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JOSÉ
MARÍA ESPINOSA
ABANDERADO
DEL ARTE EN EL SIGLO XIX
BEATRIZ
GONZÁLEZ
CAPÍTULO 6
EL RETRATISTA
DEL LIBERTADOR
El pintor y
su modelo
El original y
las copias
De cuerpo
entero
Difusión de
la iconografía bolivariana
[111]
JOSÉ MARÍA ESPINOSA
Simón Bolívar
El pintor y su modelo
¿CUANDO SE
encontraron por primera vez el pintor y su modelo?, es una pregunta que debe hacerse en
relación con el Libertador y Espinosa, uno de los creadores más importantes de la
iconografía bolivariana.
Su prestigio lo llevó
a pintar al Libertador-Presidente Simón Bolívar en agosto de 1828. La tradición
sostiene que fue el 10 de agosto:
Faltaba ya muy poco
para la conspiración del 25 de septiembre de 1828, cuando fue a casa mi tío José I.
París y me dijo: El Libertador te manda llamar para que vayas a retratarlo.
En el momento preparé un marfil y nos fuimos a Palacio. Después de presentado a
Bolívar, que me hizo un cariñoso recibimiento, se colocó al frente de mí, con los
brazos cruzados. Apenas empezaba yo el diseño, cuando me dijo: ¿Ya está? Le
contesté que faltaba mucho, entonces estiró los brazos, diciéndome: Puede usted
venir cuantas veces quiera, a las once, antes que se reúna el Consejo [1].
Espinosa trabajó
durante ocho días para retratar al intranquilo modelo ante el cual no pudo
aprovechar sino como
cuatro horas, porque cuando no estaba inquieto, se quedaba pensativo, con los ojos fijos
en el suelo y la cabeza inclinada: así que tenía que suspender el trabajo [2].
Cuando el
Libertador-Presidente vio el retrato se burló más de su imagen que del artista:
Se acercó Bolívar a
mí mesa, vio el retrato y dijo: Santana, ¿sabe usted a quién se parece? A aquel
viejo Olaya de La Mesa. Santana fue a ver y al descuido me dijo en voz baja:
No le haga caso que va bien, está idéntico. Con esto volví a recobrar el
entusiasmo [3].
El escritor Gabriel
García Márquez recrea esta escena de manera notable:
El pintor granadino
José María Espinosa lo había pintado en la casa de gobierno de Santa Fe poco antes del
atentado de septiembre, y el retrato le pareció tan diferente de la imagen que tenía de
sí mismo, que no pudo resistir el impulso de desahogarse con el general Santana, su
secretario de entonces. - ¿Sabe usted a quién se parece este retrato?, le dijo. A aquel
viejo Olaya, el de La Mesa. Cuando Manuela Sáenz lo supo se mostró escandalizada, pues
conocía al anciano de La Mesa. - Me parece que usted se está queriendo muy poco, le dijo
ella. Olaya tenía casi ochenta años la última vez que lo vimos, y no podía tenerse en
pie [4].
La verdad es que para
entonces la salud de Bolívar se debatía entre el cólera morbo y la tuberculosis.
Espinosa presentó al
Libertador su primer retrato como «un pequeño testimonio de gratitud», y a partir de
él creó un icono clásico. La invención es total porque, según Alfredo Boulton, la
imagen «carece de influencia inmediata», esto es, no se parece a ninguno de los retratos
que le habían realizado en América el bogotano Pedro José Figueroa, el quiteño Antonio
Salas [1795-1860] y el limeño José Gil de Castro. El icono de Espinosa representa a
Bolívar en traje militar, de guantes blancos, con el cuerpo levemente girado hacia la
izquierda y los brazos cruzados. La palidez del rostro está acentuada por el cabello y
las gruesas cejas negras.
