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LA TIENDA
La familia se instala en la
tienda el Porvenir, en Pueblo Rico. Dolores saca la cuenta. Gregorio arregla las escasas
mercancías. Rosalba hace paqueticos de canela. Entra don Pablito.
DOLORES
Hola, don Pablito, al fin se
apareció por aquí. Precisamente le estaba sacando la cuenta de lo que nos debe.
PABLITO
Vengo a ver si me lee esta
cartica que me llegó de mi muchacho. El que está allá en la capital.
DOLORES
Léala usted, Rosalba, que
yo para la letra de mano soy negada.
ROSALBA
(Leyendo). "Mi muy
recordado papá, aquí pasando la de malas. Porque ya llevamos más de dos meses de huelga
y no se resuelve nada. Por eso solo le pude mandar esos cincuenta pesos. Confío en que la
semana entrante le pueda mandar algo más, si la situación mejora. Aquí prometen mucho,
pero a la hora de la verdad no cumplen nada. Su hijo, Jairo".
DOLORES
Fíjese, Rosalba, que allá
por la capital la cosa no es de oro como la pintan.
ROSALBA
Pero por más mal que nos
vaya allá, no puede irnos peor que aquí, mamá.
DOLORES
Entonces usted nos abona
cincuenta pesos, no? Como nos debía noventa, entonces nos queda debiendo cuarenta.
PABLITO
Si, doña Dolores, yo le
abono los cincuenta pesitos, pero usted me hace el favor y me despacha este mercadito. (Le
extiende un papel).
DOLORES
Pero, cómo se le ocurre,
don Pablito! Nos viene a pagar cincuenta pesos, y por otro lado se quiere llevar un
mercado! Yo no le puedo fiar más porque estamos hasta el cogote, y las deudas llevan a la
ruina cualquier negocio.
PABLITO
Pero si no me da el
mercadito ¿qué comemos en la casa esta semana?
DOLORES
Y si yo le fío, dónde va a
parar esta tienda? Esto es un negocio, don Pablito, y en un negocio lo que cuenta es la
plata. Pero la plata "plata"!
GREGORIO
Resolvimos no fiar ni un
centavo más, porque a nosotros nadie nos fía. En el granero de la esquina hay que pagar
de contado. Al hijo que tenemos estudiando en Cajamarca, hay que pagarle el colegio de
contado, y al otro, al mayor, al Ignacio, usted se acuerda, se lo llevaron hace quince
días al Ejército y allá no le pagan ni medio. Dese cuenta, don Pablito, así que
tuvimos que suspender el fiado.
PABLITO
Entonces no me queda más
remedio que ir a comprar el mercadito en el granero de la esquina con estos cincuenta
pesitos porque en la casa hay que comer.
DOLORES
Y se va sin pagarnos los
cincuenta pesos?
PABLITO
Y yo qué voy a hacer?
DOLORES
(Resongando). En la de
malas, vienen a pedirle a uno toda clase de favores pero apenas tienen algo salen
corriendo y lo dejan a uno que se las arregle solo. ¡Oiga, espere! Gregorio, déle pues
el mercado que pide!, qué le vamos a hacer!
Entra un vendedor.
VENDEDOR
La tienda El Porvenir de
doña Dolores de Pérez? Muy buenos días. (Saluda a todos de la mano). Vengo a presentar
a ustedes, desde la capital de la República, un saludo muy especial de parte de la
prestigiosa firma de detergentes El Explosivo S. A., con la fuerza de un estallido de
blancura en el hogar. Y a hacerle a usted entrega... Doña Dolores? Sí... doña Dolores.
Un regalo muy, pero muy valioso... Se trata de un tamaño gigante del extraordinario
detergente El Explosivo S. A. Tenga usted, señora... Sin ningún compromiso de su
parte...
DOLORES
Pero nosotros...
