JOSÉ MARÍA ESPINOSA

ABANDERADO DEL ARTE EN EL SIGLO XIX

BEATRIZ GONZÁLEZ

 

[1]

JOSE MARÍA ESPINOSA

Autorretrato

 

CAPÍTULO I

EL AÑO EN QUE NACIÓ ESPINOSA

El ambiente ilustrado

D’après nature

José María del Rosario Joaquín Custodio Remigio

Vientos de revolución

[2]

JOSE MARÍA ESPINOSA

Antonio Nariño

[3]

JOSE MARÍA ESPINOSA

José Enrique Umaña Barragán

 

JOSÉ MARÍA Espinosa nació cuando España era, al decir de Hugh Thomas, «una caldera en ebullición intelectual». El rey Carlos IV, «un cuarentón [...] fuertemente influido por su vital y enérgica mujer» [1], permitía que el Príncipe de la Paz —su primer ministro Godoy—, intentara alejar la influencia intelectual proveniente de Francia y, de forma simultánea, que se aliara con ella para hacer la guerra a Inglaterra. El virrey del Nuevo Reino de Granada era José de Ezpeleta, quien había condenado a la plana mayor de la intelectualidad de Santafé de Bogotá y se aprestaba a regresar a su patria en diciembre de 1796.

El ambiente ilustrado

La época en que José María Espinosa vino al mundo puede calificarse de revolucionaria e ilustrada. Revolucionaria aun en el territorio colonial, porque el ambiente estaba agitado ante la posibilidad del regreso de Antonio Nariño a la capital. El Precursor, como se lo ha llamado por haber sido el primer santafereño en traducir al español los Derechos del hombre y del ciudadano, había sufrido prisión en Bogotá y Cartagena tras ser condenado por el virrey Ezpeleta en noviembre de 1795 a la confiscación de sus bienes, el destierro perpetuo de América y diez años de presidio en África.

En 1796, año en que nació Espinosa, Nariño escapó —antes de llegar a Cádiz— de la nave en que era transportado desde Cartagena y se convirtió en un prófugo agitador. Santafé de Bogotá hablaba a sotto voce sobre sus aventuras en Europa y lo azaroso de su regreso. Para junio del mismo año, el director de la Expedición Botánica, José Celestino Mutis [1732-1808], comentaba en una carta que se había enterado por Magdalena Ortega —esposa del Precursor— que Nariño intentaba aproximarse a la Corte para aclarar su inocencia [2].

Aunque ya por entonces la revolución francesa había sido obnubilada políticamente por los triunfos de Napoleón en Italia, sus ideas, al igual que las de la independencia de los Estados Unidos y de Haití —más cercana— trastornaban la mente de los criollos novogranadinos. Y si bien el reflejo de los últimos acontecimientos ocurridos en Francia se percibió de manera mojigata a través del Papel periódico de Santafé de Bogotá [1791-1797] —publicación contrarrevolucionaria que incluía artículos como aquel en que se consideraba tan santa a María Antonieta que hasta se le había aparecido Nuestra Señora de Lorena— mentalidades lúcidas como las de Nariño, Pedro Fermín de Vargas y Luis de Rieux no cesaban de buscar aventuras libertarias. Por esta razón varios personajes novogranadinos de importancia visitaron ese año Cádiz en calidad de prisioneros: Sinforoso Mutis, Francisco Antonio Zea, José María Cabal, Pedro Pradilla, Enrique Umaña, José de Ayala, Ignacio Sandino, Manuel Antonio Froes, Bernardo Cifuentes y el ya citado Luis de Rieux.

