JOSÉ MARÍA ESPINOSA

ABANDERADO DEL ARTE EN EL SIGLO XIX

BEATRIZ GONZÁLEZ

 

CAPÍTULO III

UN DIBUJANTE

EN LOS INICIOS DE LA REPUBLICA

El álbum familiar

El retrato de los Morales Espinosa

Los autorretratos

[XVII]

ANÓNIMO

Simón Bolívar

 

[27]

JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Masa

 

LA VERDAD ERA CARRERA de Espinosa, la de artista, comenzó cuando regresó a Santafé de Bogotá después del indulto. La ciudad estaba aún bajo el temido gobierno español encarnado en la figura del general Sámano -ascendido a virrey por intermedio de Morillo— y, aunque el rumor de los triunfos patriotas comenzaba a menguar su poder dictatorial, no ejercía el mismo efecto sobre sus deseos de venganza. De modo que al llegar a la capital, en los primeros meses de 1819, Espinosa fue aconsejado de obrar con prudencia y no mostrarse de día en las calles. Cuando se reportó ante la Real Audiencia, el oficial Andrés Maldonado leyó el pasaporte y le dijo en forma confidencial:

No se presente usted porque, aunque lo hayan juzgado, sentenciado y cumplido su condena, lo ponen de soldado [1].

La población estaba diezmada. No había familia patriota que no contara un muerto entre sus miembros. Sólo en Bogotá, habían sido fusiladas 77 personas, entre ellas sus parientes Camilo Torres —tío político— y Francisco Morales —suegro de su hermana—; otros perecieron gloriosamente en la campaña de Venezuela, como su primo Antonio Ricaurte. Incluso las mujeres habían sufrido destierro en poblaciones de Cundinamarca y Boyacá. La casa de su hermana fue allanada, y su tía Francisca —Pacha, la viuda de Camilo Torres—, fue despojada de todos sus bienes y desterrada de la capital.

Buscando superar sus quebrantos de salud, Espinosa se trasladó a San Juan de Ríoseco. En esta población cundinamarquesa cercana a Ambalema —emporio del tabaco—, volvió a hacer caso omiso de las precauciones y tuvo ánimos para emprender un negocio de contrabando de cigarros. Estando allí, reconoció a su antiguo compañero de entrenamiento militar, Hermógenes Maza, cuyo estado mental se había afectado durante su cautiverio en Caracas. Por su conducto, Espinosa se informó de todos los rumores sobre los antiguos compañeros de armas, supo quiénes se habían pasado al bando realista, quiénes se habían vendido al enemigo y, lo más importante, se enteró del posible éxito de la campaña de Bolívar.

Las conversaciones de estos dos ex combatientes se iniciaron en San Juan y continuaron en Bogotá. Cuando les informaron del triunfo patriota en la Batalla de Boyacá, seguramente al día siguiente de ocurrido, salieron a la calle en compañía de Eugenio, hermano menor de José María. Entonces presenciaron el caos en que se encontraba sumergida la ciudad:

Las calles estaban desiertas; partidas de soldados de caballería las recorrían, sin orden ni concierto; oficiales afanosos y turbados daban órdenes aquí y allí; toques de cornetas y tambores por dondequiera [...] Fuera de unas pocas personas que solían atravesarse de una parte a otra despavoridas o conduciendo algunos objetos como de equipaje, sólo nosotros andábamos por entre los españoles que nada se atrevían a decirnos, ni aun nos miraban; éstos eran los últimos restos de la guarnición que había quedado en la ciudad y que se preparaban a salir también [2].

Dos días después, contemplaron la llegada del Libertador y se unieron al cortejo que lo acompañó desde el norte de la ciudad hasta la Plaza Mayor —hoy Plaza de Bolívar—. Vivieron el júbilo y la algarabía de los homenajes ofrecidos a los vencedores de Boyacá. Quizás ésta fue la primera vez que el retratista se confrontó con su más notable modelo; antes de reconocerlo vio

venir un militar, bajo de cuerpo y delgado, a todo el paso de un magnífico caballo cervuno [3].

