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EL RETEN
Un grupo de soldados trota
en su sitio siguiendo el sonsonete rítmico que, mediante consignas, dirige el sargento
Velandia. Los soldados repiten en coro las consignas. El sargento trota en su sitio con
los soldados.
SARGENTO VELANDIA
Los soldados.
CORO DE SOLDADOS
Los soldados.
SARGENTO VELANDIA
colombianos.
CORO DE SOLDADOS
colombianos.
SARGENTO VELANDJA
no se meten.
CORO DE SOLDADOS
no se meten.
SARGENTO VELANDIA
en política.
CORO DE SOLDADOS
en política. (Los soldados
continúan repitiendo cada verso del sargento).
SARGENTO VELANDIA
Por mi novia
por mi madre
soy soldado
de la patria.
Desertores
de las armas
como Silva
son traidores
Los soldados
colombianos
son los hijos
de la virgen.
Los soldados
desertores
son los hijos
de las putas.
Los soldados
colombianos
no se meten
en política.
Entra Zamuro, contra
guerrillero civil, en compañía de un policía. Su negocio es la cacería de liberales
para entregarlos al retén. Traen una ristra de seis prisioneros.
ZAMURO
¡Carajo! Quiubo,
cabrones, que no le apuran! Llegamos a la casita, muchachos. Hola! ¿Qué, le cogió el
sueño? (Patea a un prisionero que cae por cansancio).
SARGENTO VELANDIA
¡Soldados, aaal...to!
ZAMURO
Sargento Velandia, buenas
tardes.
SARGENTO VELANDIA
Hola, Zamuro, ¿qué nos
trae?
ZAMURO
Pues, mi sargento, ya lo
puedo ver. Quince mamadores días de camino, con esos flojos. Aquí tiene las cédulas.
(Las entrega al sargento). Diez en total, mi sargento, y ninguna con el sello de las
elecciones. Y si no votaron, pues chusmeros son.
SARGENTO VELANDIA
(Revise las cédulas y mira
a los prisioneros). Zamuro, me entrega diez cédulas y seis prisioneros. Lo firmo por
seis.
POLICIA
Pero, sargento, si siempre
reciben las cédulas. Lo importante son las cédulas. ¡Si no están los dueños, pues no
aguantaron la carrera!
ZAMURO
No me haga eso, mi
sargento... Considere mi trabajo: quince mamadores días de camino con estos flojos. Los
otros cuatro se quedaron de camino. Se fueron muriendo. ¿Qué hace uno? Los caza, los
trae con vida, pero si son de organismo débil... ¿qué se va a ser? (Al grupo de
prisioneros). ¿Cierto que se murieron de camino?
JERONIMO
(Con voz débil). Ahí...
los fueron matando de camino...
POLICIA
¿Cómo así, comemierda? Se
murieron de camino..
SARGENTO VELANDIA
Qué!... ¿No hablo claro?
Seis cédulas por seis hombres. Por seis le firmo!
POLICIA
Pero si antes era todo lo
contrario con la policía en los retenes. Lo importante son las cédulas.
SARGENTO VELANDIA
Agente, la situación ha
cambiado. El ejército llegó aquí a los Llanos a poner órden. No estamos con las mañas
de la policía.
POLICIA
Se equivoca, sargento, la
situación sigue lo mismo.
ZAMURO
¡Eso sí que es una
mierdada! El trato con el doctor es muy claro. Las cédulas son las que valen. Sargento,
voy a hablar con el doctor. ¡Esto no me lo aguanto, carajo! (Arranca las cédulas al
sargento y sale con el policía).
Entra al patio don Floro
Rojas, ganadero liberal dueño del hato "Angosturas".
SARGENTO VELANDIA
¡Soldados, con la chusma al
calabozo!
DON FLORO
Hola, Sargento Velandia!
¿Cómo le va? (Busca entre los prisioneros a su hombre y lo descubre). Jerónimo, ¿qué
le pasó? Otra vez agarraron a uno de mis hombres. Sargento, ¡hágame el favor de
soltarme a ese hombre! (Señala e Jerónimo). Hágame el favor de soltarme a ese hombre!
