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LA ENTREGA
Desde el fondo del escenario
salen parejas de burgueses liberales. Armando y su esposa, Margarita y su marido. También
conservadores: el ministro de Gobierno y su esposa, un cura. Van vestidos de blanco, dando
la cara al público. Entre ellos hay oficiales del ejército gubernamental y, en medio, un
general de la república. El grupo gira sobre sus talones y da la espalda al público.
Quedan al frente de la guerrilla, que se supone está al fondo del escenario. Se escucha
un altavoz.
ALTAVOZ
(Con voz pausada, mientras
entran los burgueses y los oficiales). Atención, atención! Nos encontramos en un lugar
de los Llanos Orientales. El gobierno de las Fuerzas Armadas está dispuesto a recibir las
armas de manos del Comandante Guadalupe Salcedo y de sus hombres, hoy, 13 de septiembre de
1953. Son las once de la mañana de un esplendoroso día de sol...
El General se desprende de
la fila de burgueses y habla. Mientras pronuncia su discurso, los burgueses se van
abanicando. El calor es cada vez más insoportable. Además, los pican los zancudos. Van
poco a poco perdiendo la compostura y al final muestran descaradamente su fastidio por el
calor y los mosquitos.
GENERAL
(Con saludo militar).
Comandante Guadalupe Salcedo, jefe de las guerrillas de los Llanos Orientales: yo, como
general de la república, me siento profundamente emocionado al traerle a usted y a sus
hombres en este día glorioso el mensaje del gobierno de paz, justicia y libertad. Y ante
el país y ante la historia me comprometo a dar cumplimiento a todas nuestras promesas de
paz, trabajo, crédito, ganado y tierras que propone el gobierno. ¡No más odios
partidistas! Por este momento histórico, con su actitud gallarda y noble, impulsado por
sus ideas liberales, la patria sabrá agradecerle, Guadalupe Salcedo. Comandante José
Guadalupe Salcedo Unda:
(Saluda militarmente) en
nombre del gobierno de las Fuerzas Armadas le garantizamos la vida a usted y a sus hombres
... le garantizamos la vida... (La voz del general se va enrareciendo a medida que
repite la frase "le garantizamos la vida").
Poco a poco el grupo de
burgueses y el general abandonan el escenario. Por el altavoz se escucha ahora la voz del
militar que conmina a Guadalupe Salcedo y a sus hombres a entregarse. El escenario queda
totalmente vacío. Suenan sirenas de radio patrullas como en la primera escena.
ALTAVOZ
Le garantizamos la vida.
¡Atención, atención... Guadalupe Salcedo! Usted está completamente cercado por las
fuerzas del orden. Le damos cinco minutos para que salga con las manos en alto. Guadalupe
Salcedo, le garantizamos la vida si sale con las manos en alto. Guadalupe Salcedo, le
quedan cuatro minutos para salir con las manos en alto. Le garantizamos la vida. Guadalupe
Salcedo, le quedan tres minutos. Repito: le quedan tres minutos.
Silencio total. Aparece
Guadalupe Salcedo con el rostro enmascarado en blanco y con las manos en alto. Se dirige
lentamente al centro del escenario. Se detiene. Se escucha un tiroteo cerrado. Cae
Guadalupe Salcedo. Salen los actores cantando el corrido final.
Corrido final
Con respeto y con su venia
les pedimos su permiso
y aunque dejen esta sala
mediten bien lo que han visto.
Esta historia que contamos
los invita para que piensen
que los tiempos del pasado
se parecen al presente.
Los de arriba, bien arriba
al pueblo prometen mucho
para que olvide su historia,
su vida y su propia lucha.
Hay quienes viven y olvidan
tan fácil como ellos sueñan.
No debe entregarse el hombre
sin pensar en lo que entrega.
Con respeto y con su venia
les pedimos su permiso
y aunque dejen esta sala
mediten bien lo que han visto.
FIN
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