CINCO OBRAS DE CREACIÓN COLECTIVA
TEATRO LA CANDELARIA
Director: Santiago García
© Derechos Reservados de Autor

EL COMPLOT

Sale al escenario un grupo de burgueses. Se mueven lentamente y miran fíjamente al público. Siempre sonríen y saludan con elegantes movimientos de cabeza a determinadas personas del público. Entre ellos jamás se miran ni conversan. A los dos extremos del escenario hay unos paneles, que significan dos recámaras privadas. Entre los burgueses están Armando, su esposa, Margarita, su esposo, el Ministro de Gobernación, su esposa y Monseñor. De pronto, muy disimuladamente, Armando y Margarita entran a la recámara de la derecha.

ARMANDO

(Lleno de fogosidad). Margarita, amor mío, ¿cuándo llegaste? No veía la hora de tu regreso.

MARGARITA

(Lo abraza apasionada). Te extrañé mucho. ¿Cómo anda la patria?

ARMANDO

La situación está inaguantable. Esas gentes de los Llanos se nos han salido de las manos. Hay una completa rebelión contra la Dirección Liberal. Han unificado sus comandos. Han nombrado a Guadalupe Salcedo jefe supremo. Se pasean por los hatos como si fueran los dueños. Y, lo más grave, amor mío: piensan unirse a otros grupos que tienen una definida orientación comunista.

MARGARITA

¡Imposible! Desagradecidos! Después de todo lo que hemos hecho por ellos!... Armando, cría cuervos y te sacarán los ojos. Pero no importa, amor mío, mi marido ha dejado todo arreglado en los Estados Unidos. Se han vuelto a abrir las puertas de los empréstitos, ha renacido la confianza de los sectores financieros hacia nosotros, pero. .. Armando, amor, ellos piden garantías. No van a invertir, así como así, en un país como se encuentra el nuestro. De manera, amor mío... que aquello... (Armando, muy asustado trata de callarla). A lo que tanto temor le teníamos... (Pausa). ... Hay que hacerlo... no puede pasar de hoy. ¡Esta misma noche! Hagámoslo! (Repentinamente Armando la abraza con brutal pasión).

ARMANDO

¡Cómo te amo, Margarita! Pero, sabes, amor, siento temor. Así como de golpe.

MARGARITA

Tienes razón vida mía. Recuerdo hace unos años cuando intentamos hacerlo y no pudimos. Pero ahora podremos. ¡Lo sé! Ya no tengo escrúpulos. ¡Esta noche o nunca, vida mía!

ARMANDO

Y tu marido... ¿está de acuerdo?

MARGARITA

Duda. Pero yo me encargaré de él.

ARMANDO

Hasta la noche, vida mía.

MARGARITA

Hasta la noche, mi amor. (Sale de la recámara sonriente, se mezcla en el grupo de burgueses y disimuladamente pasa al otro extremo del escenario. Entra con su marido en la recámara de la izquierda). Todo está dispuesto para hacerlo esta noche, con Armando.

MARIDO DE MARGARITA

¿Con Armando, tan sólo con él?

MARGARITA

Bueno... si tú quieres, podremos hacerlo con alguien más. Solamente tú puedes decidir con quién más.

MARIDO DE MARGARITA

Está bien, hablaré con Armando. (Margarita y su marido salen de la recámara. El marido pasa a la recámara de la derecha y entra en ella. Siempre con gran disimulo).

ARMANDO

¡Doctor! ¿Le sentó muy mal el viaje? Está usted muy demacrado. ¿Qué le pasa, está enfermo?

MARIDO DE MARGARITA

¡Vamos al grano! Esta noche lo hacemos!

ARMANDO

¿Pero usted, doctor, lo ha pensado bien?

MARIDO DE MARGARITA

Tengo mis escrúpulos. Pero a veces la realidad se impone a la moral.

ARMANDO

Bueno, doctor, ahora usted debe hablar con Monseñor, porque, como usted sabe, en estos casos la aprobación eclesiástica es muy importante.

MARIDO DE MARGARITA

¡Yo con Monseñor no hablol

ARMANDO

Pero, doctor, usted es el único que puede convencerlo para que él convenza a los otros. Hágalo por lo que usted más quiera, hágalo por el partido liberal...

MARIDO DE MARGARITA

(Duda, mueve la cabeza y al fin se decide). Está bien. Llámelo.

Armando sale. Hace una seña a Monseñor. Este entra a la recámara y se encuentra con el marido de Margarita.

MARIDO DE MARGARITA

Su Eminencia, ya está todo arreglado. Esta noche lo hacemos.

MONSEÑOR

¿Cómo? ¿Así de golpe? ¿Sin preparativos? Doctor, en estos casos la Iglesia es muy precavida.

MARIDO DE MARGARITA

Su Eminencia sabe que no hay otro camino.