 

[XVIII]

ANÓNIMO

Joaquín París

 

[28]

JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Francisco Margallo

 

De cualquier manera, este ambiente triunfal no consiguió convencer a Espinosa de retomar la carrera militar. Cuando el general Joaquín París le comunicó su promoción al grado de capitán, con el objeto de guiar un batallón en la campaña del sur emprendida por Bolívar, el artista rechazó la oportunidad sin titubear:

Le di las gracias, pero le manifesté que estaba resuelto a dejar el servicio, porque mi salud se hallaba quebrantada y quería retirarme a vivir de mi trabajo [...] Y en efecto, llevé a cabo mi propósito consagrándome desde entonces a mi profesión de pintor y retratista [4].

Así que en su hoja de servicios, Espinosa permaneció como alférez. El 7 de octubre de 1837, una vez acreditada su participación en la campaña del sur dirigida por Nariño, se le concedió el retiro:

Su conducta política y militar ha sido la de un militar fiel a la causa de la Independencia y de las instituciones republicanas; y su total tiempo de servicios, abonado doble el de campaña, es el de 8 años 6 meses 8 días. Hallándose comprendido este oficial en el caso 2º del artículo 54 de la ley de 10 de junio de 1833, se le ha señalado la mitad de su paga de vivo, de que debe disfrutar desde el día 27 de septiembre pasado en que se declaró, con arreglo al acto legislativo de 29 de mayo último [5].

Casualmente, correspondió a su antiguo compañero de armas y prisión, José Hilario López, firmar el anterior decreto en calidad de secretario (ministro) de Guerra y Marina. Sin embargo, en enero del año siguiente su nombre volvió a figurar en la lista de los militares de la Nueva Granada, lo cual indica que su retiro aún no se había hecho efectivo [6].

Una vez instalada la república, su vida transcurrió en calma: no se involucró en las incesantes discusiones políticas sobre la guerra que Bolívar libraba en los países del sur, ni tomó partido en la polarizada controversia sobre la educación que sostuvieron los santanderistas y los seguidores del padre Francisco Margallo. En democrática actitud, les hizo retratos a unos y otros. La única causa política a la que adhirió por entonces fue la candidatura de José Hilario López para gobernador de la provincia de Cundinamarca, cuyo manifiesto firmó [7].

Padecía estrecheces económicas, pero su clara conciencia de artista y su participación en la guerra de Independencia le hacían acreedor al respeto de sus conciudadanos. En sus Memorias, raras veces se refirió a los detalles de su

vida íntima y doméstica que poca o ninguna importancia tienen para el lector [8].

Sin embargo, tres hechos le perturbaban profundamente: su mala salud, rezago de la guerra y de los años de fugitivo; la dilación del Estado en pagar su pensión de militar en retiro [9] y el desprecio con que se referían algunos neogranadinos que se reunían con ciudadanos españoles en una tertulia de la capital, a las heroicas acciones del que había sido su ejército.

No se tiene noticia de que hubiese vuelto a viajar lejos de la capital, como sí lo hicieron sus contemporáneos Ramón Torres Méndez, José Manuel Groot [1800-1878] y Luis García Hevia [1816-1887], aunque no se descarta del todo esa posibilidad [10].

 

El álbum familiar

Desde su regreso a Bogotá, Espinosa practicó con asiduidad el retrato, el más exigente de los géneros. Como su vida transcurrió al lado de sus familiares, fueron ellos sus primeros modelos. Sin duda, posaron para él durante los meses que pasó cuidándose prudentemente, antes del triunfo de Boyacá. Por esa época debió iniciar el prodigioso álbum en el que retrató de perfil a su padre, su madre, su hermano Eduardo, sus hermanas Francisca y Ana María, su sobrina Gertrudis, su cuñado Antonio —al único que no presenta de perfil—, a otros posibles parientes sin identificar y a él mismo, en un autorretrato imponente en el que señaló con crudeza su nariz aguileña y su labio borbónico.