Época ilustrada era también aquella porque el ambiente que se vivía estaba enmarcado por la ciencia. La Ilustración, impulsada en las colonias por Carlos III, sacó a la Nueva Granada de los cauces trazados por el gobierno local y por la iglesia evangelizadora y promovió y estimuló la investigación científica, la agricultura y la industria. Dentro del mismo clero español, fray Jerónimo Benito Feijóo, más influido por el pensamiento inglés que por el de Francia, trazó desde mediados del siglo XVIII una política basada en el estudio y observación de las costumbres. Otros intereses, aunque con perfil económico, abrieron el panorama colonial. La sociedad no sólo rezaba y se divertía, también se entretenía en botanizar. Este nuevo verbo usado por los novogranadinos era practicado por los científicos —José Celestino Mutis y Eloy Valenzuela—, los intelectuales —Pedro Fermín de Vargas y Francisco Antonio Zea—, las señoras —Manuela Santamaría de Manrique—, y los niños, particularmente los de Mariquita (Tolima).

Cuando nació Espinosa, la Expedición Botánica era toda una institución científica, tenía prestigio universal y se había instalado ya en Santafé de Bogotá —tras su permanencia en Mariquita [1783-1794]—. Las exigencias impuestas por Mutis a quienes trabajaban en la observación de la naturaleza tropical, la dedicación de los herbolarios a sus búsquedas y recolecciones, y el aliento de los científicos europeos a esta empresa hispanoamericana afectaron profundamente a la sociedad novogranadina e incidieron sobre su arte, su literatura y su comportamiento. Colombia se sincronizo culturalmente con la sociedad ilustrada europea por medio del arte-ciencia.

[I]

PABLO ANTONIO GARCÍA DEL CAMPO

Carlos III

 

D’après nature

En el campo del arte universal, reinaba en Francia Jacques-Louis David [1748-1825], quien en octubre de 1796 ya tenía esbozado en su totalidad El rapto de las sabinas (obra clásica y pacifista que simbolizaba la unión de todos los franceses), y se preparaba espiritualmente para glorificar los triunfos de su futuro patrón Napoleón Bonaparte. Francisco de Goya [1746-1828], por su parte, inició aquel año sus dos álbumes de viajes por el sur de España, quizás por Sevilla, preámbulo de la sátira que vertería en Los caprichos. El animalismo hizo entonces su aparición en la obra del maestro aragonés con Borricos de máscaras están muy contentos, de que por los vestidos, pasan por hombres grandes [3]. En las vitrinas de Londres se vendían caricaturas de James Gillray [1757-1815], aunque aún dominaban las leyes del pintoresquismo sobre el paisaje que había enunciado William Gilpin [1724-1804] y se discutían los principios estéticos dictados en 1776 por sir Joshua Reynolds [1723-1792] a los alumnos de la Real Academia titulados Discursos sobre arte.

En el territorio novogranadino se destacaban los pintores de la Expedición: el mulato Salvador Rizo [1762-1816], el lugareño Francisco Javier Matis [1763-1851] y el grupo de ecuatorianos que practicaban y enseñaban la técnica de la miniatura para dibujar icones botánicos. Hacía más de diez años que Bergius, profesor sueco de historia natural, había preguntado en una carta enviada desde Estocolmo a José Celestino Mutis:

¿Cómo ha logrado en América pintores excelentísimos y superiores a los de Europa? [4].

[II]

JACQUES-LOUIS DAVID

El rapto de las sabinas

 

[III]

FRANCISCO JOSE DE GOYA Y LUCIENTES

Borricos de máscaras están muy contentos, de que por los vestidos, pasan por hombres grandes

 

[IV]

JAMES GILLRAY

Tiziano revivido o Los siete sabios consultan al nuevo oráculo veneciano publicado el 2 de noviembre de 1797 grabado coloreado a mano

 

[4]

JOSE MARÍA ESPINOSA

Francisco Javier Matis

 

[V]

SALVADOR RIZO BLANCO

Retrato alegórico de José Celestino Mutis

 

[VI]

FRANCISCO JAVIER MATIS

Alstroemeria salsilla (Amaryllidacece)

 

[VII]

PABLO ANTONIO GARCÍA DEL CAMPO

Homenaje a monseñor Baltazar Jaime Martínez Compañón y Bujanda del colegio de La Enseñanza

 

[VIII]

JOAQUÍN GUTIERREZ

La Virgen de la Peña

 

