CINCO OBRAS DE CREACIÓN COLECTIVA
TEATRO LA CANDELARIA
Director: Santiago García
© Derechos Reservados de Autor

EL RETEN

Un grupo de soldados trota en su sitio siguiendo el sonsonete rítmico que, mediante consignas, dirige el sargento Velandia. Los soldados repiten en coro las consignas. El sargento trota en su sitio con los soldados.

SARGENTO VELANDIA

Los soldados.

CORO DE SOLDADOS

Los soldados.

SARGENTO VELANDIA

colombianos.

CORO DE SOLDADOS

colombianos.

SARGENTO VELANDJA

no se meten.

CORO DE SOLDADOS

no se meten.

SARGENTO VELANDIA

en política.

CORO DE SOLDADOS

en política. (Los soldados continúan repitiendo cada verso del sargento).

SARGENTO VELANDIA

Por mi novia
por mi madre
soy soldado
de la patria.
Desertores
de las armas
como Silva
son traidores
Los soldados
colombianos
son los hijos
de la virgen.
Los soldados
desertores
son los hijos
de las putas.
Los soldados
colombianos
no se meten
en política.

Entra Zamuro, contra guerrillero civil, en compañía de un policía. Su negocio es la cacería de liberales para entregarlos al retén. Traen una ristra de seis prisioneros.

ZAMURO

¡Carajo! Qui’ubo, cabrones, que no le apuran! Llegamos a la casita, muchachos. Hola! ¿Qué, le cogió el sueño? (Patea a un prisionero que cae por cansancio).

SARGENTO VELANDIA

¡Soldados, aaal...to!

ZAMURO

Sargento Velandia, buenas tardes.

SARGENTO VELANDIA

Hola, Zamuro, ¿qué nos trae?

ZAMURO

Pues, mi sargento, ya lo puedo ver. Quince mamadores días de camino, con esos flojos. Aquí tiene las cédulas. (Las entrega al sargento). Diez en total, mi sargento, y ninguna con el sello de las elecciones. Y si no votaron, pues chusmeros son.

SARGENTO VELANDIA

(Revise las cédulas y mira a los prisioneros). Zamuro, me entrega diez cédulas y seis prisioneros. Lo firmo por seis.

POLICIA

Pero, sargento, si siempre reciben las cédulas. Lo importante son las cédulas. ¡Si no están los dueños, pues no aguantaron la carrera!

ZAMURO

No me haga eso, mi sargento... Considere mi trabajo: quince mamadores días de camino con estos flojos. Los otros cuatro se quedaron de camino. Se fueron muriendo. ¿Qué hace uno? Los caza, los trae con vida, pero si son de organismo débil... ¿qué se va a ser? (Al grupo de prisioneros). ¿Cierto que se murieron de camino?

JERONIMO

(Con voz débil). Ahí... los fueron matando de camino...

POLICIA

¿Cómo así, comemierda? Se murieron de camino..

SARGENTO VELANDIA

Qué!... ¿No hablo claro? Seis cédulas por seis hombres. Por seis le firmo!

POLICIA

Pero si antes era todo lo contrario con la policía en los retenes. Lo importante son las cédulas.

SARGENTO VELANDIA

Agente, la situación ha cambiado. El ejército llegó aquí a los Llanos a poner órden. No estamos con las mañas de la policía.

POLICIA

Se equivoca, sargento, la situación sigue lo mismo.

ZAMURO

¡Eso sí que es una mierdada! El trato con el doctor es muy claro. Las cédulas son las que valen. Sargento, voy a hablar con el doctor. ¡Esto no me lo aguanto, carajo! (Arranca las cédulas al sargento y sale con el policía).

Entra al patio don Floro Rojas, ganadero liberal dueño del hato "Angosturas".

SARGENTO VELANDIA

¡Soldados, con la chusma al calabozo!

DON FLORO

Hola, Sargento Velandia! ¿Cómo le va? (Busca entre los prisioneros a su hombre y lo descubre). Jerónimo, ¿qué le pasó? Otra vez agarraron a uno de mis hombres. Sargento, ¡hágame el favor de soltarme a ese hombre! (Señala e Jerónimo). Hágame el favor de soltarme a ese hombre!