[112]
JOSÉ MARÍA ESPINOSA
José Ignacio París
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JOSÉ MARÍA ESPINOSA
Simón Bolívar
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JOSÉ MARÍA ESPINOSA
Manuelita Sáenz
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JOSÉ MARÍA ESPINOSA
Manuelita Sáenz
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Simón Bolívar
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Simón Bolívar
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JOSÉ MARÍA ESPINOSA
Simón Bolívar
Al referirse en su
novela a la iconografía bolivariana, García Márquez compara los retratos realizados por
otros artistas con los de Espinosa:
A medida que su gloria
aumentaba, los pintores iban idealizándolo, lavándole la sangre, mitificándolo, hasta
que lo implantaron en la memoria oficial con el perfil romano de sus estatuas. En cambio
el retrato de Espinosa no se parece a nadie más que a él, a los cuarenta y cinco años,
y ya carcomido por la enfermedad que se empeñó en ocultar y en ocultarse incluso a sí
mismo hasta las vísperas de su muerte [5].
Bolívar escogió
Bogotá como
centro de sus
actividades gubernamentales y guerreras, por encima de las ciudades latinoamericanas que
lucharon por su independencia y libertad. Seiscientos sesenta y tres días permaneció
Bolívar en Bogotá, en el decurso de diez y seis años, de 1814 a 1830, en nueve
presencias diferentes [6].
Durante su primera
permanencia (12.12.1814-24.1.1815), un autor desconocido lo retrató en miniatura, pieza
que según las crónicas fue propiedad de la primera mujer del «mocho»
Vargas [7]. Su segunda (10.8/ 20.9.1819), tercera
(5.3/20.3.1820), cuarta (5.1/1.2.1822), quinta (22.10/13.12.1822) y sexta
(14.11/25.11.1826) estancias quedaron consignadas principalmente en los retratos de Pedro
José Figueroa. De este período se han reseñado también un retrato de Jaime Joaquín
Santibáñez [1789-¿1864?] realizado del natural en 1821, en Japio (Cauca), y uno de
José María Burbano [activo en Medellín en 1816 y en Tunja en 1825], hecho en Tunja. La
iconografía más variada y profusa se produjo durante el séptimo (10.9.1827-16.3.1828),
octavo (24.6/5.12.1828) y noveno (15.1/8.5.1830) períodos de su permanencia en la
capital. Espinosa, Pío Domínguez del Castillo [1780-1861] y François-Désiré Roulin
[1796-1874] crearon imágenes del Libertador tomadas del natural. Su último retratista,
Antonio Meuccí [ca.1785-ca.1850], lo pintó en Cartagena, a los 47 años de edad.
Indudablemente,
Espinosa no conoció a Bolívar en la primera ocasión, cuando llegó a Bogotá para
apoyar a los federalistas, porque entonces el pintor abanderado se encontraba en la
campaña del sur con Nariño. Como lo relata en sus Memorias, fue en los días
siguientes a la Batalla de Boyacá cuando vio
venir un militar, bajo
de cuerpo y delgado, a todo el paso de un magnífico caballo cervuno [8].
Al volver a la pregunta
inicial, fue sólo en la octava y novena permanencias del Libertador en Bogotá cuando se
confrontaron Espinosa y su modelo. Puede suponerse que en la década de 1820 el abanderado
apenas estaba aprendiendo el oficio y las técnicas del retrato y aún no había
consolidado su fama de pintor. Quizás por ello tardó tanto en convertirse en retratista
del Libertador. Le correspondió pues confrontar al distinguido personaje en una etapa en
la cual, según Alberto Urdaneta [1845-1887],
su alma tuvo inmensos
desengaños y su cuerpo se debilitó con las rudas fatigas [...] En esta época su
fisonomía hubo de marchitarse; su mirada de fuego, que como hasta ayer nos lo narraban
los que ya partieron, intimidaba al interlocutor, se volvió un tanto torva por los
desencantos y por los desengaños; sus cabellos antes ondeados y un tanto rubios se
tornaron en duros y grises; su gesto animado a las veces se hizo de ordinario displicente
[...]
con el rostro tostado por el sol tropical, severo, marchito, sordo a
la lisonja artística, indolente para consigo mismo y con quien lo retrataba, manifestando
completa indiferencia a cuanto le rodeaba [9].
