JOSÉ MARÍA ESPINOSA

ABANDERADO DEL ARTE EN EL SIGLO XIX

BEATRIZ GONZÁLEZ

 

CAPÍTULO 5

EL MINIATURISTA

Un legado de la Expedición Botánica

Tarea benedictina

Primera Exposición de Productos Industriales de Bogotá

100 miniaturas

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Retrato auténtico del coronel Felipe Mauricio Martin prócer de la independencia [ilegible] del general Guillermo E. Martin

 

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JOSE MARÍA ESPINOSA

Joaquín Osuna

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Antonio Morales Galavís

 

«PRÍNCIPE DE LA miniatura en Colombia», así calificó Gabriel Gíraldo Jaramillo a Espinosa, el único artista colombiano que alcanzó la perfección en esta técnica. El dominio de esta tradición europea fue una imposición del momento histórico posterior a la guerra de Independencia, y un oficio indispensable para quienes, como Espinosa, profesaron la vocación de retratistas.

 

Un legado de la Expedición Botánica

El conocimiento de la miniatura que se tenía en el Nuevo Reino de Granada, fue actualizado en el siglo XVIII por José Celestino Mutis, con el propósito de realizar los icones botánicos de la Expedición. El sabio gaditano recibió de Europa instrucciones básicas que adaptó según el libro de Palomino [1655-1726]: añadió cande (azúcar cristalizada) a la goma arábiga para obtener brillo y un secado más rápido.

La Escuela Gratuita de Dibujo de la Expedición Botánica, dirigida por Salvador Rizo, se convirtió en semillero de miniaturistas. Pintores de la empresa mutisiana, como Pablo Antonio García del Campo y Pablo Caballero, ayudaron a la difusión de esta técnica. A la muerte de Mutis, la Expedición se prolongó ocho años más; sin embargo, la crisis que generó su desaparición obligó a los dibujantes de icones botánicos a poner su arte al servicio del retrato. Artistas educados en la Escuela y experimentados en los trabajos de la Expedición, como Mariano Hinojosa [1776-ca.1840],Juan Francisco Mancera [ca.1780-1845], y Félix Sánchez [activo entre 1800-1830], se dedicaron a la docencia y a la práctica del retrato en miniatura, y contribuyeron así a difundir la técnica en el país. Las relaciones con Inglaterra y Francia —apoyadas en la lucha común contra España— propiciaron su expansión. Las mejores muestras de este tipo de obras se conservan hoy en Bogotá, Popayán, Medellín, Cartagena, Santa Fe de Antioquia, Rionegro (Antioquia) y Ocaña (Norte de Santander).

El retrato en miniatura, acorde con el romanticismo propio de la Independencia, fue el primer arte de la República. La imagen del héroe convirtió a la miniatura en instrumento de lucha y de propaganda: Bolívar diseminó por doquier sus retratos en miniatura; muchos de ellos se encuentran aún en Inglaterra, Francia, Venezuela y Argentina.

José María Espinosa actuó como miniaturista profesional desde la década de 1820 hasta mediados del siglo. Se sabe que los preceptores de José Manuel Groot y Ramón Torres Méndez fueron los pintores botánicos Mariano Hinojosa y Juan Francisco Mancera; podría suponerse que el abanderado también aprendió con ellos:

Los dibujantes de la Expedición Botánica conservaron alguna tradición en la República naciente: Antonio García, Mariano Hinojosa, José María Triana y Francisco Javier Matis enseñaron lo poco que sabían a algunos aficionados, entre los cuales se recuerda al miniaturista Espinosa y al historiador Groot [1].

Gabriel Gíraldo Jaramillo, estudioso de esta técnica, afirma que Espinosa

no fue ajeno a la benéfica influencia de los alumnos de Mutis [2].

Algunos investigadores aseguran que su maestro fue Francisco Javier Matis, aunque no se han encontrado pruebas contundentes. Cierto es que Espinosa era muy amigo suyo y que lo retrató en dibujo y miniatura en repetidas oportunidades, pero al notable botánico sólo se le conocen discípulos científicos.

