JOSÉ MARÍA ESPINOSA

ABANDERADO DEL ARTE EN EL SIGLO XIX

BEATRIZ GONZÁLEZ

 

CAPÍTULO 4

MI PROFESION DE PINTOR

Y RETRATISTA

La creación de una iconografía procera

 

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JOSE MARÍA ESPINOSA

Juan José Rondón y Diego Cordovez

 

A. PARTIR DE LA Independencia, el retrato reemplazó en importancia a la pintura religiosa y mantuvo un lugar de preeminencia que se prolongó hasta mediados de siglo. Los artistas continuaron encontrando en este género su modo de sustento, de expresión plástica y de manifestación de sentimientos patrióticos y partidistas.

Pedro José Figueroa había establecido las bases del género de retrato que se ejercía en Bogotá hacia la década de 1820, las cuales provenían a su vez de las técnicas cuzqueñas para retratar virreyes y personajes ilustres. Figueroa formó una escuela en la que practicaron sus hijos y discípulos. Este pequeño círculo familiar difundió un tipo de retrato detallado, minucioso en el oficio, que combinaba simplificaciones en la forma y elegancia en el colorido. El contraste de lo elaborado con lo sencillo le ha merecido la calificación de primitivo. Quienes no pertenecieron a dicha escuela —en su mayoría autodidactas— aplicaron los conocimientos, la destreza y el sentido de observación adquiridos con la práctica de la miniatura, técnica heredada de la Expedición Botánica.

Entre estos últimos se encuentra José María Espinosa quien, junto con Ramón Torres Méndez, se apartó del estilo neocolonial de Figueroa. Espinosa fue el primer pintor colombiano que se salió de los moldes de la pintura colonial: trabajó sin el mecenazgo de la Iglesia, sin modelos establecidos, no pintó asuntos religiosos —excepto la treintena de cuadritos de San Emigdio, el patrono de los temblores, los cuales vendió entre los aterrorizados habitantes del Huila cuando vivía como fugitivo en 1817—. Buscó sistemas de expresión con la libertad que le daba el ser autodidacta. Actuó como heredero de la Expedición Botánica, pero su mirada fue más la de un artista que la de un científico.

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Estanislao Vergara

 

Retratista nato, se inició tempranamente en este género —hay pruebas de ello desde 1816 en Popayán, La Plata y Timaná— y realizó los retratos de sus compañeros en la campaña del sur dirigida por Antonio Nariño. Al regresar de la guerra magna se consagró, como él mismo lo afirma, a la «profesión de pintor y retratista». En cada obra dejó su testimonio formal de aquellos que murieron en las batallas o de quienes habían sobrevivido y lo rodeaban. Combinó la observación de la naturaleza humana con la admiración por el héroe. Mientras pintaba a los sobrevivientes les oía sus anécdotas militares. Eran, por lo general, historias exultantes contadas a la manera costumbrista, en las que niños campesinos o gentes del pueblo protagonizaban acciones gloriosas.

 

La creación de una iconografía procera

Es indudable que Espinosa intentó, por medio del retrato, realizar un programa histórico, o mejor, patriótico. La serie de dibujos, que el criterio moderno considera como bocetos, le permitió fijar los rasgos característicos de los próceres. Sin embargo, muchas veces son más importantes que sus óleos posteriores. Creó entonces una iconografía destinada a difundirse a través del grabado y de los libros de historia. Espinosa produjo la materia prima que ha servido para ilustrar estas publicaciones en los países bolivarianos y, particularmente, en Colombia; así legó a la posteridad el rostro de nuestros héroes.

Es probable que la solicitud del gobernador de La Plata (Huila), José María Céspedes, de realizar el retrato del coronel patriota Juan Mutis, muerto cerca de la Cuchilla del Tambo, constituyera el estímulo inicial para emprender la iconografía procera. A quienes sobrevivieron, como Juan José Rondón, Estanislao Vergara o Hermógenes Maza, pudo tomarlos del natural; a quienes fallecieron en batalla debió dibujarlos a partir de su memoria, entre ellos Liborio Mejía, Atanasio Girardot y José Narciso Santander.

El recuerdo de sus compañeros de lucha le dio carácter a estas imágenes; retrató emocionado el rostro de José María Cabal, fusilado en una hacienda cercana a Popayán en 1816, y quien había sido su jefe en la mayoría de las batallas del sur. Así mismo, trabajó en carboncillo el retrato de Atanasio Girardot, su compañero en el batallón de guardias nacionales en 1811, muerto como un héroe en Bárbula, en 1814, y cuyo nombre se convirtió en paradigma para la juventud patriota. El dibujo del rostro del héroe, en el que se observan sus ancestros franceses, está realizado con líneas sensibles que marcan y denotan las ondulaciones y los rasgos principales; se evidencian sus ojos claros y su cabello rubio. Girardot fue abanderado, al igual que Espinosa, y como tal murió portando el estandarte.