Espinosa aún no había
cumplido 32 años cuando inició su trabajo en el Palacio de San Carlos. Mientras el
Libertador le posaba, prometió enviarlo a Roma con una beca de estudios. Aunque era
bastante mayor para vincularse a una academia europea, sin duda estaba lo suficientemente
dotado para sacar fruto de un viaje que le permitiera admirar las obras de Miguel Ángel
[1475-1564] y Rafael [1483-1520]. Luego de consagrar su primera juventud a la lucha por la
Independencia, sufrir la guerra, caer prisionero y vivir como prófugo, había decidido
ser un profesional. Nada podía llamarle más la atención que la promesa del
Libertador-Presidente. Sin embargo, para desventura del artista, un mes y veinticinco
días después tuvo lugar la noche septembrina, acontecimiento que significó el ocaso de
la actividad de Bolívar:
El proyecto de mi viaje
a Italia iba ya muy adelante; ya me soñaba yo en Roma, lleno de admiración y de
entusiasmo viendo y estudiando los prodigios del arte; pero sucedió la conspiración
contra la vida del Libertador, y se acabó todo [10].
La firma de José
María Espinosa figura en una de las representaciones que se enviaron a Bolívar luego del
atentado:
Nosotros detestamos
este hecho y quisiéramos sepultarlo en el eterno olvido; y aunque V. E. está cierto que
ni el pueblo ni los hombres buenos de esta desgraciada ciudad, han tenido parte en este
horrible crimen, queremos hacerlo notorio a la nación americana y al mundo entero, para
que no caiga sobre nosotros la infamia y la negra nota de ingratitud [11].
La iconografía del
Libertador realizada por Espinosa se ha hecho clásica: es el retrato del héroe cuando se
presiente su declive, cuando
brillaban sus ojos unas
veces con sonrisas y a veces con fuegos sombríos [12].
No obstante, los más
conmovedores son aquellos retratos casuales en que lo presenta de civil, enfermo, en
vísperas de abandonar Bogotá. Estas imágenes son magistrales testimonios de los
sentimientos que dominaban al modelo y al artista. Las facciones de Bolívar, tratadas en
líneas discontinuas, muestran los párpados caídos, las ojeras hinchadas y las comisuras
de los labios dirigidas hacia abajo, y revelan al espectador la imagen trágica y a la vez
grandiosa del «hombre de las dificultades».
Espinosa tuvo acceso al
palacio presidencial desde la primera mañana de agosto de 1828 hasta los últimos días
que pasó Bolívar en Bogotá. Carmelo Fernández [1809-1887], dibujante venezolano y por
esa época guardia del Libertador, anotó en sus Memorias:
Vimos en aquellos
días al gran Mariscal Sucre, cuando el artista Espinosa hizo su último retrato [13].
Sólo la cercana
relación del pintor con su modelo, entre enero y mayo de 1830, explica la factura de la
iconografía trágica a la cual se refiere Alfredo Boulton:
Es acaso el más
dramático retrato jamás hecho de Bolívar. El rostro de un hombre enfermo y envejecido
que muy pocos han relacionado con la figura del Libertador [...]
