III. PISTAS QUE NO LO SON
SU MAMA siempre usó fajas, como todas las señoras de su época.
Un día le dijo que iba a pintarla con ellas y ella se aterró. Le
propuso no hacerlo si se las regalaba. Accedió. Esas fajas lo
obsesionaban. De niño las había visto enrolladas, extendidas,
trenzadas o estiradas. Había visto a su madre poniéndoselas y
quitándoselas. Siempre pensó que eran terribles y la imagen de su
madre la asoció con aquello que se arma, se ciñe y se amarra.
Así empezó a trabajar con la ropa interior que se tradujo en la
serie "Mujeres en faja". Utilizó el blanco y los colores cremas,
tenues y bajos -que son sutiles y refinados- ya que se ajustaban a
la idea de estructura que quería comunicar.
Surgieron entonces, naturalmente, las palabras muralla, piedra,
barro, cal, tamo, estiércol, calicanto... Pensó en las casas de
bahareque de la Sabana. Era tan fuerte la presencia de las texturas
de esos muros que quiso irse para Paquistán o para la India y
estuvo a punto de hacerlo. Años después sintió la misma impresión
al viajar por América Latina, yen sus grandes capitales miró, cada
vez, casas humildes durante días.
Hoy piensa que la utilización de elementos muy pobres ha sido
fundamental para él y para el hombre. La obra, dice, debe
producirse con respecto a un sitio geográfico y ambiental, Por ello
su trabajo siempre está ligado a elementos, variables y relaciones:
punto, línea, espacio, tiempo, figura, forma...
Cuando confeccionó las primeras "Mujeres en faja" la industria
de la ropa interior se estaba volviendo importante y las vitrinas
bogotanas registraban ese
|boom. Era el momento en el que la
idea del sexo no radicaba en la mujer desnuda sino en el
|streap
tease.
Le atraía mucho la vulgaridad (ese calificativo lo divierte) de
las cosas. Tal vez por la intención
|pop que tenía, creía que
lo importante no era mostrar la belleza que ocupó durante siglos a
griegos y a romanos. El desnudo sí lo cautivaba desde que estuvo en
la escuela de Roma, pues uno de sus trabajos, como monitor, era
organizar las clases de modelos para que los alumnos dibujaran.
En esa ciudad surgió la idea del primer cuadro "Mujeres en
faja". Durante una ópera vio a una cantante que, analizada desde lo
|pop, daba alaridos y parecía que se fuera a salir de la faja
que tenía bajo el vestido. Era un verdadero volcán en erupción. En
su cuadro sólo utilizó el corpiño. Lo fijó sobre una tela, dibujó
la silueta de la cabeza con un gran redondel (la boca) y, encima,
pegó una caja de dientes.
"Mujeres en faja" no es para Rojas una serie sino un concepto.
En el pop, el poder, el sexo, la calidad y las características
están determinados por los elementos que se usan. Con una prenda se
pueden medir la calidad humana, el grupo social, su capital, su
gusto.
Son termómetros que indican estados y momentos del espacio en el
que se produce una obra. "Por eso me parece extraño que se llame
arte en vez de vivencia o vida práctica".
Las "Mujeres en faja" le sirven de ejemplo: al explorar 'la
vulgaridad' estaba buscando asimismo la religiosidad, la
configuración de su vida y los topes de estética a los que aspira.
No eligió para ello los jarrones de S ni los bodegones de manzanas
y peras de la comida opípara de un rey. A su regreso a Bogotá los
buscó en restaurantes de manteles de plástico, material que además
utilizó en los cuadros cubistas.
Con las "Mujeres en faja" afirmó que toca aprender a ver en el
entorno en el que el artista se mueve, El arte no es etéreo ni se
nutre de él mismo. No se puede crear si no se sabe ver. No se puede
dar si no se sabe recibir. El
|pop, además de libertad, le
dio el poder de selección y lo ayudó a jerarquizar valores desde
otra visión.
De "Mujeres en faja" hizo unos 30 cuadros y unos 500 dibujos. Es
lo que él dice, y Rojas -es su lado surrealista- siempre oscila
entre la realidad y la ficción, entre lo vivido y lo pensado, entre
la cantidad y la nada. Con esa serie volvió a la realidad
nacional.
En un comienzo hizo bodegones cubistas con peras, manzanas y
cebollas, como cualquier europeo. Después incluyó tomates de árbol,
granadillas, pepas de café, marañones, mamoncillos, peonias,
chochos... De esa época es la serie de cuadros que llamó
"Girasoles". Eran tapas de tarros de aceite de carro que espichaba
y encolaba sobre tela con Kaurite, un polvo alemán. Lo que le
preocupaba era la estructura, la belleza del color, la intensidad
de la materia; cosas que lo han absorbido toda la vida.