Esta serie fue realizada sobre letras de cambio, quizás las únicas libretas de buen papel a que Espinosa tuvo acceso, gracias a la vinculación de su padre con la Casa de Moneda. Los arabescos, las tramas de las sombras, cabellos y vestidos de estos perfiles recuerdan la ornamentación lineal de los billetes y ponen en evidencia no sólo su notable talento de dibujante, sino su agudo don de observación y su variada cultura porque, indudablemente, hay en ellos una huella del arte europeo de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. Al contemplar este álbum se siente el espíritu de Lavater.

 

[29]

JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Eduardo Espinosa Prieto

 

[30]

JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Francisca Espinosa Prieto

 

Johan Caspar Lavater [1741-1801] escribió el tratado sobre fisiognomía, auxiliar de la sicología que pretende determinar y clasificar en categorías el carácter de las personas de acuerdo con las facciones del rostro. El reconocido autor suizo fue mencionado en el Papel periódico de Santafé de Bogotá en 1793; sus postulados eran aceptados universalmente desde la Ilustración. Los perfiles de Espinosa están imbuidos de la caracterología, de modo que es factible suponer que, a pesar de su cultura autodidacta, tuvo conocimiento de esta ciencia; de otra manera no se explica tal agudeza al plasmar el perfil de sus más allegados.

Aquí vale la pena recordar también el fisiognotrazo, instrumento anterior a la invención de la cámara fotográfica, que permitía calcar las siluetas de las personas a través de un sistema de luz. No se pretende afirmar que Espinosa lo usó sino que el invento puso de moda este tipo de retratos. En Inglaterra, por ejemplo, el poeta Coleridge llegó a afirmar que «sólo los grandes hombres pueden ser retratados de perfil».

Existe el acuerdo tácito entre los estudiosos de considerar esta serie de dibujos de perfil como una de las primeras obras en la carrera del artista. De Mariano Espinosa, su padre, se han catalogado tres retratos en distintas técnicas —lápiz, tinta y miniatura—; de Mariana, su madre, dos dibujos y una miniatura; de su hermano Eduardo una obra en lápiz, una en tinta y un óleo; de María Sandino Borda, su primera esposa, un dibujo; y de Bárbara San miguel, su segunda cónyuge, una miniatura y un óleo. En cambio no ha sido posible identificar retratos de Francisca —una hija natural—, tampoco de Luis, Mariano, Vicente, Rafaela, Emilia y José Tomás, los hijos de su segundo matrimonio. Sin embargo, los hermosos dibujos de jóvenes y la pintura goyesca de un pequeño, sugieren que fueron ellos sus modelos. Como ha sucedido muchas veces con incontables obras del arte colombiano, el paso del tiempo convierte a los retratados en personajes desconocidos.

También se conservan notables retratos en miniatura, dibujo y caricatura de otros parientes suyos, tales como Camilo Torres, Antonio Ricaurte, Ignacio París, Epifanio Torres Prieto; y miniaturas de las señoritas Torrijos Ricaurte, de Rita Ricaurte de Belver y de la pintora Juliana Torres.

Si se considerara que el propósito era practicar diversas técnicas, se juzgaría que el número de obras en las que empleó como modelos a los miembros de su familia fue realmente excesivo. Pero casi todos estos retratos no dan la idea de ensayos, son obras cabales. Basta mencionar la miniatura de su primo Epifanio Torres Prieto, la cual no sólo es técnicamente perfecta: el color, la composición y el aliento que la anima hacen de ella una obra de arte total. Se concluye, entonces, que aunque sus parientes ricos podían encargarle retratos remunerados, Espinosa sentía, por espíritu tradicionalista, un placer especial en dejar consignadas sus imágenes.

