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INDICE
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Si 1958 registra el reconocimiento oficial del dibujo y el
grabado, podemos situar con precisión a 1963 como el año en que
estas técnicas inician lo que podríamos llamar su período de
madurez. Coincidencialmente, dos jóvenes artistas son los
galardonados con los primeros premios del Salón, ambos los
abanderados de una nueva generación en cuanto a tomar sus técnicas
como medios únicos de expresión y no como ejercicios esporádicos o
tangenciales: Pedro Alcántara Herrán en el dibujo y Augusto Rendón
en el grabado. Alcántara tiene el mérito de ser el primer artista
colombiano que no se interesa en la pintura y se decide a ser
dibujante. Inclusive sus pocos vinilos sobre lienzo, por el
predominio de la línea y la expresa restricción cromática, no
pueden ser considerados como pinturas propiamente dichas sino como
dibujos gigantescos. En cuanto hace a Augusto Rendón, una vez se
interesó en el grabado abandonó definitivamente la pintura. Son
ellos dos, precisamente, los que más primeros premios monopolizan
en sus campos en el transcurso de los Salones Nacionales durante la
década del 60.
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Armando Londoño
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En el período inmediatamente anterior a este 1963 clave para el
dibujo y el grabado, trabajan estas técnicas con cierta dedicación
pero con resultados poco satisfactorios plásticamente, Lucy Tejada
y Samuel Montealegre (el dibujo), Enrique Sánchez y Pedro Hanné
Gallo (el grabado). Dado que el criterio que limita a esta
exposición del Museo de Arte - Universidad Nacional lo ha dejado
necesariamente por fuera, considero necesario mencionar aquí la
práctica constante del dibujo, con fines expresivos y no
auxiliares, por parte de Fernando Botero, Enrique Grau, Augusto
Rivera y Leonel Góngora. Y señalar como simultánea al gran auge que
adquiere hacia 1970 entre las generaciones jóvenes, la dedicación
al grabado por parte de Juan Antonio Roda, trabajo intenso en el
que lo acompañan Carlos Granada, Humberto Giangrandi y Alfonso
Quijano.
La generalización que tienen en Colombia el dibujo y el grabado
hasta llegar a la seguridad técnica y madurez plástica que hoy
admiramos, desde un comienzo tiene una particularidad muy especial:
la de insertarse en una temática testimonial y/o de denuncia
social. Lo que se explica por el hecho de que dibujantes y
grabadores inician su tarea en un periodo de crisis política
nacional, cuando la violencia azota los campos y el país sufre
nueve años de dictaduras de tipo civil y militar. Y para el caso de
los más jóvenes, cuando las consecuencias de esta tragedia
estremece todavía a nuestra estructura social. Luis Angel Rengifo,
a quien ya señalé como un precursor de este auge del grabado,
desarrolla su tema precisamente alrededor de la violencia, al igual
que Augusto Rendón, y más tarde Alcántara en el dibujo. Esta
particularidad es tan definitiva que en 1975 tanto el grabado como
el dibujo (y mucho más el grabado que el dibujo) siguen teniendo un
importante trasfondo crítico con algunas excepciones de reciente
data que implican probablemente el cierre de un ciclo y un viraje
hacia una "liberación" temática complaciente y
burguesa. Por otra parte hay que subrayar que a pesar de las
pinturas de Obregón y Granada, es con estas técnicas que se expresa
con más persistencia y con los mejores resultados plásticos, el
momento social que experimenta el país.
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Luis Caballero
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Cuál es el panorama del dibujo y el grabado en 1975?. La
situación es clara y fácilmente definible por el lado critico.
Desde un punto de vista histórico la valoración es mucho más
compleja. Los diecinueve artistas reunidos en esta muestra y que
corresponden a dos promociones sucesivas, no tienen siquiera
nombres generacionales.
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