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EL COMPLOT
Sale al escenario un grupo
de burgueses. Se mueven lentamente y miran fíjamente al público. Siempre sonríen y
saludan con elegantes movimientos de cabeza a determinadas personas del público. Entre
ellos jamás se miran ni conversan. A los dos extremos del escenario hay unos paneles, que
significan dos recámaras privadas. Entre los burgueses están Armando, su esposa,
Margarita, su esposo, el Ministro de Gobernación, su esposa y Monseñor. De pronto, muy
disimuladamente, Armando y Margarita entran a la recámara de la derecha.
ARMANDO
(Lleno de fogosidad).
Margarita, amor mío, ¿cuándo llegaste? No veía la hora de tu regreso.
MARGARITA
(Lo abraza apasionada). Te
extrañé mucho. ¿Cómo anda la patria?
ARMANDO
La situación está
inaguantable. Esas gentes de los Llanos se nos han salido de las manos. Hay una completa
rebelión contra la Dirección Liberal. Han unificado sus comandos. Han nombrado a
Guadalupe Salcedo jefe supremo. Se pasean por los hatos como si fueran los dueños. Y, lo
más grave, amor mío: piensan unirse a otros grupos que tienen una definida orientación
comunista.
MARGARITA
¡Imposible! Desagradecidos!
Después de todo lo que hemos hecho por ellos!... Armando, cría cuervos y te sacarán los
ojos. Pero no importa, amor mío, mi marido ha dejado todo arreglado en los Estados
Unidos. Se han vuelto a abrir las puertas de los empréstitos, ha renacido la confianza de
los sectores financieros hacia nosotros, pero. .. Armando, amor, ellos piden garantías.
No van a invertir, así como así, en un país como se encuentra el nuestro. De manera,
amor mío... que aquello... (Armando, muy asustado trata de callarla). A lo que tanto
temor le teníamos... (Pausa). ... Hay que hacerlo... no puede pasar de hoy. ¡Esta misma
noche! Hagámoslo! (Repentinamente Armando la abraza con brutal pasión).
ARMANDO
¡Cómo te amo, Margarita!
Pero, sabes, amor, siento temor. Así como de golpe.
MARGARITA
Tienes razón vida mía.
Recuerdo hace unos años cuando intentamos hacerlo y no pudimos. Pero ahora podremos. ¡Lo
sé! Ya no tengo escrúpulos. ¡Esta noche o nunca, vida mía!
ARMANDO
Y tu marido... ¿está de
acuerdo?
MARGARITA
Duda. Pero yo me encargaré
de él.
ARMANDO
Hasta la noche, vida mía.
MARGARITA
Hasta la noche, mi amor.
(Sale de la recámara sonriente, se mezcla en el grupo de burgueses y disimuladamente pasa
al otro extremo del escenario. Entra con su marido en la recámara de la izquierda). Todo
está dispuesto para hacerlo esta noche, con Armando.
MARIDO DE MARGARITA
¿Con Armando, tan sólo con
él?
MARGARITA
Bueno... si tú quieres,
podremos hacerlo con alguien más. Solamente tú puedes decidir con quién más.
MARIDO DE MARGARITA
Está bien, hablaré con
Armando. (Margarita y su marido salen de la recámara. El marido pasa a la recámara de la
derecha y entra en ella. Siempre con gran disimulo).
ARMANDO
¡Doctor! ¿Le sentó muy
mal el viaje? Está usted muy demacrado. ¿Qué le pasa, está enfermo?
MARIDO DE MARGARITA
¡Vamos al grano! Esta noche
lo hacemos!
ARMANDO
¿Pero usted, doctor, lo ha
pensado bien?
MARIDO DE MARGARITA
Tengo mis escrúpulos. Pero
a veces la realidad se impone a la moral.
ARMANDO
Bueno, doctor, ahora usted
debe hablar con Monseñor, porque, como usted sabe, en estos casos la aprobación
eclesiástica es muy importante.