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Gertrudis Morales Espinosa

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Hombre joven / ¿Hermano del artista?

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Hombre joven / ¿Hermano del artista?

 

[XIX]

Dorso de uno de los bonos de guerra sobre los cuales José María Espinosa dibujó el álbum familiar

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Mariana Prieto Ricaurte de Espinosa

 

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JOSE MARÍA ESPINOSA

Don Mariano Espinosa Mora 1840

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

¿Mariana Prieto Ricaurte de Espinosa?

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Eduardo Espinosa Prieto

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

¿Mariano Espinosa Mora?

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Eduardo Espinosa Prieto

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

María Sandino

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Bárbara San Miguel de Espinosa

 

El retrato de los Morales Espinosa

Con alguna ligereza, se ha dicho que una de sus primeras obras fue el retrato al óleo —bastante estereotipado— de la familia de su hermana mayor, Ana María, en el que aparecen junto a ella su esposo Antonio Morales y su pequeña hija Gertrudis. Por el aspecto de los modelos y la tierna edad de la niña se deduce que el óleo fue realizado hacia 1814, época en la cual José María combatía como soldado del ejército de Nariño en la campaña del sur del país.

La pareja había contraído matrimonio a finales de i8o8. Morales partió para la guerra en 1815 y sólo volvió a ver a Espinosa en Bogotá cuando éste regresaba de sus años de correría:

Reemplazado el coronel Morales el i8 de octubre de 1820 por el coronel Pedro Fortoul en la gobernación del Socorro, estaba ya en Bogotá a fines del mismo mes descansando al lado de los suyos de tantas fatigas y contrariedades que había experimentado en el ejercicio de jefe civil y militar [...]. Pero si por un lado descansaba su espíritu de tantas desazones, por otra se vio afligido por el fallecimiento de su esposa [11].

Llama la atención que, tanto en esta pintura —cuyo estilo es propio de la escuela de Figueroa— como en los retratos que le hiciera Espinosa, Morales aparece vestido de civil, con el aire de un jurisconsulto alejado de la milicia, cuando en realidad había participado en conflictos bélicos desde los inicios de la Independencia y se había desempeñado como militar durante gran parte de su vida en Colombia, Ecuador y Perú. De hecho, su gran ambición fue llegar a ser general, grado que le otorgó el Libertador (7.12.1823) después de sus buenos oficios en Pativilca, en favor de la pacificación del Perú.

Para la época en que se realizó este óleo, Ana María aún no había sufrido las penas que tuvo que afrontar sola durante la reconquista española al ser despojada de sus bienes, ni el dolor que le debieron causar los rumores sobre la conducta disoluta de su esposo durante la permanencia de éste en el Socorro. De cualquier manera, los dibujos posteriores de Espinosa tampoco tradujeron esas circunstancias ni transmitieron una muerte tan próxima. Sus retratos la presentan siempre con un aspecto cálido, notoriamente ausente en este óleo.

En cuanto a la niña, llamada Gertrudis en recuerdo de su abuela materna, aparenta en el óleo alrededor de cinco años de edad [12]. En el álbum familiar, Espinosa la plasmó cuando ya era una adolescente.

La importancia del retrato de la familia Morales Espinosa no reside en que su autoría pueda o no ser atribuida a José María, sino en que refleja el entorno de aquella familia con la cual Espinosa compartió tres años de su adolescencia, antes de partir para la guerra. En ese ambiente, cuyo refinamiento se percibe en los trajes y en el espaldar de la silla con pinturas, debieron moldearse no sólo los ideales patrióticos sino las aspiraciones artísticas de Espinosa.

 

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JOSE MARÍA ESPINOSA

Bárbara Sanmiguel de Espinosa

 

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JOSE MARÍA ESPINOSA

Señorita María Josefa Espinosa

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Muchacho / Cabeza

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Rostro de mujer joven

 

[XX]

ANÓNIMO

Familia del general Antonio Morales Galavís

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Retrato de niño / ¿Hijo de José María Espinosa?