Gracias a la Expedición, y por vez primera en la historia del arte colombiano, se observó el entorno del natural, directamente, con rigor científico, y se incentivó el dibujo como disciplina indispensable para realizar una obra de arte. Esta inclinación hacia la naturaleza se reflejó en una aproximación al paisaje y a los cuadros de género. Mutis hizo pintar los tipos, castas y costumbres y el virrey Ezpeleta no puso objeción en solicitar un pintor de la Casa Botánica cuando se trató de representar el Salto del Tequendama. El entonces arzobispo de Bogotá, Baltasar Jaime Martínez Compañón [1738-1797], había dibujado álbumes de costumbres, fauna y flora del Perú. En Tópaga (Boyacá), se pintaron los milagros de san Judas Tadeo con fauna nativa y paisajes del río Magdalena y de los Llanos. Personajes como Domingo Osorio Rico [ca. 1760-1819], padre de Alejandro Osorio —futuro compañero de Espinosa en la campaña del sur—, practicaron el género de paisaje en Fucha, el Boquerón y tierra caliente.

Igualmente, sobresalían los artistas que ya habían pasado por el trabajo botánico y se dedicaban al retrato, entre ellos Pablo Antonio García del Campo [1744-1814] y Pablo Caballero [ca.1760- ca.1820]. Otros artistas eminentes, retratistas y pintores de género religioso, como Joaquín Gutiérrez [s.XVIII - s.XIX], trabajaban retratos oficiales, de sociedad y alegorías que aludían a comunidades religiosas, con el color rebajado y tonal del rococó, es decir, habían llegado al arte del Nuevo Reino de Granada fuertes influencias del alto Perú y del Ecuador. A fines del siglo XVIII, la técnica del grabado se inició en la Casa de Moneda de Bogotá.

Buenos augurios traían, en el campo cultural, estos tiempos a un recién nacido, porque iba a crecer en una sociedad que, libre al fin de la estructura obscurantista que la había dominado, se recreaba en observar la naturaleza, en la que el arte tenía por fin una escuela de dibujo oficial. Malos augurios traían, a su vez, estas épocas revolucionarias, en cuanto a su integridad y salud, en una sociedad colonial conformada en su mayoría por criollos que empezaban a tener conciencia de sus derechos y a comprender y conocer su territorio, el cual, a su vez, dependía de España, país al borde de la crisis moral y económica, que sentía amenazada su realeza por las intenciones imperialistas de Napoleón. Europa se encontraba ad portas de sufrir un cataclismo general.

 

José María del Rosario Joaquín Custodio Remigio

La fe de bautismo de José María Espinosa dice a la letra:

El doctor Domingo Antonio Riaño Cura Rector de esta Santa Iglesia Catedral etcétera. Certifico: Que en el libro décimo sexto de bautismos que comienza en febrero de mil setecientos ochenta y nueve a fojas ciento veinte vuelta y siguiente se halla una partida que dice así: En la Iglesia Catedral de Santafé en dos de octubre de mil setecientos noventa y seis expresa facultad que yo el infrascrito Cura Rector de dicha Iglesia conferí al doctor don José Bravo Presbítero bautizó puso óleo y chrisma a un niño a quien puso por nombre José María del Rosario Joaquín Custodio Remigio. Hijo legítimo de don Mariano Espinosa de los Monteros y doña Mariana Prieto, feligreses de la citada iglesia. Abuelos paternos don Juan Espinosa de los Monteros y doña Gertrudis Mora y Lechuga. Maternos don Joaquín Prieto y Dávila y doña Rosa Ricaurte y Torrijos. Fue su madrina doña Gertrudis Mora a quien se le advirtió el parentesco y obligación que contrajo. Doy fe Doctor Santiago Gregorio de Burgos. Hay una rúbrica. Es copia - Bogotá, septiembre 23 de 1837. (Fdo.) Domingo A. Riaño [5].