MARIDO DE MARGARITA
¡Yo con Monseñor no hablol
ARMANDO
Pero, doctor, usted es el
único que puede convencerlo para que él convenza a los otros. Hágalo por lo que usted
más quiera, hágalo por el partido liberal...
MARIDO DE MARGARITA
(Duda, mueve la cabeza y al
fin se decide). Está bien. Llámelo.
Armando sale. Hace una seña
a Monseñor. Este entra a la recámara y se encuentra con el marido de Margarita.
MARIDO DE MARGARITA
Su Eminencia, ya está todo
arreglado. Esta noche lo hacemos.
MONSEÑOR
¿Cómo? ¿Así de golpe?
¿Sin preparativos? Doctor, en estos casos la Iglesia es muy precavida.
MARIDO DE MARGARITA
Su Eminencia sabe que no hay
otro camino.
MONSEÑOR
Usted sabe que la Iglesia
tiene muchos intereses que defender. Alúmbrame, Dios mío!: ¿Hacerlo o no hacerlo?
¡Qué problema! (Monseñor medita un instante). ¡Doctor, hagámoslo! Tengo un
presentimiento casi, casi divino.
MARIDO DE MARGARITA
Eminencia, ahora sólo hace
falta que usted hable con el ministro. Estoy muy seguro de que él no va a querer hacerlo
con nosotros.
MONSEÑOR
¿Con el ministro? Va a ser
difícil convencerlo de que haga una cosa corno ésta. Pero todo sea por el amor de
Dios...
Sale, atraviesa el escenario
y se coloca precipitadamente con el ministro en la recámara de la izquierda.
Doctor, todo está listo
para esta noche.
MINISTRO DE GOBIERNO
Pero, Eminencia, yo no le
tengo mucha confianza a esa gente para hacerlo así, como de golpe.
MONSEÑOR
Yo tampoco le tengo mucha
confianza. Pero hay que hacerlo. Es hora de enterrar los odios. No queda otro remedio. De
lo contrario, nos hundimos.
MINISTRO DE GOBIERNO
Está bien, Eminencia. Esta
noche lo hacemos.
En la mitad del escenario
aparece una mesa larguísima. Los burgueses se dividen en dos grupos: los liberales
Armando y su esposa, Margarita y su marido y los conservadores
Monseñor, el Ministro de Gobierno y su esposa. No se saludan ni se miran. Se
sientan en dos grupos a un extremo de la mesa. Entra el Presidente y se coloca al otro
extremo. Todos se ponen de pie y lo saludan. La atmósfera es tensa.
TODOS
¡Excelencia! (Se sientan).
PRESIDENTE
¿A qué se debe el honor,
del honor de visita de grupos tan selectos?
LIBERALES
(En Coro). Vinimos así.
Excelencia, de golpe.
CONSERVADORES
(En Coro). Preocupados por
el estado... Los dos grupos siempre van a hablar en coro.
LIBERALES
... de su salud, Excelencia.
PRESIDENTE
¿Mi estado? Mejor que
nunca, señores. Las últimas prescripciones han sido muy eficaces.
CONSERVADORES
Pero Su Excelencia necesita
distracciones.
LIBERALES
Se le ve agotado.
CONSERVADORES
Por eso vinimos a
proponerle...
LIBERALES
...que hagamos...
CONSERVADORES
... un juego. Que le quite
de encima...
LIBERALES
... los problemas del
Estado...
MARGARITA
(Se para y mira a los
lados). ... de su salud, Excelencia. (Risas).
PRESIDENTE
¡Qué amables! ¿Y después
de tantos años de separación entre ustedes, se han unido así... de golpe, sólo para
eso? (Risas). Está bien... juguemos... Pero recuerden que en esto de los jueguitos soy
muy afortunado. ¡Siempre gano!
LIBERALES
De malas en el amor...
CONSERVADORES
de buenas en el juego!