VENDEDOR
Este fabuloso producto que
viene directamente de la capital, como usted podrá apreciar dentro de poco, quita como
por arte de magia toda clase de manchas, de fruta, de chocolate, de sangre, de salsa, de
banano y del mismo mugre... si, señora y ello se debe a... mire usted. . . estas
partículas azulitas que tiene el detergente. Esas son las enzimas ionizadas que le dan
esa fuerza hirviente que deja su ropa tan limpia y tan blanca y con ese fragante olor a
limpio. que usted nunca podrá dar a su ropa con un jabón corriente...
DOLORES
Pero, señor, nosotros no
tenemos cómo comprarle eso...
VENDEDOR
Permítame, doña Dolores
hacerle una pequeña demostración, sin compromiso de su parte... deme una camisa sucia y
un poco de agua y verá usted como...
Rosalba corre por una camisa.
DOLORES
Pero nos da mucha pena...
VENDEDOR
No se preocupe señora...
Gracias, niña... Qué bonita...! Es su hija doña Dolores? No debería estar aquí en
este pueblo. Su sitio, niña, es en la capital... Con esa cara tan bonita y esa figura. .
. tiene muchas oportunidades en la ciudad. . . Gracias, muchas gracias. Bien, ponemos la
camisa aquí en el balde, echamos agua fría y luego un poco de detergente El Explosivo S.
A. con la fuerza de un estallido de blancura en su hogar... Rebullimos suavemente... y
mientras usted descansa, señora, El Explosivo S. A. trabaja por usted. Y ya está... ah!
va saliendo tan limpia y tan blanca como si la hubiera hervido. Esto es bueno, muy bueno.
PABLITO
No ve las cosas que hacen
por allá.
VENDEDOR
Ahora, doña Dolores,
hagamos el pedido... por cada diez docenas que usted nos pida, le regalamos doce cajas...
DOLORES
Pero nosotros no tenemos ni
cinco. . . le agradecemos mucho, pero...
VENDEDOR
No se preocupe, señora...
para eso estamos en la época del crédito. Y detergente El Explosivo S. A. le brinda a
usted todas las comodidades de los tiempos modernos.., tiene un plazo de tres meses para
que nos cancele el pedido que haga ahora. . . Aquí tiene la factura, doña Dolores.
Cuánto ponemos, diez docenas? Fíjese bien que sale ganando doce cajas.
Aproveche usted que estamos
haciendo esta promoción...
DOLORES
Tres meses dice usted?
VENDEDOR
Nos cancela el valor del
jabón que haya vendido, y el resto, si está en buenas condiciones, lo recibimos de
vuelta. Firme aquí, doña Dolores, estamos en la era del crédito. . . Gracias, la
felicito. . . los felicito a todos.., la niña. . . preciosa debería estar estudiando en
la capital una carrera digna de su belleza. Gracias. Un saludo de prosperidad de jabones
detergentes El Explosivo S. A. (Sale).
PABLITO
Pero, cómo habla de bonito
esa gente de la capital...! No?
DOLORES
Pero cómo es eso? (Leyendo
la factura que tiene Gregorio). Nos paga cincuenta y se lleva sesenta y tres. Cómo le fue
a dar todo eso, Gregorio.
Gregorio sale.
PABLITO
Pero doña Dolores, para
qué se preocupa? No oyó decir al señor que estamos en la era del crédito?
DOLORES
Qué crédito ni qué
carajo?
Don Pablíto sale. En la
puerta se cruza con un hombre y una mujer.
HOMBRE
Esta es la tienda de
Gregorio Pérez?
DOLORES
Y, como para qué sería?
HOMBRE
Dólores...? No me reconoce?
Yo soy Juan, el hermano de Gregorio.
DOLORES
(Se asombra y luego llama).
Gregorio! Gregorio!
ROSALBA
Papá, aquí está mi tío
Juan.
DOLORES
(Asombrada). Pero qué fue
lo que le pasó, Juan, siga, siga...
Juan entra con costales y
canastos. Lo sigue su hija preñada. Cubierta con un velo negro.
Entra Gregorio.
GREGORIO
Juan! Pero, y ésto qué fue
lo que le pasó?
DOLORES
Y ésta quién es, Edelmira?
