden más productivo, de un comercio más dinámico, de esa apertura al mundo que no desdeñaba lo propio. Fue allí donde Francia, gran exportadora de ideas, nutrió nuestra visión y dio alas a nuestra libertad.

Aquí se ve ya Colombia como un país de regiones y ciudades, la Colombia de la ley y el idioma pero también la Colombia del análisis y la crítica, del orden y la aventura con una cultura secular que hoy se ha multiplicado e irradiado por todo nuestro territorio, admitiendo los diversos cultos y propiciando el diálogo como instancia decisiva para la autodeterminación colectiva de nuestro destino, tal como lo señaló la nueva Constitución de 1991 , que en su artículo primero dice a la letra: "Colombia es un Estado social de derecho, organizado en forma de República unitaria, descentralizada, con autonomía de sus entidades territoriales, democrática, participativa y pluralista, fundada en el respeto de la dignidad humana, en el trabajo y la solidaridad de las personas que la integran y en la prevalencia del interés general".

En Colombia existe va una realidad incuestionable: la realidad de nuestra cultura, con un carácter institucional que asegura la permanencia de sus grupos de teatro, la continuidad de los festivales de cine, el proseguido trabajo de los institutos científicos; cultura que afirma el |rap de Urabá o el trabajo de los cuenteros que nos siguen narrando las fábulas de nuestro origen, identidad y futuro.

Si pareciera que me he extendido mucho en este texto, para contar a nuestros amigos de Francia algunos rasgos de nuestra cultura, es porque creo que ella, a la vez sólida y alegre, surcada de esperanza y música, es nuestra mejor carta de presentación ante el mundo. El verdadero rostro de Colombia que mostramos con orgullo a los amigos que sabrán apreciar, con limpio corazón, estas obras de arte hechas en Colombia con proyección universal.

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