Todos ríen.
PRESIDENTE
(Cortante). ¿Cuál es el
juego?
CONSERVADORES
Muy sencillo, y rápido.
LIBERALES
A la carta mayor.
CONSERVADORES
A la carta sangrienta.
PRESIDENTE
Está bien. Sáquenla.
LIBERALES
No, no, no. Usted primero,
Excelencia.
CONSERVADORES
Póngala, Su Señoría,
sobre la mesa.
PRESIDENTE
¡La mía es el rey! (A los
liberales). ¿Y la de ustedes? Los liberales cuchichean un breve instante. Los
conservadores se inclinan para escuchar.
LIBERALES
(Miran sonrientes al
Presidente y hablan en coro). Pasamos. (Los consentadores lanzan un suspiro de alivio).
PRESIDENTE
(A los conservadores). ¿Y
la de ustedes?
Los conservadores
cuchichean. Los liberales se inclinan para oír.
CONSERVADORES
Pues, también pasamos.
Los liberales suspiran de
alivio.
PRESIDENTE
¡Entonces, he ganado!
Buenas noches! (Intenta retirarse).
LIBERALES
(Se levantan violentamente).
¡Un momento, Excelencia!
CONSERVADORES
(Con mucha calma y
mansedumbre). Excelencia, un momento.
PRESIDENTE
(Se vuelve irritado y se
sienta de nuevo). ¿Qué pasa?
Se miran unos a otros y
sonríen. Uno por uno va poniéndose de pie.
MARGARITA
Lo que pasa...
ARMANDO
... Excelencia...
MARIDO DE MARGARITA
... es que...
MUJER DE ARMANDO
... ahora ...
MONSEÑOR
... así de golpe...
ESPOSA DEL MINISTRO
... entre todos...
MINISTRO
... Excelencía...
MARGARITA
... tenemos...
ARMANDO
...Ex-Excelencia...
TODOS
(En Coro) ... una sóla
carta! (Sacan un quepis y lo colocan sobre la mesa).
Redoble de tambores y gritos
de mandos militares mientras se cambia la escena.
LAS LAVANDERAS
Una patrulla del ejército
cruza el escenario. Al fondo, en primer plano, dos lavanderas arrodilladas lavan ropa al
borde de un río. Vuelve a pasar la misma patrulla y se detiene mirando a las lavanderas.
Joaquín Robledo, con el cuello enyesado, da voces de mando y designa a un soldado para
que se dirija hacia ellas. Durante esta acción se escucha un altavoz.
ALTAVOZ
¡Atención atención! A la
población civil de los Llanos Orientales: el nuevo gobierno de las Fuerzas Armadas avisa
a la población civil de los Llanos Orientales que debe colaborar con los miembros del
ejército en su campaña de paz, de justicia y de libertad.
SOLDADO
(A las dos mujeres).
¿Quién de ustedes es Oliva Torres?
OLIVA
Yo. ¿Se le ofrece algo?
SOLDADO
¿Usted conoce a Jerónimo
Zambrano?
OLIVA
¿Yo? No, señor.
SOLDADO
Lo buscamos porque se voló
con veinte hombres y varios fusiles. Queremos que arregle su situación, que se entregue
para darle su salvoconducto y que legalice su situación.
OLIVA
Ya le dije que no lo
conozco.
SOLDADO
¿Cómo que no lo conoce?
Nosotros tenemos información de que usted lo conoce.
OLIVA
Se equivoca. Yo vivo sola.
SOLDADO
¿Solita?
OLIVA
Ya le dije que sola.
SOLDADO
Conque solita está viviendo
la Olivita... (Ha descubierto el pantalón que lava Oliva). ¿Y para vivir tan solita
necesita pantalones de hombre? (Se agacha y recoge los pantalones).
LAVANDERA 2
(Arrebata los pantalones al
soldado). Mire, soldado, esos pantalones son de mi marido. Oliva es mi vecina y lavamos
juntas.
