CINCO OBRAS DE CREACIÓN COLECTIVA
TEATRO LA CANDELARIA
Director: Santiago García
© Derechos Reservados de Autor

LA CAMPAÑA DE PAZ

Del fondo de la escena salen dos monaguillos que inician la procesión. En la mitad, marchando con paso de ganso, Joaquín Robledo con su pecho reluciente de medallas. En Corea fue condecorado con la medalla del valor por acciones libradas contra el enemigo. Detrás viene el cura entonando las letanías. Los siguen dos monjes encapuchados, que llevan enormes cirios, el Ministro de Gobierno con su esposa, con su estandarte del Sagrado Corazón de Jesús, y Armando y su esposa. Todos contestan las letanías del cura. Robledo queda en primer plano, reflejando en su rostro todas las emociones que le produce la escena.

CURA

Por la paz...

CORO

... Te rogamos, Señor.

CURA

Por los noventa y seis soldados alevosamente asesinados en los Llanos Orientales.

CORO

... Te rogamos, Señor.

CURA

Porque reine el sagrado Corazón de Jesus...

CORO

.. .Te rogamos, Señor.

CURA

Por la conservación de la fe...

CORO

... Te rogamos, Señor.

CURA

Por Colombia cristiana...

CORO

... Te rogamos, Señor.

CURA

Del monstruo rojo...

CORO

!Líbranos, Señor!

CURA

Del demonio apocalíptico de las siete cabezas...

CORO

... Líbranos, Señor!

CURA

De los asesinos de Zar...

CORO

!Líbranos, Señor!

Los monaguillos cantan en tono angelical el himno "Es María la Blanca Paloma", mientras alistan los elementos para el discurso del cura y le ayudan a subir al pedestal, desde donde hablará.

Monaguillos (Cantan)

Es María la blanca paloma,
es María la blanca paloma
que ha venido a América,
que ha venido a América
a traer la paz.

Y es por eso que los colombianos,
y es por eso que los colombianos
te llamamos madre,
te llamamos madre,
madre de bondad.

CURA

Hermanos míos, la patria está de luto. Lloramos con inmenso dolor la pérdida de noventa y seis heroicos soldados que ofrendaron sus vidas en aras de una Colombia cristiana. Sus jóvenes vidas fueron segadas por asesinos a sueldo de una potencia extranjera, que ha convertido los Llanos Orientales en un río de sangre y de horror. Es el monstruo rojo, culebra venenosa que quiere invadir con sus ideas las mentes sanas de nuestro pueblo, telaraña de patrañas y traiciones. Oigo el galopar de los cuatro jinetes del apocalipsis en su trajinar de odio y violencia. Los veo galopar con sus capas negras al aire, y sus espadas sangrientas. Escucho sus risotadas siniestras. Vivimos en el dolor milenario de las almas del purgatorio que deambulan como fantasmas en oscuras tinieblas. Su mar de lágrimas es premonición de los días crueles que vendrán, si permitimos afianzarse sobre Colombia cristiana la férula de un Estado totalitario, que disfrazado de ideas liberales... (Señala a Armando. La esposa de éste da un sollozo y se abraza a él)... No es más que la tiranía de las estepas rusas. iSe ha abierto la boca hambrienta del infierno! Maldición para los incrédulos, para los ateos! Hijos míos: Dios omnipotente nos ha señalado el camino. (Señala a Joaquín Robledo). Hoy recibimos a valientes jóvenes que regresan de Corea, donde vivieron horas de horror, y están como siempre dispuestos a ofrendar sus vidas, su sangre, en la batalla definitiva que enfrentan los ejércitos de Cristo en la defensa de los derechos de Dios y de la Iglesia. Hijos míos, no todo es tiniebla. Su Santidad el Papa, el Sumo Pontífice, nos ha escrito desde Roma el siguiente mensaje: (Saca un pergamino y lee mientras un monaguillo agita la campanilla y todos se arrodillan). "Colombia simbolum sensum et vividum religiositatis et catolicitatis est. Religiosus animus sanctum at Quesada, Ojeda, Joane Rei et Belarcazare qui impulsioni at períuntur portas novo mundo. Filii carísimi: rogo ad vos reconciliare vestras questiones et dificultates ín oratione et penitentie, in vice cristiane vite. In nomine patrii et filii et spiritu sancti. Amen". (Da la bendición y se vuelve hacia Armando. Lo mira fíjamente. Todos miran a Armando. Pausa. Armando se decide a hablar y sube al estrado).

ARMANDO

Señores representantes del Gobierno, la Iglesia y las Fuerzas Armadas: el Partido Liberal no podía estar ausente en esta hora de dolor y angustia en que se encuentra sumido el país. Ante ustedes deseo declarar en forma vehemente: el partido liberal, por su propia filosofía, confía más en los métodos civilizados y civilistas que en las estériles apelaciones a la fuerza bruta que nada crea y todo lo destruye. Somos un partido de ideas, creemos en la controversia filosófica y de principios. Por lo tanto, rechazamos cualquier manifestación violenta, y mas aún cuando se trata de envolver el nombre del glorioso partido liberal. En circunstancias tan infaustas rendimos el más emocionado tributo de patriotismo... a la memoria de los jóvenes soldados cobardamente asesinados en los Llanos Orientales. Finalmente, queremos decir (señala a Joaquín Robledo) que vemos en las Fuerzas Armadas la defensa y la representación mismas de las instituciones democráticas. En manos de los soldados héroes de Corea está el que reine la paz (Baja del estrado).

El Ministro de Gobierno felicita a Armando. Las mujeres se abrazan con sonrisas en cámara lenta. Un monaguillo empieza a entonar el himno "Tú Reinarás" y los demás se van sumando poco a poco al canto. Al comienzo el tono es angelical, luego se vuelve marcial, acompañado por el tambor, hasta que al final es furibunda marcha militar. Los monaguillos se dirigen al telón de fondo. Lo abren y aparece el Señor de Monserrate, al Señor Caído como estatua en una carretilla adornada de flores. Dos soldados, veteranos de Corea, lo trasladan al primer plano del escenario, al lado de Joaquín Robledo.

Himno "Tú Reinarás"

Tú reinarás:
éste es el grito
que ardiente exhala nuestra fe.
Tú reinarás, ˇOh Dios bendito!, pues tú dijiste:
ˇReinaré!

Reine Jesús por siempre,
reine su corazón
en nuestra patria,
en nuestro suelo,
que es de María la nación,
en nuestra patria,
en nuestro suelo,
que es de María la nación.

En la última parte del canto el Señor de Monserrate se levanta y alza el brazo. El soldado Robledo también levanta el brazo y lo estira. Así quedan por un momento estáticos, como recordando el saludo fascista. De pronto Robledo empieza a hablar. Mientras habla se desbaratala escena: el Cristo saca el estandarte; los monaguillos retiran los elementos decorativos; las mujeres de los políticos se van transformando, se quitan la ropa de burguesas hasta quedar de prostitutas de cantina; el cura se transforma en Zamuro; los dos políticos en cantantes de cantina. Los soldados quedan en escena. Se retiran los monjes . Robledo en el centro habla como si se encontrara en medio de una gran plaza pública.

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