Sin embargo, hasta el presente se ignoraba el día de su nacimiento. Es posible que se omitiera en el acta bautismal en favor del día en que nació para el cristianismo. Seguramente se lo llamó «del Rosario» porque octubre es el mes dedicado a dicha práctica religiosa y a la virgen de esa advocación; «Joaquín» por su abuelo materno, Joaquín Prieto y Dávila; «Custodio» por el ángel de la guarda cuya fiesta es el 2 de octubre y «Remigio» porque, de acuerdo con la costumbre católica de bautizar los niños según el santoral, el 1º de octubre se celebra la fiesta del arzobispo francés que convirtió a Clodoveo al catolicismo. Por lo tanto Espinosa nació el 1º de octubre; a este dato hace referencia la inscripción del autorretrato que se hizo en 1825:

José María Espinosa; a los 27, años de edad, Retratado el día 1º de Octubre de 1825 Por él mismo [6].

Según el árbol genealógico de la familia del artista, trazado por el eminente investigador Guillermo Hernández de Alba, descendía por parte de padre de una familia andaluza: Espinosa de los Monteros y Bilbao de Heredia. Otra familia de igual apellido y de la misma región, la de los impresores Espinosa de los Monteros, llegó al Nuevo Reino de Granada por la misma época en que arribó la del pintor, aunque no se han establecido lazos de consanguinidad. Se sabe con certeza que las dos familias llegaron a Santafé de Bogotá a mediados del siglo XVIII. El mismo apellido se encuentra en otros lugares de América; en el Cuzco (Perú), por ejemplo, los pintores Juan [activo 1638-1669] y su hijo José Espinosa de los Monteros [ca.1640 - ca.1700] fueron los encargados de plasmar las glorias de las congregaciones religiosas, mientras en Venezuela, el brigadier de los ejércitos reales, Gregorio Espinosa de los Monteros, fue gobernador de Cumaná (1740).

El abuelo de José María,Juan Espinosa de los Monteros,

nació en la villa de Olivares el 7 de noviembre de 1723 y murió en Santafé el 31 de julio de 1785; hijo legítimo de don Fernando Espinosa de los Monteros y de doña Luisa Tomasa de Bilbao y Heredia, natural de Sevilla, casados en dicha ciudad el 29 de mayo de 1708. Abuelos paternos: don Diego Espinosa de los Monteros y doña Manuela Victoria de Escobar. Abuelos maternos: don Fernando Manuel Bilbao, gentil hombre de boca de su majestad y veinticuatro de Sevilla, y doña Ana de Heredia. Durante tres años desempeñó don Juan el oficio de teniente de fiel de la balanza de la Real Casa de Moneda de Madrid y luego, provisto de su información de nobleza, pasó al Nuevo Reino de Granada, por los años de 1752, a servir el mismo puesto en la Real Casa de Moneda de Santafé, y en ella trabajó cerca de siete lustros, tratando de poner en práctica los adelantos modernos sobre la materia y dando reglas útiles al respecto. Había casado en Santafé el 26 de mayo de 1754, con Gertrudis de Mora y Lechuga, hija del español don Juan de Mora y Martínez y de doña Isabel de Lechuga y Tobar. [7]

 

[5]

JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Ana María Espinosa de Morales

 

[6]

JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Mariana Prieto Ricaurte de Espinosa

 

[7]

JOSE MARÍA ESPINOSA

Mariano Espinosa y Mora

 

De acuerdo con la cita anterior, la persona más notable de la familia Espinosa había sido Juan Espinosa de los Monteros, quien viajó desde España con el cargo de Fiel de la Casa de Moneda de Santafé de Bogotá. Este nombramiento era el segundo en importancia, después del Director o Superintendente de la institución. Tal como lo especifica un documento de la época, el Fiel era el responsable del estado de todas las emisiones, el encargado de vigilar que estuvieran de acuerdo con el peso de los metales, es decir, quien garantizaba que toda transacción y emisión realizadas en la Casa de Moneda fuesen legales. Es por ello que la firma de Juan Espinosa de los Monteros aparece estampada en todos los recibos y certificados emitidos entre 1753 y 1789, tiempo durante el cual ejerció el cargo. Es importante resaltar que el año en que asumió sus labores —1753— fue el mismo en que empezaron a regir las reformas borbónicas según las cuales la Casa de Moneda pasó a depender directamente del rey de España, Fernando VI.