SARGENTO VELANDIA

(A los soldados). ¡Alto esa columna! (A don Floro). Lo siento mucho, don Floro, a ese tipo lo trajeron aquí por bandolero, y aquí en el retén no nos equivocamos.

JERONIMO

A mí no me trajeron por bandolero. Me trajeron por liberal. Por no tener el sello de las elecciones en la cédula.

SARGENTO VELANDIA

¡O se calla, o lo callo!

DON FLORO

Oiga, sargento, él no es ningún bandolero. Es Jerónimo Zambrano, el caporal de mi hato. Y yo estoy seguro de que ninguno de esos hombres es bandolero. Lo que pasa es que el ejército ahora se está metiendo en política. Eso es lo que está pasando.

SARGENTO VELANDIA

Don Floro, no nos venga a enredar con el cuentico ese de la política. Si quiere una prueba la tiene usted mismo. Nosotros sabemos que usted es liberal, ¿y qué? ¿Le hemos hecho algo?

DON FLORO

¿Y le parece poco detenerme seis peones en una semana? Y ahora, para colmo de males, me agarran al caporal del hato! Lo que pasa es que ahora el ejército se metió en política y con esa actitud están perjudicando los negocios aquí en los Llanos. Los llaneros estábamos esperando al ejército para que controlara a la policía. ¿Y qué es lo que está pasando? Que la situación se puso peor. (Señala a los prisioneros). Pero le advierto que la situación se les puede salir de las manos. ¡No siempre aguanta el caballo, por más manso que sea!

SARGENTO VELANDIA

Don Floro, su amenaza se la puede guardar en el bolsillo. A estos hombres los detuvieron en la zona de guerra donde está operando las bandas de Guadalupe Salcedo. Y no los cogieron precisamente paseando. Estos son de esos que auxilian a la chusma. Si quiere hablar con mi capitán, él es el único que le puede resolver el problema. Pero le advierto: su hombre cayó aquí al retén y de aquí no sale!

DON FLORO

(Se acerca iracundo al sargento). Y yo le advierto a usted una cosa: yo soy Floro Rojas, de los fundadores del Llano. iYo soy dueño de mucho ganado, como para que usted me venga a amenazar! Vamos a buscar al capitán.

SARGENTO VELANDIA

¡Soldado Robledo, sáqueme a ese hombre de la fila! (Señala a Jerónimo). Me lo vigila a cuatro ojos. Estos verracos son capaces de todo. ¡Soldados, al calabozo con esa gente! Don Floro, vamos a hablar con el capitán, pero le advierto que ahora la cosa es diferente!

DON FLORO

Y yo le advierto que aquí en los Llanos la cosa también es diferente!

(En escena quedan Robledo y Jerónimo. Hay silencio absoluto entre los dos. Jerónimo mira al soldado).

JERONIMO

¡Soldado! Oiga, soldado, ¿me permite hablarle una palabra? ¿Me escucha? (El soldado no responde. Apenas se dibuja un pequeño cambio en su rostro). Dígame, soldado, ¿qué me van a hacer? ¿Me lo puede decir? (El soldado, aún sin responder, con el rabo del ojo mira al prisionero). ¿Soldado, me van a matar? ¿Qué hacen con los prisioneros?

ROBLEDO

(Confuso). Yo no sé. Me parece que los matan, los desaparecen.

JERONIMO

¿Que me van a matar?... ¿Por qué? (Robledo lo mira). Si yo no he hecho nada. Sólo que me trajeron por la política, por liberal!

ROBLEDO

Pero mi sargento dice que por chusmeros. Eso dice. Que ustedes tienen alborotado el Llano.

JERONIMO

¿Por chusmeros? Por liberales!

ROBLEDO

(Su rostro se ha normalizado. Desaparece su actitud hierática. Su cuerpo se hace flexible). Por chusmeros...

JERONIMO

(Más en confianza). Soldado, ¿de dónde es usted? Me parece que no es de aquí. ¿Hace poco llegó?

