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LA VACA
Don Floro Rojas entrena a
varios de sus peones. Doña Eloisa arregla a su hija, una muchacha de unos quince años.
La peina y termina de arreglarle el vestido. Una mujer acurrucada en un rincón mira
ensimismada al vacío.
DON FLORO
(A tres hombres que tienen
unos palos en sus manos). Bueno, muchachos, vamos a entrenar. Por el momento vamos a
hacerlo con esos palos. Hagan de cuenta que son fusiles. Los fusiles de verdad nos deben
de llegar esta tarde con el enviado de la Dirección Liberal y con Guadalupe Salcedo. Por
lo menos cuarenta fusiles para este comando. Por lo tanto, deben estar bien alerta y
entrenados. (Toma su fusil y se lo muestra a los peones). El fusil se coge así. El ojo
mira el alza y por el alza se mira el punto de mira. Detiene la respiración, con el punto
de mira se enfoca la víctima, el dedo en el gatillo, y... pummm! Es fácil. Cuando
lleguen los fusiles van a ver lo que es tener en las manos una arma de verdad, muchachos.
DOÑA ELOISA
(Lo interrumpe). Cuánto le
apuesto a usted, don Floro, que el Jerónimo ese no va a ser capaz de llegar con la
ternera? Va a venir Guadalupe, los señores esos de la Dirección Liberal y no van a
encontrar aquí nada que comer. Ha debido mandar a hombres más baquianos.
DON FLORO
Mire, doña Eloísa, yo
conozco a Jerónimo, él ya es baquiano de la región. Lo que pasa es que es muy difícil
traer una ternera en estos tiempos. El ejército está agazapado por todas partes. Pero yo
conozco a Jerónimo como a mis propias manos. Por algo se lo saqué de las garras al
capitancito ese, allá en el retén.
GUERRILLERO 1
Mire, mi comandante, ya
llevamos como dos meses esperando los tales fusiles. De nada sirve entrenar con estos
palos, queremos fusiles de verdad.
GUERRILLERO 2
Oiga, don Floro, ¿por qué
no nos presta su fusil para entrenar?
DON FLORO
(Mira a los peones y
después su fusil), Pero, muchachos, éste es un fusil muy costoso, es un fusil traído de
Venezuela. No, no, dejen el nerviosismo y sigamos entrenando. El cuerpo bien firme, la
culata contra el hombro. El cuerpo bien firme, o si no, con el reculón del disparo el
cuerpo puede caer a tierra.
DOÑA ELOISA
(A su hija). ¡Carajo!
Déjese arreglar! Ojalá yo hubiera tenido la misma suerte que usted, que un hombre como
Guadalupe Salcedo se fijara en mí. ¡Pero esta pendeja no se da cuenta la suerte que
tiene en la vida! A los doce años, mijita, a los doce años yo ya tenía marido. Déjese
arreglar! (La niña se deja arreglar de mala gana). Tome y mírese al espejo. ¿Se da
cuenta de lo linda que está quedando? Pero sonría, carajo! ¿O es que no tiene alientos?
DON FLORO
(Deja de entrenar a los
hombres y se dirige a doña Eloisa). Doña Eloisa, ¿usted se imagina a mi comandante
Guadalupe con semejante mal gusto? (Suelta la carcajada). No niego que la muchachita está
regularcita... pero no es para tanto tampoco!
DOÑA ELOISA
Don Floro, ¿por qué más
bien no se mete en sus asuntos, y sigue perdiendo el tiempo ahí con esos palos?
DON FLORO
(Disgustado). Bueno, recojan
dos piedritas. (Los hombres se quedan quietos). Recojan dos piedritas y una la ponen como
si fuera el alza y la otra como sí fuera el punto de mira.
DOÑA ELOISA
(A la hija). ¡Vaya y le
lleva agua a la goda esa! (La niña se dirige hacia un rincón, donde está la mujer
acurrucada).
LA NIÑA
Tome el agua. (La mujer
rechaza el agua).
DOÑA ELOISA
Ay! ¿Se creyó señorita?
Se va a dejar morir de hambre, o qué? No es a la única mujer en el mundo que le ha
pasado eso. Agradezca que fueron los liberales los que le hicieron el mandadito. Los godos
no son hombres de tantas contemplaciones.
DON FLORO
Que agradezca mejor que es
mujer. (A los hombres). La revolución no es un juego. Tienen que ponerles toda el alma a
los entrenamientos. Ser más disciplinados.
Llega Jerónimo con un
ayudante trayendo la ternera.
Gran algarabía. El animal
derriba la mesa de doña Eloisa. Jerónimo no puede dominar al animal. Doña Eloisa se
enfurece. Los hombres ayudan a tumbar la ternera.
DOÑA ELOISA
¡Carajo, Jerónimo, tenga
más cuidado! (Recoge todo lo que le derribó la ternera).