SOLDADO
Buena gente la Olivita,
¿verdad?
LAVANDERA 2
(Se levanta para irse).
Oliva, voy a traer un jabón. Ya vuelvo.
SOLDADO
(Se ha retirado un poco de
Oliva. Mientras le habla vigila que nadie lo sorprenda). Oiga, Oliva, una miradita!... (La
mujer no contesta).
SOLDADO
Muestre, a ver, esos ojitos!
No sea mala. (Pausa). Una sonrisita! Muéstreme esa jetica! Usted sabe lo que me gusta.
Oiga, Oliva, yo ya la había visto en el pueblo.
OLIVA
Pero, qué es lo que quiere?
SOLDADO
No se haga, no se haga...
¿Qué quiere un hombre cuando le gusta una mujer tan hembra como usted, Olivita?
OLIVA
Yo no quiero compromisos.
SOLDADO
Oliva, no se me haga la
difícil. Si le propongo algo que tiene que ver con mis sentimientos, pues es porque usted
me gusta. Además, Oliva, usted bien sabe que se encuentra metida en un lío grande. Mi
sargento Robledo sabe muy bien que usted conoce el paradero de Jerónimo. Pero yo puedo
agachar la vista y decir en el retén que no la he visto. Entonces, Oliva, conmigo puede
evitarse líos. Y se lo digo de verdad. Nada le pasará. Yo soy un hombre de verdad.
OLIVA
Usted se equívoca conmigo.
SOLDADO
Mire, usted se viene conmigo
y le echamos tierra al asunto del Jerónimo. ¿Qué dice?
OLIVA
¡Ya le dije que no!
Entra un grupo de lavanderas
en compañía de la lavandera 2.
SOLDADO
Oiga, mire que...
LAVANDERA 3
Soldado, ¿qué pasó con
los mercados que no aparecieron el domingo?
SOLDADO
No se preocupe. mi doña,
que ya le llegan.
LAVANDERA 4
Y mi marido que ya tiene
salvoconducto, y nada que le dan trabajo?...
SOLDADO
¿Pero qué se cree usted,
que el ejército puede hacer milagros?
LAVANDERA 2
No tanto como milagros, pero
que traigan los mercados.
El soldado sale. La
lavandera 2 atisba que el soldado esté lejos y se dirige muy afanada a las otras
lavanderas.
LAVANDERA 2
¿Se dieron cuenta? ¡Ese
soldado descubrió a la Oliva!
LAVANDERA 3
Oliva, lo que tiene que
hacer es largarse y decirle al Jerónimo ese que se entregue, que no joda más, que por
culpa de esos testarudos nos van a perjudicar a todos.
LAVANDERA 4
Pero, ¿qué más quieren?
Ya cayó el gobierno de los godos, hay paz en los Llanos y hasta Guadalupe está en
negociaciones con los militares. Oliva, ¿usted ya vió la foto que están repartiendo
donde aparece Guadalupe Salcedo hablando con los militares?
LAVANDERA 5
Yo sí creo que Jerónimo
hasta tiene razón. ¿Pues, qué? ¿Nos han cumplido las promesas? No hay trabajo para los
hombres, las reses que nos ofrecieron no aparecen. Lo único que se puede es andar por
ahí tranquilo y nada más.
LAVANDERA 3
Usted deje de meterle vainas
en la cabeza a la Oliva. Ella lo único que tiene que hacer es largarse y decirle al
Jerónimo ese que se entregue y que deje las cosas en paz.
OLIVA
¿Y ustedes piensan que si
Jerónimo se entrega con los hombres y los fusiles le van a respetar la vida?... (Pausa).
¿Ustedes creen que le van a respetar la vida?
Las mujeres quedan en
silencio. No responden. Oliva se levanta, recoge el pantalón que está extendido y lo
dobla.
LAVANDERA 2
Oliva, ¿usted sí sabe
dónde encontrar a Jerónimo?