MONSEÑOR

Usted sabe que la Iglesia tiene muchos intereses que defender. Alúmbrame, Dios mío!: ¿Hacerlo o no hacerlo? ¡Qué problema! (Monseñor medita un instante). ¡Doctor, hagámoslo! Tengo un presentimiento casi, casi divino.

MARIDO DE MARGARITA

Eminencia, ahora sólo hace falta que usted hable con el ministro. Estoy muy seguro de que él no va a querer hacerlo con nosotros.

MONSEÑOR

¿Con el ministro? Va a ser difícil convencerlo de que haga una cosa corno ésta. Pero todo sea por el amor de Dios...

Sale, atraviesa el escenario y se coloca precipitadamente con el ministro en la recámara de la izquierda.

Doctor, todo está listo para esta noche.

MINISTRO DE GOBIERNO

Pero, Eminencia, yo no le tengo mucha confianza a esa gente para hacerlo así, como de golpe.

MONSEÑOR

Yo tampoco le tengo mucha confianza. Pero hay que hacerlo. Es hora de enterrar los odios. No queda otro remedio. De lo contrario, nos hundimos.

MINISTRO DE GOBIERNO

Está bien, Eminencia. Esta noche lo hacemos.

En la mitad del escenario aparece una mesa larguísima. Los burgueses se dividen en dos grupos: los liberales —Armando y su esposa, Margarita y su marido— y los conservadores —Monseñor, el Ministro de Gobierno y su esposa—. No se saludan ni se miran. Se sientan en dos grupos a un extremo de la mesa. Entra el Presidente y se coloca al otro extremo. Todos se ponen de pie y lo saludan. La atmósfera es tensa.

TODOS

¡Excelencia! (Se sientan).

PRESIDENTE

¿A qué se debe el honor, del honor de visita de grupos tan selectos?

LIBERALES

(En Coro). Vinimos así. Excelencia, de golpe.

CONSERVADORES

(En Coro). Preocupados por el estado... Los dos grupos siempre van a hablar en coro.

LIBERALES

... de su salud, Excelencia.

PRESIDENTE

¿Mi estado? Mejor que nunca, señores. Las últimas prescripciones han sido muy eficaces.

CONSERVADORES

Pero Su Excelencia necesita distracciones.

LIBERALES

Se le ve agotado.

CONSERVADORES

Por eso vinimos a proponerle...

LIBERALES

...que hagamos...

CONSERVADORES

... un juego. Que le quite de encima...

LIBERALES

... los problemas del Estado...

MARGARITA

(Se para y mira a los lados). ... de su salud, Excelencia. (Risas).

PRESIDENTE

¡Qué amables! ¿Y después de tantos años de separación entre ustedes, se han unido así... de golpe, sólo para eso? (Risas). Está bien... juguemos... Pero recuerden que en esto de los jueguitos soy muy afortunado. ¡Siempre gano!

LIBERALES

De malas en el amor...

CONSERVADORES

de buenas en el juego!

Todos ríen.

PRESIDENTE

(Cortante). ¿Cuál es el juego?

CONSERVADORES

Muy sencillo, y rápido.

LIBERALES

A la carta mayor.

CONSERVADORES

A la carta sangrienta.

PRESIDENTE

Está bien. Sáquenla.

LIBERALES

No, no, no. Usted primero, Excelencia.

CONSERVADORES

Póngala, Su Señoría, sobre la mesa.

PRESIDENTE

¡La mía es el rey! (A los liberales). ¿Y la de ustedes? Los liberales cuchichean un breve instante. Los conservadores se inclinan para escuchar.

LIBERALES

(Miran sonrientes al Presidente y hablan en coro). Pasamos. (Los consentadores lanzan un suspiro de alivio).

PRESIDENTE

(A los conservadores). ¿Y la de ustedes?

Los conservadores cuchichean. Los liberales se inclinan para oír.

CONSERVADORES

Pues, también pasamos.

Los liberales suspiran de alivio.

PRESIDENTE

¡Entonces, he ganado! Buenas noches! (Intenta retirarse).

LIBERALES

(Se levantan violentamente). ¡Un momento, Excelencia!

CONSERVADORES

(Con mucha calma y mansedumbre). Excelencia, un momento.

PRESIDENTE

(Se vuelve irritado y se sienta de nuevo). ¿Qué pasa?

Se miran unos a otros y sonríen. Uno por uno va poniéndose de pie.

MARGARITA

Lo que pasa...

ARMANDO

... Excelencia...

MARIDO DE MARGARITA

... es que...

MUJER DE ARMANDO

... ahora ...

MONSEÑOR

... así de golpe...

ESPOSA DEL MINISTRO

... entre todos...

MINISTRO

... Excelencía...

MARGARITA

... tenemos...

ARMANDO

...Ex-Excelencia...