DON FLORO
¿Por qué se demoró tanto,
Jerónimo?
JERONIMO
Don Floro, ¡usted no sabe
lo difícil que es venir tres días por esos morichales y con tanto ejército!
DON FLORO
Pero usted sabe muy bien que
hoy tenemos una cita muy importante; llega gente de la Dirección Liberal y Guadalupe con
cuarenta fusiles.
LA NIÑA
(Interrumpe a don Floro).
Don Floro, mi mamá le manda decir que le aparte esa pierna, que es para ella.
DON FLORO
¿Que, qué? Mire, dígale a
su mamá que vaya recogiendo la leña y alistando el fogón y que no joda!
LA NIÑA
Pero don Floro, mi mamá
dice que le aparte el pernil, que es para ella y Guadalupe.
DON FLORO
(Furibundo), ¡Y ésta
caraja! Se le dijo que vaya a conseguir leña!
LA NIÑA
Pero don Floro, mi mamá...
DON FLORO
(Empuja fuertemente a la
niña). Carajo!, le dije que vaya...
DOÑA ELOISA
(Saca un cuchillo y se
enfrenta a don Floro). ¿Qué es la vaina, don Floro? ¡Aquí no estamos en su hato! Don
Floro le saca el quite. Jerónimo interviene para calmar la situación.
JERONIMO
Cálmese, doña Eloisa, que
la pelea no es entre liberales. . . y respete a don Floro, que es el comandante de aquí.
DOÑA ELOISA
El comandante aquí es
Guadalupe Salcedo! (Don Floro la encañona con el fusil).
JERONIMO
Y usted, don Floro, calme
los nervios, que hay mucho que hacer. (Le baja el fusil).
DOÑA ELOISA
(Guardando el cuchillo). Y
le digo una cosa, Floro Rojas: de ahora en adelante usted no va a tratar a la qente como
se le dé la gana.
(Empieza a oírse el ruido
de motores de aviones. Todos miran al horizonte).
DON FLORO
¡Los aviones! A esconderse
todo el mundo! Los bombarderos!
Todos se esconden. Jerónimo
rescata a la goda. El ruido de los motores aumenta. Los aviones bombardean. La vaca se
levanta y empieza a pasearse calmadamente. Da vueltas mirando al cielo hasta que un
proyectil la mata. Se escucha la música del corrido del bombardeo.
Corrido del
bombardeo
(Ritmo de corrido por mayor)
Fue un 25 de junio
ya pa la mitad del año.
Atronando el firmamento
vuelan cinco aeroplanos
matando cuatro gallinas
tres perros y dos marranos
hiriendo a la mula de silla
propiedad de don Sagrario
que fue la primera yegua
con que fundaron el Llano.
La gente va saliendo de sus
escondites. Inspeccionan los daños.
JERONIMO
(Mirando la vaca muerta).
¡Maldita sea, comandante, mataron la vaca!
DON FLORO
Bueno, nos economizaron un
trabajo. A recoger todo, nos largamos de aquí. En dos horas debe estar aquí el ejército
por tierra. Nos vamos para las Bocas del Cusiana. ¡Jerónimo Zambrano! (Jerónimo se
presenta). Jerónimo, usted era el que tenía muchas ganas de pelear, no? Pues le llegó
la hora. Tome mi fusil. Vaya y busque a Guadalupe, que debe venir por los altos
morichales. Dígale que no se acerque por aquí, que ya el ejército nos descubrió el
comando, que nos encontramos dentro de quince días en las Bocas del Cusiana. Y dígale
que lo mande a usted a buscar contacto con la Dirección Liberal. Dígale que lo mande a
usted si es posible a Bogotá, que le diga a esa gente que necesitamos fusiles, medicinas,
pertrechos, ropa. ¡Vaya!
Vuelve a oírse ruido de
motores de aviones y de bombardeo. Jerónimo sale corriendo. Doña Eloisa lo alcanza.
DOÑA ELOISA
¡Jerónimo! (Le entrega su
cuchillo. Jerónimo lo recibe y parte. Se escucha música de corrido).
Corrido de las
ilusiones
(Ritmo de pasaje sabanero)
Y así salvando el infierno
va Jerónimo Zambrano
con el fusil en la mano
y el corazón en invierno.
Anda en busca de Guadalupe
a darle aviso temprano.
Va corriendo ilusionado
va buscando la guerrilla
porque su vida sencilla
le dictó una carta abierta
y el camino que ha tomado
es unirse a la revuelta.
Y el campesino inocente
Joaquín Robledo, el soldado,
vió cambiar sus ilusiones
tragando siempre callado.
Su vida se la cambiaron
ya es hombre bien adiestrado.
En las manos del sargento
tiene el tiro ya afinado.
Va a la guerra de los yanquis
contra el pueblo coreano
con ilusión de medallas
y un buen ascenso de grado.
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