|
III. LA CONSTRUCCION
Ruidos de una mansión en
construcción. Unos obreros dan los últimos toques a la casa de Palomino. El capataz
revisa diligentemente los trabajos. Una mu¡er limpia afanosamente los pisos. Un obrero
canta la canción "El Cuartito está Igualito". Entra un hombre de gafas negras
con apariencia de matón. Es un guardaespaldas de Palomino.
GUARDAESPALDAS
(Al Capataz). ¡Necesito un
par de hombres que ayuden a entrar unas cajas! ¡Rápido, que ya viene el doctor!
El capataz manda a dos
hombres. Estos entran unas cajas de whisky que dejan en la mitad del escenario. De afuera
se escucha la bocina de un carro con la melodía de "La Cucaracha": Es el
automóvil de Palomino.
CAPATAZ
¡Llegó el doctor! Se dan
cuenta? ¡Carajo! Y esta joda todavía no está lista.
Entra Palomino seguido por
dos guardaespaldas. Viste ostentosamente. Uno de los guardaespaldas le Sirve whisky en un
vaso que Palomino sostiene todo el tiempo. Los obreros dejan los trabajos y se reúnen en
silencio.
PALOMINO
Bueno, terminaron esto? O me
hicieron perder el viaje?
CAPATAZ
¡No, doctor, ni más
faltaba!
PALOMINO
Todavía no soy doctor,
apenas estoy comenzando la carrera. (Palomino y sus guardaespaldas ríen a carcajadas).
CAPATAZ
Don Palomino... lo que
pasa... es que los acabados resultaron muy complicados, pero esto prácticamente ya está
listo. Es decir, en un par de días le entrego su casa totalmente terminada. Y la parte de
atrás doctor, en un par de meses, como habíamos quedado.
Empiezan a inspeccionar la
construcción.
PALOMINO
Mi mujer quería pasarse
inmediatamente. Hoy llegamos del extranjero y no queremos vivir más en hoteles. Veamos
cómo quedó esto.
Se acercan al centro del
escenario, donde se supone hay una gran escultura.
PALOMINO
¡La fuente! Está muy bien.
Claro que yo quería el pescado del centro más pequeño y la ninfa más grande.
CAPATAZ
Doctor, pero por eso yo le
pregunté...
PALOMINO
Bueno, no importa. Quién
hizo los acabados?
CAPATAZ
(Llamando a un hombre): ¡Ramírez, venga para acá! Un joven se acerca tímidamente.
Palomino le tiende la mano.
PALOMINO
Muy bien, muchacho, me gusta
ese trabajo. Usted es un artista. (A los guardaespaldas). Dos cajas de whisky para este
joven.
El obrero se retira saltando
de la felicidad. Palomino se acerca a una de las mujeres, que está embarazada.
PALOMINO
Y usted, qué hace aquí? No
debería estar trabajando en ese estado.
MUJER
La necesidad, doctor.
PALOMINO
(Al guardaespaldas). Estas
cosas me parten el corazón. (Saca un fajo de dólares y le entrega unos cuantos a la
mujer. Dirigiéndose al capataz). Dele una licencia, y páguele hasta que nazca el niño.
CAPATAZ
Como usted ordene, doctor.
MUJER
Usted es muy bueno, doctor.
PALOMINO
A veces. (Continúa el
recorrido). Veamos los enchapados del porche. Cómo quedaron?
CAPATAZ
Solo falta esta parte,
doctor, porque las baldosas holandesas no las dejaban pasar en Curacao. Pero al fin
llegaron. Y resultaron una maravilla, parecen espejos.
PALOMINO
No están mal. A mi mujer le
encantan todas las cosas brillantes. Bueno, y quién hizo estos acabados?
CAPATAZ
(Llamando a un obrero).
¡Manolo, venga para acá!
PALOMINO
(A los guardaespaldas): Una
caja de whisky para Manolo. Y qué pasó con los vidrios de seguridad?
Se dirigen hacia donde
están los vidrios de seguridad.
CAPATAZ
Fueron los primeros que
llegaron. Alemanes, doctor. Mucho mejor que los canadienses que usted quería.
Qué tal esos colores? Son
una belleza.
PALOMINO
Y serán suficientemente
seguros?
CAPATAZ
(Riéndose). Esto resiste un
cañonazo. Haga el ensayo si quiere, doctor.
Palomino se lleva la mano al
cinto e intenta sacar el revólver. Todos se retiran asustados. Palomino se arrepiente y
entunda de nuevo el arma.