En cuanto al padre de José María, Mariano Espinosa y Mora, fue bautizado en Santafé (27.7.1758) y estudió en el Colegio de Nuestra Señora del Rosario (1781). Su madre, Mariana, era hija de Joaquín Prieto y Dávila, empleado de la Real Hacienda y contador del Tribunal de Cuentas, y de Rosa Ricaurte y Torrijos, quienes también descendían de españoles. Era sobrina de Mariana Prieto y Dávila, educanda del colegio femenino La Enseñanza y notable en las crónicas de sociedad. Por el lado materno, Espinosa tuvo parientes que llegaron a figurar en las páginas de la historia, como los Ricaurte, los Torres, los París y los Torrijos.

Mariana y Mariano eran criollos, hijos de funcionarios públicos vinculados a la Real Hacienda. Se casaron el 29 de septiembre de 1791 en Bogotá, vivieron en el barrio de la Catedral y tuvieron ocho hijos: Ana María, María Josefa, Francisca, Paz, José María, Eduardo, Isidro y Eugenio.

Se debe anotar que la familia paterna provenía de Sevilla y sus alrededores, cuna de notables artistas españoles del siglo XVII como Velázquez [1599-1660],Juan de Valdés Leal [1599-1690] y Bartolomé Esteban Murillo [1617-1682]. Sin embargo, no se encuentra entre sus antecesores parentesco con artistas —músicos, pintores, arquitectos o artesanos— como fue el caso de algunos de sus colegas contemporáneos: Victorino García hijo del pintor Pablo Antonio García del Campo; José Celestino [1811-1870],José Miguel [ca.1815-1874] y José Santos [s.XIX], hijos de Pedro José Figueroa [ca.1770-1838] y, seguramente, descendientes de los artistas coloniales Figueroa; y Ramón Torres Méndez [1809-1885], hijo de artesano.

Paradójicamente, los buenos augurios ilustrados no se observan en sus recuerdos de niñez: Espinosa pintó literariamente en sus Memorias un cuadro costumbrista sobre su casa y su educación en el que aparecen sus abuelas Gertrudis Mora —madrina de bautizo— y Rosa Ricaurte, como educadoras seudo-místicas que lo inducían a leer a fray Luis de Granada, Ignacio de Loyola y la madre sor María de Jesús de Ágreda. Igualmente, evoca los cuentos de espantos, las pinturas religiosas en las paredes de su casa, el poético jardín que contrastaba con el aspecto «funesto» de su «silenciosa morada», su primera escuela a los ocho años en la calle del Camarín del Carmen, su maestra Gertrudis Valenzuela —octogenaria que sorbía tabaco, con un perro viejo y una sirvienta mulata mugrienta y vagabunda-, un clérigo anciano —«el doctor Bruja»—, un loco —«El pecado mortal»— que pronosticaba el fin del mundo, y las escasas ocasiones en que

se hablaba con misterio del Anticristo, que así llamaban a Napoleón I [8].

Vientos de revolución

Pese a lo anterior, no bien iniciado el siglo XIX la familia Espinosa se vinculó al círculo de los intelectuales. El 4 de julio de 1802, el canónigo Rafael Torrijos casó en Santafé a María Francisca Prieto con Camilo Torres [9], quien escribió así a los suyos en Popayán:

He tratado matrimonio con doña Francisca Prieto y Ricaurte, una señorita de muy apreciables circunstancias, sobrina de don Nicolás Prieto, cuyo padre murió, y aún vive la madre, doña Rosa Ricaurte y Torrijos, que es una gran señora. Las demás excelentes cualidades de esta muchacha me parece que la hacen una buena mujer [10].

