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LA IMPRESIÓN GRAFICA

Desde el surgimiento de las técnicas de impresión como medio de expresión artística, la colaboración entre talleres de artes gráficas y artistas ha sido constante y progresiva. En términos históricos, el advenimiento de la "Era de Reproducción Mecánica" -en pleno desarrollo en el siglo XX- estaba ya determinada desde la invención del grabado en madera (xilografía) en la Edad Media, el grabado en metal en el Renacimiento, la litografía a mediados del siglo XIX, hasta los procesos fotomecánicos contemporáneos surgidos a partir de la fotografía.

En todo este desarrollo, el impresor surge como elemento activo y mediador entre artista y la ejecución de su obra. Su conocimiento técnico en la mayoría de los casos aporta elementos decisivos al resultado final de la imagen. El artista por su parte se ve obligado a optar una nueva actitud ante su trabajo. En este caso ya no se trata de la actividad íntima del estudio de pintura; la complejidad técnica de los procesos de impresión demanda la interacción enriquecedora entre éste y el impresor.

Esta cooperación ha sido inherente a la elaboración del grabado, lo cual no quita que los artistas mismos se hayan convertido en verdaderos maestros del género. Tal es el caso de Durero (1471-1528) quien fue el primer pintor en dominar magistralmente las técnicas del grabado en metal, lo mismo sucede con Goya (1746-1828) quien recoge esta tradición para realizar sus asombrosas series de grabados (Los desastres, Los caprichos, etc.) Cuando aparece la litografía como medio de producción rápida de imágenes, Daumier (1808-1879) se incorpora a este proceso produciendo innumerables estampas caricaturescas reproducidas en periódicos. Toulouse Lautrec por su parte (1864-1901) entra en estrecha relación con los talleres parisinos de artes gráficas comerciales para revolucionar y permitir el florecimiento del cartel como obra artística autónoma. Todos estos son tan sólo algunos ejemplos que fueron procedentes del enorme desarrollo de la gráfica en el siglo XX.

De la tradición europea surgen dos modos de producción gráfica que con muchas variantes permanecen hasta nuestros días: el taller de producción de "estampas" dirigido por un maestro impresor; y el taller-estudio administrado directamente por un artista grabador. El primero opera con base en la producción de "estampas" o grabados en formato pequeño, publicado en ediciones cortas, a veces en forma de ilustraciones para libros de manufactura artesanal. En el segundo, el grabador es un artista independiente que produce sus propias imágenes y realiza ediciones esporádicas de otros artistas.

Estas formas de producción se mantienen bien entrado el siglo XX, hasta que a mediados de los años cincuenta con el surgimiento del gran mercado norteamericano, la producción del grabado tomó un impulso renovador. Surgen talleres de un alto grado de profesionalismo y especialización. Funcionan como grandes empresas comerciales, con estructuras completas de producción, difusión y ventas. Esto conlleva cambios sustanciales en la presentación del grabado: se experimentan nuevas técnicas, los tirajes se incrementan en número, aumentan los formatos, todo el proceso se vuelve más experimental y ortodoxo. Además una variante nueva se ha incrementado en el taller estadinense; se reproduce un original en forma masiva en los cuales el artista no interviene en su ejecución, éste sólo aporta su firma. Todo realizado obviamente para atender una vasta demanda comercial.

LA IMPRESIÓN GRAFICA EN COLOMBIA

Después de la desaparición del "Papel Periódico Ilustrado" en 1986, taller que contaba con las mejores técnicas europeas del momento y con un buen número de impresores y aprendices, los talleres de grabado artístico en Colombia desaparecen paulatinamente con excepción de contados casos, en los cuales los artistas producían estampas para el limitado consumo local. Sin embargo, la xilografía especial mente era practicada esporádicamente por pintores quienes entre los años 20 y 30 responden al influjo de los artistas gráficos mexicanos especialmente. No es sino hasta los años cuarenta y cincuenta cuando un número de artistas estudia las técnicas del grabado en el exterior, para regresar y establecer sus propios talleres particulares. Tal es el caso de Luis Angel Rengifo, quien después de estudiar en México se dedica de lleno a las técnicas de impresión, ejerciendo a la vez la cátedra de grabado en la Universidad Nacional (1951). Augusto Rendón, Hane Gallo, Alfonso Quijano, organizan sus talleres particulares; más tarde lo harían Umberto Giangrandi, Juan Antonio Roda, El taller Prográfica de Cali (1976) y el taller Arte Dos Gráfico de Bogotá (1979).

El aporte de estos artistas y talleres al desarrollo del grabado en Colombia es hoy un hecho reconocido en la plástica nacional. Sin embargo de este grupo, sólo el taller de Giangrandi, el taller de Prográfica y Arte Dos Gráfico, han logrado rebasar las limitaciones de los talleres individuales para realizar una labor de mayor alcance tanto de producción, como empresarial.

 

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