Como buen autodidacta, Espinosa copió miniaturas de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, labor que sin duda contribuyó a su aprendizaje. Se sabe con certeza que copió el retrato de Antonio Ricaurte en miniatura,

de otra en mal estado que le obsequió en 1820 un señor Manrique y de los recuerdos personales que aún conserva de Ricaurte, a quien conoció, especialmente en la campaña del norte, en 1812 [3].

 

Tarea benedictina

La técnica de la miniatura ortodoxa se caracteriza por el empleo de la acuarela o «gouache» sobre un marfil en pequeño formato (se asemeja al temple porque se disuelven los colores en agua con aglutinantes). El marfil es un material blanco, duro, transparente; como soporte resulta resbaloso, de apariencia grasosa, poco absorbente e incompatible con la acuarela. La pintura puede agrietarse o resquebrajarse si se expone a cambios de temperatura y humedad. Para facilitar la adhesión de los pigmentos de color, los artistas deben prepararlo con una lija bien fina; con el mismo propósito y para darle brillo, se le agrega goma arábiga. La condición especial radica en la exactitud de la factura: el toque preciso de minúsculos puntos de color que se logra con un delicado y puntiagudo pincel de marta, trabajado perpendicularmente a la superficie del marfil. De miles de pequeños puntos y líneas de colores van surgiendo las formas representadas.

La mayoría de las miniaturas de Espinosa son ortodoxas en la técnica; sin embargo, de algunas sólo queda un boceto del dibujo en lápiz, y en otras hizo audaces innovaciones, como aquellos retratos en los que combinó la más pura acuarela en el rostro, el fondo en técnica punteada y el cuerpo al óleo.

Al igual que Torres Méndez, sus marfiles provenían de las bolas de billar que adquiría a un comerciante de la calle Florián, de las cuales sacaba hojas delgadísimas,

casi del espesor de una hostia [4].

Espinosa tenía las condiciones para esta técnica:

Calidades eximias del espíritu, así como raras capacidades naturales requiere el miniaturista; una aguda sensibilidad y una finísima percepción que le den el significado exacto de los valores de su obra y lo capaciten para llevar a cabo con éxito, tanto el análisis de todos sus componentes, por pequeños que sean, como la síntesis final que los reúna y comprenda; reducir a dimensiones, muchas veces microscópicas, los objetos de tamaño natural, sin transformar esencialmente su contenido, es tarea benedictina [5].

Sus retratos en miniatura captaron la fisonomía de héroes, políticos, jóvenes, niños y matronas de la sociedad bogotana:

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Francisco Javier Matis

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Francisco de Paula Santander

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Francisco de Paula Santander

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Francisco de Paula Santander

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Josefa Santander de Briceño

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

José María Briceño Méndez

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

¿Niño? / ¿Hijo de José María Briceño Méndez y Josefa Santander?

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Pedro Fortoul

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Epifanio Torres Prieto

 

Tuve que estudiar mucho el carácter de las personas, particularmente el de las señoritas. Jamás logré hacer un retrato de una persona del bello sexo sin que la víspera no hubiera estado indispuesta. Al día siguiente, cuando yo iba a comenzar a trabajar, se presentaba la señorita llena de adornos, con los que casi siempre cubría o desfiguraba la naturaleza, que es lo mejor y lo que yo debía imitar [...] La señorita procuraba adivinar por cuál facción empezaría yo: si creía que me dirigía a los ojos, comenzaba a abrirlos o adormecerlos [...] si comprendía que estaba en la boca, eran mayores los apuros; ya ocultaba la mitad de los labios o si no fingía una sonrisa [...] por consiguiente yo tenía que engañarla, y cuando estaba imitando los ojos le decía que iba en la boca [...] Una vez me llamaron para que retratara a una novia bonita: me quedó muy semejante, y me indicó que le hiciera el retrato de un señor que estaba presente, el que también me quedó muy exacto. Yendo a entregarlo me encontré con varias personas, entre ellas con un don Pacho que era de la familia: todos lo conocieron y admiraron el parecido. Al llegar donde la señorita, que fue la primera que salió de la sala, se lo mostré y dijo: —‘¿Y éste quién es?’. Le dije que todos los que lo habían visto decían que era el señor N., y que a D. Pacho le había parecido idéntico, entonces me contestó ella: —‘Pero como el retrato no es para D. Pacho, sino para mí’. -‘Pero como yo no puedo adivinar cómo se le figura a Usted la fisonomía del señor N.’, le contesté; por último resolví llevármelo, con intención de no tocarlo, porque sería dañarlo. A los tres meses se apareció en casa el sujeto retratado, y me dijo que ya se habían casado y se iban para Antioquia; que fuéramos a llevarle el retrato a su señora. Ésta cuando lo vio, declamó diciendo: —‘;Y no quería el señor Espinosa reformarlo, ahora sí se parece!’. Era que ya le habían pasado las ilusiones y lo estaba viendo tal como él era [6].

