DEBORA ARANGO
Exposición Retrospectiva

Banco de la República
Biblioteca Luis Angel Arango
Santafé de Bogotá, Abril - Septiembre, 1996

Exhibición de la obra de la artista antioqueña Débora Arango (1907-). Más de 260 obras permiten apreciar la evolución de una obra que se destaca por su calidad plástica y por su importancia cultural: la obra de una mujer que retrató la sociedad colombiana en sus aspectos más dramáticos, y que se vió sometida a una especie de conspiración de silencio. Los textos siguientes hacen parte del catálogo, ampliamente ilustrado, que acompaña la exposición:


Reacondicionamiento crítico     Introducción

"El día llegará, dijo Débora Arango en el decenio de los cincuenta, en que el medio sea más comprensivo". Los periodistas de entonces manifestaron igual esperanza: "Estamos seguros que en un corto plazo, y el día no esté lejano, se reconocerá la obra artística de Débora Arango, sus valores dramáticos, su poderosa expresión".

La persona y la obra de la antioqueña Débora Arango han sido objeto de tratamientos muy disímiles, no sólo debido a cambios en la moda o el gusto, sino por causas indeterminadas que aún están por precisarse. Cada vez que su obra es exhibida, se plantean interrogantes sobre el carácter de su arte, sobre la validez de las metas que se trazó, esto es, sobre aquello que se denomina la voluntad artística. Han sido tan controvertidas las aproximaciones a su vida y a su producción, que aún el clero ha aportado sus propias versiones especulativas. Fue el caso de monseñor Salazar, arzobispo de Medellín, quien asombrado de las descripciones que hicieron de su arte los moralistas, llegó a preguntarse sonriente: "¿No será una de esas mujeres medio locas [...] algo así como una Teresa de Jesús? ".

Inexplicablemente, su nombre fue suprimido de la segunda edición del Diccionario de artistas en Colombia (1979), de Carmen Ortega Ricaurte, en el cual figuran acuarelistas menores, algunos de ellos contemporáneos y coterráneos suyos, como César Uribe Piedrahíta (1897-1952). En Crónicas de arte colombiano.1946-1956, libro de Casimiro Eiger recientemente publicado y que cubre épocas en las cuales Débora aún estaba activa como artista, su nombre se reseña una sola vez, con motivo del I Salón de Arte Femenino realizado en el Museo Nacional en 1951. La antioqueña no participó en dicho evento porque, según el crítico, "las organizadoras del certamen mezclaron obras de las verdaderas artistas con las de todas las distinguidas damas residentes en Bogotá que dedican algunos momentos de su ocio a la decoración o a la acuarela [...] Esta aparente liberalidad alejó de la exposición a varias de las artistas más serias que militan en las diversas corrientes del arte colombiano [...] Así no hemos encontrado en el catálogo los nombres de Alicia Cajiao, Cecilia Aya, Lucy Tejada, Sofía Urrutia, Fanny y Débora Arango, Henna Rodríguez, artistas todas conocidas en el país y que han demostrado su talento con exposiciones individuales".

Por su parte, la crítica de arte Marta Traba no mencionó a Débora Arango ni siquiera cuando enjuició con pasión el muralismo antioqueño, al desarrollar su tesis sobre el "Descompromiso de América Latina". Según ella, a la generación de Pedro Nel Gómez (1899-1984) "le faltó en bloque sensibilidad, buen gusto y capacidad creadora". Semejante generalización demuestra que Marta Traba no se detuvo en los artistas que florecieron después de Pedro Nel Gómez y antes de Alejandro Obregón (1920-1992). Esta actitud se explica, en un principio, debido a la juventud de la crítica argentina y después, a su interés por promocionar el arte de quienes surgieron a partir de Obregón y Fernando Botero (1932).

Pero lo que resulta inverosímil es que la obra de Débora no haya sido enviada al Festival de Biarritz (Francia), celebrado en septiembre de 1995, porque el ministerio de Relaciones Exteriores consideró que daba una imagen negativa del país. En este mismo año, tampoco fue incluida en la exposición Mujeres Artistas Latinoamericanas. 1915-1995, itinerante por algunos museos de Estados Unidos "Milwaukee, Phoenix, Denver". Paradójicamente, en Colombia se inauguraron dos exposiciones dedicadas a la pintora: la primera, titulada La virtud del valor, en la sala de Suramericana en Medellín, que reunió los dibujos inéditos que sirvieron de bocetos a sus obras más notables; y la segunda, denominada Temas en la obra de Débora Arango, en el Museo de Arte Moderno de Bucaramanga, la cual se convirtió en un hito estético.

Por las anteriores apreciaciones se podría deducir que Débora no ha existido, al punto que las únicas colecciones públicas que conservan su obra se encuentran en Medellín. Sin embargo, la prensa la acompañó siempre desde sus primeras exposiciones en 1937, y su nombre y su arte estuvieron vinculados a frecuentes escándalos desde 1939. No es gratuito que su resurrección más estable tuviera lugar en el decenio de los ochentas, cuando el llamado neo-expresionismo impulsó un arte figurativo violento que revivía ampliamente las formas del expresionismo alemán de la década de 1920. Dicho movimiento se denominó en Estados Unidos "Mala pintura", mientras los italianos lo llamaron "Transvanguardia". La exposición antológica realizada en el Museo de Arte Moderno de Medellín y en la Biblioteca Luis-Ángel Arango del Banco de la República, en Bogotá, en 1984, demostró que la obra de la artista antioqueña se emparentaba con la transvanguardia internacional al presentar discordancias, antivalores e ironías semejantes.

1. Fuerzas y convergencias   2. Genero del desnudo

3. La temática social            4. Epílogo


Por Beatriz González


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