PALOMINO
¡No! Eso lo dejamos para la
fiesta de inauguración. (Ríe con los guardaespaldas). Después del viaje a Miami. (A sus
hombres). ¡Tres cajas de whisky para los que hicieron este trabajo! ¡Qué verraquera!
¡Se lucieron, muchachos! Qué irá a decir don Félix cuando vea este palacio? Se va a
morir de la envidia, porque esta maravilla está diez veces mejor que su mansión. Se le
creció el pichón. (Al capataz). Veamos la piscina.
CAPATAZ
Lo único que le falta es el
sistema de iluminación del fondo. (A un obrero que está trabajando en eso). ¡El
eléctrico! Ya terminó? Qué pasó con esas luces de colores?
Se acerca el electricista,
que es Julián Matamoros.
MATAMOROS
Eso está muy complicado,
con esa cantidad de maricadas que le meten estos ricachones. Pero yo creo que para
manana...
Matamoros sorprendido se
queda mirando a Palomino. Este también lo reconoce. Palomino se quita las gafas.
PALOMINO
¡Matamoros! ¡Julián
Matamoros! (Suelta una carcajada). ¡No joda, hombre! Usted qué hace aquí? Los dos se
abrazan emocionados.
MATAMOROS
¡Palomino! ¡Pedro Pablo
Palomino! Cómo es posible? (Mirándolo de arriba a abajo). Y eso qué le pasó? ¡Carajo,
usted cómo ha cambiado! Con esa pinta y esas gafas, le juro que está irreconocible.
PALOMINO
La fortuna, Matamoros, la
fortuna. Un golpe de buena suerte. Ahora me dedico a los negocios. Negocios de
exportación e importación. (Se ríe). Recuerda a don Félix? Resultó ser un tipo
extraordinario. Claro que ahora tengo algunas diferencias con él. Y usted qué se había
hecho, Julián? Lo he buscado por todas partes. Cómo anda su vida?
MATAMOROS
Se acuerda del taller? A los
seis meses me fracasó. La competencia.
PALOMINO
El pez grande se traga al
chico. No es cierto?
MATAMOROS
Sí, eso dicen.
PALOMINO
Claro que, a veces. ¡Qué
verraquera encontrarlo, Julián! (Al Capataz) ¡Whisky para todo el mundo! Este encuentro
hay que celebrarlo. (Se va cambiando de ropa con Matamoros. Le da su saco y se pone el
casco de Matamoros) ¡Señores, este es mi amigo Julián Matamoros! ¡Mi amigo de toda la
vida, que un día perdí y hoy vuelvo a encontrar! ¡No joda, la vida te dá sorpresas!
Mientras Palomino habla, el
capataz ha ordenado poner una mesa y sacar el whisky de las cajas.
PALOMINO
Este es un gran día.
iSalud!
Todos beben. De pronto el
capataz descubre a un obrero escondiendo una botella de whisky.
CAPATAZ
(Al obrero) Usted, por qué
carajo se está robando el trago? ¡Devuelva esa botella!
OBRERO
Cuál botella? Yo no me he
robado nada.
CAPATAZ
Cómo que no? Usted me cree
pendejo a mí o qué? ¡Yo lo ví, usted escondió esa botella!
A una orden de Palomino los
guardaespaldas se dirigen a donde están el obrero y el capataz. Agarran el obrero y
recogen la botella.
PALOMINO
Qué es lo que pasa ahí?
CAPATAZ
Mire, doctor, el tipo este
se estaba robando el trago. Uno con esta gente no puede descuidarse. Igual es con las
herramientas, con los materiales, ¡con todo!
Los obreros protestan.
PALOMINO
¡Bueno, silencio! (Al
obrero) Venga para acá. (Los guardaespaldas le llevan al obrero).
OBRERO
Doctor, en realidad yo no...
es decir yo creía que ese whisky se podía...
PALOMINO
¡Ah! De manera que usted
cree que se puede disponer de lo que no es suyo como le viene en gana?
OBRERO
No, al contrarío, doctor...
lo que pasa... como había tantas botellas...
MATAMOROS
Oiga, Palomino.., yo le pago
esa botella.
PALOMINO
¡No sea güevón! No es la
botella, ¡es el hecho!
CAPATAZ
(A los obreros): ¡Es el
detalle!
PALOMINO
Eso... ¡El detalle! (A los
obreros). A mí nadie, me oyeron?, ¡nadie me va a robar ni un pelo! ¡Pídanme, carajo!
¡Pero no me roben! Pedro Pablo Palomino le da al que le pide. Pero que ningún pendejo me
venga a robar lo que tanto me ha costado. Lo que me he ganado con el sudor de mi frente.