Primera Exposición de Productos Industriales de Bogotá

Espinosa participó en la Primera Exposición de Productos Industriales de Bogotá, el día 28 de noviembre de 1841, con una miniatura. Para la inauguración de este certamen no se fijó la fecha de acuerdo con las fiestas clásicas de la Independencia, como se ha afirmado, sino con la denominada Gran Semana de Bogotá, realizada en conmemoración de la muerte de Juan José Neira y de la defensa que el prócer hizo de la capital durante la Guerra de los Supremos. Esta exposición fue el primer evento oficial de arte que se realizó en Colombia, aunque las pinturas, dibujos y grabados compartieron el espacio con sillas de montar, inventos, herbarios, quesos y demás.

Espinosa exhibió el marfil Una admón. del Dr. Margallo, el cual representa al polémico sacerdote quien, «por salvar un alma», desafía la furia de la naturaleza. Las temidas tempestades andinas debieron inspirar al artista tanto como la admiración por el sacerdote, que en la década de 1820 se había enfrentado al presidente Santander y a su camarilla a raíz de los decretos que, inspirados en el benthamismo, pretendían transformar el sistema educativo.

El acta suscrita por el jurado -conformado por Alejandro Osorio, Simón Burgos y Juan Manuel Arrubla— expresa en el numeral 38:

Un pequeño cuadrito en miniatura cuidadosamente trabajado presenta una administración sacramental del Dr. Margallo en una noche tempestuosa en Bogotá por el Sr. Don José María Espinosa [7].

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Una admón. del Dr. Margallo

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Juliana Torres Prieto

 

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JOSE MARÍA ESPINOSA

Juan Francisco Ortiz

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Hombre joven

 

Más adelante agrega que,

los señores José María Espinosa, Antonio Ponce y Agustín Rodríguez, sin embargo de ser acreedores a un premio no se les señaló porque al presentar la muestra de su trabajo manifestaron no aspirar a él sino a que sus conciudadanos conocieran sus obras [8].

El premio de 100 pesos, nada despreciable, se repartió entre Luis García Hevia y otros inventores y artesanos.

Con esta exposición oficial se pretendió incentivar la precaria industria de una nación que, apenas consolidada como república, ya contaba dos cruentas guerras civiles. La sangrienta Guerra de los Supremos había conmocionado todo el territorio neogranadino y era necesario revitalizar los valores por medio de una exposición de este tipo. Espinosa envió esta miniatura, en la que demuestra su habilidad artesanal, quizás porque concordaba con la intención positivista de los organizadores del evento, quienes repartieron entre el público el volumen El artesano honrado y laborioso. En él se elogiaba al «hombre de bien», aquel que cumplía los encargos, daba a conocer su talento y habilidades, obedecía al gobierno, se sometía a Dios y respetaba a la sociedad.

A la vista del espectáculo de nuestra naciente industria, ¿podrá haber alguno entre vosotros que quiera ser ‘revolucionario’? ¿Alguno que pretenda destruir el orden gubernativo bajo el cual se recogen estos bienes? ¡Hombres laboriosos! La primera exposición de vuestras industrias es el triunfo de vuestra virtud y la recompensa de vuestra fidelidad y de vuestros sacrificios [9].

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Retrato de dama

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

José Manuel Restrepo (ANVERSO Y REVERSO)

 

La dramática escena de la tempestad pintada por Espinosa debió recordar a los bogotanos la amenaza de destrucción de la capital que significó la Guerra de los Supremos. Desgraciadamente, esta pequeña obra de notable valor artístico e histórico fue robada en la década de 1950 a su propietario, Guillermo Hernández de Alba.

