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EN EL SINDICATO
En el Sindicato, Dolores y
Gregorio hablan con un dirigente sindical. Sobre una mesa hay un periódico.
DOLORES
Mentiras! Todo eso que dicen
de mi hijo son mentiras! El no tenía armas. El no ha hecho nada de eso que dicen ahí!
Como lo van a tratar como un criminal? Lo único que había en la casa era el aparato en
que sacaban la propaganda!
DIRIGENTE
Claro que son mentiras,
doña Dolores, lo que pasa es que ellos tienen la prensa, la radio, la televisión, para
decir todo lo que se les dé la gana. Pero nosotros tenemos la fuerza de los trabajadores,
la solidaridad de muchos sindicatos que día a día se nos unen a la buena causa, y con
esa fuerza y esa solidaridad vamos a sacar a su hijo de la cárcel, y a los demás
compañeros que tienen presos.
GREGORIO
Pero dígame, don Esteban,
qué hemos hecho nosotros para merecer toda esta mala suerte: un hijo en la cárcel, otro
por ahí perdido, nos hemos quedado sin casa... Qué hemos hecho para echarnos toda esta
mala suerte encima?
DIRIGENTE
Qué mala suerte. No hable
de mala suerte, Gregorio. Esa es una idea que nos tienen metida en la cabeza desde hace
más de cuatrocientos años! La mala suerte! Usted dice que es mala suerte porque piensa
que a usted es al único que le pasan esas cosas. Pero mire usted para cualquier lado y
qué va a encontrar? Gente sin trabajo. Los que están trabajando, están trabajando por
sueldos de hambre. Mírenos a nosotros, los trabajadores de esta fábrica, nos la piensan
cerrar para entregársela a los gringos, pero nosotros seguimos la pelea porque nosotros
no pensamos que eso es la mala suerte. Eso tiene otro nombre que nosotros sí sabemos: eso
es veinte familias que desde hace tiempo nos tienen jodidos, eso es todo un sistema de
injusticia que nosotros sabemos que va a terminar y vamos a triufar con la fuerza de los
trabajadores unidos y organizados...
DOLORES
Pero, a dónde se llevan a
mi hijo?
DIRIGENTE
Vea, doña Dolores, aquí
dice que se lo llevan a un pueblo que se llama Villarrica para hacerle un consejo de
guerra, pero nosotros vamos a estar ahí...
DOLORES
Pues así sea a los
mismísimos infiernos, yo me voy detrás de mi muchacho. (Sale).
De todos los rincones salen
periodistas con cámaras y grabadoras. Rodean a Dolores y la bombardean a preguntas.
PERIODISTA 1
La madre de Mario Pérez?
PERIODISTA 2
Puede hacernos algunas
declaraciones sobre su hijo?
PERIODISTA 3
Según su hijo, cuál es la
línea correcta?
PERIODISTA 4
Cuántos viajes había hecho
a Cuba?
PERIODISTA 1
Lo Oyó hablar alguna vez de
conexiones con Moscú?
PERIODISTA 2
Recibía periódicos de
Pekín?
PERIODISTA 3
Qué armas tenía en la
casa?
PERIODISTA 4
Traían las armas o las
fabricaban en casa?
PERIODISTA 1
Cuántas bombas tenían?
La madre trata de evadir las
preguntas. Pero al final se desespera.
DOLORES
El no tenía bombas, él no
tenía armas, lo único que tenía era el aparato ese donde sacaban la propagandas
PERIODISTAS
(En coro). Propaganda
subversiva! (Salen corriendo).
DOLORES
(Grita). No...! Eso no era
lo que yo quería decir! (Queda sola en escena, se vuelve de cara al público).
Y me fui detrás del hijo.
Lejos, lejísimos,
por caminos malos y oscuros.
Y a mí la oscuridad me pone
cavilosa
sobre las cosas, sobre la gente, sobre todo.
También cavilé dándole vueltas a la vida.
Recordé la parcela,
la venida de los hijos al mundo,
el pueblo,
todo...
Y hasta pensé
que hay gente que escribe sobre la vida
de las personas.
Si alguien escribiera sobre nuestra vida,
cómo la pondría?
Les haría creer a los demás
que nuestra vida
es como un cuento que él mismo se inventó,
algo así como una mentira bien contada?
Tal vez eso pasaría.
Y uno sin poderle decir a nadie que esta
vida es de verdad,
que esta vida la llevamos muchos hace
mucho tiempo.
Y uno sin poderle gritar a nadie
de que no se trague el cuento
de que nuestra vida es puro cuento.
Porque las cosas que hemos pasado
son más ciertas que la mismísima verdad.
FIN
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OBRA
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