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II. EL MERCADO
Un mercado en la Plaza del
Socorro. La Plaza está desocupada y van entrando primero las vivanderas y vendedores,
luego los escasos compradores. La escena es improvisada de manera que los diálogos se
superponen, destacándose algunos parlamentos en los que se expone el tema de la carestía
y los impuestos. Ambiente muy pobre. El desarrollo de la acción y de los temas es el
siguiente:
1. Entra la vendedora de
guarapo e instala su puesto, seguida por la vendedora de arroz y yuca. Se preguntan por
sus familiares y por la enfermedad del niño de brazos de la vendedora de arroz, quién lo
trae consigo.
2. Entran el vendedor de
tomate y un vendedor ambulante de hierbas y raíces medicinales. Mientras se instalan,
hablan del mal estado de los caminos y de las falsas promesas de que lo recaudado en los
pontazgos sería para meiorar los caminos.
3. Entran algunos
compradores y el vendedor de miel.
4. La vendedora de arroz se
acerca con su niño al yerbatero y le pide que se lo cure. Regatean el precio.
5. Entra un hombre con un
costal de sal; es un vendedor que carece de permiso. Lo ofrece en venta, muy barato, para
poder pagar los impuestos de alcabala de su sembrado de tabaco. Anda de un puesto a otro,
sigilosamente. Nadie le compra.
6. La vendedora de arroz
vuelve a su puesto y encuentra una compradora que le está "pellizcando" la
yuca. Se arma un escándalo.
7. Entran dos guardias. Las
mujeres se callan. Los guardias empiezan a pedir papeles en cada puesto. Algunos los
tienen. Los que no, son amenazados con ir a la cárcel si no pagan la multa y el impuesto.
Empiezan con el vendedor de tomate, quien carece del papel del puesto y promete,
suplicante, pagarlo en las horas de la tarde.
8. Uno de los guardias se
dirige al vendedor de hierbas para pedirle el Impuesto del Viento (impuesto a los
vendedores ambulantes), en seguida a la del guarapo, al de la miel y por último a la del
arroz, quien por la miseria, la enfermedad del hijo y la pelea reciente con la compradora
está que se la lleva el diablo; además, no tiene el papel del puesto. El guardia la
recrimina violentamente y le ordena retirarse de la plaza. Se dirige a la del guarapo. La
mujer del arroz se lamenta.
MUJER DEL ARROZ
Y yo cómo hago? Si no
vendo, cómo hago para pagar, y si no pago cómo hago para vender? (Cuando los guardias
están de espaldas dice casi para sí) Malparidos guardias de mierda!
Los guardias la oyen. Hay un
corto silencio. Se precipitan sobre la mujer y le riegan el arroz y las yucas por el piso.
Todo el mundo protesta y se forma una gran algarabia, que es cortada por un redoble de
tambor. Entra un pregonero acompañado de un guardia y lee un bando.
PREGONERO
"Por orden de Su
Majestad Carlos III de España, que Dios guarde, ordenamos: Primero: auto resolutivo por
el cual se restablece la cobranza del derecho de Armada de Barlovento separadamente de la
Alcabala, con arreglo a los aranceles insertos en los despachos. Segundo: que de hoy en
adelante se cobre un nuevo impuesto, que llevará el nombre de Gracioso Donativo
(Protestas) y su cobro será en la siguiente forma: los nobles, ricos, criollos y
españoles pagarán dos pesos; todo el común, los indios, un peso. Publíquese a voz de
bando y pregonero. Firmado, Don Juan Gutiérrez de Píñeres, Visitador General".
(Redoble).
La gente protesta
airadamente. Los guardias la amenazan y la dispersan por la plaza. Continúan pidiendo
papeles. Un guardia regresa donde el vendedor de tomates y le exige el pago de la multa.
El hombre protesta y alega que no ha podido vender nada. Los guardias le patean la caja de
tomates y aparecen unos huevos que tenía ocultos. Silencio. Los guardías preguntan de
dónde sacó esos huevos. El hombrecito dice que no son de él, que son de un compadre que
se los dio a guardar. Los guardias le destrozan los huevos y la cajita. Se forma un
tumulto. Los guardias se llevan al hombre a la cárcel. La mujer del arroz se levanta y
arenga a la gente.
MUJER
Hasta cuándo? Hasta cuándo
vamos a soportar tanta miseria, tanta injusticia? No podemos quedarnos con las manos
cruzadas viendo cómo nos humillan, cómo nos tratan como si fuéramos bestias de carga!
Hoy me derramaron el arroz a mí y le destrozaron el puestico a don Rudecindo. Mañana
será a usted, doña Petra, o a usted y a usted y a usted. Viva el Rey y muera el mal
gobierno! (El guarda regresa y le da un culatazo a la mujer para callarla. Se la llevan).
Redoble de tambor. Las
gentes salen de la plaza en distintas direcciones. La mujer del guarapo recoge la canasta
con el niño de la mujer del arroz. Sobre una tarima un actor lanza una arenga.
ACTOR
"Sostenemos como
evidentes estas verdades: Que todos los hombres son creados iguales. Que son dotados por
el creador de ciertos derechos inalienables entre los cuales están la vida, la libertad y
la búsqueda de la felicidad. Que para garantizar estos derechos se instituyen entre los
hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los
gobernados. Pero cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, dirigidos
invariablemente al mismo objetivo, demuestra un designio de someter al pueblo a un
despotismo absoluto, es su derecho, es su deber derrocar ese mal gobierno y establecer
nuevos resguardos para su futura seguridad". Con estas palabras, hace cinco años, el
pueblo de los Estados Unidos del Norte declaró su independencia de la Real Corona
Británica.
Una actriz, sobre otra
tarima, arenga.
ACTRIZ
El fuego de la revolución
está prendido en toda América y es menester propagarlo. El inca, José Gabriel Túpac
Amarú, se ha levantado en Tungasuca, virreinato del Perú, y ha dictado el siguiente
bando:
"Yo, don José I, por
la gracia de Dios Inca, rey del Perú, de Quito, Santa Fe y continentes de los mares del
sur, duque de la Superlativa, señor de los césares y amazonas, con dominio en el gran
Paitití, comisionado y distribuidor de la piedad divina por el erario sin par, declaro:
que los reyes de Castilla han usurpado mi corona cerca de tres siglos, pensionándome los
vasallos con innumerables gabelas, lanzas, sisas, aduanas, alcabalas, estancos, diezmos,
quintos, audiencias y corregidores, y todos los demás ministros, todos iguales en la
tiranía, vendiendo la justicia a quien más puja o quien más da, junto con los empleados
eclesiásticos del reino. Por tanto y por los justos clamores que con generalidad han
llegado al cielo, mando que no se obedezca en cosa alguna a los ministros europeos
intrusos".
Redoble
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