Espinosa participó de nuevo con miniaturas en la exposición de abril de 1845. En el acta del jurado, en relación con la sección de pintura,

 

se calificó como obra sobresaliente de mérito y digna de especial mención un retrato del señor Matis hecho en miniatura por el señor José María Espinosa; y de sobresalientes las siguientes obras del mismo: un cuadro representando al general Nariño en la batalla de Calibío, y los retratos en miniatura de los generales Bolívar, Santander y Sucre, y el del Sr. Mosquera Arzobispo de Bogotá. Se expidió la Patente de Honor respectiva; e informado el jurado de que el Sr. Espinosa había cedido en favor del desgraciado Sr. Matis cualquier premio pecuniario que sus obras pudieran obtener, se acordó la concesión de una gratificación [10].

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Rosita Torrijos Ricaurte

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Mercedes Torrijos Ricaurte

 

El retrato premiado de Francisco Javier Matis se halla en el Museo Nacional de Colombia. Esta institución también conserva miniaturas de Bolívar, Santander y Manuel José Mosquera, pero no se puede aseverar que hayan sido éstas las obras exhibidas en abril de 1845.

Las relaciones de Espinosa y Matis fueron profundas. El texto de El tris, citado en el capítulo tercero, describe a Espinosa en su casa-estudio y relata un encuentro entre el artista y el botánico:

Salió éste a la ventana que mira hacia el camellón, al tiempo que el anciano pasaba, í lo hizo entrar; tomó un lienzo i se preparó a retratarlo; él se negaba: tal era la modestia de aquel hombre! Al fin cedió i quedó en el lienzo para la posteridad [...] El anciano dejó caer la cabeza sobre su pecho i algunas lágrimas corrieron por sus arrugadas mejillas.

—¿Por qué tan triste? Cuénteme sus sufrimientos, le dijo el pintor.

— Desde esta mañana ando herborizando; hoi se cumple el tiempo en que debo pagar el arrendamiento de la casa en que yo vivo i [...] ni aun he tenido con que desayunarme [...] Ese pintor vive, i yo recuerdo su nombre con agradecimiento: es Espinosa; i el anciano era Matis [11].

Espinosa hizo varios retratos de Matis: dos dibujos, una litografía y la miniatura mencionada. Sin embargo, no existen datos sobre el lienzo a que hace referencia el escritor; quizás aludía al retrato exhibido en 1845.

 

100 miniaturas

Aunque no todos sean de la misma calidad, los 100 marfiles inventariados hasta la fecha acreditan a Espinosa como el más prolífico de los miniaturistas de América. Además de retratar al Libertador, creó en esta técnica indudables iconos clásicos: los de Nariño —de perfil— y Santander, a quien mostró primero como un joven militar de la Independencia y más tarde como un presidente de aspecto maduro. En ambas tipificaciones se destaca el cuidado con que trató los atuendos y, particularmente, el cabello.

En la extensa galería de próceres en pose napoleónica que realizó con esta técnica —fueron escasos los protagonistas de la Independencia que no retrató—, sobresale la imagen de Pedro Fortoul, a quien otorgó el aspecto de un condotiero. Sin duda, las más conmovedoras son aquellas miniaturas en las que se revela el afecto por el personaje: es inevitable mencionar su autorretrato; el de su madre anciana, vestida de gris, mirando con tal confianza a su hijo pintor que hasta le sonríe; sus parientes Epifanio Torres, Antonio Ricaurte y las señoritas Torrijos; y el escritor costumbrista Juan Francisco Ortiz. Lo mismo sucede con otras miniaturas, presuntamente de miembros de su familia que permanecen anónimos: la del Hombre joven cuya fuerza no se sabe si proviene de la belleza intrínseca del modelo o de la perfección técnica que hace contrastar el color pergamino de la piel con el negro del cabello, los ojos y el vestido. Otro ejemplo lo constituye el Retrato de dama, que representa a una señora mayor elegantemente ataviada con un traje azul y un aderezo de grandes perlas. Es la mirada profunda de esta mujer —acentuada por las ojeras y la expresividad de los labios— la que concede valor artístico a esta magnífica obra.