Gracias al gran
artista bogotano se puede apreciar, y difícilmente con mayor realismo, el verdadero
semblante del Libertador hacia abril-mayo de 1830. Ninguno de sus biógrafos ha sabido
captar, ni expresar, de modo tan atinado, la noble belleza del exhausto semblante de la
dolorosa y última etapa de su vida. Esta imagen y la que sigue, también de Espinosa, van
más allá de la simple interpretación artística; invaden el dominio de lo psicológico
con una agudeza y una sagacidad notables. Los escasos rasgos, trazados con vigor y rapidez
magistrales, reflejan con vivísimo realismo el fatigado semblante. En esa demacrada
fisonomía se acumulan con énfasis las más pequeñas y grandes experiencias de la
sensibilidad de un hombre que había alcanzado excelsa exaltación, y que paladeó y gozó
como sibarita de la detectable euforia del genio y de la gloria. Es el viejo caraqueño,
descendiente de conquistador, vuelto simple ciudadano y hacedor de libertad. Su estirpe y
su alma están grabados en sus facciones. Falta elocuencia para ponderarlas. No conocemos
testimonio que mejor refleje el estado a que había llegado entonces Bolívar que estos
dos últimos dibujos de Espinosa. Estas obras avalan al artista bogotano como un excelente
dibujante de retratos, puesto que con segura economía del trazo logró transmitir lo que
en sus pinturas y miniaturas más elaboradas no alcanzó a captar. Son documentos de orden
somático de primera calidad. En ellos se presenta un Bolívar de 46 años que no
estábamos acostumbrados a ver. Demacrado, envejecido y en plena decadencia física [...]
Es la obra maestra del pintor José María Espinosa, que bien captó la importancia de tan
extraordinario modelo [14].
El original y las
copias
Aún no se sabe cuál
de los retratos que Espinosa realizó en el Palacio de San Carlos originó la numerosa
serie de obras de su autoría. En sus Memorias consta que,
por la copia, del
retrato de Bolívar, que conservo en mi poder, hice después muchos otros para extranjeros
y paisanos: el último fue al óleo, de cuerpo entero y tamaño natural [15].
En la misma crónica,
el pintor afirma que preparó un marfil para ejecutar ese primer retrato, esto es, que lo
pulió para dibujar allí, lo cual demuestra que fue una miniatura. Sin embargo, los
estudiosos de tan famosa iconografía
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JOSE MARÍA ESPINOSA
Simón Bolívar
sostienen que fue un
dibujo: Alberto Urdaneta (1883), Manuel Segundo Sánchez (1916), Alfredo Boulton
(1956,1964,1982) y Enrique Uribe White (1967), consideran que la fuente de la serie fue
una obra en carboncillo, hoy desaparecida.
Según Alberto
Urdaneta:
el retrato ejecutado al
carbón y esfumino, con vigorosos retoques de punta [...] al pie del cual se lee: Bolívar
retratado el día 10 de Agosto por J. M. Espinosa. Es éste, en nuestro concepto, uno de
los retratos del Libertador que presenta mayor energía, que más parecido revela, más
arte atestigua en quien lo ejecutó y mas veneración al héroe de parte del artista.
Conservo con cariño este retrato, durante toda su vida, el señor D. Luis Montoya, y
galantemente nos ha sido prestado el original por el señor D. Marmeto, para ser
artísticamente reproducido por el buril del señor Rodríguez, grabador del Papel
Periódico Ilustrado, y copiado en fotografía por el señor D. Julio Racines, asiduo
colaborador de aquella publicación. Se halla colocado el dibujo bajo el cristal en un
marco dorado cuya apertura es de om.49 por om.57. Bolívar, inclinado un tanto hacia
adelante, mira de reojo hacia la derecha del espectador, lleva uniforme bordado, grandes
charreteras con estrellas y canelón sujeto, estrecha con el brazo izquierdo la espada,
cuyo puño de nácar aparece sobre el pecho. Evitó el artista el estudio de las manos
concluyendo la figura antes de terminar el estudio de la manga de la casaca en el codo. El
defecto principal del dibujo, en nuestro concepto, sería el exagerado desarrollo de la
frente hacía arriba. Tiene Om.34 en su mayor extensión, y la cara mide om.14. Sirvió
este dibujo al señor Espinosa de modelo a los diversos retratos que al óleo y en
miniatura hizo del Libertador, y están llenos de gracia y de verdad los episodios que
cuenta el artista-soldado en sus Memorias de un abanderado. En nuestra
opinión, fue este trazo el original de los muchísimos que ejecutó; sin embargo no nos
dice Espinosa cuál de los muchos retratos que hizo del Libertador, fue el que tomó del
natural el 10
de Agosto de 1828. Casi pudiéramos asegurar que lo fue el que
acabamos de analizar y que sin duda ha servido para la reproducción del tipo-héroe [16].
