|
LA ENTREVISTA
Jerónimo llega al hall de
la casa de Armando. Espera un tiempo, que aprovecha para observar la magnificencia de la
casa. Armando sale y lo recibe consternado.
ARMANDO
Pero, cómo es posible que
manden gente a mi propia casa? Les comunicamos en un mensaje que esperaran noticias
nuestras, no que vinieran por ellas. Usted se imagina los peligros que nosotros corremos
aquí en la ciudad? Nuestros pasos están vigilados, las casas, los teléfonos, todo...
JERONIMO
Doctor, ¿no cree usted que
yo también corro peligro viniendo a la ciudad? Yo vengo porque traigo órdenes de mi
comandante Guadalupe...
ARMANDO
¡Shhh! Mire, por favor,
hable un poco más bajo. Vamos allí donde podemos hablar con mayor tranquilidad.
Se desplazan a un extremo
del escenario.
JERONIMO
Vengo por los fusiles, las
medicinas, los pertrechos, todo lo que nos han ofrecido...
ARMANDO
(Lo interrumpe). ¿Pero,
qué piensan ustedes? ¿Qué podemos conseguir fusiles a la vuelta de la esquina? ¿Qué
podemos comprarlos como se compran cigarrillos en las tiendas, en la tienda de doña
Rosita? (Saca un cigarrillo). Ayer recibí carta de un tal Floro pidiéndome lo mismo...
(Busca nerviosamente un fósforo. Jerónimo enciende serenamente uno y se lo ofrece). Y yo
ni siquiera lo conozco. Y además, comete la imprudencia de escribirme a mí, con nombre
propio y a la dirección de mi casa... No, no esto es un desastre!
JERONIMO
¿Entonces le digo a mi
comandante Guadalupe que espere y espere hasta reventar? Mire, doctor, en vez de las
noticias de la Dirección Liberal, lo que nos llegan son bombardeos.
ARMANDO
Por favor, hable un poco
más bajo. Cálmese. Baje la voz. No se ponga tan nervioso.
JERONIMO
Pero si el nervioso es
usted, doctor.
ARMANDO
Pero cómo! Cómo no voy a
estar nervioso si aquí en mi casa tengo una reunión muy importante! Su presencia aquí
es muy peligrosa.
JERONIMO
En los Llanos también es
peligroso, por la presencia del ejército.
ARMANDO
(Arroja el cigarrillo al
suelo. Luego lo recoge y busca un cenicero. Finalmente lo tira). Mire... Su valentía
déjela para los Llanos. Aquí estamos en la ciudad... aquí la situación es distinta.
Las cosas las estamos arreglando por lo alto. Ustedes no entienden de política. ¡Qué
van a entender! Piensan que todo se arregla echando bala. Hemos organizado un comité
coordinador, que va a estar en permanente contacto con ustedes... ¿me entiende?
JERONIMO
¿Pero los fusiles, los
pertrechos, las medicinas? No puedo regresarme con las manos vacías.
ARMANDO
Despreocúpese.
jovencito...no lo voy a enviar de regreso cargado de fusiles y de pertrechos.
Despreocúpese, podría ser muy peligroso hasta para su propia vida. .. ¿Cómo le explico
para que entienda? La situación la estamos arreglando por lo alto. Ustedes sigan en lo
que están... pero no vayan a cometer una locura. Eso significaría terminar con las
conversaciones que hemos iniciado con personajes muy importantes, incluso algunos
militares de los altos mandos.
JERONIMO
Pero no podemos seguir
esperando hasta morirnos de viejos en la selva. Si nos quedamos manicruzados, pues nos
acaban con la vida.
ARMANDO
Baje la voz. Puede
escucharnos mi mujer.
JERONIMO
Nosotros tenemos miedo, pero
al enemigo.
ARMANDO
Bueno, mi querido joven, es
suficiente. He sido muy explícito. Regrese a su lugar. Dígale a Guadalupe que mantenga
muy en alto la lucha del partido liberal. (Bajando la voz). Que de vez en cuando disparen
uno que otro tiro. ¡Pero mucho cuidado con ir a exajerar!..
JERONIMO
Pero, doctor, ¿con qué
fusiles vamos a hacer los disparos?
La esposa de Armando se
asoma al otro lado del escenario, muy elegante.
ESPOSA DE ARMANDO
¿Armando?
ARMANDO
(Pausa). ¿Qué pasa? Ya
voy. (La mujer sale. A Jerónimo). ¿Se da cuenta en el lío que me acaba de meter? Mejor
váyase lo más pronto posible, por aquí.
Jerónimo va a salir por el
hall. Armando lo retiene.
ARMANDO
No. Por ahí no, por la
puerta del patio, me hace el favor. Me da mucha pena, pero... por la puerta de atrás...
Jerónimo sale.
ARMANDO
Mire, muchacho...
Jerónimo se vuelve. Armando
le estira la mano. Después de un momento de vacilación Jerónimo la estrecha.
ARMANDO
Dígale a Guadalupe que
estamos con sus muchachos de todo corazón, de todo corazón.
Jerónimo sale. Armando
entra preocupado.
CONTINUAR
REGRESAR AL INDICE
|