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XIII. LA PAGA
Una mesa con un asiento al
fondo del escenario. Van llegando los comunes muy contentos, convencidos de que al fin van
a pagarles el salario completo, sin impuestos. Llega el pagador, Don Palomino, con papeles
y una bolsa de monedas. El pagador va llamando de uno en uno a los trabajadores y éstos
se acercan a recibir la paga. La mayoría firma con una cruz. Los trabajadores se retiran
a distintas partes de la escena a contar sus monedas. Se reunen. Comentan. Finalmente se
dan cuenta de que les pagaron menos y se acercan al pagador a reclamarle. Una mujer,
Florinda Moya, logra hacerse oír por sobre los reclamos y le exije una explicación de
porqué, si le debían pagar 10 reales, le salen con seis.
PAGADOR
¡Bueno, si quieren que les
explique, cállense! Mire, señora: usted se ganó 10 reales, uno que le descuentan de la
tienda y 3 de los impuestos. Le quedan 6.
TODOS
¿Cuáles impuestos?
PAGADOR
Real Audiencia, Alcabala...
Barlovento...
COMUN
Ya nos los sabemos de
memoria. ¿Usted en qué mundo vive? ¿No sabe que ya nos quitaron los impuestos? Y que
hay un documento llamado las Capitulaciones, firmado por el Arzobispo?
PAGADOR
Vean, para poder quitarles a
ustedes los impuestos necesito una orden del administrador.
COMUN
¿Por qué no la pide?
PAGADOR
El administrador necesita
una orden de la Real Audiencia, y la Real Audiencia necesita una orden del Visitador
Regente.
COMUN
Ese salió corriendo.
PAGADOR
El Visitador Regente
necesita una orden del Virrey.
COMUN
El Virrey está en
Cartagena.
PAGADOR
Y el Virrey necesita una
orden del Rey que está en España.
COMUN
(Gritos). Nos engañaron!
Nos traicionaron! Quedamos en las mismas! (Uno de los trabajadores tira las monedas sobre
la mesa y se dirije a los demás).
TRABAJADOR
Compañeros, yo vengo de los
Pontazgos y allá también se están incumpliendo las Capitulaciones. Esos capitanes
criollos que nombramos nos traicionaron, y se aliaron con los españoles.
JEFE
La única salida que tenemos
es entigrecemos y desenterrar las armas. Ustedes tres vayan a traer los chafarotes y las
bocas de fuego. Las mujeres vayan a buscar alimento. Y usted, José, coja un caballo y
vaya a buscar a Galán. Dígale que nos traicionarón pero que estamos dispuestos a volver
a empezar la lucha. Y aqui vamos a hacer unas empalizadas para impedir el paso del
ejército. Y recuerden, compañeros: más vale muertos con honor que vivos con vergüenza.
(Sale).
Redoble. Una de las
trabajadoras se queda allí y se dirige al público.
TRABAJADORA
Ese Juan Antonio Fernández
Recamán era uno de esos grandes perros que tenía la Real Audiencia para que le trajera
la cabeza de los rebeldes, y esa vez le encomendaron la cabeza de José Antonio Galán y
le dieron plata para que contratara un ejército de mercenarios para que lo persiguiera.
Por el único delito que había cometido José Antonio Galán de repartir la tierra a los
comunes, liberar a los esclavos y poner en los puestos públicos más importantes a gentes
del Común. Que Dios bendiga a José Antonio Galán!
(Redoble).
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