DEBORA ARANGO
Exposición Retrospectiva

Banco de la República
Biblioteca Luis Angel Arango
Santafé de Bogotá, Abril - Septiembre, 1996

Exhibición de la obra de la artista antioqueña Débora Arango (1907-). Más de 260 obras permiten apreciar la evolución de una obra que se destaca por su calidad plástica y por su importancia cultural: la obra de una mujer que retrató la sociedad colombiana en sus aspectos más dramáticos, y que se vió sometida a una especie de conspiración de silencio. Los textos siguientes hacen parte del catálogo, ampliamente ilustrado, que acompaña la exposición:


Reacondicionamiento crítico   -   Epílogo

A lo largo de toda su carrera, y al margen de los escándalos que causó su obra y de las persecuciones que sufrió, han quedado rastros, huellas de "la búsqueda de una independencia pictórica", tal como sostienen Alberto Sierra y Carlos Uribe . "żDe dónde emana, surte y surge esa tremenda vitalidad de la tragedia que anima la obra de Débora Arango?, se preguntaba Ovidio Rincón en 1957". Sobre los óleos [...] sopla una fuerza infrahumana que nadie puede hallar, concretar, decidir [...] en cada uno de sus cuadros da a su arte una calificación distinta entre el conjunto de pintores antioqueños.

Para responder justamente a Rincón habría sido necesario que la crítica de la época se hubiese fijado en su obra. Quizás se deban plantear, para las futuras generaciones que hallen en los cuadros de Débora Arango el auténtico valor que ahora se les discute, el antagonismo de la pintora con su medio, el desdoblamiento mental y artístico. Su condición de mujer con la vigorosa plástica que supera los más audaces conceptos del dramatismo; la mujer profundamente religiosa con ciertos considerandos burlones de las fórmulas morales y de los signos colectivos; la distancia entre sus facilidades económicas y la pintura de los grupos más que pobres, miserables, que forman nuestro medio. La calificación de que era obscena su obra, en algunos desnudos y la ignorancia de la protesta colérica en relación con los problemas sociales de nuestro tiempo y de nuestro país. De allí que la obra de Débora Arango precisa un reacondicionamiento de la crítica.

Hasta el momento, parecería que la mirada crítica a la obra de Débora Arango se ha detenido exclusivamente en su temática y en el anecdotario de los escándalos políticos que generó, como la persecución del jefe conservador Laureano Gómez y las polémicas artísticas locales. En cuanto a estas últimas, se pasa fácilmente del vituperio a la exaltación, mientras que los enemigos políticos tachan su obra de torpe en la realización. Sus amigos, en cambio, exageran la nota hasta inventar exposiciones suyas en los recintos del Louvre y del Museo del Prado, afirmaciones que sólo tenían por objeto molestar a sus detractores. Es necesario leer entre líneas las notas periodísticas para encontrar valores críticos.

Urge sacar a Débora Arango del chovinismo, dejar de considerarla una curiosidad local y analizarla en el contexto del arte latinoamericano. Las mejores aproximaciones a su obra son recientes pero se ciñen igualmente a la temática, a la relación del color con la violencia, e insisten en señalar sus valores dramáticos y su poderosa expresión.

Una nota de Alberto Durán Laserna, equivocada como se anotó anteriormente, al tratar el arte y lo femenino, intenta por primera vez una crítica rigurosa que descubre fallas en el tratamiento del espacio, en la pincelada y la forma en general. Lo valioso de ese análisis es que le advierte a Débora, triunfalista entonces en la capital, los posibles puntos débiles de su arte:

En sus cuadros encontramos la misma franqueza que fluye de su personalidad, tan segura y animosa. Traducen ellos su fino y robusto temperamento. A pesar de que sus concepciones son bruscas, mantiene una decidida preocupación por el volumen. No es patente en su pintura la influencia de ninguna escuela moderna [...] Busca la sencillez, evade lo precioso; sin embargo le falta resumir, apretar más la forma, y estilizar un poco, casi imperceptiblemente [...] un poco más 'el modelo en el ambiente', un poco de resistencia, de oposición al viejo y frío modelo profesional [...] A sus cuadros les falta la violencia que le sobra a la intención. Sin duda ellos poseen la fuerza trágica que les proporciona, que les imprime la vida llevada desde las miserables ciénagas de la pasión hasta el luminoso universo de los colores; mas cuando ha de plasmarse, tornarse mundo vivo, decae, trueca la violencia por una rudeza apaciguada.

El aislamiento al que voluntaria e inexplicablemente se redujo la gran artista Débora Arango, interrumpió la visión crítica contemporánea sobre su obra, en particular entre los decenios del cincuenta y setenta: su pintura habría empalmado perfectamente con la figuración expresionista o interiorista de 1960, habría podido inspirar los movimientos de arte político entre 1965 y 1975 y, sin embargo, fue necesario llegar al neo-expresionismo, que tendió un puente entre el expresionismo alemán de las primeras décadas del siglo y el arte de 1980, para que Débora pudiera ser sentida y apreciada. Por eso en adelante debe intentarse un reacondicionamiento crítico que rescate su obra y que, sin recurrir a viejos esquemas, encuentre su justa dimensión y la proyecte en el ámbito latinoamericano.

 

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