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COLECCIÓN BOTERO: EN PRIMERA PERSONA DEL SINGULAR

POR ANTONIO CABALLERO

Francis Bacón Dublin 1909 - Madrid, 1992 Estudio de un niño 1960 Óleo sobre 150 x 119 cm

Valdría la pena conocer de cerca la historia de esta colección. Saber por dónde la empezó a armar Fernando Botero, a partir de qué cuadro o qué dibujo; y de qué obras se deshizo luego para cambiarlas por otras (y por cuáles). Porque se trata de una colección de pintura con algo de escultura completísima para sus dimensiones; y, tras su apariencia heteróclita, de una gran coherencia. No pretende, por supuesto, rivalizar con la colección de un gran museo; ni por su tamaño apenas un centenar de piezas, ni por su vistosidad en el sentido de que no tiene "grandes obras". Pero tampoco es una colección privada corriente, en el sentido de que no hay en ella nada que pueda llamarse de relleno. Está hecha de obras de arte de altísima calidad, escogidas con ojo de artista bueno, que sabe qué le gusta y por qué, y medios de artista rico, pero que no despilfarra el dinero como lo haría un asesor artístico. No es que nada falta en ella: eso sería imposible. Pero tiene un mérito más difícil: nada sobra.

Salvador Dali Figueras, 1904 - 1949 Busto retrospectivo de mujer 1993 / 1977 Bronce pintado y dorado 71 cm de altura

O casi nada. No hay ninguna obra mala con la excepción tal vez, de un dibujito de Fernand Léger, que sin embargo tiene el atractivo, para el coleccionista y para los receptores de su donación, de que es un mapa de Colombiaantes de sus amputaciones territoriales. Y, sobre más de cien, apenas hay doce o quince obras mediocres. Las restantes son todas muy buenas. Dentro de su medida de colección privada, y de su ambición limitada en el tiempo y el sujetoarte figurativo occidental de fines del siglo XIXa fines del siglo XX es una colección casi perfecta.

¿Dije que no tenía "grandes obras"?. No es verdad. Hay un gran Baño de Pierre Bonnard, una imponente |Maternidad de Max Beckmann, una preciosa |Mujer de Auguste Renoir, un paisajito de Claude Monet, falsamente humilde, y una |Corrida de Pablo Picasso, que son dignos de los mejores museos de arte moderno del mundo. Ah, y un amplio dibujo renacentista de Balthus. Y un Niño de Francis Bacon. Y un gran bronce pintado de Salvador Dalí. Y una bella muchacha en bronce de Aristide Maillol. Y un sombrío pájaro amenazante de Max Ernst. Y una soberbia Bebedora solitaria de Henri de Toulouse-Lautrec. Y un plácido paisaje urbano de Camille Pissarro que en su modestia revela todo el impresionismo. Y un dibujo hierático de Giacometti, fantasmal. Y una férrea construcción de Anthony Caro, aérea y matemática. Y dos manos de bronce, supongo que casi inencontrables, del potente Julio González, impresionantes.

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