CINCO OBRAS DE CREACIÓN COLECTIVA
TEATRO LA CANDELARIA
Director: Santiago García
© Derechos Reservados de Autor

LA VACA

Don Floro Rojas entrena a varios de sus peones. Doña Eloisa arregla a su hija, una muchacha de unos quince años. La peina y termina de arreglarle el vestido. Una mujer acurrucada en un rincón mira ensimismada al vacío.

DON FLORO

(A tres hombres que tienen unos palos en sus manos). Bueno, muchachos, vamos a entrenar. Por el momento vamos a hacerlo con esos palos. Hagan de cuenta que son fusiles. Los fusiles de verdad nos deben de llegar esta tarde con el enviado de la Dirección Liberal y con Guadalupe Salcedo. Por lo menos cuarenta fusiles para este comando. Por lo tanto, deben estar bien alerta y entrenados. (Toma su fusil y se lo muestra a los peones). El fusil se coge así. El ojo mira el alza y por el alza se mira el punto de mira. Detiene la respiración, con el punto de mira se enfoca la víctima, el dedo en el gatillo, y... pummm! Es fácil. Cuando lleguen los fusiles van a ver lo que es tener en las manos una arma de verdad, muchachos.

DOÑA ELOISA

(Lo interrumpe). Cuánto le apuesto a usted, don Floro, que el Jerónimo ese no va a ser capaz de llegar con la ternera? Va a venir Guadalupe, los señores esos de la Dirección Liberal y no van a encontrar aquí nada que comer. Ha debido mandar a hombres más baquianos.

DON FLORO

Mire, doña Eloísa, yo conozco a Jerónimo, él ya es baquiano de la región. Lo que pasa es que es muy difícil traer una ternera en estos tiempos. El ejército está agazapado por todas partes. Pero yo conozco a Jerónimo como a mis propias manos. Por algo se lo saqué de las garras al capitancito ese, allá en el retén.

GUERRILLERO 1

Mire, mi comandante, ya llevamos como dos meses esperando los tales fusiles. De nada sirve entrenar con estos palos, queremos fusiles de verdad.

GUERRILLERO 2

Oiga, don Floro, ¿por qué no nos presta su fusil para entrenar?

DON FLORO

(Mira a los peones y después su fusil), Pero, muchachos, éste es un fusil muy costoso, es un fusil traído de Venezuela. No, no, dejen el nerviosismo y sigamos entrenando. El cuerpo bien firme, la culata contra el hombro. El cuerpo bien firme, o si no, con el reculón del disparo el cuerpo puede caer a tierra.

DOÑA ELOISA

(A su hija). ¡Carajo! Déjese arreglar! Ojalá yo hubiera tenido la misma suerte que usted, que un hombre como Guadalupe Salcedo se fijara en mí. ¡Pero esta pendeja no se da cuenta la suerte que tiene en la vida! A los doce años, mijita, a los doce años yo ya tenía marido. Déjese arreglar! (La niña se deja arreglar de mala gana). Tome y mírese al espejo. ¿Se da cuenta de lo linda que está quedando? Pero sonría, carajo! ¿O es que no tiene alientos?

DON FLORO

(Deja de entrenar a los hombres y se dirige a doña Eloisa). Doña Eloisa, ¿usted se imagina a mi comandante Guadalupe con semejante mal gusto? (Suelta la carcajada). No niego que la muchachita está regularcita... pero no es para tanto tampoco!

DOÑA ELOISA

Don Floro, ¿por qué más bien no se mete en sus asuntos, y sigue perdiendo el tiempo ahí con esos palos?

DON FLORO

(Disgustado). Bueno, recojan dos piedritas. (Los hombres se quedan quietos). Recojan dos piedritas y una la ponen como si fuera el alza y la otra como sí fuera el punto de mira.

DOÑA ELOISA

(A la hija). ¡Vaya y le lleva agua a la goda esa! (La niña se dirige hacia un rincón, donde está la mujer acurrucada).

LA NIÑA

Tome el agua. (La mujer rechaza el agua).

DOÑA ELOISA

Ay! ¿Se creyó señorita? Se va a dejar morir de hambre, o qué? No es a la única mujer en el mundo que le ha pasado eso. Agradezca que fueron los liberales los que le hicieron el mandadito. Los godos no son hombres de tantas contemplaciones.

DON FLORO

Que agradezca mejor que es mujer. (A los hombres). La revolución no es un juego. Tienen que ponerles toda el alma a los entrenamientos. Ser más disciplinados.

Llega Jerónimo con un ayudante trayendo la ternera.

Gran algarabía. El animal derriba la mesa de doña Eloisa. Jerónimo no puede dominar al animal. Doña Eloisa se enfurece. Los hombres ayudan a tumbar la ternera.

DOÑA ELOISA

¡Carajo, Jerónimo, tenga más cuidado! (Recoge todo lo que le derribó la ternera).