 

[47]

JOSÉ MARÍA ESPINOSA

José María Espinosa; a los 27, años de edad, Retratado el día 1º de Octubre de 1825 Por él mismo

 

Los autorretratos

A lo largo de su vida, Espinosa realizó autorretratos en técnicas tan variadas como la tinta, la acuarela y el óleo. Estas obras son una curiosidad dentro del arte colombiano del siglo XIX. Además de Gregorio Vásquez Ceballos [1638-1711], el pintor colonial, ningún artista se había preocupado por dejar consignada su apariencia. Espinosa lo hizo ocho veces: el Museo Nacional conserva cuatro piezas (reg. 1201, 1933, 1935 y 831), la Casa Museo del 20 de Julio de 1810 posee dos, y el Museo Quinta de Bolívar uno. En algunos anotó la fecha o la edad y se puede afirmar que perdura un registro por década -a los 29, los 38 y los 44 años—.

Como se ha dicho, en un acto de originalidad se dibujó el día de su onomástico, «retratado el día 10 de octubre de 1825 por él mismo».

En el arte universal es frecuente que los grandes artistas entreguen su imagen a la posteridad; basta recordar los autorretratos de Durero [1471-1528], Tiziano [ca.1487/90-1576], Velázquez, Rubens [1577-1640] y Goya para indicar su voluntad de tomarse a sí mismos como tema. El autorretrato es un ejercicio autónomo cuyo modelo es asequible en cualquier momento y no cuesta dinero. Artistas como Rembrandt [1606-1669] y van Gogh [1853-1890] se retrataron repetidamente. En el caso de Espinosa prima una posición casi historicista, al registrarse década tras década desde su juventud, a los veinticinco años, hasta verse convertido en una reliquia de la patria.

El autorretrato más antiguo que se conoce es el dibujo de perfil conservado en el álbum familiar. En él se evidencia la prominente nariz aguileña que lo caracterizó y que fue blanco de burlas durante su prisión en Popayán:

En esta triste asamblea,

La cosa más primorosa

Es la nariz de Espinosa

Y la boca de Correa [13].

Los más extraordinarios son la acuarela fechada en la miniatura realizada el 1º de agosto de 1834 y la acuarela de 1840. El primero no se sabe si fue realizado a los 27 o a los 29 años de edad porque la inscripción, aparentemente escrita por Espinosa, presenta un error de cálculo —o de caligrafía—. Su precisión neoclásica se observa en el brillo de la punta de la nariz, en el dibujo de los labios y en el tratamiento de la sombra del bigote y la barba. Hay cierto hedonismo en el acto de legar su imagen a la posteridad. Su vanidad se revela especialmente en la intención de acortarse un poco la nariz recurriendo al brillo antes aludido, en la distribución del cabello rizado y en la precisa ejecución del atuendo, en particular la corbata anudada, la camisa plisada y el detallado broche. Llama la atención el fondo tratado como si fuese una miniatura vista a través de una lupa.

 

[48]

JOSE MARÍA ESPINOSA

Rostro de hombre / ¿Autorretrato?

 

En el segundo —realizado en la técnica más ortodoxa de miniatura— su figura surge como resultado de la trama puntillista propia de la técnica; el artista se representa vestido de camisa blanca, los pliegues de la tela y los tirantes listados en verde y rojo aparecen minuciosamente detallados. Es notable el acucioso tratamiento del rostro sin afeitar, la mirada vivaz y la disposición del cabello. Gabriel Giraldo Jaramillo la considera «pequeña obra maestra de exquisita delicadeza y suave entonación».

En el tercero, el más dramático y eminentemente romántico, aparece casi de frente, con el cabello desordenado, vestido de negro, con aspecto estilizado y tenso.