El grabado de
Rodríguez al que alude Urdaneta, no aparece en el Papel periódico ilustrado porque
debió tratarse de la separata de una edición conmemorativa. Los que difundió dicha
publicación son versiones de miniaturas de Espinosa vertidas al grabado por Alfredo
Greñas y Eustacio Barreto. En 1913, el director del Museo Nacional de Colombia, Ernesto
Restrepo Tirado, buscó infructuosamente el dibujo, cuando se trazó el plan de recopilar
para el Museo las imágenes bolivarianas mencionadas por Urdaneta en su Esjematología
o ensayo iconográfico del Libertador. Hasta la fecha se sabe que lo heredó Elvira
Montoya de Vargas, hija de Marmeto Montoya, y que de esta manera pasó a ser propiedad de
la familia Vargas Vergara, en Bogotá, quienes lo heredaron a su descendiente Andrés
Vargas Lorenzana, en cuya colección estuvo hasta 1944. La obra fue llevada a
Caracas y obsequiada al dictador venezolano Marcos Pérez Jiménez (1952-1958); cuando
éste fue derrocado (23.1.1958), su casa fue saqueada y el cit., dibujo
desapareció. No se ha podido comprobar si fue destruido o si el dictador lo llevó
consigo a Madrid, donde fijó su residencia.
De cualquier manera, es
dudoso que este dibujo haya sido el origen de la serie iconográfica. En primer término,
porque en 1876 el propio pintor aseveró que conservaba este retrato en su poder [17] y cuando Urdaneta escribió que el dibujo pertenecía al
señor Montoya, Espinosa aún estaba vivo. En segundo lugar, la inscripción que
presentaba el dibujo «Retratado el 10 de agosto de 1828 por J. Ma. Espinosa»
no constituye prueba absoluta, puesto que se conservan varias obras en las que el pintor
anotó la misma leyenda. Con ello sólo quería significar que dichas piezas habían sido
ejecutadas a partir del icono original.
De cuerpo entero
El último retrato que
el abanderado realizó del Libertador, un óleo de cuerpo entero, se sitúa en la década
de 1860. Al observarlo, admirado, Tomás Cipriano de Mosquera escribió al autor:
Al verle ese semblante
triste en sus últimos días, me ha traído a la memoria la imagen del héroe, y su
semejanza es tal, que deberá llamarse el Bolívar de Espinosa [18].
También el periodista
Antonio Leocadio Guzmán se refirió a esta obra en El colombiano, periódico
fundado por él en Bogotá en 1860:
Un verdadero retrato
del Libertador, al óleo, del tamaño natural [...] Fue hecho el boceto en las vísperas
del 25 de septiembre, y quizás a eso se deba que pudiera el artista dar con una actitud y
una expresión que producen completa semejanza con el original. No es el Bolívar galante
que lucía su gentileza, ligerísima y simpática figura en los salones de París y Roma
[...]
ni es Bolívar el fiero, impetuoso [...] de la época de la guerra a muerte,
ni es el Bolívar que instala los congresos constituyentes de los pueblos americanos,
político profundo, de mirada trascendental y penetrante [...] tampoco el que recorría
sus filas vencedoras [...] Menos todavía el Bolívar del festín; alegre, risueño,
simpático [...] Pero sí es el Bolívar del año de 28: en las vísperas del 25 de
septiembre: viéndolo venir sobre sí, la mirada fija, la frente meditabunda, el gesto
desengañado, triste y desdeñoso: es Bolívar en el martirio [19].
