Reacondicionamiento crítico - El
género del desnudo en la obra de una mujer
La problemática de la mujer artista y el
tratamiento del desnudo están profundamente vinculados en el caso de Débora. Hacia 1938,
ya existía en Medellín la intención de dejar a un lado los bodegones y los paisajes. El
escritor José Mejía y Mejía denunció en varias oportunidades "la indocta pupila
colombiana ... atascada en los lagos, atardeceres y ganado vacuno, material pictórico
inconfundible, de los pintores Zamoras", y criticó "las castas retinas
centenaristas, secularmente habituadas a los cromos agropecuarios de Leudos y
Zamoras". Débora recuerda cuando Pedro Nel Gómez les habló a sus siete alumnas,
después del éxito que obtuvieron en una exposición en julio de 1938: "Nos motivó
para que nos soltáramos, pero sobre todo para que superáramos la etapa del paisaje y de
la naturaleza muerta. Abiertamente nos planteó que nos introdujéramos en el desnudo, que
era a su juicio en ese momento [...] lo más bello de la pintura. Mis compañeras se
espantaron y enfáticamente rechazaron asumir esta temática [...] por moralismo. Por esta
razón me dediqué a pintar sola".
¿Qué significó para Débora el
desnudo? La máxima consagración de un artista. "El desnudo es un paisaje en carne
humana", afirmó tempranamente. Débora trató el desnudo a escala 1:1, con una
naturalidad sin límites, con voluptuosidad y en busca de la expresión. Sus hermanos
médicos, Tulio y Luis Enrique, fueron sus maestros de anatomía artística. Su hermana
Elvira, una muchacha caleña y una escritora le sirvieron de modelos. El tratamiento
original y antiacadémico que le dio a este género, la distanció de su maestro Pedro Nel
Gómez y la aproximó a Carlos Correa (1912-1986), un artista que al decir del crítico
Casimiro Eiger, demostraba "una originalidad tan auténtica, de vocación tan
profunda, pintor sufrido y desgarrado de una síntesis imposible".
Con la exposición en el Club Unión de
Medellín, en 1939, vino el primer escándalo; en la del foyer del Teatro Colón, en 1940,
el siguiente; en 1942 otro y así sucesivamente. El motivo: sus desnudos. Los términos
mujer y desnudo son aún tabú en la sociedad colombiana. Siempre ha desconcertado que
este género sea tratado por una mujer, como si ello constituyera una amenaza a las
costumbres, al punto que el obispo de Medellín llamó a Débora para reconvenirla y
aclararle que Pedro Nel Gómez sí los podía pintar porque era hombre.
Los escritores se aproximaron a este tipo
de obras de Débora, de distinta manera. Luis Vidales habló de "masculina
potencialidad en el modelado y audacia en el trazo". Otros se preguntaron si se
trataba de una mujer varonilizada. El Liberal la encontró "encantadora, sencilla,
íntegramente femenina [...] una mujer como casi todas las mujeres colombianas, pero que
se diferencia de ellas en que tiene una virtud admirable: el valor". El arte de
Débora Arango puso en evidencia la ambigüedad moral de una sociedad que insinuó que
pintaba esos temas porque los había vivido. El diario La Defensa habló de "pinturas
al déshabillé [...] de falta de higiene moral" . En el discurso de presentación de
la obra de Débora Arango en el foyer del Teatro Colón, César Uribe Piedrahíta afirmó:
"Quién iba a suponer que de un rincón de la montaña austera, de un ambiente
timorato e hipócrita viniera una niña artista, pintora de grandes desnudos e iluminada
con clara luz de la naturaleza inocente ... Esta exposición de pintura ha de servir para
rasgar el velo de falso pudor y de hipócritas prejuicios tras el cual se esconden
maliciosamente moralistas corrompidos".
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