¡Ni un pelo! Me oyen todos? ¡Ni un pelo! (Agarre al obrero y le riega encima la botella
del licor). Quería whisky, no? ¡Ahí lo tiene, miserable! ¡Ahora se me larga
inmediatamente! ¡Se va ya! ¡Que le paguen lo que se le deba y que desaparezca!
Los guardaespaldas echen al
obrero.
MATAMOROS
¡Palomino, usted no puede
hacer eso!... Lo que hizo ese muchacho...
PALOMINO
¡Es un ratero vulgar! Y eso
yo no lo tolero aquí. ¡Se me va y punto!
MATAMOROS
Pero usted no puede tratar a
la gente de esa manera.
CAPATAZ
(Los interrumpe y se lleva a
Palomino aparte). Doc...... su amigo Matamoros... Yo quiero prevenirlo sobre él, porque
considero que es mi obligación. Su amigo Matamoros es un tipo peligroso. Es lo que
llaman... un subversivo. Aquí siempre está Poniendo problema... El fue el que me
organizó el sindicato. Con eso le digo todo, doctor.
PALOMINO
Y usted quién carajos se
cree para hablarme mal de mi amigo Matamoros?
CAPATAZ
No, doctor... No me
interprete mal.
PALOMINO
¡Julián, venga para acá!
(A los obreros): ¡Señores, les presento al nuevo jefe de esta construcción!
Todos ríen.
CAPATAZ
¡Un momento, doctor! Usted
no puede echarme así como así. Ellos son mis trabajadores y yo tengo un año y medio
dirigiendo la construcción. Además, no se le olvide que todavía tenemos contrato por
dos meses.
PALOMINO
(Riéndose). Contrato...
Esta obra usted la dirigió hasta hoy. Ahora el jefe, mejor dicho, su jefe, es Matamoros.
Y yo no lo estoy echando, simplemente cambiándolo de puesto.
CAPATAZ
Usted podrá hacer con su
amigo lo que le dé la gana pero a mí no me va a joder tan fácilmente. (A los obreros):
Cómo les parece, muchachos? Un asunto de estos hay que hablarlo primero que todo con el
sindicato.
UN OBRERO
Ahora sí le sirve el
sindicato.
OTRO OBRERO
Afíliese. Más vale tarde
que nunca. Los obreros ríen.
CAPATAZ
¡No joda!, yo no me refiero
a eso. (A Palomino). Me quejaré al ministerio. A la oficina central del trabajo.
PALOMINO
Quéjese a quien le dé la
gana. Usted no me conoce. Yo le compro su oficina del trabajo, su sindicato y todo lo que
quiera.
CAPATAZ
Voy a poner abogado. ¡Esto
le va a salir bien caro!
PALOMINO
¡Usted me pone un abogado y
yo le pongo cinco, gran pendejo! (Palomino saca del bolsillo un fajo de dólares y se
dirige hacia los obreros). Ven esto? ¡Mírenlo bien! Es el rey del mundo. ¡Con esto se
compra lo que uno quiera! Con esto vamos a hacer un mundo diferente, un mundo sin
ladrones, sin sapos como usted. (Dirigiéndose al capataz y tirándole en la cara el fajlo
de billetes), ¡Y ahora se me larga!
CAPATAZ
(Guardándose unos billetes
que le han caído encima). íClaro que me voy y le dejo tirada su casa de mierda! Usted
podrá tener mucho dinero pero yo tengo mi dignidad, que vale más que todo su dinero.
(Los guardaespaldas sacan al capataz).
PALOMINO
Bueno, ya pasó todo.
Sigamos celebrando este encuentro. Beban, muchachos, no pasó nada... Aquí no ha pasado
nada...
Los obreros se van retirando
poco a poco.
MATAMOROS
Palomino, qué le pasa,
hombre? Cómo se le ocurre echar a ese hombre de esa manera?
PALOMINO
(Medio borracho) ¡Usted se
me calla! Yo hago lo que me da la gana. Es mi casa, o no? ¡Es mi plata! ¡Entonces usted
no joda!
MATAMOROS
Tampoco es para que me
grite.
PALOMINO
¡Ah, carajo! Se le subieron
los humos a la cabeza al pendejo este. Usted es el nuevo capataz pero de esos obreros. ¡A
mí me respeta!
MATAMOROS
Lo que yo digo es que usted
no puede botar a la gente así como así.
PALOMINO
iNo me amenace, Matamoros!
¡No joda, no me amenace! (Los mafiosos se acercan a Matamoros) ¡ Déjenlo! Encima de
pobre, guevón.