Este óleo, que se
conserva actualmente en el Palacio Presidencial de Miraflores en Caracas, participó en la
Exposición Nacional del 20 de julio de 1871:
El retrato de cuerpo
entero, que con tanta razón ha sido elogiado por ser el único que representa con
admirable semejanza al gran Bolívar, ocupa con justicia un lugar distinguido en los
salones de la Exposición. La obra es de suyo digna del héroe, y nosotros felicitamos al
autor, tanto por el buen éxito de ella, como por el beneficio que nos ha prestado
reviviendo, por decirlo así, al Libertador [20].
García Márquez, para
imprimir mayor dramatismo a la escena en que Bolívar abandona Bogotá para siempre,
decidió incluir en ella este retrato:
Los estudiantes de San
Bartolomé se habían tomado por asalto las oficinas de la corte suprema para forzar un
juicio público contra el general, y habían destrozado a bayoneta y tirado por el balcón
un retrato suyo de tamaño natural, pintado al óleo por un antiguo abanderado del
ejército libertador [21].
[120]
JOSÉ MARÍA ESPINOSA
Bolívar en Junín
[121]
JOSÉ MARÍA ESPINOSA
BOLÍVAR. Retratado el día 1º de Agosto de
1828 por J. Ma. Espinosa
Existen pocos retratos
de Bolívar de cuerpo entero, entre ellos los de José Gil de Castro y Antonio Salas. Por
esta razón la tinta de la Biblioteca
Luis Ángel Arango y la acuarela del Museo
Guillermo Valencia, la miniatura Bolívar en Junín y el gran óleo del Palacio de
Miraflores son piezas de Espinosa que pueden considerarse únicas. Dado que se trata de
obras tardías, es posible aseverar que el artista conoció de antemano el famoso icono de
Gil de Castro, difundido ampliamente en el país a través de grabados impresos en
Inglaterra en 1826 y 1827.
Difusión de la
iconografía bolivariana
Espinosa hizo famosa su
iconografía bolivariana en los certámenes en los que participó desde la década de
1840. Con uno de estos retratos obtuvo una distinción en la Exposición de la Industria
de 1846:
Digno de una mención
honrosa ha juzgado la junta al señor José M. Espinosa, por su retrato del Libertador.
Trabajado al humo, y en el cual, a pesar de la falta de colorido se advierte la expresión
y semejanza del original [22].
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JOSÉ MARÍA ESPINOSA
Simón Bolívar
[123]
JOSÉ MARÍA ESPINOSA
Simón Bolívar
[124]
JOSÉ MARÍA ESPINOSA
Simón Bolívar
[125]
JOSE MARÍA ESPINOSA
Simón Bolívar
[XXIII]
ANONIMO
Simón Bolívar
[XXIV]
CONSTANCIO FRANCO
Simón Bolívar
[XXV]
MARISA SCHMITT-VIASSONE
Simón Bolívar
La iconografía creada
por Espinosa presenta algunas variaciones que permiten establecer cuatro grupos:
1. De brazos cruzados,
el cuerpo de volumen moderado, emparentado con las simplificaciones de Figueroa, el rostro
de tez morena y muy recortado en la quijada, la frente ancha y arrugada, las cejas negras
y gruesas, el pelo crespo, apretado, oscuro.
2. De brazos cruzados,
el cuerpo de volumen normal, el rostro de tez morena, los ojos claros, los alamares del
uniforme dibujados con pinceladas abiertas. Este icono parece haber sido realizado a
partir de la litografía impresa en París en 1843.
3. De brazos cruzados,
el cuerpo de volumen normal, el rostro de tez blanca con los planos de las sienes y la
frente muy acentuados, los ojos de un tinte verdoso.
4. Retratos
naturalistas, generalmente dibujos, algunos sólo del rostro y otros con los brazos
cruzados, pero visto de tres cuartos.
