|
LA VIOLENCIA
El Capataz se vuelve de
espaldas y se pone un capuchón negro. Entra otro encapuchado. Se dirigen sigilosamente a
la casa de los Pérez. Entran y voltean la mesa, los asientos, riegan toda la ropa por el
suelo y dejan en un sitio visible un muñeco negro atravesado por un puñal. Salen
sigilosamente. Llega la familia Pérez y se detiene en la puerta. Dolores y Rosalba se
esconden en un rincón. Gregorio e Ignacio sacan sus machetes y rodean el rancho. Entran a
la casa y ven todo el desorden. Gregorio sale y llama a las mujeres. Comienzan a arreglar
los destrozos. De pronto se oyen unos silbidos afuera. Los hombres salen a la puerta. Se
oyen gritos. Llaman a la puerta. Se oyen gritos. Llaman a Gregorio Pérez. Después de
unos segundos de silencio aparece el Capataz.
CAPATAZ
Hola, Gregorio, qué pasa
por aquí? Qué hacen ustedes con esos machetes ahí en la puerta? Guárdenlos, que nadie
viene a pelear con ustedes. Yo solo me arrimé a ver qué pasaba porque encontré los
perros de ustedes degollados allá abajo en la cañada. (Entra en la casa). Ah!, pero
vean, a ustedes también los visitaron esos pájaros. Esto se está poniendo por aquí
cada día más negro. Lo mismo le pasó al pobre Tomás Otálora. Primero la visitaron y
luego lo encontraron muerto, a él y a toda la familia. El señor Hernández tuvo que
llamar al ejército. Deben llegar de hoy a mañana. A ver si se puede tener alguna
protección... Pero mire... (Recoge el muñeco). Esto es una amenaza de muerte. Y fíjese
Gregorio, que ya la cosa no es solo con usted, sino con toda su familia. Tenga cuidado.
(Le entrega el muñeco. Gregorio lo bota al suelo). Váyase de aquí, hombre, venda esto,
ahora que puede y ponga una tienda en el pueblo. Usted sabe; si yo le ofrezco compra es
porque quiero ayudarlo. Recuerde mi oferta... Le pago además los tres meses de intereses
que debe en la Caja Agraria. (Sale).
CONTINUAR
REGRESAR AL INDICE
|