OLIVA
(Las mira a todas un momento
y después responde con firmeza). Sí. (Sale).
LAVANDERA 3
El ejército tampoco puede
resolver todo de un día para otro. Ahí están tratando de hacer lo que pueden de todas
maneras.
LAVANDERA 2
¿Pero qué es lo que están
haciendo comadre? Los hombres de este comando ya se entregaron, ¿y qué? No les han dado
trabajo y hasta para ir a cualquier lado hay que pedir permiso, y ¡ay de que uno se vaya
sin esos permisos! Ahí sí que lo joden!
LAVANDERA 4
Pero hay paz en los Llanos.
Ya no están matando a la gente.
LAVANDERA 5
No se crea, comadre, muchos
son los presos.
LAVANDERA 3
Dejen el escándalo y más
bien recen para que las cosas no se vuelvan a dañar.
Entra el soldado con
Joaquín Robledo y don Floro.
ROBLEDO
¿Quién de ustedes es Oliva
Torres?
LAVANDERA 2
Ya se fué. Hace un momento
estaba aquí.
ROBLEDO
Pero se fue muy rápido.
LAVANDERA 3
A lo mejor ahora vuelve,
sargento.
ROBLEDO
Yo no las entiendo a
ustedes. El ejército lo que busca es pacificar los Llanos. Que impere la justicia, que
haya trabajo para todos. Que los hombres que estaban o están en la guerrilla se entreguen
para que puedan trabajar en paz, reconstruir lo que perdieron, levantar un hato con la
ayuda del ejército, que ya les está dando créditos. Estamos haciendo todo lo posible
para que la situación se flormalice, pero ustedes, que son las más beneficiadas, tienen
que colaborar. Vamos a ver, ¿quién sabe dónde vive Oliva Torres?
Las mujeres callan. Ninguna
contesta. Robledo se precipita irritado sobre las lavanderas, pisando la ropa extendida.
ROBLEDO
¡Lo que ustedes quieren es
que esto se vuelva a dañar! Por eso no quieren decirnos donde se encuentra Jerónimo
Zambrano. Les damos salvoconductos, trabajo. ¿Qué más quieren. carajo? Qué más
quieren? (Bajando un poco la voz). Quién de ustedes sabe dónde vive Oliva Torres?
Las mujeres continúan en
silencio. El soldado señala a la lavandera 2.
SOLDADO
Mire, mi sargento, esa mujer
es la que sabe. Ella es vecina de la Oliva. Seguro.
ROBLEDO
(A la lavandera 2). Camine,
nos lleva a la casa de Ohiva.
LAVANDERA 2
No he terminado de lavar.
ROBLEDO
Sus compañeras le ayudan.
DON FLORO
Camine, nos dice dónde vive
la Oliva. Después vuelve a lavar. No le va a pasar nada.
La lavandera 2 se levanta.
Robledo y el soldado la sacan. Don Floro regresa a hablar con las lavanderas.
DON FLORO
Muchachas, ustedes deben
entender que es por poco tiempo. El partido liberal logró que los militares se tomaran el
poder pero para tumbar a los godos. Había que hacerlo. Ellos estarán poco tiempo en el
gobierno, luego vendrán las elecciones y los liberales volveremos a mandar en el país.
(Las mujeres callan. Una a una se levantan y salen. Don Floro insiste). Todo va a volver a
ser como antes. Habrá trabajo para todos. Eso traerá beneficios para todos. Vayan y
convenzan a sus maridos. Díganles que es por poco tiempo. Que tengan un poco de
paciencia, nada más. (Todas las mujeres han salido. Don Floro queda solo en el escenario.
Se vuelve al público). ¡Un poco de paciencia! Los militares van a estar en el gobierno,
pero por muy poco tiempo. Después nosotros los liberales volveremos a mandar en el país.
Esto será por unos pocos meses, por unos pocos días... (Sale lentamente del escenario
mirando al público).
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