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Valentín García Tejada Portocarrero

 

Por su carácter de piezas románticas destinadas al disfrute personal, evocador y casi secreto, muchas de las miniaturas se enmarcaban con preciosismo. Rosalba Carriera [1675-1757], la pintora veneciana a quien se debe la invención de la miniatura moderna, dedicó gran parte de su arte a crear pequeñas cajas, camafeos de esmalte y otros objetos que afirmaban el sentido íntimo de esta técnica y que permitían convertirla en el recipiente idílico donde guardar el recuerdo de la persona amada. Tal es el caso de la miniatura que representa a José Manuel Restrepo en su juventud, enmarcada en un hermoso camafeo que contiene un mechón de cabello anudado con una espiga de diminutas perlas, y la de Eusebia de Urquinaona, en cuyo pecho se distingue, como era usanza, la miniatura de su marido el señor Urquinaona.

Por todo lo anterior, no exagera Giraldo Jaramillo cuando afirma que las obras en miniatura de Espinosa están cargadas de

profundo contenido emocional [...] El miniaturista bogotano por excelencia, autor de la iconografía patria y una de las más seductoras figuras de la historia cultural; espíritu múltiple fue Espinosa y artista completo, no tanto en lo que atañe a la perfección técnica de sus obras, como en lo que se refiere a su hondo sentido de la belleza y a su entusiasmo por las bellas artes. Como miniaturista, Espinosa presenta muestras realmente desconcertantes, de milagrosa perfección y de indecible encanto [12].

Pero en 1839, cuando Espinosa había alcanzado ya la perfección como miniaturista, el daguerrotipo llegó al país. No es muy difícil imaginar lo que pudo sentir al observar cómo una máquina captaba imágenes verdaderas, por medio de un proceso físico-químico, en tiempo vertiginoso. El invento se puso de moda y atrajo el interés de todos. Aunque Espinosa continuó trabajando sus pequeñas obras hasta bien entrada la década de 1850, e inclusive colocó algunas de éstas en estuches de daguerrotipo, se vio forzado a buscar otros horizontes profesionales. La edad debió ser otro de los factores que le impulsó a enfrentarse al gran formato y dejar a un lado las encantadoras y coloridas miniaturas a las que había dedicado gran parte de su vida de artista.

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Retrato de dama

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Retrato de mujer

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Eusebia de Urquinaona

 

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JOSE MARÍA ESPINOSA

Sr. Urquinaona

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Retrato de mujer

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Simón Bolívar

 

 

1. López de Mesa, Luis. La sociedad contemporánea y otros escritos. Bogotá: Editorial Minerva, 1937, pág. 164.

2. GiraldoJaramillo, Gabriel. La miniatura, la pintura y el grabado en Colombia. 2a. edición. Bogotá: instituto Colombiano de Cultura, 1980.

3 . Urdaneta, Alberto. Papel periódico ilustrado, año I, nº 13, Bogotá, 15.4.1882, p. 215. Espinosa no sólo conoció a Ricaurte —como dice Urdaneta—; el héroe de San Mateo era su pariente cercano.

4. Moreno de Ángel, Pilar. «José María Espinosa. Abanderado y pintor de la Independencia» en Memorias de un abanderado, José María Espinosa, Bogotá, Academia Colombiana de Historia, Plaza y Janés, 1983.

5. Giraldo Jaramillo, Gabriel. «Exposición de miniaturas» en Boletín de historia y antigüedades, nº 322, Bogotá, agosto de 1941.

6. Espinosa, José María. «Carta a José María Quijano Otero» en Papel periódico ilustrado, Bogotá, 15.3.1883.

7. El constitucional de Cundinamarca, Bogotá, 3.12.1841.

8. Íbid.

9. Íbid.

10. El día, Bogotá, 4.5.1845.

11. M.Q.J. «Un retrato debido al mérito» en El iris, Bogotá, 28.7.1866, pág. 12.

12. Giraldo Jaramillo, Gabriel. «Exposición de miniaturas» en Boletín de historia y antigüedades, nº 322, Bogotá, agosto de 1941.

 

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