INDICE




LA ESTÉTICA DEL VIAJERO  

Por Beatriz González

La primera mirada reflexiva sobre nosotros mismos tuvo lugar con motivo de la Expedición Botánica.

Los herbolarios se tienen en cuenta en algunas historias del arte universales como el humilde comienzo a la apropiación del espacio, de la apariencia, de la realidad.

Cuando José Celestino Mutis escribía a Carlos III convenciéndolo de la necesidad de la organización de la expedición le habla de una empresa que "sólo se dirige a producir honores a la nación, utilidad al público, expansión al comercio, ventajas a las ciencias, nuevos fondos al herario real y gloria inmortal a vuestra majestad, cuya vida conserve la Divina Providencia para bien universal de la Monarquía" | 1

Entre esta declaratoria formal de intenciones y la realización de la expedición - por lo trágico que haya sido su destino - se encuentran logros que tienen que ver más con nuestra identidad nacional que con la corona española.

Plagiando a Roland Barthes, la historia del siglo XIX en América es una historia de interpretación de miradas.

El siglo se inicia bajo la mirada germánica y totalizadora de Alejandro de Humboldt.

Su visita a Mutis en Santa Fe de Bogotá constituye el climax de la Expedición Botánica.

El prestigio del sabio alemán, con sus cátedras en París y Berlín, a lo largo de los primeros cincuenta años del siglo y la necesidad de un equipo de eruditos y artistas, pintores y grabadores para sus publicaciones, originó un torrente de viajeros que con sus libros recorrían América tratando de ver y reflexionar a través de los textos; dos ejemplos bastan:

Agustín Codazzi reconoció palmo a palmo el Orinoco con la obra Viaje a las regiones equinopciales del nuevo continente; el pintor norteamericano Frederic Edwin Church se entusiasmó tanto con Cosmos, Ensayo de una descripción física del mundo, que aceptó finalmente una invitación para venir a la Nueva Granada; subió el Magdalena, pasó al Ecuador, y solamente quedó satisfecho cuando se hospedo en Quito, en la misma habitación en la que había dormido Humboldt, en la mansión del Marqués de Selva Alegre Miró el Cotopaxi como un pintor de la escuela del Río Hudson pero con la pasión del sabio alemán, esto es, "en su inmensidad y en su verdad".

En el siglo XIX se ha consolidado una estética que se puede llamar del viajero que procede de la ilustración y tiene relación con el binomio arte-ciencia. El viajero del siglo pasado es diferente de Marco Polo; se hace necesario distinguirlo de los cronistas de Indias, a pesar de que uno y otros presentan con su mirada una forma especial de interpretación. Es un personaje nacido de Rousseau y del romanticismo, impulsado por Humboldt, que escribe sus observaciones y dibuja a caballo o en canoa, para quien la rapidez del apunte acuarelado no le hace requerir del estudio confortable y quien encuentra reposo en los peligros de la selva. Para conocer el mundo hay que recorrerlo con el lápiz en la mano, decía Herder.

Muchas veces el problema del viajero se reduce a uno de curiosidad; esta palabra, sin adjetivo, "científica" da la impresión de que se la ha despojado de la intuición.

Sin embargo, salir a remotos parajes o regiones, ver exóticos paisajes o recorrer el propio con ojos de asombro es una actitud romántica.

El romanticismo en los primeros años del siglo XIX "transformó las concepciones populares de la pintura de paisajes y de la naturaleza misma; Dios y la verdad podrán ser encontrados en lo profundo del bosque o en el cambio de luz de un día nublado. El pintor podía trabajar ahora no de la imaginación, ni de la memoria sino de la observación" | 2

Esta posición llevó a los artistas a afirmar con Frederic Church que "toda pintura es un experimento científico" | 3
El nexo de arte y ciencia hace que el pintor viajero se convierta en uno de los puentes entre el romanticismo y el realismo, dos estilos considerados en un principio antagonicos; los dos tienen que ver con la verdad y la naturaleza solamente que el realismo es una adaptación del romanticismo a la vida moderna.

En el artista romántico, "su satisfacción por el folklore geográfico e histórico provocará la selección siempre en renovación constante del objeto y del lugar figurativo" | 4

Y el pintor realista "es testigo de su tiempo, no de la eternidad" | 5

Edward Walhouse Mark.  |Garza Morena.  Sin fecha.  Acuarela sobre papel gris. 17 x 7 cms. 

Acudir a estilos para aclarar la estética del viajero por el continente americano puede resultar contraproducente; no obstante, vale la pena recordar la reflexión de Seymour Menton con relación a la literatura colombiana.

