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XII. ASAMBLEA POPULAR
Una tienda atendida por una
vieja campesina. Van entrando los comunes uno a uno conversando. Se les ve cansados y
enfermos. La dueña les vende guarapo y agua de panela.
HOMBRE 1
(Dirigiéndose a los
demás). Bueno, yo sí quiero que ustedes me expliquen cómo es eso de las Capitulaciones.
Llevamos aquí veinte días sin saber qué es lo que esperamos.
MUJER 1
Yo le voy a explicar;
póngame cuidado. Lo que pasa es que el capitán Berbeo, que es un hombre inteligentísimo
y muy estudiado, está convenciendo al arzobispo para que nos firme un papel juramentado
donde la Real Audiencia se compromete a quitarnos los impuestos y cumplir todo lo que
nosotros pedimos. Si nos firman ese papel no hay ninguna necesidad de marchar hasta Santa
Fe. La cosa se está arreglando a las buenas, sin derramamiento de sangre. Yo creo que de
hoy a mañana nos podemos devolver tranquilos.
HOMBRE 2
(Dirigiéndose a la mujer).
Mire, tía usted está muy equivocada. ¿Quién le dijo a usted que nosotros vinimos hasta
aquí a firmar papelitos? Yo la vi a usted en la reunjón que tuvimos en el Socorro, en la
que se resolvió que nos veníamos a tomarnos el gobierno y no a que nos entreguen un
papel y después no cumplan un carajo. (Lo tratan de interrumpir). Déjenme hablar. Yo no
confío en el tal Berbeo, un hombre que a la hora de la verdad es de los mismos ricos que
nos tienen jodidos. Y oíganme bien, para que sepan quién es ese tipo: el arzobispo le
dio 15.000 pesos con la condición de que detuviera la revuelta. Con eso les digo todo.
MUJER 1
Oiga, Joaquín, me da
vergüenza que usted sea pariente mío. Cómo va a decir esas barbaridades! Qué tal
nosotros en el gobierno, nosotros que somos una partida de ignorantes? ¡Virgen
Santísima! ¡Quién sabe de dónde estarán apareciendo esas ideas! De haber sabido eso
no me vengo. Yo vine aquí a que me quitaran los impuestos.
MUJER 2
Cómo van a calumniar en esa
forma al señor arzobispo, que es el representante de Dios en la tierra. Aquí se acabó
la fe. El mundo está al revés. Nosotras las mujeres hemos debido quedarnos en la casa y
no estar aquí metidas en estas discusiones. (Llora) Dios nos ampare y nos favorezca!
HOMBRE 3
Miren, yo digo que aquí nos
están engañando a todos, o si no, ¿por qué Berbeo mandó a Galán a perseguir al
corregidor? Fue para sacarlo de aquí, porque con él la cosa sería muy distinta. Ese sí
es de los nuestros. lmagínese, como si acabando con el. Corregidor se acabaran los
impuestos!... No ven que nos mandan otro? Lo que hay que hacer es sacar a todos los
chapetones de aquí, de esta tierra que es nuestra. Debemos de tener los ojos muy
abiertos, porque esos capitanes ricos que nombramos lo que quieren es repartirse la
marrana con los españoles y jodemos a todos.
INDIO
¿Cómo vamos a creer que
esos españoles, que nos han tenido montados durante más de 200 años, van a entregarnos
las tierras y a quitarnos los impuestos así de buenas a primeras? ¿Entonces de qué van
a vivir ellos, ah? Respóndanme!
HOMBRE 4
Bueno, yo quiero que nos dé
su opinión la dueña de la tienda, que ha tenido la oportunidad de escuchar todo. A ver,
doña Rosa, díganos lo que piensa de las Capitulaciones.
DOÑA ROSA
Yo estoy aquí tranquila con
mi negocito. Yo no me meto en política.
Todos le arman una gran
algarabía con comentarios como éstos: "Claro, como ella tiene su negocito!",
"Ella lo que quiere es que nos matemos nosotros para que le quiten los
impuestos", "A ella le debe ir muy bien con la revuelta: imagínense 20.000
personas estacionadas, lo que habrá ganado con nosotros! ".
Uno de los hombres se
levanta iracundo y habla.
HOMBRE
La única solución que yo
le veo a esto son dos balas, una para Berbeo y otra para el arzobispo.
Entra un capitán.
CAPITAN
Compañeros, vengo a
informarles que se acaban de firmar los 35 puntos de las Capitulaciones. El arzobispo los
invita a la misa que se va a celebrar para ratificar la firma de las Capitulaciones. El
capitán Berbeo ordena que todos deben retirarse pacíficamente a sus casas.
MUJER 2
Vean ustedes! Capitulaciones
con misa no pueden ser mentira.
MUJER 3
¡Sacrilegio!
Redoble. Aparece un
sacerdote español, misionero pacificador, todo vestido de blanco. Desde un púlpito se
dirige al público.
CURA
Hermanos míos en Nuestro
Señor Jesucristo: nos hallamos aquí reunidos en la Casa de Dios, para recordarles que
poner en duda los preceptos del Rey, cuya autoridad viene de Dios, es un grave delito, y
así fue decretado en el Concilio de Constanza, gobernando Martino y la Santa Sede,
doctrina ésta fundada en los errores de Vicle y Juan de Hus, juzgados por 5 patriarcas,
57 arzobispos, 163 obispos y 475 doctores de la Santa Madre Iglesia. Estoy seguro de que
muchos de los presentes en este sagrado recinto tienen armas escondidas en las casas. Esas
armas, hermanos míos, hay que entregarlas. No olvidéis que en la noche del 7 de junio en
la ciudad de Santa Fe se firmaron los 35 puntos de las Capitulaciones, presentadas por el
generalísimo Berbeo, y que al día siguiente, 8 de junio, en la parroquia de Zipaquirá.
los señores jueces comisionados don Joaquín Vasco y Vargas, don Eustaquio Galavís, a
quienes estoy seguro que todos vosotros conocéis y por consiguiente no tenéis por qué
dudar de sus palabras, prestaron juramento ante Su Eminencia Reverendísima el Señor
Arzobispo don Antonio Caballero y Góngora, quien en todo momento ha intervenido para que
no se derrame la sangre. Entregad las armas, hermanos míos! Lo ordeno en nombre de Dios
todopoderoso, antes de que la ira divina descienda sobre vuestras cabezas y las de
vuestros hijos. ln nómini patri...
Una campesina se levanta de
entre el público.
CAMPESINA
(Casi como una respuesta a
las palabras del padre). Pero esa misma noche del 7 de junio esos mismos miembros de la
Real Audiencia firmaron un acta secreta, llamada de exclamación, ante el escribano
Nicolás Prieto Dávila, donde negaban lo anteriormente firmado, dizque "porque se
encontraban presionados por la fuerza del común levantado en armas".
Redoble.
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