SARGENTO VELANDIA
(A los soldados). ¡Alto esa
columna! (A don Floro). Lo siento mucho, don Floro, a ese tipo lo trajeron aquí por
bandolero, y aquí en el retén no nos equivocamos.
JERONIMO
A mí no me trajeron por
bandolero. Me trajeron por liberal. Por no tener el sello de las elecciones en la cédula.
SARGENTO VELANDIA
¡O se calla, o lo callo!
DON FLORO
Oiga, sargento, él no es
ningún bandolero. Es Jerónimo Zambrano, el caporal de mi hato. Y yo estoy seguro de que
ninguno de esos hombres es bandolero. Lo que pasa es que el ejército ahora se está
metiendo en política. Eso es lo que está pasando.
SARGENTO VELANDIA
Don Floro, no nos venga a
enredar con el cuentico ese de la política. Si quiere una prueba la tiene usted mismo.
Nosotros sabemos que usted es liberal, ¿y qué? ¿Le hemos hecho algo?
DON FLORO
¿Y le parece poco detenerme
seis peones en una semana? Y ahora, para colmo de males, me agarran al caporal del hato!
Lo que pasa es que ahora el ejército se metió en política y con esa actitud están
perjudicando los negocios aquí en los Llanos. Los llaneros estábamos esperando al
ejército para que controlara a la policía. ¿Y qué es lo que está pasando? Que la
situación se puso peor. (Señala a los prisioneros). Pero le advierto que la situación
se les puede salir de las manos. ¡No siempre aguanta el caballo, por más manso que sea!
SARGENTO VELANDIA
Don Floro, su amenaza se la
puede guardar en el bolsillo. A estos hombres los detuvieron en la zona de guerra donde
está operando las bandas de Guadalupe Salcedo. Y no los cogieron precisamente paseando.
Estos son de esos que auxilian a la chusma. Si quiere hablar con mi capitán, él es el
único que le puede resolver el problema. Pero le advierto: su hombre cayó aquí al
retén y de aquí no sale!
DON FLORO
(Se acerca iracundo al
sargento). Y yo le advierto a usted una cosa: yo soy Floro Rojas, de los fundadores del
Llano. iYo soy dueño de mucho ganado, como para que usted me venga a amenazar! Vamos a
buscar al capitán.
SARGENTO VELANDIA
¡Soldado Robledo, sáqueme
a ese hombre de la fila! (Señala a Jerónimo). Me lo vigila a cuatro ojos. Estos verracos
son capaces de todo. ¡Soldados, al calabozo con esa gente! Don Floro, vamos a hablar con
el capitán, pero le advierto que ahora la cosa es diferente!
DON FLORO
Y yo le advierto que aquí
en los Llanos la cosa también es diferente!
(En escena quedan Robledo y
Jerónimo. Hay silencio absoluto entre los dos. Jerónimo mira al soldado).
JERONIMO
¡Soldado! Oiga, soldado,
¿me permite hablarle una palabra? ¿Me escucha? (El soldado no responde. Apenas se dibuja
un pequeño cambio en su rostro). Dígame, soldado, ¿qué me van a hacer? ¿Me lo puede
decir? (El soldado, aún sin responder, con el rabo del ojo mira al prisionero).
¿Soldado, me van a matar? ¿Qué hacen con los prisioneros?
ROBLEDO
(Confuso). Yo no sé. Me
parece que los matan, los desaparecen.
JERONIMO
¿Que me van a matar?...
¿Por qué? (Robledo lo mira). Si yo no he hecho nada. Sólo que me trajeron por la
política, por liberal!
ROBLEDO
Pero mi sargento dice que
por chusmeros. Eso dice. Que ustedes tienen alborotado el Llano.
JERONIMO
¿Por chusmeros? Por
liberales!
ROBLEDO
(Su rostro se ha
normalizado. Desaparece su actitud hierática. Su cuerpo se hace flexible). Por
chusmeros...
JERONIMO
(Más en confianza).
Soldado, ¿de dónde es usted? Me parece que no es de aquí. ¿Hace poco llegó?