TODOS

(En Coro) ... una sóla carta! (Sacan un quepis y lo colocan sobre la mesa).

Redoble de tambores y gritos de mandos militares mientras se cambia la escena.

LAS LAVANDERAS

Una patrulla del ejército cruza el escenario. Al fondo, en primer plano, dos lavanderas arrodilladas lavan ropa al borde de un río. Vuelve a pasar la misma patrulla y se detiene mirando a las lavanderas. Joaquín Robledo, con el cuello enyesado, da voces de mando y designa a un soldado para que se dirija hacia ellas. Durante esta acción se escucha un altavoz.

ALTAVOZ

¡Atención atención! A la población civil de los Llanos Orientales: el nuevo gobierno de las Fuerzas Armadas avisa a la población civil de los Llanos Orientales que debe colaborar con los miembros del ejército en su campaña de paz, de justicia y de libertad.

SOLDADO

(A las dos mujeres). ¿Quién de ustedes es Oliva Torres?

OLIVA

Yo. ¿Se le ofrece algo?

SOLDADO

¿Usted conoce a Jerónimo Zambrano?

OLIVA

¿Yo? No, señor.

SOLDADO

Lo buscamos porque se voló con veinte hombres y varios fusiles. Queremos que arregle su situación, que se entregue para darle su salvoconducto y que legalice su situación.

OLIVA

Ya le dije que no lo conozco.

SOLDADO

¿Cómo que no lo conoce? Nosotros tenemos información de que usted lo conoce.

OLIVA

Se equivoca. Yo vivo sola.

SOLDADO

¿Solita?

OLIVA

Ya le dije que sola.

SOLDADO

Conque solita está viviendo la Olivita... (Ha descubierto el pantalón que lava Oliva). ¿Y para vivir tan solita necesita pantalones de hombre? (Se agacha y recoge los pantalones).

LAVANDERA 2

(Arrebata los pantalones al soldado). Mire, soldado, esos pantalones son de mi marido. Oliva es mi vecina y lavamos juntas.

SOLDADO

Buena gente la Olivita, ¿verdad?

LAVANDERA 2

(Se levanta para irse). Oliva, voy a traer un jabón. Ya vuelvo.

SOLDADO

(Se ha retirado un poco de Oliva. Mientras le habla vigila que nadie lo sorprenda). Oiga, Oliva, una miradita!... (La mujer no contesta).

SOLDADO

Muestre, a ver, esos ojitos! No sea mala. (Pausa). Una sonrisita! Muéstreme esa jetica! Usted sabe lo que me gusta. Oiga, Oliva, yo ya la había visto en el pueblo.

OLIVA

Pero, qué es lo que quiere?

SOLDADO

No se haga, no se haga... ¿Qué quiere un hombre cuando le gusta una mujer tan hembra como usted, Olivita?

OLIVA

Yo no quiero compromisos.

SOLDADO

Oliva, no se me haga la difícil. Si le propongo algo que tiene que ver con mis sentimientos, pues es porque usted me gusta. Además, Oliva, usted bien sabe que se encuentra metida en un lío grande. Mi sargento Robledo sabe muy bien que usted conoce el paradero de Jerónimo. Pero yo puedo agachar la vista y decir en el retén que no la he visto. Entonces, Oliva, conmigo puede evitarse líos. Y se lo digo de verdad. Nada le pasará. Yo soy un hombre de verdad.

OLIVA

Usted se equívoca conmigo.

SOLDADO

Mire, usted se viene conmigo y le echamos tierra al asunto del Jerónimo. ¿Qué dice?

OLIVA

¡Ya le dije que no!

Entra un grupo de lavanderas en compañía de la lavandera 2.

SOLDADO

Oiga, mire que...

LAVANDERA 3

Soldado, ¿qué pasó con los mercados que no aparecieron el domingo?

SOLDADO

No se preocupe. mi doña, que ya le llegan.

LAVANDERA 4

Y mi marido que ya tiene salvoconducto, y nada que le dan trabajo?...

SOLDADO

¿Pero qué se cree usted, que el ejército puede hacer milagros?

LAVANDERA 2

No tanto como milagros, pero que traigan los mercados.

El soldado sale. La lavandera 2 atisba que el soldado esté lejos y se dirige muy afanada a las otras lavanderas.

LAVANDERA 2

¿Se dieron cuenta? ¡Ese soldado descubrió a la Oliva!

LAVANDERA 3

Oliva, lo que tiene que hacer es largarse y decirle al Jerónimo ese que se entregue, que no joda más, que por culpa de esos testarudos nos van a perjudicar a todos.

LAVANDERA 4

Pero, ¿qué más quieren? Ya cayó el gobierno de los godos, hay paz en los Llanos y hasta Guadalupe está en negociaciones con los militares. Oliva, ¿usted ya vió la foto que están repartiendo donde aparece Guadalupe Salcedo hablando con los militares?

