CINCO OBRAS DE CREACIÓN COLECTIVA
TEATRO LA CANDELARIA
Director: Santiago García
© Derechos Reservados de Autor

II. EL MERCADO

Un mercado en la Plaza del Socorro. La Plaza está desocupada y van entrando primero las vivanderas y vendedores, luego los escasos compradores. La escena es improvisada de manera que los diálogos se superponen, destacándose algunos parlamentos en los que se expone el tema de la carestía y los impuestos. Ambiente muy pobre. El desarrollo de la acción y de los temas es el siguiente:

1. Entra la vendedora de guarapo e instala su puesto, seguida por la vendedora de arroz y yuca. Se preguntan por sus familiares y por la enfermedad del niño de brazos de la vendedora de arroz, quién lo trae consigo.

2. Entran el vendedor de tomate y un vendedor ambulante de hierbas y raíces medicinales. Mientras se instalan, hablan del mal estado de los caminos y de las falsas promesas de que lo recaudado en los pontazgos sería para meiorar los caminos.

3. Entran algunos compradores y el vendedor de miel.

4. La vendedora de arroz se acerca con su niño al yerbatero y le pide que se lo cure. Regatean el precio.

5. Entra un hombre con un costal de sal; es un vendedor que carece de permiso. Lo ofrece en venta, muy barato, para poder pagar los impuestos de alcabala de su sembrado de tabaco. Anda de un puesto a otro, sigilosamente. Nadie le compra.

6. La vendedora de arroz vuelve a su puesto y encuentra una compradora que le está "pellizcando" la yuca. Se arma un escándalo.

7. Entran dos guardias. Las mujeres se callan. Los guardias empiezan a pedir papeles en cada puesto. Algunos los tienen. Los que no, son amenazados con ir a la cárcel si no pagan la multa y el impuesto. Empiezan con el vendedor de tomate, quien carece del papel del puesto y promete, suplicante, pagarlo en las horas de la tarde.

8. Uno de los guardias se dirige al vendedor de hierbas para pedirle el Impuesto del Viento (impuesto a los vendedores ambulantes), en seguida a la del guarapo, al de la miel y por último a la del arroz, quien por la miseria, la enfermedad del hijo y la pelea reciente con la compradora está que se la lleva el diablo; además, no tiene el papel del puesto. El guardia la recrimina violentamente y le ordena retirarse de la plaza. Se dirige a la del guarapo. La mujer del arroz se lamenta.

MUJER DEL ARROZ

Y yo cómo hago? Si no vendo, cómo hago para pagar, y si no pago cómo hago para vender? (Cuando los guardias están de espaldas dice casi para sí) Malparidos guardias de mierda!

Los guardias la oyen. Hay un corto silencio. Se precipitan sobre la mujer y le riegan el arroz y las yucas por el piso. Todo el mundo protesta y se forma una gran algarabia, que es cortada por un redoble de tambor. Entra un pregonero acompañado de un guardia y lee un bando.

PREGONERO

"Por orden de Su Majestad Carlos III de España, que Dios guarde, ordenamos: Primero: auto resolutivo por el cual se restablece la cobranza del derecho de Armada de Barlovento separadamente de la Alcabala, con arreglo a los aranceles insertos en los despachos. Segundo: que de hoy en adelante se cobre un nuevo impuesto, que llevará el nombre de Gracioso Donativo (Protestas) y su cobro será en la siguiente forma: los nobles, ricos, criollos y españoles pagarán dos pesos; todo el común, los indios, un peso. Publíquese a voz de bando y pregonero. Firmado, Don Juan Gutiérrez de Píñeres, Visitador General". (Redoble).

La gente protesta airadamente. Los guardias la amenazan y la dispersan por la plaza. Continúan pidiendo papeles. Un guardia regresa donde el vendedor de tomates y le exige el pago de la multa. El hombre protesta y alega que no ha podido vender nada. Los guardias le patean la caja de tomates y aparecen unos huevos que tenía ocultos. Silencio. Los guardías preguntan de dónde sacó esos huevos. El hombrecito dice que no son de él, que son de un compadre que se los dio a guardar. Los guardias le destrozan los huevos y la cajita. Se forma un tumulto. Los guardias se llevan al hombre a la cárcel. La mujer del arroz se levanta y arenga a la gente.

MUJER

Hasta cuándo? Hasta cuándo vamos a soportar tanta miseria, tanta injusticia? No podemos quedarnos con las manos cruzadas viendo cómo nos humillan, cómo nos tratan como si fuéramos bestias de carga! Hoy me derramaron el arroz a mí y le destrozaron el puestico a don Rudecindo. Mañana será a usted, doña Petra, o a usted y a usted y a usted. Viva el Rey y muera el mal gobierno! (El guarda regresa y le da un culatazo a la mujer para callarla. Se la llevan).

Redoble de tambor. Las gentes salen de la plaza en distintas direcciones. La mujer del guarapo recoge la canasta con el niño de la mujer del arroz. Sobre una tarima un actor lanza una arenga.

ACTOR

"Sostenemos como evidentes estas verdades: Que todos los hombres son creados iguales. Que son dotados por el creador de ciertos derechos inalienables entre los cuales están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados. Pero cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, dirigidos invariablemente al mismo objetivo, demuestra un designio de someter al pueblo a un despotismo absoluto, es su derecho, es su deber derrocar ese mal gobierno y establecer nuevos resguardos para su futura seguridad". Con estas palabras, hace cinco años, el pueblo de los Estados Unidos del Norte declaró su independencia de la Real Corona Británica.

Una actriz, sobre otra tarima, arenga.

ACTRIZ

El fuego de la revolución está prendido en toda América y es menester propagarlo. El inca, José Gabriel Túpac Amarú, se ha levantado en Tungasuca, virreinato del Perú, y ha dictado el siguiente bando:

"Yo, don José I, por la gracia de Dios Inca, rey del Perú, de Quito, Santa Fe y continentes de los mares del sur, duque de la Superlativa, señor de los césares y amazonas, con dominio en el gran Paitití, comisionado y distribuidor de la piedad divina por el erario sin par, declaro: que los reyes de Castilla han usurpado mi corona cerca de tres siglos, pensionándome los vasallos con innumerables gabelas, lanzas, sisas, aduanas, alcabalas, estancos, diezmos, quintos, audiencias y corregidores, y todos los demás ministros, todos iguales en la tiranía, vendiendo la justicia a quien más puja o quien más da, junto con los empleados eclesiásticos del reino. Por tanto y por los justos clamores que con generalidad han llegado al cielo, mando que no se obedezca en cosa alguna a los ministros europeos intrusos".

Redoble

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