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LA CAMPAÑA DE PAZ
Del fondo de la escena salen
dos monaguillos que inician la procesión. En la mitad, marchando con paso de ganso,
Joaquín Robledo con su pecho reluciente de medallas. En Corea fue condecorado con la
medalla del valor por acciones libradas contra el enemigo. Detrás viene el cura entonando
las letanías. Los siguen dos monjes encapuchados, que llevan enormes cirios, el Ministro
de Gobierno con su esposa, con su estandarte del Sagrado Corazón de Jesús, y Armando y
su esposa. Todos contestan las letanías del cura. Robledo queda en primer plano,
reflejando en su rostro todas las emociones que le produce la escena.
CURA
Por la paz...
CORO
... Te rogamos, Señor.
CURA
Por los noventa y seis
soldados alevosamente asesinados en los Llanos Orientales.
CORO
... Te rogamos, Señor.
CURA
Porque reine el sagrado
Corazón de Jesus...
CORO
.. .Te rogamos, Señor.
CURA
Por la conservación de la
fe...
CORO
... Te rogamos, Señor.
CURA
Por Colombia cristiana...
CORO
... Te rogamos, Señor.
CURA
Del monstruo rojo...
CORO
!Líbranos, Señor!
CURA
Del demonio apocalíptico de
las siete cabezas...
CORO
... Líbranos, Señor!
CURA
De los asesinos de Zar...
CORO
!Líbranos, Señor!
Los monaguillos cantan en
tono angelical el himno "Es María la Blanca Paloma", mientras alistan los
elementos para el discurso del cura y le ayudan a subir al pedestal, desde donde hablará.
Monaguillos (Cantan)
Es María la blanca paloma,
es María la blanca paloma
que ha venido a América,
que ha venido a América
a traer la paz.
Y es por eso que los
colombianos,
y es por eso que los colombianos
te llamamos madre,
te llamamos madre,
madre de bondad.
CURA
Hermanos míos, la patria
está de luto. Lloramos con inmenso dolor la pérdida de noventa y seis heroicos soldados
que ofrendaron sus vidas en aras de una Colombia cristiana. Sus jóvenes vidas fueron
segadas por asesinos a sueldo de una potencia extranjera, que ha convertido los Llanos
Orientales en un río de sangre y de horror. Es el monstruo rojo, culebra venenosa que
quiere invadir con sus ideas las mentes sanas de nuestro pueblo, telaraña de patrañas y
traiciones. Oigo el galopar de los cuatro jinetes del apocalipsis en su trajinar de odio y
violencia. Los veo galopar con sus capas negras al aire, y sus espadas sangrientas.
Escucho sus risotadas siniestras. Vivimos en el dolor milenario de las almas del
purgatorio que deambulan como fantasmas en oscuras tinieblas. Su mar de lágrimas es
premonición de los días crueles que vendrán, si permitimos afianzarse sobre Colombia
cristiana la férula de un Estado totalitario, que disfrazado de ideas liberales...
(Señala a Armando. La esposa de éste da un sollozo y se abraza a él)... No es más que
la tiranía de las estepas rusas. iSe ha abierto la boca hambrienta del infierno!
Maldición para los incrédulos, para los ateos! Hijos míos: Dios omnipotente nos ha
señalado el camino. (Señala a Joaquín Robledo). Hoy recibimos a valientes jóvenes que
regresan de Corea, donde vivieron horas de horror, y están como siempre dispuestos a
ofrendar sus vidas, su sangre, en la batalla definitiva que enfrentan los ejércitos de
Cristo en la defensa de los derechos de Dios y de la Iglesia. Hijos míos, no todo es
tiniebla. Su Santidad el Papa, el Sumo Pontífice, nos ha escrito desde Roma el siguiente
mensaje: (Saca un pergamino y lee mientras un monaguillo agita la campanilla y todos se
arrodillan). "Colombia simbolum sensum et vividum religiositatis et catolicitatis
est. Religiosus animus sanctum at Quesada, Ojeda, Joane Rei et Belarcazare qui impulsioni
at períuntur portas novo mundo. Filii carísimi: rogo ad vos reconciliare vestras
questiones et dificultates ín oratione et penitentie, in vice cristiane vite. In nomine
patrii et filii et spiritu sancti. Amen". (Da la bendición y se vuelve hacia
Armando. Lo mira fíjamente. Todos miran a Armando. Pausa. Armando se decide a hablar y
sube al estrado).
ARMANDO
Señores representantes del
Gobierno, la Iglesia y las Fuerzas Armadas: el Partido Liberal no podía estar ausente en
esta hora de dolor y angustia en que se encuentra sumido el país. Ante ustedes deseo
declarar en forma vehemente: el partido liberal, por su propia filosofía, confía más en
los métodos civilizados y civilistas que en las estériles apelaciones a la fuerza bruta
que nada crea y todo lo destruye. Somos un partido de ideas, creemos en la controversia
filosófica y de principios. Por lo tanto, rechazamos cualquier manifestación violenta, y
mas aún cuando se trata de envolver el nombre del glorioso partido liberal. En
circunstancias tan infaustas rendimos el más emocionado tributo de patriotismo... a la
memoria de los jóvenes soldados cobardamente asesinados en los Llanos Orientales.
Finalmente, queremos decir (señala a Joaquín Robledo) que vemos en las Fuerzas Armadas
la defensa y la representación mismas de las instituciones democráticas. En manos de los
soldados héroes de Corea está el que reine la paz (Baja del estrado).
El Ministro de Gobierno
felicita a Armando. Las mujeres se abrazan con sonrisas en cámara lenta. Un monaguillo
empieza a entonar el himno "Tú Reinarás" y los demás se van sumando poco a
poco al canto. Al comienzo el tono es angelical, luego se vuelve marcial, acompañado por
el tambor, hasta que al final es furibunda marcha militar. Los monaguillos se dirigen al
telón de fondo. Lo abren y aparece el Señor de Monserrate, al Señor Caído como estatua
en una carretilla adornada de flores. Dos soldados, veteranos de Corea, lo trasladan al
primer plano del escenario, al lado de Joaquín Robledo.
Himno "Tú
Reinarás"
Tú reinarás:
éste es el grito
que ardiente exhala nuestra fe.
Tú reinarás, ˇOh Dios bendito!, pues tú dijiste:
ˇReinaré!
Reine Jesús por siempre,
reine su corazón
en nuestra patria,
en nuestro suelo,
que es de María la nación,
en nuestra patria,
en nuestro suelo,
que es de María la nación.
En la última parte del
canto el Señor de Monserrate se levanta y alza el brazo. El soldado Robledo también
levanta el brazo y lo estira. Así quedan por un momento estáticos, como recordando el
saludo fascista. De pronto Robledo empieza a hablar. Mientras habla se desbaratala escena:
el Cristo saca el estandarte; los monaguillos retiran los elementos decorativos; las
mujeres de los políticos se van transformando, se quitan la ropa de burguesas hasta
quedar de prostitutas de cantina; el cura se transforma en Zamuro; los dos políticos en
cantantes de cantina. Los soldados quedan en escena. Se retiran los monjes . Robledo en el
centro habla como si se encontrara en medio de una gran plaza pública.
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