Reacondicionamiento crítico
Introducción
"El día llegará, dijo Débora
Arango en el decenio de los cincuenta, en que el medio sea más comprensivo". Los
periodistas de entonces manifestaron igual esperanza: "Estamos seguros que en un
corto plazo, y el día no esté lejano, se reconocerá la obra artística de Débora
Arango, sus valores dramáticos, su poderosa expresión".
La persona y la obra de la antioqueña
Débora Arango han sido objeto de tratamientos muy disímiles, no sólo debido a cambios
en la moda o el gusto, sino por causas indeterminadas que aún están por precisarse. Cada
vez que su obra es exhibida, se plantean interrogantes sobre el carácter de su arte,
sobre la validez de las metas que se trazó, esto es, sobre aquello que se denomina la
voluntad artística. Han sido tan controvertidas las aproximaciones a su vida y a su
producción, que aún el clero ha aportado sus propias versiones especulativas. Fue el
caso de monseñor Salazar, arzobispo de Medellín, quien asombrado de las descripciones
que hicieron de su arte los moralistas, llegó a preguntarse sonriente: "¿No será
una de esas mujeres medio locas [...] algo así como una Teresa de Jesús? ".
Inexplicablemente, su nombre fue
suprimido de la segunda edición del Diccionario de artistas en Colombia (1979), de Carmen
Ortega Ricaurte, en el cual figuran acuarelistas menores, algunos de ellos contemporáneos
y coterráneos suyos, como César Uribe Piedrahíta (1897-1952). En Crónicas de arte
colombiano.1946-1956, libro de Casimiro Eiger recientemente publicado y que cubre épocas
en las cuales Débora aún estaba activa como artista, su nombre se reseña una sola vez,
con motivo del I Salón de Arte Femenino realizado en el Museo Nacional en 1951. La
antioqueña no participó en dicho evento porque, según el crítico, "las
organizadoras del certamen mezclaron obras de las verdaderas artistas con las de todas las
distinguidas damas residentes en Bogotá que dedican algunos momentos de su ocio a la
decoración o a la acuarela [...] Esta aparente liberalidad alejó de la exposición a
varias de las artistas más serias que militan en las diversas corrientes del arte
colombiano [...] Así no hemos encontrado en el catálogo los nombres de Alicia Cajiao,
Cecilia Aya, Lucy Tejada, Sofía Urrutia, Fanny y Débora Arango, Henna Rodríguez,
artistas todas conocidas en el país y que han demostrado su talento con exposiciones
individuales".
Por su parte, la crítica de arte Marta
Traba no mencionó a Débora Arango ni siquiera cuando enjuició con pasión el muralismo
antioqueño, al desarrollar su tesis sobre el "Descompromiso de América
Latina". Según ella, a la generación de Pedro Nel Gómez (1899-1984) "le
faltó en bloque sensibilidad, buen gusto y capacidad creadora". Semejante
generalización demuestra que Marta Traba no se detuvo en los artistas que florecieron
después de Pedro Nel Gómez y antes de Alejandro Obregón (1920-1992). Esta actitud se
explica, en un principio, debido a la juventud de la crítica argentina y después, a su
interés por promocionar el arte de quienes surgieron a partir de Obregón y Fernando
Botero (1932).
Pero lo que resulta inverosímil es que
la obra de Débora no haya sido enviada al Festival de Biarritz (Francia), celebrado en
septiembre de 1995, porque el ministerio de Relaciones Exteriores consideró que daba una
imagen negativa del país. En este mismo año, tampoco fue incluida en la exposición
Mujeres Artistas Latinoamericanas. 1915-1995, itinerante por algunos museos de Estados
Unidos "Milwaukee, Phoenix, Denver". Paradójicamente, en Colombia se
inauguraron dos exposiciones dedicadas a la pintora: la primera, titulada La virtud del
valor, en la sala de Suramericana en Medellín, que reunió los dibujos inéditos que
sirvieron de bocetos a sus obras más notables; y la segunda, denominada Temas en la obra
de Débora Arango, en el Museo de Arte Moderno de Bucaramanga, la cual se convirtió en un
hito estético.
Por las anteriores apreciaciones se
podría deducir que Débora no ha existido, al punto que las únicas colecciones públicas
que conservan su obra se encuentran en Medellín. Sin embargo, la prensa la acompañó
siempre desde sus primeras exposiciones en 1937, y su nombre y su arte estuvieron
vinculados a frecuentes escándalos desde 1939. No es gratuito que su resurrección más
estable tuviera lugar en el decenio de los ochentas, cuando el llamado neo-expresionismo
impulsó un arte figurativo violento que revivía ampliamente las formas del expresionismo
alemán de la década de 1920. Dicho movimiento se denominó en Estados Unidos "Mala
pintura", mientras los italianos lo llamaron "Transvanguardia". La
exposición antológica realizada en el Museo de Arte Moderno de Medellín y en la
Biblioteca Luis-Ángel Arango del Banco de la República, en Bogotá, en 1984, demostró
que la obra de la artista antioqueña se emparentaba con la transvanguardia internacional
al presentar discordancias, antivalores e ironías semejantes.
1.
Fuerzas y convergencias 2. Genero del desnudo
3. La
temática social 4. Epílogo
Por Beatriz González
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