Tan digna de mención era la tía de Espinosa que Mariano Grijalba, antiguo maestro de Torres y quien también residía en Popayán, comentó con su alumno la opinión que sobre su futura esposa había emitido el sabio alemán Alejandro de Humboldt [1769-1859]:

Dice el Barón que estando en casa del naturalista Marqués de SanJorge [Jorge Tadeo Lozano], fue presentado a una gran dama, joven y viuda, que estaba de visita allí con una hija bella, amable y culta e interesante; que al salir tuvo la cortesía el Marqués de conducirlo hasta el vestíbulo, en donde lo informó que la señorita es la futura prometida de usted, muy dada a las letras, como la señora prima de ella, doña Manuela Santamaría, de quien me habla usted a menudo; siendo ambos recíprocamente dignos el uno del otro [11].

El parentesco con Camilo Torres permite suponer que, cuando niño, Espinosa conoció a gran parte de los intelectuales que visitaron Santafé de Bogotá, incluido Humboldt, o que los oyó mencionar con toda familiaridad en su casa. De hecho la anterior alusión a Manuela Santamaría de Manrique revela lazos de consanguinidad con una de las mujeres más interesantes del siglo XIX en Colombia, gestora del círculo literario denominado El Buen Gusto, el cual

tenía como finalidades las literarias, científicas y artísticas. Efectuábanse sus veladas en casa de la distinguida matrona doña Manuela Santamaría de Manrique, literata y naturalista, traductora y latinista, de quien hizo justiciero elogio el Barón de Humboldt después de conocerla en Santafé. Muchos de los posteriores revolucionarios allí se encontraron, por lo que se puede conjeturar que se hablaba de temas políticos como el de la independencia de la metrópoli [12].

 

[8]

JOSE MARÍA ESPINOSA

Antonio Morales Galavís

 

[9]

JOSÉ MARÍA ESPINOSA

Francisco Morales Galavís

 

Sin embargo, el auténtico espíritu ilustrado entró a casa de Espinosa el 8 de diciembre de 1808, día en que su hermana mayor, Ana María [1792-1820], contrajo matrimonio con el criollo Antonio Morales Galavís. Como regalo de bodas, el padre de la novia le cedió una casa en el barrio de La Candelaria. El cuñado de Espinosa tenía posición, dinero, preparación intelectual y le aventajaba 10 años en edad. Su presencia hizo que se reemplazaran los cuadros religiosos por pinturas mitológicas y alegóricas, y que las maderas de las puertas, barandas y ventanas fueran barnizadas de rojo. La transformación de la casa debió llenar de alegría al futuro pintor. La narración de su infancia no especifica cuánto supo de los avances de la ciencia en el virreinato, de la famosa hazaña del paso de Alejandro de Humboldt por Bogotá en 1801, del sabio José Celestino Mutis y de su muerte, si aspiró a concurrir a la Escuela Gratuita de Dibujo dirigida por Salvador Rizo o a ser pupilo de la Casa de la Expedición. Lo cierto es que en 1809, con la muerte de sus abuelas, concluyó también el ambiente melancólico que rodeó su niñez.

¿Quién fue ese personaje que vulneró el ambiente de reliquia colonial que sobrevolaba la casa de los Espinosa? Doctor en derecho, secretario de la Universidad de Santo Tomás, Morales Galavís figuró, junto con su padre y su hermano, en la agitación preindependentista, precisamente en el año de su matrimonio y siguientes, y en particular en la revolución del 20 de julio de 1810, cuando golpeó al chapetón José González Llorente en la tienda:

Antonio, aunque procuraron contenerlo, se metió hasta dentro del mostrador y hartó de palos a Llorente, que por pura casualidad escapó vivo entre las manos de éste y de un inmenso pueblo que se había congregado [13].

La característica de los hombres de la familia Morales fue el espíritu innovador, atrevido, voluntarioso, que los distinguía en la sociedad santafereña [14].

Cuando se examina la lista de libros que conformaban la biblioteca del cuñado de Espinosa se encuentran no sólo los tomos de derecho propios de un jurisconsulto de la época sino tratados de historia de Francia, de filosofía, de humanidades, los comentarios de Julio César y de Ovidio, y las obras de estética de Antonio Rafael Mengs [1728-1779].

