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Por otro lado, considerando el conjunto de sus manifestaciones, nos hallamos frente a un grupo de individualidades aisladas y sin lenguaje común a los que apenas une la preferencia por una de las técnicas. Podemos afirmar entonces que el arte colombiano continua produciendo estilos originales pero no escuelas definibles. Así pues, todo intento de clasificación es imposible. Sin embargo, podemos dividir a estos artistas por ciertas tendencias de tipo temático sin que por ellos pretendamos haber dado con un sistema que los defina a todos con absoluto rigor y validez.

Darío Morales

Analizado el conjunto observamos una peculiaridad sumamente importante: todos los artistas reunidos son figurativos; implica ésto que la abstracción ha continuado en un segundo plano en los doce años de actividades que he trazado como los del auge del dibujo y el grabado. De estos diecinueve artistas, trece (Alcántara, Caballero, Muñoz, Astudillo, de la Paz Jaramillo, Vanegas, Rojas, Londoño, Viteri, Angel, Rodríguez, Téllez y Paz) asumen una posición crítica de diferentes modos, la mayoría de ellos por la vía del erotismo en una sociedad que mitifica el sexo, actitud critica que comparten Diego Arango, Oscar Jaramillo y Saturnino Ramírez, ausentes en la muestra; cinco de éstos artistas (Morales, Varela, S. Cárdenas, Velásquez y Guerrero ) se acogen a juegos imaginativos y/o plásticos sin hacer ninguna referencia a los conflictos sociales que experimentamos, lista a la que habría que agregar a Jorge Avella, Enrique Hernández y Alvaro Barrios; y solamente uno (J. Cárdenas) registra las situaciones cotidianas con un ojo que corresponde a la tranquilidad de espíritu del burgués que vive sin conmociones o sobresaltas.

Hecho el recorrido histórico hay que subrayar que después de desarrollarse con total independencia y manifestarse con carácter y personalidad, nuestros dibujantes y grabadores han derivado hacia terrenos de "neutralidad" temática en la medida en que se han vuelto a sentir las escuelas metropolitanas y en especial el hiperrealismo, tendencia ésta que adquiere prestigio internacional entre 1969 y 1973 para ejercer su influencia entre nosotros en los tres últimos años.

Santiago Cárdenas

Quizás por la misma heterogenidad de lenguajes, los dibujantes y grabadores colombianos poseen tal calidad plástica que tomados en su totalidad conseguiríamos montar una muestra con más de una treintena de ellos, pertenecientes a las diversas generaciones que hoy actúan, sin que la calidad del conjunto llegue a mermar o resentirse. Una cifra que es asombrosa y que, insertos todavía en el contexto histórico de su curso, es tan real que nos garantiza la permanencia de muchos de estos valores a cualquier plazo del futuro. Esta misma exposición del Museo de Arte- Universidad Nacional es prueba de ello. Baste decir que hace diez años, "Dibujantes y grabadores colombianos" hubiera sido imposible concebirla. Su misma realización concreta explica, cómo argumento cierto e irrebatible, el vacío que acusa la pintura, una disciplina que entre los jóvenes tiene hoy cultores tan escasos que se pueden contar con los dedos de la mano. Situación excepcional y favorable para el dibujo y el grabado que nos aclara ampliamente por qué en los últimos Salones Nacionales, invirtiéndose la relación que se presentó hasta 1958, es la pintura la que ha terminado por permanecer ausente de los premios y por qué, ahora que si están situadas en un pié de igualdad, nos podemos acercar a todas las técnicas artísticas con un solo ojo critico sin discriminarlos en mayores o menores, atentos a lo único que en definitiva cuenta: si son buenas o malas. No hay dudas entonces de que el proceso, de 1963 a esta parte, ha sido arrollador.

Alvaro Medina.

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