Numerosos artistas
hicieron copias de las obras de Espinosa, como Eustaquia Carrasquilla, Juliana Torres y
Constancio Franco. La hija del pintor, Emilia Espinosa Sanmíguel, figura en el catálogo
de la exposición organizada por Alberto Urdaneta en 1886 con una miniatura denominada Simón
Bolívar. Copia del retrato original de don José María Espinosa. La imagen creada
por el artista sigue siendo objeto de reproducción aún hoy; tal es el caso de la
miniaturista italiana Marisa Schmitt-Víassone [1938], quien copió un buen número de
marfiles en la década de 1960. Con el tiempo, el icono originado por el retratista
bogotano se convirtió en prototipo visual que adquirió incluso el aspecto masificador de
empresa pública, de divisa para hacer valer productos y servicios: figura en billetes,
marcas, emblemas, etiquetas, cartillas escolares, avisos publicitarios y en un sinnúmero
de formas, soportes y lugares. La creación de esta iconografía bolivariana, reconocida
universalmente, convierte a Espinosa en el artista colombiano más difundido del siglo XIX
y, por qué no decirlo, de todas las épocas.
[XXVI]
DEMETRIO PAREDES
José María Espinosa
1.
Espinosa, José María. Memorias de un abanderado. Bogotá: Imprenta de El
Tradicionista, 1876, pág. 270.
2.
Íbid., pág. 271.
3
.
Íbid., pág. 272.
4.
García Márquez, Gabriel. El general en su laberinto. Bogotá: Editorial Oveja
Negra, 1989, págs. 183-184.
5.
Íbid., pág. 184.
6.
Bernal Medina, Rafael. «Presencias de Bolívar en Bogotá» en El tiempo. Lecturas
dominicales, Bogotá, 6.12.1962.
7.
Ignacio Vargas, abogado, teniente gobernador de Bogotá en 1815.
8.
Espinosa, José María. Op. cit., pág. 260.
9.
Urdaneta, Alberto. «Esjematología o ensayo iconográfico del Libertador» en Papel
periódico ilustrado, año II, nº
46-48, Bogotá, 24.7.1883, págs.
403-422.
10. Espinosa, José María. Op. cit., pág. 272.
11. Gaceta de Colombia, Bogotá, nº
275, 1.10.1828,
pág. 3; nº
376,5.10.1828, pág. 2.
12. Ibáñez, Pedro María. Crónicas de Bogotá. Bogotá:
Imprenta Nacional, 1917, tomo III, pág. 110.
13. Fernández, Carmelo; Camacho, Simón. Memorias de Carmelo
Fernández y recuerdos de Santa Marta. 1842. Caracas: Biblioteca de la Academia
Nacional de Historia, 1973, pág. 78. No se sabe exactamente a cuál retrato de Sucre se
refiere, si se trata de una de las dos miniaturas conocidas o de un óleo que le hizo al
héroe de Ayacucho, pues los dos grabados que han difundido su imagen son posteriores.
14. Boulton, Alfredo. El rostro de Bolívar. Caracas: Ediciones
Macanao, 1982, pág. 64.
15. Espinosa, José María. Op. cit., págs. 272-273.
16. Urdaneta, Alberto. Op. cit., pág. 404.
17. Espinosa, José María. 011?. cít., pág. 272.
18. Íbid, pág. 273. Le 19. Guzmán, Antonio Leocadio. «Retrato
de Bolívar» en El colombiano, Bogotá, 1.10.1863.
19. Guzmán, Antonio Leocadio. «Retrato de Bolívar» en El
Colombiano, Bogotá, 1.10.1863.
20. Scarpeta, Leonidas; Vergara, Saturnino. «Breve noticia de las
pinturas, dibujos i esculturas presentadas en la Exposición Nacional del 20 de julio de
1871» en Diario de Cundinamarca, Bogotá, 5.9.1871.
21. García Márquez, Gabriel. Op. cit., pág. 20.
22. «Exposición de la Industria» en El día, Bogotá, 9.8.1846.
Banco de la República
Biblioteca Luis Ángel Arango
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