La relación con la familia Morales influyó profundamente en el pensamiento del joven quien cambió sus ideas sobre los españoles, sus cercanos antepasados. Debió sufrir, sin duda, un conflicto interior que solucionó de manera sencilla al escoger el bando de los criollos: existían, afirmó, algunos malos españoles [...] que habían venido a principios del siglo [1800], arrogantes y altaneros, muy diferentes de los que en tiempos anteriores se habían establecido aquí, pacíficos, benévolos y amantes del pueblo y de su prosperidad [15].

La mente de este futuro pintor de 13 años estaba preparada para la revolución del 20 de julio de 1810. En sus Memorias narra cómo presintió la subversión porque «rugía ya sordamente», como «un ruido subterráneo» [16]. Esta comparación de tipo telúrico era bastante usual en la sociedad santafereña que había acuñado el dicho de «el tiempo del mido» a raíz de un fenómeno sucedido años atrás. José María Espinosa no fue sólo un testigo de aquella fecha sino que formó parte del primer ejército revolucionario; custodió la Plaza Mayor y, junto con un grupo de patriotas, liberó al canónigo Andrés María Rosillo, quien se encontraba preso en el Convento de los Capuchinos por insurgente.

La revolución de Independencia lo atrapó de tal forma, que inició aquel 20 de julio de 1810 como niño curioso y lo terminó como soldado:

Me sucedió a mí lo que a muchos otros jóvenes de mi tiempo, que, de la curiosidad pasamos al entusiasmo, y de meros espectadores nos convertimos en soldados. Sin saber cómo, fui enrolado en las filas de los patriotas, que engrosaban por instantes, y me hallé formando en la Plaza Mayor con mi lanza al hombro [17].

[10]

JOSE MARÍA ESPINOSA

Andrés María Rosillo

 

[11]

JOSÉ MARÍA ESPINOSA

José María Espinosa Prieto en los calabozos de Popayán cuando fue quintado para ser fusilado el año de 1816. Cuadro pintado por él mismo en el calabozo

 

1. Thomas, Hugh. Goya. El tres de mayo de 1808. Barcelona: Ediciones Grijalbo S.A., 1979, págs. 34,38.

2. Hernández de Alba, Guillermo (compilación y notas). Archivo epistolar del sabio naturalista don José Celestino Mutis. Bogotá: Editorial Kelly, 1968, tomo II.

3. Pérez, Alfonso E.; Sayre, Eleonor A. Goya y el espíritu de la ilustración. Boston: Museo de Bellas Artes, 1989.

4. Hernández de Alba, Guillermo. Op. cit., carta escrita el 12 de septiembre de 1784.

5. Archivo General de la Nación, Sección República, Fondo Hojas de Servicios, tomo 14, folios 865 y 866.

6. La inscripción, aparentemente escrita por Espinosa, afirma que el artista cumple 27 años; sin embargo, la fecha anotada —1825— correspondería a su aniversario número 29.

7. Grupo de investigaciones genealógicas José María Restrepo Sáenz. Genealogías de Santafé de Bogotá. Bogotá: Editorial Gente Nueva, 1993, tomo III, pág. 171.

8. Espinosa, José María. Memorias de un abanderado. Bogotá: Imprenta de El Tradicionista, 1876, pág. 7.

9. La pareja pasó su luna de miel en la hacienda El Chocho de Fusagasugá.

10. Ibáñez, Pedro María. Crónicas de Bogotá. Bogotá: Imprenta Nacional, 1915, tomo II, pág. 212.

11 . Íbid.

12. Tisnes Jiménez, Roberto María. María Martínez de Nísser y la revolución de Los Supremos. Bogotá: Biblioteca Banco Popular, vol. III, 1983, pág. 190.

13. Anónimo. «La revolución del 20 de julio de 1810, referida por un testigo ocular» en Boletín de historia y antigüedades, vol. XVIII, nº 209, Bogotá, 5.1830, págs. 402-414.

14. Ortiz, Sergio Elías. Antonio Morales Galavís. Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura, 1973, pág. 27.

15. Espinosa, José María. Op. cit., pág. 14.

16. Íbid., pág. 11.

17. Ibid.,pág. 12.

 

Banco de la República

Biblioteca Luis Ángel Arango

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