En todos estos autorretratos prevalece la sinceridad, incluso en la caricatura que realizó de su vejez, recorriendo las calles bogotanas con su alargada figura, vestido de capa negra y sombrero alón, como un fantasma del pasado. Espinosa se retrató siempre tan crudamente que su arte resulta cercano a la obra de Caspar David Friedrich [1774-1840] y de otros románticos alemanes de principios del siglo XIX.

Esta colección única marca una brecha entre el arte del retrato de los siglos XVIII y XIX en Colombia. Como buen romántico, Espinosa miró dentro de sí mismo, donde halló la sensibilidad para dar la expresión, el carácter y la melancolía que posiblemente acompañaban su existencia arraigada en la memoria.

A partir de estos autorretratos se observa no sólo su carácter sino se deducen sus problemas de salud, consignados por médicos como Juan María Pardo y José Joaquín García, a quien le hizo dos miniaturas —seguramente en pago de sus servicios-. Aunque sus diagnósticos tenían por objeto eximirlo de la carrera militar para que pudiera dedicarse al arte, es claro que la vida en prisión y la de fugitivo ya habían deteriorado su salud. El doctor García certificó sobre sus problemas digestivos:

singular excitabilidad, porque padece todo el sistema nervioso de estos órganos, de donde le resultan frecuentes y fuertes accidentes nerviosos, que le impiden consagrarse a trabajos los más fáciles, estando obligado a vivir sometido siempre a un régimen severo, y a una constante dieta [14].

El doctor Pardo habló de

excitaciones nerviosas y de dolores gastro-entéricos, más o menos intensos [...] El citado Espinosa se halla en extrema debilidad, entregado a la dieta tenue y con el régimen más escrupuloso. Carece de fuerzas físicas y no puede ejercer oficios que demanden alguna actividad: puede decirse, que su estado es hoy valetudinario. Estas enfermedades han sido contraídas por el paciente en la campaña del Sur, en el año catorce y siguientes, a causa de ser de delicada constitución y no poder resistir las fatigas, privaciones y demás trabajos que el soldado debe sufrir [15].

 

[49]

JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Autorretrato

 

Ser valetudinario significaba en el siglo XIX no solamente «enfermizo» y «débil» sino un estado rayano en la pérdida de voluntad y cercano a la locura. Con este adjetivo calificaba Antonio Morales a Aymerich, jefe del gobierno realista en el Ecuador. Posiblemente, el término valetudinario también servía para calificar la sensibilidad a flor de piel de los artistas y la locura que ha acompañado a gran número de ellos.

Pocas descripciones literarias han quedado del abanderado; una de ellas llama la atención porque describe al artista en su entorno:

A poca distancia de la quinta [del Libertador] hay una casita aseada en cuyo patio se encuentran hermosísimas flores, y a la izquierda una pieza de dos pisos. Aquí se ve un cuadro de Vásquez, ya borrándose, representando el nacimiento de Jesús; allá un retrato, más allá un cuadro de costumbres o una caricatura, pinceles y útiles de pintura; y en una silla un hombre alto, de bigote y cara larga, sentado, con una paleta y un manojo de pinceles en sus manos [16].

Su casa fue descrita como un lugar idílico y aún existe en la carrera primera con calle veinte, aunque le fue cercenado el jardín de la fachada que le daba el carácter de «hermosa quinta». Allí transcurrió gran parte de su vida, retratando a los suyos y a sí mismo:

Bajo los techos de su hogar, ese hogar tranquilo de amplios corredores, orlados de clavelinas, cinamomos y yerbas aromáticas que embalsamaban el ambiente con perfume familiar, Espinosa se entregó de lleno a sus aficiones pictóricas. Para entonces su taller estaba provisto de elementos apropiados. Tenía para sus trabajos algo mejor y menos rudimentario que la barra de tinta china, los pinceles de pelo de cabra y los colores que durante su larga campaña por el sur elaboraba él mismo con tierras de diversos tintes y plantas que vertían jugos colorantes [17].