ROBLEDO
¿Cómo así?... ¿Aquí a
los Llanos? .. .Pues dos meses.
JERONIMO
¿Y de dónde es su persona?
ROBLEDO
Pues... del Tolima.
JERONIMO
Se me hacía. Yo también.
¿De qué vereda?
ROBLEDO
(Sonríe). De El Limón...
¿Conoce?
JERONIMO
Claro, a todos. ¿Y su
familia?
ROBLEDO
De los Robledos.. . De El
Limón.
JERONIMO
Liberales, ¿no?
ROBLEDO
(Mira precavido hacia el
lugar por donde salió el Sargento). Todos! (Se acerca a Jerónimo).
JERONIMO
¿Y qué hace aquí
entonces?
ROBLEDO
Ya lo ve... pagando
servicio.
JERONIMO
Y usted, siendo liberal,
¿cómo se aguanta que lo maten a uno por liberal?
ROBLEDO
Pues... estoy recién
entrado.
JERONIMO
Oiga Robledo, si usted es
liberal, ¿por qué no me ayuda a escapar?
ROBLEDO
¿Cómo se le ocurre,
hombre? No ve que después me joden? (Mira hacia la puerta).
JERONIMO
Entonces, ¿por qué no
escapamos los dos a buscar la revolución liberal de los Llanos? Muchos soldados liberales
han pasado a la revolución. Dese cuenta. hasta el capitán Silva lo hizo con cuarenta
soldados... (Pausa). O déjeme escapar esta noche!
ROBLEDO
Hombre, a mí no me haga
esas propuestas. (Cada vez más cerca del campesino). Ahora soy soldado. Y como soldado no
me puedo meter en política. Eso lo dice el teniente. Eso lo dice mi sargento Velandia.
JERONIMO
¡Anímese, hombre! Déjeme
ir esta noche.
ROBLEDO
(Se arrodilla junto a
Jerónimo). Entienda mi situación
JERONIMO
¿Por qué no escapamos los
dos entonces?
ROBLEDO
Déjeme decirle: a los
desertores los fusilan y yo soy soldado. Me gustaría ayudarlo. Pero, ¿qué puedo hacer?
JERONIMO
La revolución necesita de
esos fusiles que usted carga. Necesita de hombres como usted. Huyamos y busquemos a los
hombres de Guadalupe Salcedo...
La llegada del sargento
Velandia interrumpe la conversación. Robledo vuelve rápidamente a su puesto.
El sargento Velandia se
detiene y mira al soldado. Luego se dirige hacia Jerónimo.
SARGENTO VELANDIA
Le advierto que su padrino
no le sirvió para un carajo. Podrá ser dueño de todo el ganado que se le dé la gana
pero aquí en el ejército la cosa es muy diferente. (Se acerca lentamente al soldado
Robledo. Lo mira inquisidoramente). Conque me salió cachiporro el soldadito Robledo...
iAtención, fir!... Media vuelta! ... Media vuelta! Como un relojito, Robledo, como un
relojito. No se crea que es el primero que me sale con esas ideas: o lo enderezco o se lo
lleva el putas! A discreción! Soldado, lléveme ese chusmero al calabozo!
Robledo se dirige a
Jerónimo Zambrano y lo saca, mientras empieza a sonar la música.
Corrido de las
razones diferentes
(Ritmo de seis por derecho)
Vamos a contar la historia
de estos dos hombres valientes
que se jugaron la vida
por razones diferentes.
Joaquín Robledo, el
soldado,
campesino tolimense
antes de ser enrolado
ya tenía bien presente
que si un día era soldado
llegaría a ser teniente.
Ya empieza a tener sorpresas
este muchacho inocente
ya está en manos del sargento
que le va a lavar la mente.
Y Jerónimo Zambrano
llegó aquí hasta la llanura.
Venía huyendo del Tolima
de la violencia tan dura.
Logró conseguir trabajo
en el hato de Angosturas.
Cayó por ser liberal.
para colmo de amarguras.
Supo que en el Llano adentro
los hombres en la espesura
comandados por Guadalupe
luchaban con gran bravura.
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