DON FLORO

¿Por qué se demoró tanto, Jerónimo?

JERONIMO

Don Floro, ¡usted no sabe lo difícil que es venir tres días por esos morichales y con tanto ejército!

DON FLORO

Pero usted sabe muy bien que hoy tenemos una cita muy importante; llega gente de la Dirección Liberal y Guadalupe con cuarenta fusiles.

LA NIÑA

(Interrumpe a don Floro). Don Floro, mi mamá le manda decir que le aparte esa pierna, que es para ella.

DON FLORO

¿Que, qué? Mire, dígale a su mamá que vaya recogiendo la leña y alistando el fogón y que no joda!

LA NIÑA

Pero don Floro, mi mamá dice que le aparte el pernil, que es para ella y Guadalupe.

DON FLORO

(Furibundo), ¡Y ésta caraja! Se le dijo que vaya a conseguir leña!

LA NIÑA

Pero don Floro, mi mamá...

DON FLORO

(Empuja fuertemente a la niña). Carajo!, le dije que vaya...

DOÑA ELOISA

(Saca un cuchillo y se enfrenta a don Floro). ¿Qué es la vaina, don Floro? ¡Aquí no estamos en su hato! Don Floro le saca el quite. Jerónimo interviene para calmar la situación.

JERONIMO

Cálmese, doña Eloisa, que la pelea no es entre liberales. . . y respete a don Floro, que es el comandante de aquí.

DOÑA ELOISA

El comandante aquí es Guadalupe Salcedo! (Don Floro la encañona con el fusil).

JERONIMO

Y usted, don Floro, calme los nervios, que hay mucho que hacer. (Le baja el fusil).

DOÑA ELOISA

(Guardando el cuchillo). Y le digo una cosa, Floro Rojas: de ahora en adelante usted no va a tratar a la qente como se le dé la gana.

(Empieza a oírse el ruido de motores de aviones. Todos miran al horizonte).

DON FLORO

¡Los aviones! A esconderse todo el mundo! Los bombarderos!

Todos se esconden. Jerónimo rescata a la goda. El ruido de los motores aumenta. Los aviones bombardean. La vaca se levanta y empieza a pasearse calmadamente. Da vueltas mirando al cielo hasta que un proyectil la mata. Se escucha la música del corrido del bombardeo.

Corrido del bombardeo

(Ritmo de corrido por mayor)

Fue un 25 de junio
ya pa’ la mitad del año.
Atronando el firmamento
vuelan cinco aeroplanos
matando cuatro gallinas
tres perros y dos marranos
hiriendo a la mula de silla
propiedad de don Sagrario
que fue la primera yegua
con que fundaron el Llano.

La gente va saliendo de sus escondites. Inspeccionan los daños.

JERONIMO

(Mirando la vaca muerta). ¡Maldita sea, comandante, mataron la vaca!

DON FLORO

Bueno, nos economizaron un trabajo. A recoger todo, nos largamos de aquí. En dos horas debe estar aquí el ejército por tierra. Nos vamos para las Bocas del Cusiana. ¡Jerónimo Zambrano! (Jerónimo se presenta). Jerónimo, usted era el que tenía muchas ganas de pelear, no? Pues le llegó la hora. Tome mi fusil. Vaya y busque a Guadalupe, que debe venir por los altos morichales. Dígale que no se acerque por aquí, que ya el ejército nos descubrió el comando, que nos encontramos dentro de quince días en las Bocas del Cusiana. Y dígale que lo mande a usted a buscar contacto con la Dirección Liberal. Dígale que lo mande a usted si es posible a Bogotá, que le diga a esa gente que necesitamos fusiles, medicinas, pertrechos, ropa. ¡Vaya!

Vuelve a oírse ruido de motores de aviones y de bombardeo. Jerónimo sale corriendo. Doña Eloisa lo alcanza.

DOÑA ELOISA

¡Jerónimo! (Le entrega su cuchillo. Jerónimo lo recibe y parte. Se escucha música de corrido).

Corrido de las ilusiones

(Ritmo de pasaje sabanero)

Y así salvando el infierno
va Jerónimo Zambrano
con el fusil en la mano
y el corazón en invierno.
Anda en busca de Guadalupe
a darle aviso temprano.
Va corriendo ilusionado
va buscando la guerrilla
porque su vida sencilla
le dictó una carta abierta
y el camino que ha tomado
es unirse a la revuelta.

Y el campesino inocente
Joaquín Robledo, el soldado,
vió cambiar sus ilusiones
tragando siempre callado.
Su vida se la cambiaron
ya es hombre bien adiestrado.

En las manos del sargento
tiene el tiro ya afinado.
Va a la guerra de los yanquis
contra el pueblo coreano
con ilusión de medallas
y un buen ascenso de grado.

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