LAVANDERA 5

Yo sí creo que Jerónimo hasta tiene razón. ¿Pues, qué? ¿Nos han cumplido las promesas? No hay trabajo para los hombres, las reses que nos ofrecieron no aparecen. Lo único que se puede es andar por ahí tranquilo y nada más.

LAVANDERA 3

Usted deje de meterle vainas en la cabeza a la Oliva. Ella lo único que tiene que hacer es largarse y decirle al Jerónimo ese que se entregue y que deje las cosas en paz.

OLIVA

¿Y ustedes piensan que si Jerónimo se entrega con los hombres y los fusiles le van a respetar la vida?... (Pausa). ¿Ustedes creen que le van a respetar la vida?

Las mujeres quedan en silencio. No responden. Oliva se levanta, recoge el pantalón que está extendido y lo dobla.

LAVANDERA 2

Oliva, ¿usted sí sabe dónde encontrar a Jerónimo?

OLIVA

(Las mira a todas un momento y después responde con firmeza). Sí. (Sale).

LAVANDERA 3

El ejército tampoco puede resolver todo de un día para otro. Ahí están tratando de hacer lo que pueden de todas maneras.

LAVANDERA 2

¿Pero qué es lo que están haciendo comadre? Los hombres de este comando ya se entregaron, ¿y qué? No les han dado trabajo y hasta para ir a cualquier lado hay que pedir permiso, y ¡ay de que uno se vaya sin esos permisos! Ahí sí que lo joden!

LAVANDERA 4

Pero hay paz en los Llanos. Ya no están matando a la gente.

LAVANDERA 5

No se crea, comadre, muchos son los presos.

LAVANDERA 3

Dejen el escándalo y más bien recen para que las cosas no se vuelvan a dañar.

Entra el soldado con Joaquín Robledo y don Floro.

ROBLEDO

¿Quién de ustedes es Oliva Torres?

LAVANDERA 2

Ya se fué. Hace un momento estaba aquí.

ROBLEDO

Pero se fue muy rápido.

LAVANDERA 3

A lo mejor ahora vuelve, sargento.

ROBLEDO

Yo no las entiendo a ustedes. El ejército lo que busca es pacificar los Llanos. Que impere la justicia, que haya trabajo para todos. Que los hombres que estaban o están en la guerrilla se entreguen para que puedan trabajar en paz, reconstruir lo que perdieron, levantar un hato con la ayuda del ejército, que ya les está dando créditos. Estamos haciendo todo lo posible para que la situación se flormalice, pero ustedes, que son las más beneficiadas, tienen que colaborar. Vamos a ver, ¿quién sabe dónde vive Oliva Torres?

Las mujeres callan. Ninguna contesta. Robledo se precipita irritado sobre las lavanderas, pisando la ropa extendida.

ROBLEDO

¡Lo que ustedes quieren es que esto se vuelva a dañar! Por eso no quieren decirnos donde se encuentra Jerónimo Zambrano. Les damos salvoconductos, trabajo. ¿Qué más quieren. carajo? Qué más quieren? (Bajando un poco la voz). Quién de ustedes sabe dónde vive Oliva Torres?

Las mujeres continúan en silencio. El soldado señala a la lavandera 2.

SOLDADO

Mire, mi sargento, esa mujer es la que sabe. Ella es vecina de la Oliva. Seguro.

ROBLEDO

(A la lavandera 2). Camine, nos lleva a la casa de Ohiva.

LAVANDERA 2

No he terminado de lavar.

ROBLEDO

Sus compañeras le ayudan.

DON FLORO

Camine, nos dice dónde vive la Oliva. Después vuelve a lavar. No le va a pasar nada.

La lavandera 2 se levanta. Robledo y el soldado la sacan. Don Floro regresa a hablar con las lavanderas.

DON FLORO

Muchachas, ustedes deben entender que es por poco tiempo. El partido liberal logró que los militares se tomaran el poder pero para tumbar a los godos. Había que hacerlo. Ellos estarán poco tiempo en el gobierno, luego vendrán las elecciones y los liberales volveremos a mandar en el país. (Las mujeres callan. Una a una se levantan y salen. Don Floro insiste). Todo va a volver a ser como antes. Habrá trabajo para todos. Eso traerá beneficios para todos. Vayan y convenzan a sus maridos. Díganles que es por poco tiempo. Que tengan un poco de paciencia, nada más. (Todas las mujeres han salido. Don Floro queda solo en el escenario. Se vuelve al público). ¡Un poco de paciencia! Los militares van a estar en el gobierno, pero por muy poco tiempo. Después nosotros los liberales volveremos a mandar en el país. Esto será por unos pocos meses, por unos pocos días... (Sale lentamente del escenario mirando al público).

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