 

La barra de tinta china, el carboncillo, la aguada

Se puede afirmar que su primera práctica como dibujante fueron los retratos en tinta china, lápiz y carboncillo. Cabría preguntarse silos consideraba obras acabadas o silos tomaba como un primer original —una versión preliminar de una composición— para realizar a partir de ellos óleos o litografías. Por sus testimonios se tiene la sensación de lo primero.

Dibujó próceres, políticos, clérigos, militares y otros hombres notables de la Nueva Granada. Al arzobispo Antonio Herrán lo representó

como un prelado romano del renacimiento [18].

El dibujo, de gran calidad, está realizado en la técnica tradicional de luces y sombras e indica la habilidad con que Espinosa manejaba el oficio. Pero su mayor destreza consistió en contrastar con especial naturalidad la mirada hacia el héroe y la representación del ser humano hasta llegar al humorismo. Cambiaba de línea según el carácter del retratado; para algunos personajes ensayó el arabesco, para otros la línea fina —que imitaba el grabado— o la gruesa o los trazos estriados.

 

[XXI]

Fotografía de la fachada de la casa en que habitó Espinosa, situada en la carrera con calle 20, en Bogotá.

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Rostro de hombre

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Arzobispo Antonio Herrán

 

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JOSE MARÍA ESPINOSA

Rostro de hombre

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Dama de Santafé

 

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Mascarilla

 

En un dibujo de Hermógenes Maza lo retrata con ojos claros y el rostro alargado; mientras en otro las pupilas son negras, sin matices, miran fijamente, y las líneas sueltas obedecen al gesto agresivo que define la cara. Sin duda logró describir al prócer afamado por su arrojo, a quien el mismo Espinosa «tenía más miedo que a los godos» [19] y de quien Bolívar afirmó:

El niñito es pesado; por cada herida mata cien hombres [20].

El dibujo caricaturesco y minucioso que representa en la edad mayor a Diego Fernando Gómez está elaborado con rasgos expresionistas, el personaje lleva anteojos y un chaquetón grande de entrecasa; resume el carácter del hombre sabio y anciano.

El Rostro de hombre surge de unas líneas curvas trazadas de modo casi mecánico. Parece que Espinosa quiso imitar el sistema de hacer grabado en metal, muy antiguo, basado en círculos incisos por la acción de la aguja. El dibujo es un divertimiento que indica la libertad con la que trabajaba el artista y es posible que sus trazos tengan que ver con la personalidad del retratado. Esto mismo se puede comprobar en la imagen del dibujante y botánico Matis, en la cual las líneas que componen el rostro picaresco del anciano maestro, parecen relacionarlo con formas vegetales.

En todos sus retratos Espinosa infunde, a través del lápiz o del carboncillo, un hálito de vida. Entre los numerosos retratos femeninos que realizó, la Dama de Santafé fue uno de los pocos en los que trabajó el cuerpo entero. Dibujó con trazos rápidos a esta anónima mujer de la capital, de espaldas y caminando; mostró con ello su habilidad casi goyesca para delinear el vestido, los diseños de la tela y el movimiento del traje y del cuerpo al desplazarse. Hasta en los dibujos de muertos, que le aburrían principalmente por los comentarios de los deudos, hizo ejercicios estilísticos tan particulares que se aproximó, sin duda, al arte moderno.

Espinosa vale y perdura en particular por el dibujo. Vigoroso, seguro, narra con especial talento el carácter de las personas; ya no se encuentra en estos cartones la ingenuidad técnica de los costumbristas ni los convencionalismos de dura academia y aplanada presencia de los retratistas santafereños y de los llamados primitivos bogotanos; su lápiz obediente, dibuja con dominio, soltura y precisión. Espinosa, en consecuencia, no desconoce las habilidades del oficio, sino que utiliza con sabiduría los conocimientos, evitando eso sí las durezas acartonadas y los rigores de los académicos [21].

