CINCO OBRAS DE CREACIÓN COLECTIVA
TEATRO LA CANDELARIA
Director: Santiago García
© Derechos Reservados de Autor

III. LA CONSTRUCCION

Ruidos de una mansión en construcción. Unos obreros dan los últimos toques a la casa de Palomino. El capataz revisa diligentemente los trabajos. Una mu¡er limpia afanosamente los pisos. Un obrero canta la canción "El Cuartito está Igualito". Entra un hombre de gafas negras con apariencia de matón. Es un guardaespaldas de Palomino.

GUARDAESPALDAS

(Al Capataz). ¡Necesito un par de hombres que ayuden a entrar unas cajas! ¡Rápido, que ya viene el doctor!

El capataz manda a dos hombres. Estos entran unas cajas de whisky que dejan en la mitad del escenario. De afuera se escucha la bocina de un carro con la melodía de "La Cucaracha": Es el automóvil de Palomino.

CAPATAZ

¡Llegó el doctor! Se dan cuenta? ¡Carajo! Y esta joda todavía no está lista.

Entra Palomino seguido por dos guardaespaldas. Viste ostentosamente. Uno de los guardaespaldas le Sirve whisky en un vaso que Palomino sostiene todo el tiempo. Los obreros dejan los trabajos y se reúnen en silencio.

PALOMINO

Bueno, terminaron esto? O me hicieron perder el viaje?

CAPATAZ

¡No, doctor, ni más faltaba!

PALOMINO

Todavía no soy doctor, apenas estoy comenzando la carrera. (Palomino y sus guardaespaldas ríen a carcajadas).

CAPATAZ

Don Palomino... lo que pasa... es que los acabados resultaron muy complicados, pero esto prácticamente ya está listo. Es decir, en un par de días le entrego su casa totalmente terminada. Y la parte de atrás doctor, en un par de meses, como habíamos quedado.

Empiezan a inspeccionar la construcción.

PALOMINO

Mi mujer quería pasarse inmediatamente. Hoy llegamos del extranjero y no queremos vivir más en hoteles. Veamos cómo quedó esto.

Se acercan al centro del escenario, donde se supone hay una gran escultura.

PALOMINO

¡La fuente! Está muy bien. Claro que yo quería el pescado del centro más pequeño y la ninfa más grande.

CAPATAZ

Doctor, pero por eso yo le pregunté...

PALOMINO

Bueno, no importa. Quién hizo los acabados?

CAPATAZ

(Llamando a un hombre): ¡Ramírez, venga para acá! Un joven se acerca tímidamente. Palomino le tiende la mano.

PALOMINO

Muy bien, muchacho, me gusta ese trabajo. Usted es un artista. (A los guardaespaldas). Dos cajas de whisky para este joven.

El obrero se retira saltando de la felicidad. Palomino se acerca a una de las mujeres, que está embarazada.

PALOMINO

Y usted, qué hace aquí? No debería estar trabajando en ese estado.

MUJER

La necesidad, doctor.

PALOMINO

(Al guardaespaldas). Estas cosas me parten el corazón. (Saca un fajo de dólares y le entrega unos cuantos a la mujer. Dirigiéndose al capataz). Dele una licencia, y páguele hasta que nazca el niño.

CAPATAZ

Como usted ordene, doctor.

MUJER

Usted es muy bueno, doctor.

PALOMINO

A veces. (Continúa el recorrido). Veamos los enchapados del porche. Cómo quedaron?

CAPATAZ

Solo falta esta parte, doctor, porque las baldosas holandesas no las dejaban pasar en Curacao. Pero al fin llegaron. Y resultaron una maravilla, parecen espejos.

PALOMINO

No están mal. A mi mujer le encantan todas las cosas brillantes. Bueno, y quién hizo estos acabados?

CAPATAZ

(Llamando a un obrero). ¡Manolo, venga para acá!

PALOMINO

(A los guardaespaldas): Una caja de whisky para Manolo. Y qué pasó con los vidrios de seguridad?

Se dirigen hacia donde están los vidrios de seguridad.

CAPATAZ

Fueron los primeros que llegaron. Alemanes, doctor. Mucho mejor que los canadienses que usted quería.

Qué tal esos colores? Son una belleza.

PALOMINO

Y serán suficientemente seguros?

CAPATAZ

(Riéndose). Esto resiste un cañonazo. Haga el ensayo si quiere, doctor.

Palomino se lleva la mano al cinto e intenta sacar el revólver. Todos se retiran asustados. Palomino se arrepiente y entunda de nuevo el arma.