"Aunque el encasillamiento de una novela dentro de un movimiento literario pueda a veces constituir un obstáculo más que una ayuda para su valoración como obra de arte, también puede servir para apreciar su importancia en la evolución histórica de la literatura" | 6

La importancia de los pintores viajeros en el desarrollo de las artes en latinoamérica ha sido reconocida; de allí ha nacido la necesidad de determinar el carácter de su propuesta estética.

Miradas influyentes

El más notable ejemplo de pintor viajero es el alemán Mauricio Rugendas, de formación académica. Faustino Sarmiento lo considera junto con Humboldt "los dos europeos que más vivamente han representado a América" | 7

Resulta significativo llamar la atención sobre lo temprano que fue difundida su obra Viaje Pintoresco por el Brasil.

Esta publicación por entregas fue lanzada entre 1827 y 1835 en Francia y Alemania; incluídos sus escritos e ilustraciones litografiados

El Gran prestigio ha permitido deducir que fue conocida y tuvo influencia más allá del continente europeo.

Sus láminas pintorescas se imprimieron en papeles de colgadura y vajillas de porcelana de Sevres.

La ausencia de una visión universal del arte en el siglo XIX colombiano puede comprobarse con tres hechos: hasta 1865 ningún artista local viajó a Europa para buscar formación estética, tampoco llegó al país un artista académico con el ánimo de establecerse y proceder a la enseñanza hasta bien avanzado el siglo:

la fundación de la academia oficial fue tardía.
Es por estas razones que los artistas resolvieron sus problemas aisladamente y recibieron con beneplácito toda clase de láminas y libros ilustrados y a todo extranjero iniciado en el conocimiento de las artes.

Los pintores viajeros más distinguidos que visitaron el país hasta mediados de siglo, en su mayoría diplomáticos o científicos, franceses, alemanes, ingleses y norteamericanos, fueron: François Desiré Roulin desde 1823 hasta 1828, Jean Baptiste Louis Gros desde 1839 hasta 1 843, León Gauthier entre 1848 y 1850, Albert Berg en 1849 y Frederic Church en 1853 y de nuevo en 1857 y Edward Walhouse Mark desde 1 843 hasta 1857. Este último fue quien permaneció por un lapso mayor de tiempo.

Todos estos viajeros recibieron la influencia de Humboldt, algunos más directamente que otros; unos lo conocieron antes de partir como Roulin, otros mantuvieron una constante correspondencia.

Antes y después de su viaje Albert Berg, recibió instrucciones de colocar una palmera dividiendo en dos el nevado del Tolima lo cual demuestra la peculiar manera del sabio alemán de concebir el paisaje. 

Rugendas, quien a pesar de lo planeado nunca pudo llegar a la Nueva Granada, sabía por Humboldt, del Quindío,  del camino a Santa Fe, etc.La interpretación de la mirada de los viajeros guiada por el sabio alemán se encuentra explicada en su capítulo de Cosmos "Influencia de la pintura del paisaje en el estudio de la naturaleza" en el que trata de conservar un término medio entre el interés pictórico y el científico, sin olvidar procesos como
el daguerrotipo y los panoramas circulares pero en todo momento ésta presenta el espíritu  que animó su carta a Goethe del 3 de enero de 1810: "A la naturaleza hay que sentirla; quien sólo ve y abstrae puede pasar una vida  en medio de la ardiente vorágine tropical, analizando plantas y animales y creyendo describir la naturaleza que sin embargo le será eternamente ajena" |8  

1 Theodore E. Stebbins Jr. |Close observation, Selected oil sketches by Frederic E. Church, Smithsonian Institution Press, pag. 9.
2 Theodore E. Stebbins Jr. |American Master Darwings, Nueva York, 1976, pag. 141.
3 Idem.
4 Joaquín Piñeros Corpas, |Acuarelas de Mark, 1843-1856 Un testimonio pictorico de la Nueva Granada, Banco de la República, Litografía Arco, Bogotá, 1963, pag. XXVII.
5 Isaac F. Holton, |La Nueva Granada: Veinte Meses en los Andes, Banco de la República, Archivo de Economía Nacional, Bogotá, 1981, pag. 66.
6 Idem. pag. 26.
7 Pierre Francastel, |Historia de la pintura Francesa, Alianza editorial, Madrid, 1970, pag. 275.
8 Seymour Menton, Op. cit. pag. 94.

anterior | índice | siguiente