MATAMOROS
¡Pues ahí le dejo su
puesto de capataz, porque yo no le acepto eso! ¡Ni muerto, carajo! (Matamoros se quita el
saco de Palomino, lo arroja al suelo y empieza a cantar).
Canción del Dinero
Sobre todo aquellos
que de todo carecieron
saben que el dinero
es el rey en este mundo,
pero también es cosa archisabida
que no es oro todo lo que brilla. (Bis).
Todo se compra y todo se
vende.
Puedes comprar los amigos
y desarmar enemigos en un parpadeo.
El dinero calma deseos
deslumbrando a los paganos
lo mismo que a los cristianos.
El dinero es festivo,
es alegre y divertido,
hace amable al más odioso,
enaltece al enano
y al manco le pone manos.
Pero no es oro
todo lo que brilla. (Bis).
Cristóbal Colón sabía
que pueden abrirse
con puñados de oro
las puertas del paraíso.
Si la esperanza es verde como un dólar,
no es oro todo lo que brilla. (Bis).
Todo se compra y todo se
vende.
Puedes comprar los amigos
en un parpadeo.
El dinero acuna al rico,
al pobre le quita el sueño.
El dinero es placentero,
el dinero es festivo,
es alegre y divertido,
te concede partidarios,
acompaña al solitario.
De muchos es la locura.
Pero no es oro
todo lo que brilla. (Bis).
Matamoros termina de cantar
y sale. Palomino ha quedado solo y borracho paseándose por todo el escenario.
PALOMINO
¡Julián! Qué le pasa,
Julián? Se volvió marica o qué? Sabe lo que me estaba diciendo el sapo ese? Que usted
era un subversivo, que me quería desorganizar esto. Yo lo quiero ayudar güevón, pero no
se deja. ¡Abra los ojos, Julián Matamoros! Todo se compra y todo se vende...
¡Matamoros! Dónde está? Mi amigo... ¡Desgraciados!, todos son unos desagradecidos de
mierda... Julián... mi único amigo... encima de pobre, güevón... Está bien... ¡Al
carajo!... váyase... Yo me quedo solo.., solo...
Cae totalmente borracho
sobre la mesa. Las luces se han desvanecido y solo queda iluminada la mesa sobre la cúal
reposa Palomino. La atmósfera se transforma en un sueño-delirio de Palomino. En las
alturas, el gringo del aeropuerto como dios.
DIOS
¡Gran ofuscación conturba
tu espíritu, Palomino! Buscas la felicidad pero se deshace en tus manos como la arena del
desierto. Te he insinuado un camino, pero atolondrado y lleno de presunción lo buscas en
otras direcciones. Palomino, tu me caes bien, pero no intentes perturbar mis senderos
inescrutables. No pretendas ordenar el mundo. Esa es mi razón de ser. ¿Qué haría yo
con un mundo ordenado? Quieres dejarme sin mi oficio? Lo mismo pretende tu amigo
Matamoros. Claro, que en otra dirección. Ese me disgusta más...
Continúa hablando casi en
un murmullo cada vez más incomprensible. Palomino se levanta y trata de ir hacia el dios.
Entra don Félix, llevando un cochecito de bebé. Ríe a carcajadas mudas y saca del coche
billetes que empieza a tirarle a Palomino. Este se abalanza sobre don Félix y lo ahorca.
Don Félix sigue riendo mientras cae al suelo. Suena una música dulce. Aparece la Popy,
quien danza seductoramente. Palomino intenta agarrarla pero ella se le desvanece y resurge
bailando en otro lugar, hasta que desaparece.. La música se transforma, ahora es
religiosa. Aparece un grupo de mendigos. Palomino acude a ellos para ayudarlos. Cuando
Palomino les va a dar dinero, del grupo sale Matamoros en forma de un enorme pajarraco que
lanzando estridentes graznidos se lanza a picotearlo. Palomino huye y el pajarraco lo
persigue hasta que Palomino cae extenuado sobre la mesa. La pesadilla desaparece. La luz
vuelve a ser normal. Entra Marta con un guardaespaldas de Palomino y lo despierta.
GUARDAESPALDAS
¡Don Palomino, don
Palomino, despierte! Se siente mal?
MARTA
Por qué me hace esto? Usted
no se da cuenta del peligro en que se mete con esa vida que lleva? El día menos pensado
le pegan un tiro. íDesconsiderado! Usted no tiene ningún derecho para destruir la
fortuna que Dios nos ha dado.
Los guardaespaldas sacan a
Palomino. Marta se queda atrás. Examina con la mirada el lugar y sale.
CONTINUAR
REGRESAR AL INDICE
|