Dentro de este programa patriótico existe una faceta desconcertante por su originalidad: se trata de los dibujos que representan a los próceres en su infancia. No se comprende con qué objeto los hizo. ¿Intentaba elaborar monografías de cada uno de los héroes? Espinosa era menor que todos los patriotas que pintó niños. Por ejemplo, en el retrato en lápiz de su pariente Antonio Ricaurte, lo presenta de cuerpo entero, con sombrero, a los dieciocho años, cuando Espinosa apenas alcanzaba los seis.

A algunos, como a Córdova, no los conoció en su primera edad. Cuando se observa la pequeña acuarela titulada Infancia del General]. Ma. Córdoba retratado con batón largo de tela clara, montando un caballito de madera, no se sabe si quiere divertirse con su amigo y compañero de la batalla de Río Palo o si desea mostrarlo como ejemplo de las juventudes independentistas. Como se sabe, Córdova se vinculó al ejército a la edad de trece años. La fecha del dibujo, 17 de marzo de 1828, lo sitúa un año antes de su trágica muerte.

 

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JOSE MARÍA ESPINOSA

Atanasio Girardot

 

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El Ciudadano José Narciso Santander

 

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José Narciso Santander

 

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Infancia del General J. Mª. Córdoba

 

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Antonio Ricaurte de 18 años

 

Dentro de esta serie, pero en otra técnica y otro espíritu, se encuentran las obras que heredaron sus parientes y que representan dos grupos de niños retratados de busto: uno de Atanasio Girardot y Antonio Ricaurte, y otro de Rafael Cuervo y Luciano D’Elhuyar. Aunque aparecen fechados en la década de 1870, es posible que fueran anteriores y correspondan a un regalo que el pintor hizo a sus familiares por entonces.

A partir del año de 1840, una vez terminada la Guerra de los Supremos, el gobierno le encargó algunos retratos con destino al Museo Nacional, para exaltar la memoria de los héroes de la guerra independentista y de las contiendas civiles. Durante la presidencia de José Hilario López (1849-1852), se ordenaron y pagaron algunos retratos al pintor:

La secretaría de Relaciones Exteriores a José María Espinosa Debe: Por un retrato al óleo del Coronel Luciano D’Elhuyar con su correspondiente marco, hecho el 20 de Julio de 1849 ... 640 Por el del Coronel Atanasio Girardot id. ... 640 Por el del Coronel Antonio Ricaurte id.... 640 Total 1.920 Dichos retratos han sido contratados con el señor Secretario de Relaciones Exteriores. Bogotá 25 de agosto de 185o (fdo.)José María Espinosa Secretaría de Relaciones Exteriores [...] En consecuencia se libra en esta misma fecha la correspondiente orden de pago a cargo del administrador de la Provincia de Bogotá bajo el Nº Bogotá, 30 de agosto de 1850 / (fdo.) Víctor de D. Paredes [1].

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Retrato doble / ¿Atanasio Girardot y Antonio Ricaurte niños?

 

Para pintar estos retratos, Espinosa se basó en dibujos tomados de su recuerdo y en las miniaturas que había realizado. Esta serie es bastante desigual y dentro de cada obra se destacan pequeños detalles, como la mano de D’Elhuyar que reposa sobre una caja de madera, o la fajilla en la cintura de Girardot. Pero en general son inferiores a los espléndidos dibujos y miniaturas de los cuales partió. Además, radiografías recientes revelan que no fueron realizadas por Espinosa.

Aparte de los encargos del gobierno, buscó por su propia cuenta consagrar a los demás patriotas, cuyos nombres dejó consignados en una serie de 70 retratos:

Con placer me he ocupado en retratar a muchos de los héroes de nuestra primera época y de sus nombres he formado la lista que sigue: General Nariño. General Sucre, el Gran Mariscal de Ayacucho. Brigadier José de Leiva. General Herrán. General Vélez. General Maza. General Mosquera. General Santander. Brigadier Ricaurte (Joaquín). General Rondón. General Neira. General París. General Villavicencio. General Mendoza. General Barriga (Francisco V.). General Urdaneta, Francisco. General Caicedo (Domingo). General Franco. General Ortega. General Córdova. General Fortoul. General Espina. General García (P. Antonio). General López (J. Hilario). General Mantilla. General Morales (Antonio). General Murgueitio. General Serviez. General Murray. General Moreno. General Padilla. General Durán. General Gaitán. General Herrera. General Obando (Antonio). General Obando (José M.). General Valdés. General Anzoátegui. General Carmona. General Figueredo. General Gómez (Juan). General Manrique. General Soublette. Mayor General Cabal. General Melo. Coroneles Cuervo (Rafael), Urreta, Briceño (Justo). Coronel D’Elhuyar. Coronel Guerra. Coronel Girardot. Coronel Vanegas (Vicente). Coronel Santana. Coronel Mutis. Coronel Fergusson. Coronel Johnson. Coronel Wills. Tenientes-Coroneles: Antonio París, Rosas, Pinzón, Mariano Posse, Ricaurte (Antonio), Liborio Mejía i Cirakoscki. Teniente Santander (Narciso). La heroína Policarpa Salabarrieta. Don Camilo Torres. El señor Restrepo. Caldas, el sabio. Don Pedro Lastra [2].