JUAN
(Empieza a descargar los
canastos y costales. Va formando un pequeño camastro y mientras habla, su hija se va
acostando frente al mostrador). La desgracia, Gregorio. Eso por allá todo se volvió un
infierno. Nos quemaron la finquita, los dos mayores tuvieron que meterse al monte a
pelear. Yo hace un mes que ando buscándolos a ustedes con la niña...
DOLORES
Pero nosotros le dijimos que
se vinieran, que era muy peligroso quedarse allá. Con todo el ejército que había pedido
el señor Hernández. (Mirando a Edelmira, que está acostada frente al mostrador). Pero,
cómo se va a acostar ahí...? No, párese, párese... No ve que esta es una tienda?
GREGORIO
(A Dolores y Rosalba).
Acomódeles un rincón por allá adentro...
Dolores y Rosalba levantan a
Edelmira y recogen los canastos y costales.
JUAN
Es solo por unos días,
mientras consigo algo...
GREGORIO
Pero, se da cuenta dónde
vino a pedir ayuda? Hombre, no ve que yo estoy muy jodido?
JUAN
Y a quién más iba a
pedirle ayuda, Gregorio. A quién más? Todos entran a la trastienda.
LOS EXILIADOS
Juan y su hija están
comiendo galletas de una lata y tomando gaseosa. De pronto entra Dolores y les quita las
galletas.
DOLORES
No! esto ya es el colmo.
Tres meses llevan aquí y fuera de que no hacen nada se la pasan tragándose todo como
langostas. Esta caja de galletas vale veinticinco pesos. Esto ya pasó de la raya! Al
principio por lo menos se preocupaban por buscar algo, pero ahora se la pasan todo el dia
ahi, aplastados sin hacer nada. Y esta rémora, si por lo menos se acomidiera a coger una
escoba... No, yo no aguanto más.. . mire, Juan. . . ustedes se tienen que ir de aquí...
JUAN
No, eso lo hablamos con
Gregorio que es el dueño de esto... Usted no me venga a dar órdenes...
DOLORES
Que qué? Y encima me viene
a faltar al respeto?... Ahora verá quién manda aquí (Sale a la trastienda y regresa con
los canastos y los costales de Juan y los arroja en la puerta). Se me van largando de
aquí, pero ya!
JUAN
Cómo es eso? Cómo nos
viene a humillar de esa manera, carajo. No sea corrompida! Deje que venga Gregorio y
verá. Cómo se le ocurre echarme los chiritos a la calle...?
Entra Gregorio.
Gregorio... mire... mire...
su mujer me botó todas las cosas a la calle..
DOLORES
No solo se aprovechan de
uno, como si uno fuera un imbécil, sino que encima viene a levantarle a uno la voz...
Mire, Gregorio, antes de que se ablande, porque yo sé que usted se me va a ablandar...: o
se van ellos, o me voy yo.
Gregorio se acerca a Juan,
saca unos billetes y le da cincuenta pesos. Juan agacha la cabeza y luego coge la plata.
Sale en silencio con su hija y recoge sus cosas de la calle. Gregorio va al mostrador.
Toma la vitrola y empieza a empacarla en un periódico.
DOLORES
Qué va a hacer con ese
aparato.
GREGORIO
Pues lo voy a vender. De
todas maneras a usted nunca le gustó.
DOLORES
Nada de eso. Este aparato es
mío, usted me lo reqaló. No sale de esta casa, no faltaba más.
GREGORIO
Bueno, se acabó. No soporto
más esta situación. Yo me largo de aquí. Tuve que pelearme con don José para que me
pagara ciento cincuenta pesos. Voy a sacar a Mario del colegio y con los cien pesos que me
quedan me lo llevo a la capital. De allá le mando lo que pueda a ver si paramos este
negocio.
DOLORES
Escúcheme bien. A Mario no
me lo saca de la escuela y mire lo que le digo: en esa capital ofrecen mucho y a la hora
de la verdad no cumplen nada.
ROSALBA
pero por muy mal que nos
valla allá... tiene que ser mejor que aquí.
DOLORES
Qué!
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