ROBLEDO

¿Cómo así?... ¿Aquí a los Llanos? .. .Pues dos meses.

JERONIMO

¿Y de dónde es su persona?

ROBLEDO

Pues... del Tolima.

JERONIMO

Se me hacía. Yo también. ¿De qué vereda?

ROBLEDO

(Sonríe). De El Limón... ¿Conoce?

JERONIMO

Claro, a todos. ¿Y su familia?

ROBLEDO

De los Robledos.. . De El Limón.

JERONIMO

Liberales, ¿no?

ROBLEDO

(Mira precavido hacia el lugar por donde salió el Sargento). Todos! (Se acerca a Jerónimo).

JERONIMO

¿Y qué hace aquí entonces?

ROBLEDO

Ya lo ve... pagando servicio.

JERONIMO

Y usted, siendo liberal, ¿cómo se aguanta que lo maten a uno por liberal?

ROBLEDO

Pues... estoy recién entrado.

JERONIMO

Oiga Robledo, si usted es liberal, ¿por qué no me ayuda a escapar?

ROBLEDO

¿Cómo se le ocurre, hombre? No ve que después me joden? (Mira hacia la puerta).

JERONIMO

Entonces, ¿por qué no escapamos los dos a buscar la revolución liberal de los Llanos? Muchos soldados liberales han pasado a la revolución. Dese cuenta. hasta el capitán Silva lo hizo con cuarenta soldados... (Pausa). O déjeme escapar esta noche!

ROBLEDO

Hombre, a mí no me haga esas propuestas. (Cada vez más cerca del campesino). Ahora soy soldado. Y como soldado no me puedo meter en política. Eso lo dice el teniente. Eso lo dice mi sargento Velandia.

JERONIMO

¡Anímese, hombre! Déjeme ir esta noche.

ROBLEDO

(Se arrodilla junto a Jerónimo). Entienda mi situación

JERONIMO

¿Por qué no escapamos los dos entonces?

ROBLEDO

Déjeme decirle: a los desertores los fusilan y yo soy soldado. Me gustaría ayudarlo. Pero, ¿qué puedo hacer?

JERONIMO

La revolución necesita de esos fusiles que usted carga. Necesita de hombres como usted. Huyamos y busquemos a los hombres de Guadalupe Salcedo...

La llegada del sargento Velandia interrumpe la conversación. Robledo vuelve rápidamente a su puesto.

El sargento Velandia se detiene y mira al soldado. Luego se dirige hacia Jerónimo.

SARGENTO VELANDIA

Le advierto que su padrino no le sirvió para un carajo. Podrá ser dueño de todo el ganado que se le dé la gana pero aquí en el ejército la cosa es muy diferente. (Se acerca lentamente al soldado Robledo. Lo mira inquisidoramente). Conque me salió cachiporro el soldadito Robledo... iAtención, fir!... Media vuelta! ... Media vuelta! Como un relojito, Robledo, como un relojito. No se crea que es el primero que me sale con esas ideas: o lo enderezco o se lo lleva el putas! A discreción! Soldado, lléveme ese chusmero al calabozo!

Robledo se dirige a Jerónimo Zambrano y lo saca, mientras empieza a sonar la música.

Corrido de las razones diferentes

(Ritmo de seis por derecho)

Vamos a contar la historia
de estos dos hombres valientes
que se jugaron la vida
por razones diferentes.

Joaquín Robledo, el soldado,
campesino tolimense
antes de ser enrolado
ya tenía bien presente
que si un día era soldado
llegaría a ser teniente.
Ya empieza a tener sorpresas
este muchacho inocente
ya está en manos del sargento
que le va a lavar la mente.
Y Jerónimo Zambrano
llegó aquí hasta la llanura.
Venía huyendo del Tolima
de la violencia tan dura.
Logró conseguir trabajo
en el hato de Angosturas.
Cayó por ser liberal.
para colmo de amarguras.
Supo que en el Llano adentro
los hombres en la espesura
comandados por Guadalupe
luchaban con gran bravura.

CONTINUAR

REGRESAR AL

INDICE