PALOMINO

¡No! Eso lo dejamos para la fiesta de inauguración. (Ríe con los guardaespaldas). Después del viaje a Miami. (A sus hombres). ¡Tres cajas de whisky para los que hicieron este trabajo! ¡Qué verraquera! ¡Se lucieron, muchachos! Qué irá a decir don Félix cuando vea este palacio? Se va a morir de la envidia, porque esta maravilla está diez veces mejor que su mansión. Se le creció el pichón. (Al capataz). Veamos la piscina.

CAPATAZ

Lo único que le falta es el sistema de iluminación del fondo. (A un obrero que está trabajando en eso). ¡El eléctrico! Ya terminó? Qué pasó con esas luces de colores?

Se acerca el electricista, que es Julián Matamoros.

MATAMOROS

Eso está muy complicado, con esa cantidad de maricadas que le meten estos ricachones. Pero yo creo que para manana...

Matamoros sorprendido se queda mirando a Palomino. Este también lo reconoce. Palomino se quita las gafas.

PALOMINO

¡Matamoros! ¡Julián Matamoros! (Suelta una carcajada). ¡No joda, hombre! Usted qué hace aquí? Los dos se abrazan emocionados.

MATAMOROS

¡Palomino! ¡Pedro Pablo Palomino! Cómo es posible? (Mirándolo de arriba a abajo). Y eso qué le pasó? ¡Carajo, usted cómo ha cambiado! Con esa pinta y esas gafas, le juro que está irreconocible.

PALOMINO

La fortuna, Matamoros, la fortuna. Un golpe de buena suerte. Ahora me dedico a los negocios. Negocios de exportación e importación. (Se ríe). Recuerda a don Félix? Resultó ser un tipo extraordinario. Claro que ahora tengo algunas diferencias con él. Y usted qué se había hecho, Julián? Lo he buscado por todas partes. Cómo anda su vida?

MATAMOROS

Se acuerda del taller? A los seis meses me fracasó. La competencia.

PALOMINO

El pez grande se traga al chico. No es cierto?

MATAMOROS

Sí, eso dicen.

PALOMINO

Claro que, a veces. ¡Qué verraquera encontrarlo, Julián! (Al Capataz) ¡Whisky para todo el mundo! Este encuentro hay que celebrarlo. (Se va cambiando de ropa con Matamoros. Le da su saco y se pone el casco de Matamoros) ¡Señores, este es mi amigo Julián Matamoros! ¡Mi amigo de toda la vida, que un día perdí y hoy vuelvo a encontrar! ¡No joda, la vida te dá sorpresas!

Mientras Palomino habla, el capataz ha ordenado poner una mesa y sacar el whisky de las cajas.

PALOMINO

Este es un gran día. iSalud!

Todos beben. De pronto el capataz descubre a un obrero escondiendo una botella de whisky.

CAPATAZ

(Al obrero) Usted, por qué carajo se está robando el trago? ¡Devuelva esa botella!

OBRERO

Cuál botella? Yo no me he robado nada.

CAPATAZ

Cómo que no? Usted me cree pendejo a mí o qué? ¡Yo lo ví, usted escondió esa botella!

A una orden de Palomino los guardaespaldas se dirigen a donde están el obrero y el capataz. Agarran el obrero y recogen la botella.

PALOMINO

Qué es lo que pasa ahí?

CAPATAZ

Mire, doctor, el tipo este se estaba robando el trago. Uno con esta gente no puede descuidarse. Igual es con las herramientas, con los materiales, ¡con todo!

Los obreros protestan.

PALOMINO

¡Bueno, silencio! (Al obrero) Venga para acá. (Los guardaespaldas le llevan al obrero).

OBRERO

Doctor, en realidad yo no... es decir yo creía que ese whisky se podía...

PALOMINO

¡Ah! De manera que usted cree que se puede disponer de lo que no es suyo como le viene en gana?

OBRERO

No, al contrarío, doctor... lo que pasa... como había tantas botellas...

MATAMOROS

Oiga, Palomino.., yo le pago esa botella.

PALOMINO

¡No sea güevón! No es la botella, ¡es el hecho!

CAPATAZ

(A los obreros): ¡Es el detalle!