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JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Mascarilla

 

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JOSE MARÍA ESPINOSA

Autorretrato

 

1. Espinosa, José María. Memorias de un abanderado. Bogotá: Imprenta de El Tradicionista, 1876, pág. 250.

2. Íbid., págs. 257-258.

3 . Íbid., pág. 260.

4. Íbid., págs. 264-265.

5. Gaceta de la Nueva Granada, 319, Bogotá, 22.10.1837.

6. Íbid., 333, Bogotá, 28.1.1838.

7. Íbid., 262, Bogotá, 2.10.1836.

8. Espinosa, José María. Op. cit.,pág. 267.

9. El gobierno lo indemnizó finalmente hacia 1854, otorgándole un terreno en Cundinamarca.

10.Según el cronista José María Caballero, contemporáneo del abanderado, durante la reconquista española existió un José María Espinosa de origen español, radicado en Bogotá, quien conspiró contra el gobierno patriota en Como ya se dijo, durante este año el pintor se encontraba beligerante en el sur. También se tienen indicios de un José María Espinosa nombrado auxiliar de Tesorería de la provincia de Cartagena en 1838 y, al año siguiente, oficial tercero de la Administración Principal de Correos. Otras noticias en las que aparece su firma, indican que pudo tratarse de José María Espinosa Quero y Navarro, nacido en Cartagena en 1813. Gaceta de la Nueva Granada, Bogotá, nº 370, 14.10.1838; nº 428,24.11.1939. Finalmente, en 1820, en Mogotes (Santander), se levantó un expediente por causa criminal contra un hombre llamado José María Espinosa, acusado del «robo de ganado y el sacrificio del mismo sin guía». Archivo General de la Nación, Bogotá, Sección Criminales de la República, 26.11.1820, tomo 56, folios 362r-392r.

11. Ortiz, Sergio Elías. Antonio Morales Galavís. Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura, 1973, pág. 74.

12. Sus hermanos León, Nicolás y otros de los cuales no se tiene el nombre, no figuran en el retrato porque aún eran muy menores. Como dato curioso, Gertrudis fue la única que sobrevivió a sus padres. Cuando murió su madre, ella y sus hermanos permanecieron en Bogotá al lado de su tía Inés Morales, hasta cuando su padre, casado en segundas nupcias en el Ecuador, se llevó a León y a Gertrudis para Guayaquil. Ambos contrajeron matrimonio en ese país —Gertrudis casó en Cuenca con Agustín Andrade-. Es por ello que esta obra se encontraba en ese país. Nicolás, quien tenía fama de poseer una inteligencia sobresaliente, fue enviado con grandes sacrificios para recibir educación en los Estados Unidos, donde murió.

13. Espinosa, José María. Op. cit.,pág. 80.

14. Papel periódico ilustrado, 36, año II Bogotá, 15.3.1883, págs. 182-183.

15. Ídem.

16. M.Q.J. «Un retrato debido al mérito» en El iris, Bogotá, 28.7.1866, págs. 12-13.

17. Bayona Posada, Jorge. «Palabras del académico correspondiente Jorge Bayona Posada al inaugurar el busto del prócer artista José María Espinosa, abanderado de Nariño, el 1º de agosto de 1947» en Boletín de historia y antigüedades, vol. XXXIV, nº 393-395, Bogotá, julioagosto-septiembre de 1947, pág. 465.

18. Gómez Hurtado, Álvaro. Gloria, arte y humor en José María Espinosa el abanderado de Nariño. Bogotá: Banco Cafetero, Servicios Editoriales de Italgraf Ltda., 1968.

19. Espinosa, José María. Op. cit.,pág. 257.

20. Bolívar, Simón. Obras, cartas, proclamas y discursos. Caracas: Ediciones de la Cantv, 1982, vol. 1, pág. 484.

21. Barney Cabrera, Eugenio. Temas para la historia del arte en Colombia. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 1970, pág. 114.

 

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