 

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JOSE MARÍA ESPINOSA

Retrato doble / ¿Rafael Cuervo y Luciano D’Elhuyar niños?

 

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Vicente Vanegas y Olarte

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Policarpa Salabarrieta

 

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La Pola en capilla

 

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Rufino Cuervo Barreto

 

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José María Caycedo y Vidal

 

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Rito Sarmiento nació el 22 de marzo de 1805 se retrató el 22 de octubre de 1845

 

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Tomás Cipriano de Mosquera

 

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JOSE MARÍA ESPINOSA

El general Tomás Cipriano de Mosquera

 

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Manuel José Mosquera

 

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ANONIMO

Manuel José Mosquera

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Tomás Cipriano de Mosquera

 

Para exaltarlos utilizó en ocasiones no sólo la pintura sino que colocó en una cartela el recuento de sus actos, como en el caso de José María [70] Caycedo y Vidal. El 20 de julio 1857, exhibió varias de sus obras en la Casa Consistorial, entre ellas la imagen de Policarpa Salavarrieta. Todos estos retratos al óleo son de espíritu neoclásico, éticos, destinados a glorificar al héroe.

Las pinturas conmemorativas se habían puesto en entredicho y habían sido motivo de controversia en el Congreso, a raíz de las proposiciones honoríficas con motivo de la muerte del general Santander. Aunque en el fondo las discusiones tenían más carácter político que artístico, se afirmaba que este tipo de imágenes eran un

caduco y perecedero honor sólo usado en países atrasados en las artes. En aquellos en que se conoce el género monumental se decretan bustos, o estatuas, o columnas de mármol y de bronce [3].

Espinosa tuvo igualmente la intención de realizar un programa iconográfico por familias. No porque trabajara grupos familiares, sino porque retrataba de manera individual a sus miembros. Los hermanos Mosquera -Joaquín, Manuel José y Tomás Cipriano- fueron retratados en distintas técnicas y en épocas diferentes de su vida. En un óleo representa a Tomás Cipriano de civil y con charreteras cuando era presidente, con el plano de Bogotá realizado por Codazzi. A pesar del esquematismo de la figura, alcanza a realzar el gesto producido por el defecto de la quijada, que era su rasgo característico.

Se han catalogado tres retratos al óleo, en gran formato, que presentan al personaje de cuerpo entero con un claro carácter de homenaje póstumo. Así se consideran los de Francisco de Paula Santander, Simón Bolívar y el [8o, 8i] arzobispo Manuel José Mosquera.

El de Santander es el primero de este grupo. Allí, la imagen épica fue lograda al presentar al héroe en tamaño natural, sobre un fondo de escenas bélicas, vestido con el uniforme militar que trajo de París y con la mano levantada en actitud declamatoria, sosteniendo la Constitución. Para esta obra, Espinosa realizó bocetos detallados del rostro y de la figura completa.

De igual forma procedió con el del arzobispo Mosquera, realizado un año después del de Santander. El retrato del clérigo fue encargado por doña Sixta Pontón, viuda del general, seguramente con el propósito de conservarlo en el colegio del Sagrado Corazón que ella había fundado. El encargo se explica por la gran amistad del extinto presidente para quien el arzobispo significó el apoyo de la Iglesia a su gobierno desde 1836. En el momento en que Espinosa realizó su retrato, Mosquera era considerado un mártir a causa de su muerte en el exilio.

El de Bolívar es el más famoso y el más logrado. Después de muchas peripecias, esté retrato llegó al Palacio Presidencial de Miraflores, en Caracas, donde se encuentra actualmente; llevado a Venezuela durante la década de 1860, sólo hasta el presente siglo fue ubicado en el lugar propicio. Aunque Bolívar luce bastante estilizado, su estatura irreal y su actitud recuerdan el óleo del limeño José Gil de Castro [1790-1850]. Se trata, indudablemente, de un emocionado homenaje en el que el artista plasmó las lecciones neoclásicas de David.

¿Por qué Espinosa se dedicó con tanto ahínco a estos retratos al óleo gigantescos, cuando su oficio de miniaturista lo aproximaba al pequeño formato, al trabajo meticuloso, a la dedicación de una labor casi de escritorio?

 

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Manuel José Mosquera

 

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Manuel José Mosquera

 

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Manuel José Mosquera

 

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Francisco de Paula Santander

 

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Francisco de Paula Santander

 

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Simón Bolívar

 

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J. Mª. Espinosa retratado por él mismo el 1º de Agosto de 1834 en Bogotá

 

1. Archivo General de la Nación, Bogotá, Sección República, Fondo Miscelánea, tomo 213, folios 371r. y V.

2. Espinosa, José María. Memorias de un abanderado. Bogotá: Imprenta de El Tradicionista, 1876, págs. 275-277.

3. Libertad y orden, Bogotá, 10.6.1840.

 

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