PALOMINO

Eso... ¡El detalle! (A los obreros). A mí nadie, me oyeron?, ¡nadie me va a robar ni un pelo! ¡Pídanme, carajo! ¡Pero no me roben! Pedro Pablo Palomino le da al que le pide. Pero que ningún pendejo me venga a robar lo que tanto me ha costado. Lo que me he ganado con el sudor de mi frente. ¡Ni un pelo! Me oyen todos? ¡Ni un pelo! (Agarre al obrero y le riega encima la botella del licor). Quería whisky, no? ¡Ahí lo tiene, miserable! ¡Ahora se me larga inmediatamente! ¡Se va ya! ¡Que le paguen lo que se le deba y que desaparezca!

Los guardaespaldas echen al obrero.

MATAMOROS

¡Palomino, usted no puede hacer eso!... Lo que hizo ese muchacho...

PALOMINO

¡Es un ratero vulgar! Y eso yo no lo tolero aquí. ¡Se me va y punto!

MATAMOROS

Pero usted no puede tratar a la gente de esa manera.

CAPATAZ

(Los interrumpe y se lleva a Palomino aparte). Doc...... su amigo Matamoros... Yo quiero prevenirlo sobre él, porque considero que es mi obligación. Su amigo Matamoros es un tipo peligroso. Es lo que llaman... un subversivo. Aquí siempre está Poniendo problema... El fue el que me organizó el sindicato. Con eso le digo todo, doctor.

PALOMINO

Y usted quién carajos se cree para hablarme mal de mi amigo Matamoros?

CAPATAZ

No, doctor... No me interprete mal.

PALOMINO

¡Julián, venga para acá! (A los obreros): ¡Señores, les presento al nuevo jefe de esta construcción!

Todos ríen.

CAPATAZ

¡Un momento, doctor! Usted no puede echarme así como así. Ellos son mis trabajadores y yo tengo un año y medio dirigiendo la construcción. Además, no se le olvide que todavía tenemos contrato por dos meses.

PALOMINO

(Riéndose). Contrato... Esta obra usted la dirigió hasta hoy. Ahora el jefe, mejor dicho, su jefe, es Matamoros. Y yo no lo estoy echando, simplemente cambiándolo de puesto.

CAPATAZ

Usted podrá hacer con su amigo lo que le dé la gana pero a mí no me va a joder tan fácilmente. (A los obreros): Cómo les parece, muchachos? Un asunto de estos hay que hablarlo primero que todo con el sindicato.

UN OBRERO

Ahora sí le sirve el sindicato.

OTRO OBRERO

Afíliese. Más vale tarde que nunca. Los obreros ríen.

CAPATAZ

¡No joda!, yo no me refiero a eso. (A Palomino). Me quejaré al ministerio. A la oficina central del trabajo.

PALOMINO

Quéjese a quien le dé la gana. Usted no me conoce. Yo le compro su oficina del trabajo, su sindicato y todo lo que quiera.

CAPATAZ

Voy a poner abogado. ¡Esto le va a salir bien caro!

PALOMINO

¡Usted me pone un abogado y yo le pongo cinco, gran pendejo! (Palomino saca del bolsillo un fajo de dólares y se dirige hacia los obreros). Ven esto? ¡Mírenlo bien! Es el rey del mundo. ¡Con esto se compra lo que uno quiera! Con esto vamos a hacer un mundo diferente, un mundo sin ladrones, sin sapos como usted. (Dirigiéndose al capataz y tirándole en la cara el fajlo de billetes), ¡Y ahora se me larga!

CAPATAZ

(Guardándose unos billetes que le han caído encima). íClaro que me voy y le dejo tirada su casa de mierda! Usted podrá tener mucho dinero pero yo tengo mi dignidad, que vale más que todo su dinero. (Los guardaespaldas sacan al capataz).

PALOMINO

Bueno, ya pasó todo. Sigamos celebrando este encuentro. Beban, muchachos, no pasó nada... Aquí no ha pasado nada...

Los obreros se van retirando poco a poco.

MATAMOROS

Palomino, qué le pasa, hombre? Cómo se le ocurre echar a ese hombre de esa manera?

PALOMINO

(Medio borracho) ¡Usted se me calla! Yo hago lo que me da la gana. Es mi casa, o no? ¡Es mi plata! ¡Entonces usted no joda!

MATAMOROS

Tampoco es para que me grite.

PALOMINO

¡Ah, carajo! Se le subieron los humos a la cabeza al pendejo este. Usted es el nuevo capataz pero de esos obreros. ¡A mí me respeta!

MATAMOROS

Lo que yo digo es que usted no puede botar a la gente así como así.

PALOMINO

iNo me amenace, Matamoros! ¡No joda, no me amenace! (Los mafiosos se acercan a Matamoros) ¡ Déjenlo! Encima de pobre, guevón.

MATAMOROS

¡Pues ahí le dejo su puesto de capataz, porque yo no le acepto eso! ¡Ni muerto, carajo! (Matamoros se quita el saco de Palomino, lo arroja al suelo y empieza a cantar).

Canción del Dinero

Sobre todo aquellos
que de todo carecieron
saben que el dinero
es el rey en este mundo,
pero también es cosa archisabida
que no es oro todo lo que brilla. (Bis).

Todo se compra y todo se vende.
Puedes comprar los amigos
y desarmar enemigos en un parpadeo.

El dinero calma deseos
deslumbrando a los paganos
lo mismo que a los cristianos.

El dinero es festivo,
es alegre y divertido,
hace amable al más odioso,
enaltece al enano
y al manco le pone manos.

Pero no es oro
todo lo que brilla. (Bis).

Cristóbal Colón sabía
que pueden abrirse
con puñados de oro
las puertas del paraíso.

Si la esperanza es verde como un dólar,
no es oro todo lo que brilla. (Bis).

Todo se compra y todo se vende.
Puedes comprar los amigos
en un parpadeo.

El dinero acuna al rico,
al pobre le quita el sueño.

El dinero es placentero,
el dinero es festivo,
es alegre y divertido,
te concede partidarios,
acompaña al solitario.
De muchos es la locura.

Pero no es oro
todo lo que brilla. (Bis).

Matamoros termina de cantar y sale. Palomino ha quedado solo y borracho paseándose por todo el escenario.

PALOMINO

¡Julián! Qué le pasa, Julián? Se volvió marica o qué? Sabe lo que me estaba diciendo el sapo ese? Que usted era un subversivo, que me quería desorganizar esto. Yo lo quiero ayudar güevón, pero no se deja. ¡Abra los ojos, Julián Matamoros! Todo se compra y todo se vende... ¡Matamoros! Dónde está? Mi amigo... ¡Desgraciados!, todos son unos desagradecidos de mierda... Julián... mi único amigo... encima de pobre, güevón... Está bien... ¡Al carajo!... váyase... Yo me quedo solo.., solo...

Cae totalmente borracho sobre la mesa. Las luces se han desvanecido y solo queda iluminada la mesa sobre la cúal reposa Palomino. La atmósfera se transforma en un sueño-delirio de Palomino. En las alturas, el gringo del aeropuerto como dios.

DIOS

¡Gran ofuscación conturba tu espíritu, Palomino! Buscas la felicidad pero se deshace en tus manos como la arena del desierto. Te he insinuado un camino, pero atolondrado y lleno de presunción lo buscas en otras direcciones. Palomino, tu me caes bien, pero no intentes perturbar mis senderos inescrutables. No pretendas ordenar el mundo. Esa es mi razón de ser. ¿Qué haría yo con un mundo ordenado? Quieres dejarme sin mi oficio? Lo mismo pretende tu amigo Matamoros. Claro, que en otra dirección. Ese me disgusta más...

Continúa hablando casi en un murmullo cada vez más incomprensible. Palomino se levanta y trata de ir hacia el dios. Entra don Félix, llevando un cochecito de bebé. Ríe a carcajadas mudas y saca del coche billetes que empieza a tirarle a Palomino. Este se abalanza sobre don Félix y lo ahorca. Don Félix sigue riendo mientras cae al suelo. Suena una música dulce. Aparece la Popy, quien danza seductoramente. Palomino intenta agarrarla pero ella se le desvanece y resurge bailando en otro lugar, hasta que desaparece.. La música se transforma, ahora es religiosa. Aparece un grupo de mendigos. Palomino acude a ellos para ayudarlos. Cuando Palomino les va a dar dinero, del grupo sale Matamoros en forma de un enorme pajarraco que lanzando estridentes graznidos se lanza a picotearlo. Palomino huye y el pajarraco lo persigue hasta que Palomino cae extenuado sobre la mesa. La pesadilla desaparece. La luz vuelve a ser normal. Entra Marta con un guardaespaldas de Palomino y lo despierta.

GUARDAESPALDAS

¡Don Palomino, don Palomino, despierte! Se siente mal?

MARTA

Por qué me hace esto? Usted no se da cuenta del peligro en que se mete con esa vida que lleva? El día menos pensado le pegan un tiro. íDesconsiderado! Usted no tiene ningún derecho para destruir la fortuna que Dios nos ha dado.

Los guardaespaldas sacan a Palomino. Marta se queda atrás. Examina con la mirada el lugar y sale.

CONTINUAR

REGRESAR AL

INDICE